29 de mayo de 2012

Olive Kitteridge




Publicada en 2008, Olive Kitteridge obtuvo el Premio Pulitzer de novela. Puede que el nombre de su autora, Elizabeth Strout, no os suene ni vagamente, pero resulta que El Aleph ya había publicado en España su libro anterior. Bendito olfato: Olive Kitteridge ha vendido, según reza la solapa del libro, un millón de ejemplares en inglés y será -o ha sido ya- traducida a tropecientos idiomas. Y aquí uno que se alegra, porque en mi opinión se trata de literatura de calidad.

El libro está compuesto por trece capítulos que funcionan a modo de relatos breves, como historias independientes con el denominador común de estar todas ellas ambientadas en el entorno del personaje de Olive, que en mayor o menor grado está presente en todos los capítulos. Olive es una profesora de matemáticas de un pequeño pueblo costero de Maine, en el noreste de Estados Unidos. No es ni una persona ejemplar, intachable, ni tampoco un monumento a la incorrección. Simplemente, una persona normal, esposa y madre de un hijo, con sus aciertos y sus torpezas. Es grandota, calza un cuarenta y tres y tiene carácter. Tiene sus defectos, como todos. La acompañan un elenco de personajes que, como ella, son gente sencilla.

Se diría que la novela constituye un retrato de las luces y sombras de la clase media norteamericana, una aguda disección de los entresijos de la psicología familiar. Pero todo esto quizá sea sólo palabrería de mal reseñista. La mirada de Elizabeth Strout resulta veraz y nada complaciente, y el resultado acaba siendo en muchos momentos conmovedor, lleno de matices y de complejidad. Nunca sé muy bien cómo explicar estas cosas con palabras, pero me ha llegado esta novela. Ha sido un disfrute.

24 de mayo de 2012

Sigur Rós - Valtari


Título del álbum: Valtari
Autores: Sigur Rós
Año: 2012
País: Islandia
Género: Post-rock / Ambient
Títulos del álbum: 01 Ég Anda (Respiro), 02 Ekki Múkk (Sin gaviota), 03 Varúd (Precaución), 04 Rembihnútur, 05 Daudalogn (Muerte de la calma), 06 Vardeldur, 07 Valtari (Aplanadora), 08 Fjögur Píanó (Cuatro pianos).
Duración: unos 54 minutos.







21 de mayo de 2012

La Calera



Si Michel Hazanavicius mencionó a tres personas al recibir el Oscar (Billy Wilder, Billy Wilder y Billy Wilder), el protagonista de este libro considera importantes en la vida también tres cosas por encima de todo: el estudio, el estudio y el estudio. Así que, para poder dedicarse plenamente a ese estudio, se encierra en La Calera, un edificio solitario pensado para conseguir un aislamiento casi perfecto: “un presidio de trabajo voluntario”, en palabras de Konrad, al que no llegan ruidos de vecinos y donde, si gritásemos, a nadie llegaría nuestra voz. 

Obsesionado con su labor, un trabajo al parecer importantísimo sobre el oído, Konrad ve en todo una conspiración contra el trabajo intelectual que realiza y al que se dedica con obstinación durante años. Sin embargo, aunque el estudio dice tenerlo al completo en su cabeza, parece que nunca consiga trasladarlo al papel. “Las palabras echan a perder lo que se piensa y, aunque todavía se está contento con poder llevar al papel algo echado a perder y algo ridículo, la memoria pierde aun eso echado a perder y eso ridículo”. “Las palabras están hechas para rebajar el pensamiento”. 

Bernhard nos vuelve a mostrar otro personaje solitario y misántropo, intratable casi, en la frontera entre la lucidez y la locura. La mala relación con su mujer inválida, única persona con la que convive en La Calera, nos muestra su frialdad de corazón y nos hace prever su fracaso. Las críticas a la educación recibida, al parecer otro de los temas recurrentes en la obra de Bernhard, vuelven a aparecer en La Calera (1970), novela en la que encontramos de nuevo el estilo asfixiante, machacón, obsesivo y vehemente marca de la casa.

Los que aún no conozcan a Bernhard pueden leer esta estupenda entrada en la que Víctor Balcells recrea muy bien el estilo del austríaco.

