30 de junio de 2013

El libro de los conejitos suicidas


Encontré este libro por casualidad en la biblioteca donde hago prácticas. No tiene apenas nada que leer: es un libro de viñetas. La situación es siempre la misma: uno o varios conejos sin ninguna gana de seguir viviendo buscan el suicidio de las formas más insospechadas. Humor negro.









Y así todo.

Entretenimiento para -casi- todas las edades. Tiene una segunda parte: El regreso de los conejitos suicidas.

15 de junio de 2013

Sexo, mentiras y Hollywood

         


     Como aficionado al cine, y especialmente al llamado independiente, sentía una especial curiosidad por leer este libro, curiosidad que ha sido de sobra saciada conforme iba pasando páginas.
Peter Biskind, crítico y periodista cinematográfico estadounidense, presenta el libro desde el prólogo como una continuación de Moteros tranquilos, toros salvajes, un ensayo anterior en el que daba su versión del panorama del séptimo arte en los años setenta. En esta ocasión, con Sexo, mentiras y Hollywood, avanza unos años y se centra en la década de los noventa. El subtítulo reza así: Miramax, Sundance y el cine independiente.
            Nos situamos en la órbita de directores como Steven Soderbergh, Todd Haynes, Quentin Tarantino, de películas como El indomable Will Hunting, El piano, Reservoir Dogs o La vida es bella. Un cine que comenzó como alternativa a los grandes estudios pero que, en la mayoría de los casos, se ha acabado integrando en ellos. Peter Biskind habla largo y tendido, de forma cronológica, meticulosa y pormenorizada, de historias internas del celuloide muy jugosas.
            Si el libro tiene un protagonista, ese podría ser perfectamente Harvey Weinstein, fundador de la distribuidora Miramax (una de las “torres gemelas del indie”, junto al festival de Sundance creado por Robert Redford) con su hermano Bob. Como no podía ser de otra manera, los Weinstein no salen muy bien parados: “En este negocio todo es ego y codicia. Harvey es el ego; Bob la codicia”. Se retratan sus maneras casi mafiosas, sus tácticas agresivas para conseguir nominaciones a los Oscar y sus presiones (que le valieron el apodo de Harvey Manostijeras) para acortar metraje o cambiar escenas según su criterio, que trataba por todos los medios de imponer al del director. 

"¡Es la clase de tío al que tienes que darle la mano mientras le cortas la cabeza!" Harvey Weinstein.

       Su megalomanía y arrogancia le acarrearon lógicamente muchos desencuentros, pero el negocio fue prosperando y Miramax se convirtió en un referente de cómo hacer de películas más bien pequeñas todo un éxito.
Si algo definía a este llamado cine independiente era, en cierto sentido, su estética anti-Hollywood, su distanciamiento de las películas convencionales y precocinadas de los grandes estudios. La entrada en escena de un tal Quentin, un personaje singular, marca un antes y un después. El hito de Pulp Fiction en 1994, Palma de Oro en Cannes y éxito de taquilla, empieza a convertir a Miramax y a Tarantino en leyenda. 
El libro está repleto de chismes y cotilleos, con conversaciones detalladas y datos precisos, que hará las delicias de todos los lectores curiosos aficionados al celuloide. Seiscientas páginas tras las cuales uno puede conocer más cabalmente la imagen de alguna de las estrellas del panorama independiente que se hicieron un nombre en los noventa. Recomendable.


8 de junio de 2013

Últimas lecturas


Me consta que, al menos los más fieles, habéis notado que últimamente actualizo con menos frecuencia. Tal vez no esté de más una breve explicación: no se debe el hecho a nada de lo que haya que preocuparse, simplemente a que estoy un poco más liado últimamente y, por qué no decirlo, a mi conocida tendencia al “preferiría no hacerlo”.
Quizá no todos sepáis que desde hace mes y pico hago prácticas (sin cobrar) en una biblioteca. Así que aprovecho para tomar prestado algunos libros que me parecen interesantes. Mientras registraba algunos ejemplares para ponerlos a disposición del público, topé con estos versos de Roger Wolfe:

“Mi perro
aúlla
cuando pongo
a Ludwig Van
en el tocata.

Quien dé más
que hable ahora
o se calle
la puta boca
para siempre.”

Pertenecía a la antología Días sin pan, publicada en 2007 por la editorial Renacimiento, con selección a cargo de Karmelo C. Iribarren. Me picó la curiosidad y me la llevé a casa. 

Otro libro que encontré, en realidad un cómic barra novela gráfica, es Pyongyang (2003) de Guy Delisle, que cuenta de forma entretenida y algo humorística el viaje del autor a la misteriosa Corea del Norte, ese país sin internet, cerrado a cal y canto y con un régimen dictatorial bastante opresivo del que nos llegan escasas noticias (algunas de ellas delirantes, como la propaganda sobre su líder según la cual nunca defecó, escribió 1500 libros en tres años y consiguió meter la bola a la primera en once hoyos del total de dieciocho en su primera partida de golf). Así que se agradece la información que nos da el autor acerca del país. He pasado un buen rato leyéndolo.


*

También leí por fin Hambre (1890), del Premio Nobel noruego Knut Hamsun. Un libro del que, según recuerdo, tuve noticia hace unos ocho años a través de Pista de despegue, donde Paul Auster le dedica un breve ensayo cuya lectura recomiendo. Cuenta la historia de un joven que llega a una ciudad, por cuyas calles deambula al borde del derrumbamiento. Allí vivirá en una miseria de la que sólo en algunos momentos sale gracias a las pequeñas cantidades de dinero que consigue vendiendo alguno de los artículos que escribe. No tiene qué comer, y cuando consigue echarse algo a la boca, su organismo hecho al ayuno lo vomita. Como apunta Auster, el tratamiento del tiempo es subjetivo: el narrador nos habla largo y tendido de sus peores momentos y solventa con un breve párrafo una o dos semanas de bienestar. El libro tiene algunos pasajes para mí bastante conmovedores, así que ha merecido la pena leerlo. Cito un fragmento: 

"-¡Guárdeselo, guárdeselo! -contesté- Se lo doy de todo corazón. Es poca cosa, una fruslería, casi todo lo que poseo en la tierra. 
Mis propias palabras me conmovieron, tan desolado era su tono en la penumbra del crepúsculo, y me eché a llorar."

Disfrutad todos de lo que queda de fin de semana. Gracias por seguir ahí.


Cheryl Tarrant














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