25 de noviembre de 2010

El castillo


El castillo pasa por ser, junto a El proceso, uno de los libros fundamentales para todo aquel que quiera entender en qué consiste lo kafkiano. Kafka comenzó a escribir esta obra en 1922, pero la tuberculosis no le dejó terminarla. Contradiciendo los deseos del autor, que como sabéis pidió que se destruyese toda su obra no publicada en vida, su amigo Max Brod publicó El castillo en 1926.

La historia que cuenta es la de K., a quien contratan como agrimensor en una misteriosa aldea dominada por el castillo del título. Pronto se enterará de que allí no precisaban de los servicios de ningún agrimensor, y ese será el comienzo de una trama pesadillesca, absurda y laberíntica. Los esfuerzos del protagonista por llegar hasta el castillo caen en saco roto, así como su intento de hablar con autoridad alguna.

La situación de K. es de soledad, que se va agudizando conforme avanza la historia. Varias veces le recuerdan su condición de forastero: “no es usted del castillo, no es usted de la aldea, no es usted nada”, le dicen. En otro momento se comenta que es una carga que llevarán siempre a cuestas. K. no es nadie, una inicial seguida de un punto, ni siquiera un nombre completo.

En el libro se refieren a la ley del castillo, un reglamento implacable al que a menudo se alude (como en La ciudad de Mario Levrero), pero cuyas autoridades son “invisibles y remotas”, pues en la aldea desconocen no ya los entresijos de esa administración, sino su mismo funcionamiento, del que sólo han oído rumores.

Kafka teje una historia extraña, inquietante, frustrante, con ciertas dosis de absurdo (sobre todo al comienzo) y llena de laberintos burocráticos. Parece como si una decisión desacertada proveniente del castillo pudiese cambiar el destino de un hombre. Al final, la sensación que queda es la desesperación ante una administración inaccesible.

El libro tiene en mi opinión un punto negativo, que son las últimas páginas. Decíamos que esta obra la dejó Kafka inconclusa. Quizá sea esa una explicación, porque el libro no tiene un final definido, al contrario que El proceso.


“Puede entrar en una oficina, pero esa oficina ni siquiera parece ser una oficina, sino más bien un vestíbulo de las oficinas; y quizá ni siquiera sea tanto; quizá no sea más que un cuarto destinado a retener a todos aquellos que no deberán entrar en las verdaderas oficinas. Barnabás conversa con Klamm, ¿pero será Klamm ese hombre con quien él conversa? ¿No será más bien alguien que se parece ligeramente a Klamm? Acaso, cuando mucho, un secretario que un poco se parece a Klamm, y se esfuerza por llegar a parecérsele más aún para darse luego importancia…”

“Ciertamente, él no era nada, lástima daba contemplar su situación. Era agrimensor, lo cual acaso fuese algo; había aprendido, pues, alguna cosa; mas si uno no sabe para qué ha de servirle, tampoco esta cosa de nada le vale.”

19 de noviembre de 2010

Todo está iluminado


Información básica acerca del autor
Con tan sólo veinticinco años, Jonathan Safran Foer irrumpió de forma rutilante en el panorama de las letras, siendo calificado por algunos como un nuevo niño prodigio. Con sólo dos novelas, Todo está iluminado (2002) y Tan fuerte, tan cerca (2005) se ha convertido en una de las promesas más talentosas de las letras norteamericanas. Goza del aplauso de la crítica y buenas ventas. Sus novelas se suelen englobar bajo la etiqueta de intelectual best seller. Según he leído, recibe influencias de Salinger y Bashevis Singer y, como curiosidad, colecciona hojas en blanco de escritores a los que admira, hojas que luego enmarca y cuelga en el salón de su casa.

Argumento
Todo está iluminado cuenta la historia de un joven estadounidense, Jonathan, que viaja a Ucrania (el propio autor hizo este viaje, aunque regresó con las manos vacías) con el fin de encontrar el pueblo donde vivió su abuelo y también a la mujer que lo salvó de los nazis. En ese viaje en busca de sus raíces le acompañan Álex, que ejerce de traductor; su abuelo, que padece ceguera psicosomática, y Sammy Davis Junior Junior, un entrañable perrito.

