31 de enero de 2011

Las partículas elementales


Este libro creó polémica cuando se publicó hace unos años en Francia. Y catapultó a su autor, Michel Houellebecq, al estrellato. Houellebecq es de esos autores de los que se puede decir que no dejan indiferente a nadie. Denostado como misógino, racista y pornógrafo, o ensalzado al lugar de mejor escritor francés vivo (así lo considera Fernando Arrabal), es tan fácil demonizarlo como entronizarlo. En estos tiempos de lo políticamente correcto, resulta un autor interesante, en tanto que hace reflexionar sobre cosas esenciales. En sus libros puede llegar a cansar la tendencia a lo pornográfico, que espantará a los lectores más timoratos; sin embargo, Houellebecq se descuelga cada poco con reflexiones de peso que hacen sus libros valiosos:

“La desgracia sólo alcanza su punto más alto cuando hemos visto, lo bastante cerca, la posibilidad práctica de la felicidad”

Las partículas elementales (1998), una de sus novelas más celebradas, se centra en la vida de dos hermanastros, Michel y Bruno. Ambos han sido criados por sus abuelas y disfrutan en el presente de una relación estable, pero mientras Michel es un eminente científico para el que el sexo no es importante, Bruno cultiva una sexualidad desenfrenada y tiene todas las papeletas para caer mal al lector: es racista, misógino…

La obra es pesimista y desprende un profundo desengaño:
“El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final: pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.”

La prosa es muy directa: Houellebecq dice sin circunloquios lo que otros expresarían dando un rodeo. Nunca cae en el eufemismo. Y va al grano. Analista de la época que le ha tocado vivir, reflexiona con frases contundentes acerca de mayo del 68 o las increíblemente acertadas predicciones de Huxley en Un mundo feliz.

Dicen los que entienden que en la obra del francés, que reside por cierto en Almería, influyen escritores como el Marqués de Sade y Louis-Ferdinand Céline, el autor del Viaje al fin de la noche.

Para los que tachan a Houellebecq de misógino (sin ánimo de defender a nadie, sólo tengo pruebas de que lo son algunos personajes de sus novelas, aunque claro, aún no he leído Plataforma) valga este fragmento:

“En la historia siempre han existido seres humanos así. Seres humanos que trabajaron toda su vida, y que trabajaron mucho, sólo por amor y entrega; que dieron literalmente su vida a los demás con un espíritu de amor y de entrega; que sin embargo no lo consideraban un sacrificio; que en realidad no concebían otro modo de vida más que el de dar su vida a los demás con un espíritu de entrega y de amor. En la práctica, estos seres humanos casi siempre han sido mujeres.”

26 de enero de 2011

Shutter island


Hacía bastante tiempo que no leía un best seller, y también llevaba bastante tiempo sin leer una novela negra. Shutter Island (2003) aúna estas dos características. Su autor, Dennis Lehane, os sonará seguramente por ser el autor de Mystic River, novela en la que se basaba la película homónima de Clint Eastwood (en mi opinión, una gran película).

El libro que nos ocupa también fue hace poco llevado a la gran pantalla. Lo hizo Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio en el papel protagonista. Y la verdad es que entiendo que haya sido adaptada, porque la forma de escribir del autor es muy cinematográfica, como por otra parte suele ocurrir en este género. Quería verla antes de escribir esta entrada, y la verdad es que me ha parecido una buena adaptación. No sé si alguien que lea estas líneas la ha visto. En ese caso, me encantaría saber si a vosotros os convenció.

La isla Shutter es el claustrofóbico ambiente en el que se desarrolla la acción del libro. Allí está ubicado el hospital Ashecliffe, una prisión de máxima seguridad para enfermos mentales peligrosos. El agente Teddy Daniels y su compañero Chuck Aule llegan a la isla en 1954, en el marco de la Guerra Fría, para investigar la desaparición de una paciente, que parece haber escapado de forma misteriosa de su celda (tiene una ventana enrejada) y superado las barreras de unos cuantos vigilantes. Esta huida misteriosa me recordó a El misterio del cuarto amarillo, de Gaston Leroux. Pero no van por ahí los tiros. Hacia el final, la acción da un golpe de efecto y el agente Daniels se descubre más solo de lo que él pudo nunca imaginar. Es difícil contar algo de ese giro final sin destripar el libro, pero en mi opinión es brillante y hace que el libro merezca la pena.

