18 de enero de 2016

Solidaridad



(Escrito el 21 de diciembre de 2015)

“Hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres”, escribió Justo Navarro en su recordado prólogo a El cuaderno rojo. Andaba uno leyendo esta noche a José Jiménez Lozano, que cita un fragmento de Mientras Europa duerme de Bruce Bawer:

“-Pero los daneses tienen menos de qué avergonzarse que muchos otros pueblos europeos -protesté yo-. Salvaron a los judíos.
-Sí, salvaron a los judíos. Pero dudo mucho de que lo volvieran a hacer hoy día. Han sufrido una reeducación.”

Y, hoy mismo, por esas casualidades de la vida, mientras por estos pagos tratamos de librarnos de la resaca electoral, llega la noticia de una medida polémica desde Dinamarca, ese país considerado modélico en diversos ámbitos (no en vano se trata del Estado con menor índice de corrupción del mundo y una tasa de desempleo más que envidiable), aludido en varios debates de la campaña por diferentes candidatos a la presidencia. Se trata de un plan para confiscar los objetos de valor que puedan traer consigo los refugiados sirios -a los que Europa, pese a su compromiso, sigue sin ofrecer apenas asilo- en aras a su venta para costear los gastos de acogida que puedan ocasionar. El concepto de solidaridad con el desesperado parece en redefinición, y ahora algunos no ven apropiado ofrecerla de forma altruista (ya advirtió nuestro presidente Rajoy, en este sentido, que una cosa es ser solidario y otra serlo a cambio de nada). 

El nuevo gobierno danés, de hecho, había prometido ya mano dura con la inmigración. El teléfono móvil y el ordenador, eso sí, han advertido que no lo van a requisar. Se hace raro imaginar, a decir verdad, a esta gente que huye del horror atravesando miles de kilómetros, cruzando mares, jugándose la vida, pertrechados al mismo tiempo de iPhones de última generación o alicatados de alhajas. Traerán poco, pero lo poco que trajeren queda establecido que se les arrebate. El anillo de alianza en principio, por su valor sentimental, se lo pueden quedar. A no ser que su importe sobrepase equis euros. En ese caso, los sentimentalismos se disipan. 

Supongo que algo de esto, antes de su aprobación final en el parlamento, prevista para el mes de febrero, se matizará (o no). Para más inri, la noticia ha visto la luz en vísperas navideñas, esos días en los que invocamos valores de conciliación, concordia, fraternidad. Se diría, si no resultara tan duro ponerlo sobre la mesa, que recuerda al expolio sufrido por los judíos en tiempos de Hitler. Aunque no parecen casos comparables, y desde luego habrá quien apruebe la medida del ejecutivo danés, el cambio de rasero en cuanto a solidaridad, como se vislumbraba en el fragmento citado de Mientras Europa duerme, parece no ofrecer muchas dudas.

© Jesús Artacho, 2015.

14 de enero de 2016

Los hermanos Tanner



Caminante infatigable, de forma lógica podría Walser haberse llamado Robert Walker,de parecerse el mundo, claro, a una novela galdosiana, donde, se diría que siguiendo el dictamen latino in nomen omen, nos hemos habituado a los nombres parlantes, de modo que una mujer benemérita no puede sino llamarse Benigna y si de alguien se pretendiera señalar su inmunidad a la retención de líquidos -o todo lo contrario- habría de bautizarse, imagino, Ptolomeo.

Pasan los años y no nos deja de resultar hermosa, aunque suene a lugar común de erudito a la violeta, la muerte de Walser, caído sobre la nieve durante un largo paseo, para colmo, el día de Navidad, tras más de dos decenios en el psiquiátrico de Herisau. En Los hermanos Tanner, por uno de esos caprichos de la vida, premonitorios en este caso, se relata el fallecimiento de un personaje a quien Simon, uno de los hermanos, se halla tirado sobre la nieve. “Yacer y congelarse (…) sobre la nieve: ¡qué espléndido reposo!”, escribe Walser glosando, se diría, su futura muerte. “Es lo mejor que pudiste hacer. (…) Tu muerte bajo este cielo constelado es muy hermosa y no podré olvidarla en mucho tiempo”. Aunque a veces nos resulte un tanto ingenuo, qué universo más personal el de Walser, qué auténtico, cercano, tierno. Qué bello, humilde e insobornable. Y qué despilfarro adjetival, el mío.

Novela de juventud, escrita antes de que comenzaran sus problemas de salud mental, como ahora dicen, en Los hermanos Tanner predomina, en una trama más bien difusa, el tono reflexivo, poético. Al leerlo pensamos en Thoreau, en La montaña mágica de Thomas Mann, en el tono reposado y entrañable de algunos capítulos de Doctor en Alaska. Se pueden rastrear en el libro ciertos paralelismos con la vida de Walser (1878-1956), que publicó la novela antes de cumplir los treinta: la lírica, o la épica, o la actitud vital del caminar, del paseo, del ser errante; los diferentes trabajos por los que el autor pasó en su juventud; el hecho de tener un hermano pintor.