Una parte del libro la constituyen las cartas que Álex le envía a Jonathan al término del viaje, que crea un vínculo entre ellos. Están plagadas de errores que consiguen un trabajado efecto humorístico. Así, Álex dice que está siempre “dispersando” el dinero y que su hermano tiene un ojo morado por un “desacuerdo” con un muro de ladrillo. Como él mismo escribe:

“Como sabes, yo no soy un machete en inglés. En ruso mis ideas se establecen de forma anormalmente correcta, pero en mi segunda lengua no soy tan primordial. Me he esforzado por continuar tus consejos, y he fatigado al diccionario que me regalaste. (…) Si lo que he realizado no te complace, te solicito que me lo devuelvas. Persistiré en ello hasta que estés saciado.”

La novela se centra en dos historias, narradas de forma paralela: la de Jonathan, Álex y su abuelo en busca de Trachimbrod y, por otro lado, la historia de ese mismo pueblo desde el siglo XVIII hasta la invasión nazi. En esta última aparece una mujer que cataloga muy diferentes tipos de tristeza y también un libro de sueños recurrentes, con algún ejemplo memorable. Tal vez no sea demasiado exagerado decir que la novela es un alegato en favor de la recuperación de la memoria.

Opinión personal
Mi primer acercamiento a Jonathan Safran Foer se produjo con la película de Todo está iluminado, con la que pasé un muy buen rato. Después, hace tres o cuatro años, cayó en mis manos su segunda novela, Tan fuerte, tan cerca. Su lectura supuso para mí un descubrimiento: me recordó a Salinger, me hizo reír y gasté bastante lápiz subrayando frases. Como su primera novela, este es un libro tierno, escrito de forma ingeniosa, jalonada por momentos de humor, con algún momento dramático… Además, la visualidad tiene en ella importancia, juega mucho con ella (incluye, como Sebald, fotografías, juega con la tipografía…). En general me parece una obra más madura, más sólida que su primera novela.

Porque lo cierto es que Todo está iluminado me ha dejado un mal sabor de boca. La verdad es que la historia de Jonathan y compañía en busca de Trachimbrod tiene buenos momentos, pero luego está la historia del pueblo desde el siglo XVIII, parte que me dejó un poco frío y me pareció excesivamente sensiblera. Con todo, no me gustaría disuadir a nadie de que se acerque a este autor, aunque la verdad es que hay que ser un poco sentimental para que guste. En resumidas cuentas, no me parece un libro brillante, como dicen algunos, pero sí que leeré el próximo libro de Foer.

Fragmento
“Me subo cada día al autobús durante una hora y paso el día haciendo cosas que odio. ¿Quieres saber por qué? Pues por ti (…). Un día tú harás cosas que odies por mí. Eso es lo que significa ser una familia.”

Adaptación cinematográfica
Existe una adaptación al cine de Todo está iluminado. Es de título homónimo y se debe al director Liev Schreiber. Se estrenó en 2005, con buena acogida de crítica y público si tenemos en cuenta que no se trata de una superproducción. En mi opinión es una buena adaptación. Elijah Wood es el protagonista, en un papel muy diferente al de Frodo en El señor de los anillos, y los demás actores también consiguen hacer creíbles y cercanos a los personajes. También me pareció destacable la fotografía y la banda sonora. Seguramente no sea un peliculón, pero guardo muy buen recuerdo de ella. Dejo el tráiler.

11 de noviembre de 2010

Beirut-Gulag Orkestar

Título: Gulag Orkestar
Autor: Beirut
Año de publicación: 2006
País: Estados Unidos
Género: Folk, Indie, Otros.
Títulos del disco: 01 The Gulag Orkestar, 02 Prenzlauerberg, 03 Brandenburg, 04 Postcards from Italy, 05 Mount Wroclai (Idle Days), 06 Rhineland (Heartland), 07 Scenic World, 08 Bratislava, 09 The Bunker, 10 The Canals of our City, 11 After the Curtain, 12 Elephant Gun, 13 My Family's Role In The World Revolution, 14 Scenic World (version), 15 The Long Island Sound, 16 Carousels.
Duración: unos 53 minutos.
Enlaces:
myspace y sitio web.



8 de noviembre de 2010

Del asesinato considerado como una de las bellas artes


En el siglo XIX, Thomas de Quincey imaginó una Sociedad de Conocedores del Asesinato, cuyos miembros, “cada vez que en los anales de la Policía se produce un nuevo horror de esta clase se reúnen para criticarlo, como harían con un cuadro, una estatua u otra obra de arte”. El crimen, dicen, puede tratarse en su lado moral o bien en su lado estético, que es a lo que da primacía este club, al “buen gusto”. Afirman que una vez que el asesinato se ha cometido, una vez que ya no se puede hacer nada por evitarlo, hay que dejar a un lado la moral y considerarlo como un arte.