Y digo esto porque la verdad es que al principio tuve la sensación de estar leyendo una novela mediocre, durante los dos primeros tercios la novela me pareció un libro del montón. Pero luego llega el golpe de efecto, que recuerda al de la película El sexto sentido, y todo cobra sentido. En resumidas cuentas, una novela entretenida con un final que me ha entusiasmado, magnífico.

16 de enero de 2011

Tiempo de silencio

Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, está considerada una de las novelas más destacadas de los años sesenta en España. Publicada en 1962, el mismo año en que Vargas Llosa se alzó con el premio Biblioteca Breve gracias a La ciudad y los perros, constituye un intento de renovar las formas de la narrativa social predominante en los cincuenta. Se dice que causó cierto desconcierto entre la crítica de la época, que no sabía muy bien dónde encasillar la obra. El crítico Gonzalo Sobejano, como tantos otros, ha destacado su importancia, señalándola como bisagra entre dos épocas. Escribe que cierra una etapa de la novela y abre otra nueva, de la que son ejemplos eminentes, entre 1966 y 1975, obras como Cinco horas con Mario, Volverás a Región de Juan Benet o La saga/fuga de J. B. de Gonzalo Torrente Ballester. En la obra se percibe la influencia de autores como Faulkner y Joyce, especialmente en la técnica del monólogo interior o corriente de conciencia, que presenta el lenguaje tal y como se sucede en los pensamientos. Un ejemplo:

“No pensar. No pensar. No pienses. No pienses en nada. Tranquilo, estoy tranquilo. No me pasa nada. Estoy tranquilo así. Me quedo así quieto. Estoy esperando. No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy así tranquilo, el tiempo pasa y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de aprender a no pensar en nada, de fijar la mirada en la pared, de hacer otro dibujo con el hierrecito del zapato, un dibujo cualquiera, no tiene que ser una muchacha, puedes hacer un dibujo distinto aunque siempre hayas dibujado mal. Tienes libertad para elegir el dibujo que tú quieras porque tu libertad sigue existiendo también ahora. Eres un ser libre para dibujar cualquier dibujo o bien hacer una raya cada día que vaya pasando como han hecho otros, y cada siete días una raya más larga, porque eres libre de hacer las rayas todo lo largas que quieras y nadie te lo puede impedir…”

Tiempo de silencio es la única novela que publicó Luis Martín-Santos, psiquiatra de profesión, que también escribió Tiempo de destrucción, obra que quedó inacabada cuando el autor falleció en un accidente de tráfico.

El argumento de la novela tiene que ver con un médico que lleva a cabo investigaciones sobre el cáncer experimentando con ratones. Tiene que comprarlos en la chabola del Muecas, donde se ve involucrado en el aborto de su hija, que finalmente muere. Al médico se lo culpa de ese fallecimiento y acaba en prisión.


Algunos ambientes recuerdan a La busca de Pío Baroja. El libro tiene algunas partes áridas que pueden espantar a algunos lectores. Las primeras páginas, por ejemplo, están escritas en un lenguaje que abunda en términos científicos (escrófula, melanóforo, ésteres, lipodistrofia), así que hay que usar el diccionario y tener paciencia, porque la novela tiene partes sencillamente memorables. El lenguaje es culto, elaborado, de una gran riqueza léxica. Al mismo tiempo, sorprende la variedad de registros que maneja Martín-Santos: escribe ya en forma culta, ya coloquial, ya en lenguaje caló…

Otro mérito del libro son los diálogos. No sé si también vosotros habéis notado que algunos autores cultos tienen problemas con los diálogos, y acaban haciendo hablar a sus personajes de una forma artificial que nada tiene que ver con la oralidad. No es este el caso. Martín-Santos escribe unos diálogos con unas voces muy creíbles, y también muy buenos monólogos interiores. En el libro aparecen también algunas reflexiones interesantes, sobre Cervantes, por ejemplo. Tiempo de silencio destaca en definitiva por la variedad de ambientes que describe y la potencia de su prosa.