Otros libros de Thomas Bernhard en El cuaderno rojo:

14 de mayo de 2012

Boxeo sobre hielo




“Eso es lo bueno del boxeo, me dijo Basil mientras me limpiaba con una toalla. Los rivales siempre vienen de uno en uno. No sucede lo mismo en la vida.”

Boxeo sobre hielo es la opera prima en cuanto a narrativa se refiere de Mario Cuenca Sandoval, un joven escritor barcelonés residente en Córdoba. Es licenciado en Filosofía y eso se nota -para bien- en su novela. También ha publicado algunos libros de poemas en editoriales como Renacimiento o Visor. Como podréis suponer, esto también es perceptible en su libro, que mereció el Premio Andalucía Joven de Narrativa en 2006. La novela está estructurada en capítulos muy breves, pequeños fragmentos que le permiten cambiar de asunto en cualquier momento, por lo que es difícil que la lectura se haga pesada. El libro me ha resultado interesante. Mario Cuenca escribe bien, por lo que da gusto leerle cuente lo que cuente, y su novela entretiene, hace reflexionar e informa de historias que entrelaza con la trama principal, que se centra en la vida de un campeón de boxeo, el loco Larretxi. El narrador es el hijo que tiene con Margot, de quien se separa tras una relación algo turbulenta. La novela está ambientada a finales de los sesenta y principios de los setenta, y en ella encontramos múltiples referencias literarias (a Barthes, Bukowski, Poe, Shakespeare, Conrad, Kafka, César Aira). Dejo algún otro fragmento:

“La música puede obligarte a la melancolía sin objeto, pero no puede ser cruel, no puede, como la palabra, hacerte ver que tu vida ha sido en vano, no puede decirte ¡rectifica!, no puede reprocharte, no puede moverte al desprecio. De otro modo: no representa las energías genuinamente humanas y naturales: el odio, la malevolencia y el arrepentimiento.”

“¿Cuánto podemos ascender sin perder nuestra identidad, sin dejarla a nuestros pies como una piel antigua?”

10 de mayo de 2012

El exilio interior



Interrumpió de golpe la canción que estaba tarareando mientras se secaba. Algo inquieto, detectando ciertas variantes, barrió con la mirada el cuarto de baño, ahora que la nube de vapor permitió a los objetos delimitar sus formas. El diseño de los azulejos se le antojó tan extraño como ridículo, el bidé había desaparecido, el espejo era ahora oval.
Desde la cocina, una voz lo reclamaba cada vez con mayor urgencia. Hora de cenar. Se apresuró a bajar las escaleras: el pasamanos, el color del mármol… Para cuando se sentó a la mesa de la cocina, varias veces se había preguntado dónde estaba, porque aquella no era su casa. Como tampoco era su esposa la mujer que se comportaba como tal y le pedía que le pasase el pan con la voz monótona de quienes llevan años conviviendo.

2007

8 de mayo de 2012

Hard Candy


Invito desde aquí a que os adentréis en esta brutal película de género ganadora en Sitges en la que una jovencísima Ellen Page (Juno, Origen) se sale. Como no se me ocurre mejor presentación a Hard Candy (2005) que la que firma Pablo Cerezal en la revista Achtung, dejo aquí un fragmento para abrir boca sin destripar nada (por mi parte, me alegro de no haber visto el tráiler):


"Allá por los oscuros años del medioevo europeo, circulaba de boca en boca un sobrecogedor relato de nombre Caperucita Roja en que una dulce niña era acosada por un feroz lobo que, con burdas artimañas conseguiría que la chiquilla compartiese lecho con él para, después, ser devorada. Ya cercano el siglo XVII, el francés Charles Perrault decidió dulcificar el cuento, restándole detalles escabrosos como la orgía de carne y sangre a que el lobo se entrega con Caperucita entre sus brazos, haciendo hincapié en la advertencia a los menores sobre el peligro de frecuentar la compañía de adultos. Por último los hermanos Grimm, ya en el siglo XIX, decidieron dar una vuelta de tuerca a la truculenta historia convirtiendo a Caperucita en una heroína que, con infantiles pero infalibles armas (y con la ayuda inestimable de un leñador) consigue vencer al lobo y salir con vida de la terrible peripecia.

