9 de septiembre de 2015

Carta a una amiga

Fotografía de Kimber Morris


"Como Rubén lo hizo, quiero yo, buena amiga,
escribirte una carta y relatar la intriga
de mi vida, entre bromas y versos repentinos.
A los dos nos separan diferentes caminos
y mientras tú disfrutas viajando, yo me siento
a esperar que se pase mi propio aburrimiento,
y en Jerez, que es el pueblo donde nací y trabajo, 
malvivo, duermo poco, bebo y fumo a destajo
para olvidar qué aprisa pasa el tiempo. Yo, al menos,
cada vez pienso más, cada vez siento menos,
y con los años nada parece ser que era
tal como yo lo quise cuando mi edad primera.

No quiero, sin embargo, que pienses que de nuevo
oigo las mismas notas sombrías. Ya me atrevo
a salir más allá de estas cuatro paredes
donde estuve tres años enredado en las redes
del alma -las que ataron a Samsa y Segismundo-,
herido en la conciencia, ahogado en su profundo
fondo de mar. Y a flote salí, que el tiempo cura
la ansiedad, la desgana, el miedo y la locura.
Y ya que nada tiene respuesta, no pregunto.
Al fin todo pasó. Y ahora paso a otro asunto.

Aquí, por otra parte, ya es otoño. Se mudan
de piso unos amigos. Hace frío. Desnudan
los árboles sus hojas de oro viejo, y si llueve
huele a campo y a infancia. Ya la tarde es más breve,
y más larga la noche. En los graves jardines
del parque, en la estación de trenes, en los cines,
dentro de mí yo siento que algo raro me aprieta
el corazón y busco, detrás de la careta,
el rostro y, tras el rostro de arcilla ensimismada,
una certeza, un sueño, algo que sé que es nada.
(...)
Trabajo, como siempre, entre estos periodistas
de ahora: analfabetos, soberbios, fatalistas;
dispongo, ordeno, anoto hasta la madrugada.
Y escribo. Mientras tanto pretendo no hacer nada:
vivir sin hacer nada, que es para lo que valgo
y es para mí la única manera de hacer algo.
¿Dónde están -me pregunto- esas noches salvajes
de ayer?
               No salgo fuera, ni quiero hacer viajes,
no porque aquí esté bien, sino porque, cansado,
aquí me encuentro igual de mal que en otro lado.
En fin, que vivo aparte y oculto, de manera
que parece que vivo como si no existiera.
(...)
Y con esto ya acabo. 
                                  Mis mejores deseos
te mando. Ya te dice adiós José Mateos,
que hoy, catorce de octubre, da fin a este poema:
cada uno en su casa, cada loco en su tema."

José Mateos, Reunión (La Veleta, 2006).