25 de octubre de 2013

Tres poemas de Karmelo C. Iribarren


Fotografía de Thurston Hopkins. 1954



ASÍ, SÍ

Te digo que te quiero,
pero no te suena
bien.
Vuelvo a intentarlo
con más énfasis,
pero tampoco te convence.
Nos miramos
un rato,
en silencio...,
y rompemos a reír
a carcajadas.
Pero en qué estaría
pensando.
Que se vayan al carajo
las palabras.
Te acaricio largamente
las piernas,
y te beso en la boca,
y te muerdo la nariz,
y... tú
me dices que así sí.


POBRES DIABLOS

Aunque nos cueste admitirlo
cómo nos alegra
comprobar
que aquel viejo colega
-al que no habíamos visto
desde vete a saber cuándo-
tampoco ha llegado
a ningún sitio,

que en el fondo no es más
que un pobre diablo,
como nosotros,

y que el cabrón de él
se alegra de lo mismo.


ALGUNAS NOCHES, EL MIEDO

Algunas noches me arrimo
a tu calor bajo las mantas
como un niño asustado.
Necesito tocarte
urgentemente. Necesito
saber que estás ahí,
que estarás siempre. Sentir
que tengo cerca a un ser humano,
y que no estoy tan solo.


Acabo de leer la antología de poemas de Karmelo C. Iribarren titulada Seguro que esta historia te suena, publicada por la editorial Renacimiento en 2005 y que reúne la poesía completa del autor donostiarra desde 1985 a 2005. La encontré en la biblioteca de mi pueblo, pequeña alegría que lleva a pensar que, después de todo, no todo funciona tan mal. Me ha gustado el libro. Aunque tenga algunos poemas prescindibles, el conjunto me parece muy satisfactorio. Poemas secos, con mucha cerveza y cigarrillos y cafés y barras de bar y mujeres, vitales, sin retoricismos, con algunos tacos (los justos para que los más puristas puedan torcer el gesto pensando quizá que esto no es literatura), con mucha ironía y humor, un lenguaje conversacional y una visión de las cosas desde la desilusión y la derrota, desde la conciencia de la pérdida de la juventud, con algo de crítica social y empapados de "realismo sucio"... Como dice Ángel Talián refiriéndose a un poemario posterior, Las luces interiores, "tocando sutilmente verdades angustiosas de la vida". Sobre Dios, leemos: "lo que no / me entra en la cabeza / es que pueda existir / alguien / con un humor / tan negro". 

Escritores relacionados: Charles Bukowski, Roger Wolfe.

20 de octubre de 2013

Toco tu boca


"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."

Capítulo 7 de Rayuela (1963), de Julio Cortázar (1914-1984).

15 de octubre de 2013

Acantilados de Howth



(“Estaba feliz, desinhibido. Disfrutaba de cada instante como si pudiera arrancarlo con los dedos del telón de la vida.”)

Acantilados de Howth (2010) es la primera novela publicada de David Pérez Vega, de quien probablemente conozcáis su blog Desde la ciudad sin cines, que en lo que a mí respecta sigo desde hace tiempo.

David Pérez Vega parece escribir de lo que conoce. El protagonista tiene una edad similar al autor de Móstoles, y nos habla en primera persona del mundo laboral, sus viajes a Irlanda o Ámsterdam, algún premio de poesía que recogió, las relaciones personales y de pareja, la pérdida de la primera juventud… Historias de la vida, escritas en tono realista con personajes de carne y hueso y algunos efluvios sentimentales (que no sentimentalistas). Al autor le gusta Carver y eso creo que se nota. También Bolaño, al que cita en la última página del libro. Se encuentra uno además otras alusiones conocidas: Hambre de Knut Hamsun, la película La flaqueza del bolchevique, Leopoldo María Panero, el Break on through de Los Doors. 
La prosa fluida da la sensación, no sé si engañosa, de haber sido escrita con facilidad. Quitando algunos altibajos que me pareció encontrar en la primera mitad, de ahí al final el libro avanza muy bien en mi opinión -creíble, auténtico, capaz de conmover- y leerlo ha sido una grata experiencia.

