22 de junio de 2016

Lo último en perderse

Fotografía de Paul McMahon

Dicen que lo último en perderse es la esperanza. Pero hay casos que demuestran que lo último que se pierde es la barriga. Si nos ponemos más serios, es la educación o la cultura lo último que se pierde (a menos que perdamos antes la cabeza). El caso es que, con un poco de imaginación o ingenio, se podrían encontrar varias cosas que serían lo último en perderse, y podríamos construir frases igual de taxativas y sentenciosas que serían tan verdaderas, y a un tiempo tan cuestionables, como la de la esperanza. A veces uno piensa que los escritores abusan, o abusamos, del efectismo que confieren estas frases lapidarias, que a menudo desarma el sentido común de cualquiera que se pare a discutirlas.

Sesudo me ha quedado el párrafo…
© 2014.

19 de junio de 2016

Ruina errante

Fotograma de Un hombre y una mujer (1966), de Claude Lelouch



RUINA ERRANTE

Apenas repuesto de otra hecatombe
te diriges a tu puesto de trabajo.
Con dolor
de cabeza pero avanzando,
en carne viva el alma
pero adelante,
sin dignidad pero batallando,
juguete rabioso del destino,
con coraje y sin cobijo
pero caminando,
caminando,
arrastrando el esqueleto
y las vísceras
a donde lo va exigiendo
la rutina, destrozado pero
combativo, sacando de
quién sabe dónde algo
no muy diferente a un estúpido
e ineficaz y obstinado
orgullo…

Ruina errante camino
en vísperas del próximo derrumbe.

© 2014.

2 de junio de 2016

Terrorismo forestal

Sangre, de Violeta Niebla


Desde hace un tiempo, frecuentan las noticias ciertas ramas de árboles que, de buenas a primeras, se desgajan de los troncos en el parque del Retiro de Madrid con el fin, parece que evidente, de asesinar a la gente que se encuentra debajo pasando como mejor puede la tarde. Se diría que la naturaleza, arrinconada en guetos cada vez más ominosos, hastiada del maltrato, se ha lanzado al terrorismo suicida y se reafirma en ese método contra sus heridores. 

El asunto es triste, pues al igual que en los atentados interpersonales, en estos actos de terror acaban muriendo inocentes. Leo en la prensa online la noticia de un fallecimiento, hace ahora un año, de un padre de familia de treintaiocho que se hallaba en el parque con sus dos hijos. La rama letal procedía (ojo a la perversidad forestal) de una falsa acacia, según palabras textuales. La información destaca, además, la ausencia total de viento en el fatal instante, circunstancia que pudiera haber concurrido como atenuante. Pero no, nada de viento: parece probado que la rama se abismó por voluntad propia, sin motivo alguno, por puro prurito de hacer daño. Se ve que los mermados bosques han tomado la firme decisión de morir matando.

© 2015.