Ignoro que versión del cuento tendría más en mente el equipo formado por el guionista y el director de Hard Candy, pero es evidente, desde la propia estética de la película, que Caperucita y el Lobo se dan cita en esta cinta para copiar, desbaratar y reinterpretar la inmemorial fábula. 
(...)
Antes de enfrentarnos a Hard Candy, debemos olvidar el resto de películas perpetradas posteriormente por su director, David Slade, o correríamos el riesgo de evitarnos el visionado de este cruel y perfectamente engranado artefacto psicológico y cinematográfico. Y deberíamos olvidar también cualquier intención de conocer la trama, argumento, desarrollo, referencias del filme. Debería bastarnos con saber que Hard Candy es una expresión utilizada en inglés para designar a jovencitas cuyas procaces actitudes subidas de tono las convierte en premeditadas adultas, y que en la película homónima que nos ocupa una joven adolescente de 14 años, Hayley, contacta con un maduro fotógrafo que supera la treintena, Jeff. O bien que Jeff contacta con Hayley. O que ambos toman conocimiento de la existencia del otro y deciden que esta confluya unida en un momento determinado de sus vidas." 




5 de mayo de 2012

Midnight in Paris



Woody Allen continúa su paseo por esa Europa que lo admira y en esta ocasión le ha tocado el turno a la capital gala. El resultado, Midnight in Paris (2011), vuelve a dar muestras del encanto del neoyorquino. En mi opinión, desde Match Point (2005) no veíamos a Woody Allen en tan buena forma. Parece que así se lo han reconocido también los académicos de Hollywood, habiéndole otorgado cuatro nominaciones (entre ellas a mejor película y mejor director) y el Oscar al mejor guión original. Pese a todo, como toda película del director desde hace más de una década, Midnight in Paris no se libra de ser cuestionada: hay quien dice que cae en el cliché, pero mucho más tópica era, para mí, Vicky Cristina Barcelona (2008), posiblemente la peor película de Allen que he visto. Algunas voces lo señalan como un autor en evidente decadencia, supongo que, al igual que los seres nostálgicos que pululan por la película que nos ocupa, porque consideran que cualquier tiempo pasado fue mejor.

En este caso Woody Allen se descuelga con una película amena, que al menos a mí sólo por el cartel ya me llama la atención con ese aire a La noche estrellada. En la cinta, el personaje encarnado por Owen Wilson se nos presenta como un nostálgico del París de los años veinte, de la vida bohemia y soñadora de los artistas. Se trata de un escritor fascinado por la imagen de París, ciudad en la que le gustaría vivir y por la que pasea ojeando librerías de viejo y discos de Col Porter. En el polo opuesto está su novia, interpretada por Rachel McAdams, algo pija ella, que resulta un ejemplo de pragmatismo y detesta la acusada tendencia a lo sentimental que observa en su prometido. El contraste entre ambos está presente desde el inicio. 

De nuevo encontramos el típico protagonista álter ego del director, ese característico personaje que a menudo tartamudea, es ingenioso y siempre lleva encima algún que otro bote de pastillas. En este caso verá su sueño cumplido mediante un viaje en el tiempo que lo llevará a los años veinte que tanto admira, de modo que podrá conocer e intercambiar impresiones con Hemingway, Scott Fitzgerald, Salvador Dalí, Gertrude Stein, Buñuel o Picasso.

Entre el reparto destacan, entre otros, Marion Cotillard y un Adrien Brody que, en la piel de Dalí, protagoniza algún momento bastante cómico. Carla Bruni tiene una breve aparición, más bien anecdótica. Destacables también los monólogos de Hemingway y esa reflexión de la película sobre la nostalgia y las idealizadas edades doradas. Una comedia romántica con un final amable, con encanto, que sí, lo sé, he tardado demasiado tiempo en ver. Pero me alegro de que los académicos la hayan tenido en cuenta en sus premios. La próxima parada de Woody, que como sabéis sale a película por año, será Roma.

Seguro que vosotros la habéis visto. ¿Qué os parece? ¿Y Woody Allen en general?