Se han hecho diferentes lecturas de este libro, entre las que destacan, por poner dos ejemplos, la sociológica o la psicoanalítica. Para quienes quieran profundizar en el autor, existe un libro, al parecer muy documentado, titulado Vidas y muertes de Luis Martín-Santos. Su autor es José Lázaro y fue publicado por Tusquets.

15 de enero de 2011

11 de enero de 2011

Buscando un beso a medianoche

Volvemos con cine.

El convencional póster de esta película, así como la palabra “beso” en el título, puede hacernos pensar que estamos ante una comedia romántica al uso, otra más de esas que la industria produce en cadena, parecidas todas entre sí, siguiendo los mismos patrones. Pero nos estaríamos equivocando. Buscando un beso a medianoche (2007), de Alex Holdridge, es una comedia romántica fresca, desenfadada e inteligente, una película con mucho diálogo y cierta melancolía, que suena sincera y sobre todo no empalaga. A pesar de estar ambientada en la ciudad de Los Ángeles, recuerda a Woody Allen (y no sólo por el blanco y negro, que evoca a Manhattan).
La película se abre con un breve texto según el cual los registros en match.com y otras páginas de contactos aumentan en las fechas navideñas un trescientos por ciento. Wilson, el protagonista, es un treintañero en crisis que hace tres meses que lo dejó con su novia. Ante el horizonte de pasar solo la noche de fin de año, tras una temporada desastrosa, su amigo lo convence para que ponga un anuncio en internet, con el apodo de misántropo. Al final se decide. Misántropa llama, y su primer encuentro es el que aparece en el vídeo de abajo (no he podido encontrar el original en blanco y negro). A partir de entonces asistimos a un recorrido por la ciudad, un paseo que servirá para que Vivian y Wilson se conozcan. Veremos que tras la inicial agresividad de Vivian se esconde una persona frágil, un poco perdida.

La cinta se ha vendido como “un viaje jovial, cómico y tierno a través del amor, el sexo y el romanticismo moderno el día de Fin de Año”. Un crítico ha llegado a decir que era la mejor película norteamericana indie en años, en una de esas frases tajantes que se sueltan más a menudo de lo que nos gustaría. En mi opinión merece la pena verla.

9 de enero de 2011

La chaqueta metálica

He visto hoy esta película de Kubrick y dejo aquí constancia de ello. No voy a hacer un análisis detallado (entre otras cosas porque no soy un experto en cine). Sólo daré algunas notas por si alguien no la ha visto. Simplemente decir que La chaqueta metálica (1987) es una película bélica, otra película sobre la guerra de Vietnam, y que se estructura en dos partes diferenciadas: la segunda se centra en la guerra en sí, mientras que la primera consiste en la instrucción de los soldados a los que luego veremos matar y morir. En esta primera destacan, entre otros, el inhumano sargento encargado de la formación de los soldados, y uno de ellos, algo pasado de kilos, al que todo le sale mal y que sufrirá con toda su dureza los métodos del sargento. Se trata del recluta Patoso. Esta primera parte puede hacerse algo monótona pero resulta muy entretenida, y el final es demoledor. La parte final de la película en general también me pareció muy bien rodada (conmovedora la escena de la francotiradora, y dicen que Kubrick no quiso cargar las tintas, porque al parecer en el libro los soldados le cortaban la cabeza y jugaban a fútbol con ella).

Puestos a dar mi opinión, para mí esta no es la mejor película de Kubrick, ni la mejor película bélica de la historia. Aunque no he visto muchas de este género, la verdad es que me quedo con Apocalypse Now de Coppola.

Dejo un diálogo que me llamó la atención:
“- Por lo menos ha muerto por una buena causa" -dice un soldado estadounidense ante el cadáver de un compañero.
"- ¿Qué causa es esa?" -le replica otro.
"- La libertad.”
Y él responde:
“- Aclárate las neuronas, pardillo. ¿Crees que luchamos por la libertad? Esto es una matanza.”









6 de enero de 2011

Favoritos de 2010

1. Trilogía involuntaria, de Mario Levrero




3. Corrección, de Thomas Bernhard


4. El imitador de voces, de Thomas Bernhard



5. Otras inquisiciones, de Jorge Luis Borges



6. El palacio de la luna, de Paul Auster






8. Un mundo feliz, de Aldous Huxley



9. El castillo, de Franz Kafka


10. Siete cuentos imposibles, de Javier Argüello