14 de octubre de 2013

Crímenes ejemplares



¿Quién no ha tenido alguna vez un impulso violento, casi asesino? Haced memoria. Si en la vida real finalmente uno se contiene, en este libro de micro-historias muchos de esos impulsos se ven realizados, así que puede ser un saludable desahogo ver que ese odio llega a buen puerto, para regocijo de nuestro humor negro. Como en El libro de los conejitos suicidas, aquí encontramos decenas o cientos de muertes. Sólo que en este caso, en lugar de venir de una imagen, las carcajadas nos las proporcionan las palabras del exiliado Max Aub. Historias que no se van por las ramas y van al grano y a veces hacen gracia por su cercanía con el disparate.

"Soy peluquero. Es cosa que le sucede a cualquiera. Hasta me atrevo a decir que soy buen peluquero. Cada uno tiene sus manías. A mí me molestan los granos.
Sucedió así: me puse a afeitar tranquilamente, enjaboné con destreza, afilé mi navaja en el asentador, la suavicé en la palma de mi mano. ¡Yo soy un buen barbero! ¡Nunca he desollado a nadie! Además aquel hombre no tenía la barba muy cerrada. Pero tenía granos. Reconozco que aquellos barritos no tenían nada de particular. Pero a mí me molestan, me ponen nervioso, me revuelven la sangre. Me llevé el primero por delante, sin mayor daño; el segundo sangró por la base. No sé qué me sucedió entonces, pero creo que fue cosa natural, agrandé la herida y luego, sin poderlo remediar, de un tajo, le cercené la cabeza."

"Estaba leyéndole el segundo acto. La escena entre Emilia y Fernando es la mejor: de eso no puede caber ninguna duda, todos los que conocen mi drama están de acuerdo. ¡Aquel imbécil se moría de sueño! No podía con su alma. A pierna suelta, se le iba la morra al pecho, como un badajo. En seguida volvía a levantar los ojos haciendo como que seguía la intriga con gran interés, para volver a trasponerse, camino de quedar como un tronco. Para ayudarle lo descabecé de un puñetazo; como dicen que algún Hércules mató bueyes. De pronto me salió de adentro esa fuerza desconocida. Me asombró."

"¡Había empezado la lidia del primer toro! ¡Ya estaban los picadores en el ruedo! ¡Yo iba a ver torear a Armilla! ¡Los demás me tenían sin cuidado! ¡Aquel acomodador era un imbécil! ¿Voy a ser responsable de la idiotez de los demás? ¡A dónde íbamos a parar! Tenía el número veinticinco de la séptima fila y aquel asno con brazalete me llevó al doscientos veinticinco. ¡Del otro lado de la plaza! La gente empezó a chillarme. ¿Dónde me iba a sentar si aquel desgraciado se había equivocado y la plaza estaba llena a reventar? Reclamé, intenté explicarme. Se quiso escabullir. La gente me insultaba. ¡Y oí la ovación! ¡Y no había visto el quite! Me dio tal rabia que lo tiré tendido abajo. ¿Que se fracturó la base del cráneo? ¡Qué tengo yo que ver con eso! ¡Si cada uno cumpliera con su obligación! Bastante castigo tengo con no haber visto la corrida."

7 de octubre de 2013

Los bosques de Upsala



Magnífica sorpresa la que me he llevado con esta novela, recomendada por Alberto Olmos y Esther de Prado. Un relato realista, de corte intimista, que aborda temas nada agradables como la depresión y el suicidio. La prosa es de una rabiosa intensidad, que se sostiene a lo largo de las páginas para acabar conformando un conjunto que conmueve y suena auténtico. Por poner un pero, no he acabado de encajar muy bien el desenlace. Los bosques de Upsala (2009) constituye el tercer volumen de la trilogía del escritor y periodista Álvaro Colomer sobre "la muerte urbana" cuyos dos primeros títulos son La calle de los suicidios (2000) y Mimodrama de una ciudad muerta (2004). Uno de los libros que más me ha gustado este año.

"...la gente se queda boquiabierta cuando de pronto un amigo o un familiar o un colega se quita la vida, y todo el mundo dice ¡ay, pero si parecía tan normal!, exclamación que sueltan porque no comprenden que la normalidad, Julio, la auténtica normalidad también incluye a personas que quieren morir o que no quieren vivir..."

Valoración: 5/5.