De la obra de Walser, fecunda en reflexiones sobre la vida, puede extraerse cierta ética. Algunos la han llamado "la ética del empequeñecimiento".

Algunos fragmentos:

"¿De qué sirve poner cara seria, pienso, si el destino nos ha asignado, casi diría que seleccionándonos previamente, el papel de bufones?"

"Tengo que buscarme otra vida, una nueva, aunque mi vida entera deba consistir en la simple búsqueda de esa vida."

"Los indefensos estimulan con excesiva facilidad en los fuertes el deseo de hacerles daño. Alégrate de poder sentirte fuerte y deja en paz a los débiles. Abusar de tu fuerza para vejar a los débiles arroja una mala sombra sobre ella."

"Pues ¿qué era un muerto? Oh, una incitación a la vida. Nada más."

Más Walser en este blog:
-Jakob von Gunten
-El paseo


Calle Robert Walser en Zürich

10 de enero de 2016

Lo mejor de 2015

Como me gusta ver las de los demás, un año más comparto aquí mi lista. En libros:

-Corazón tan blanco, de Javier Marías (DeBolsillo)


-Pastoral americana, de Philip Roth (DeBolsillo)


-La cosa en sí, de Andrés Trapiello (Austral)


-Resurrección, de Manuel Vilas (Visor)


-El guitarrista, de Luis Landero (Tusquets)


-Maestros Antiguos, de Thomas Bernhard (Alianza)



Y en películas:
-Los ilusos (2013), de Jonás Trueba


-Kes (1969), de Ken Loach


-Alphaville (1965), de Jean-Luc Godard


-El sur (1983), de Víctor Erice


-¡Bienvenido, Míster Marshall! (1953), de Luis García Berlanga



¿Qué me decís vosotros? ¿Cuáles han sido vuestros hallazgos este año? ¿Qué recomendáis? 

5 de enero de 2016

Lecturas de 2015

Alrededores de Cuevas Bajas

A continuación, siguiendo la costumbre, mi lista de lecturas del año. Incluye una selección, que de nuevo puede considerarse caprichosa, de las que encuentro más interesantes (en verde) y las que menos (en rojo). ¡Feliz 2016 a todos!

-El guitarrista, de Luis Landero
-Vigilia inquieta, de António Patrício
-Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster
-Ulises, de James Joyce
-La energía de los esclavos, de Leonard Cohen
-Relatos, de Anton Chéjov
-El rayo que no cesa, de Miguel Hernández
-El peso de las sombras, de Ángeles Caso
-Lied de lluvia para una piel ausente, de Raquel Vázquez
-Una caña que piensa, de Andrés Trapiello
-El impostor, de Javier Cercas
-Viento del pueblo, de Miguel Hernández
-Amor. Poesía reunida, 1988-2010, de Manuel Vilas
-Articuentos completos, de Juan José Millás
-El laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza
-Viaje en autobús, de Josep Pla
-Los mejores cuentos, de Sergio Pitol
-Relatos para María, de autores varios
-Niños y niñas, peatones que aún voláis, de Laura Ortiz
-Entre paréntesis, de Roberto Bolaño
-Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag
-La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera
-HHhH, de Laurent Binet
-Agosto, octubre, de Andrés Barba
-Caleidoscopio, de José María Micó
-Cómo me hice monja, de César Aira
-La muerte del padre, de Karl Ove Knausgard
-El tejado de vidrio, de Andrés Trapiello
-Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau
-Marina, de Carlos Ruiz Zafón
-Tristana, de Benito Pérez Galdós
-Tuareg, de Alberto Vázquez-Figueroa
-Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender
-Documentum, de Sara Herrera Peralta
-La cosa en sí, de Andrés Trapiello
-La puerta entornada, de Jesús Montiel
-Pastoral americana, de Philip Roth
-Demasiada felicidad, de Alice Munro
-Las bicicletas son para el verano, de Fernando Fernán-Gómez
-Granada la bella, de Ángel Ganivet
-Reunión, de José Mateos
-Una afición peligrosa, de Patricia Highsmith
-El jardín de la pólvora, de Andrés Trapiello
-Gente del 98 – Arte, cine y ametralladora, de Ricardo Baroja
-El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez
-Los insignes, de David Pérez Vega
-Secretos a voces, de Alice Munro
-Libertad, de Jonathan Franzen
-Corazón tan blanco, de Javier Marías
-Canadá, de Richard Ford
-Los cuadernos de Rembrandt, de José Jiménez Lozano
-Maestros Antiguos, de Thomas Bernhard

La samoyedo Estrella