El libro está compuesto por tres artículos, que pasan por conferencias pronunciadas en las sesiones de este peculiar club. De ellos, el que me ha resultado más interesante es el primero, mientras que el último lo he leído un poco en vertical. Escritos en un tono erudito, con latinismos y citas tomadas de autores clásicos, los artículos disertan acerca de qué tipo de persona es más apropiada para ser asesinada, así como de los lugares y momentos más “artísticos” para cometerlo. También se remontan a Caín para confeccionar una historia del crimen desde los orígenes hasta la actualidad.

Se trata, como hizo Erasmo en el Elogio de la locura, de un ejercicio retórico, no exento en este caso de humor negro e ironía.

Así, tras explicar que casi todos los filósofos de una época han muerto asesinados o en circunstancias poco claras, cuenta que la mayor objeción a la filosofía de Locke es que muriese a los 72 años sin haber sufrido agresión alguna.

Sirva como muestra del humor del libro este fragmento:
“Hobbes no fue asesinado, nunca he logrado comprender por qué ni en virtud de qué principio. Ésta es una omisión capital de los profesionales del siglo XVII, pues a todas luces se trata de un espléndido sujeto para el asesinato, salvo por que era flaco y huesudo; por lo demás, puedo probar que tenía dinero y (lo cual es muy cómico) carecía de todo derecho a oponer la menor resistencia ya que, conforme a su propia tesis, el poder irresistible crea la más elevada especie de derecho, de modo que constituye rebelión, y de las peores, el resistirse a ser asesinado [….] No obstante, si bien no fue asesinado, me complace asegurarles que, según su propia cuenta, estuvo tres veces a punto de serlo, lo cual nos consuela.”

Un buen ejemplo de literatura lúdica, un libro que provoca la risa cómplice del lector.

1 de noviembre de 2010

El futuro de las letras hispánicas según "Granta"


La revista literaria anglosajona Granta publica cada diez años una lista con los veinte narradores más prometedores de las letras británicas. En la de los años ochenta aparecían nombres hoy tan conocidos como Ian McEwan, Martin Amis, Salman Rushdie o Kazuo Ishiguro. En la última, la de 2003, se destacaba a autores como David Mitchell o Zadie Smith. Ahora, en el mes de octubre, siete años después de que la edición española de la revista cobrase forma, se propone una lista para el mundo hispánico. Como todas las listas, ésta es discutible. Sólo el tiempo dirá quienes de estos autores se consolidan en el panorama literario y quienes caen en el olvido o simplemente no llegan a levantar una obra sólida. Se trata de autores que en ningún caso sobrepasan los 35 años y que han sido seleccionados por un jurado de seis miembros: dos editores de Granta, el novelista Francisco Goldman, Mercedes Monmany, la periodista Isabel Hilton y el escritor y cineasta Edgardo Cozarinsky. Para ser sinceros, sólo conocía a Mercedes Monmany. Resulta obvio decirlo, pero un jurado diferente hubiera elegido unos nombres distintos a los que se han propuesto, que son los siguientes:

Andrés Barba – España, 1975
Oliverio Coelho – Argentina, 1977
Andrés Ressia Colino – Uruguay, 1977
Federico Falco – Argentina, 1977
Pablo Gutiérrez – España, 1978
Rodrigo Hasbún – Bolivia, 1981
Sonia Hernández – España, 1976
Carlos Labbé – Chile, 1977
Javier Montes – España, 1976
Elvira Navarro – España, 1978
Matías Néspolo – Argentina, 1975
Andrés Neuman – Argentina, 1977
Alberto Olmos – España, 1975
Pola Oloixarac – Argentina,1977
Antonio Ortuño – Mexico, 1976
Patricio Pron – Argentina, 1975
Lucía Puenzo – Argentina, 1976
Santiago Roncagliolo – Perú, 1975
Andrés Felipe Solano – Colombia, 1977
Samanta Schweblin – Argentina, 1978
Carlos Yushimito – Perú, 1977
Alejandro Zambra – Chile, 1975

Confieso que no conocía a más de cuatro o cinco de estos nombres, y que sólo a uno he leído. Se trata de Andrés Neuman, autor argentino afincado en Granada que mereció los parabienes nada menos que de Roberto Bolaño. Hace unos días, se hacía eco en su blog de la aparición de esta lista. “Atragrantados”, llevaba por título la entrada en la que comentaba acerca de este tema. No deja de ser interesante su lista de narradores ausentes en la lista de la revista: Mario Cuenca, Rodrigo Blanco, Ricardo Silva, Félix Bruzzone, Juan Sebastián Cárdenas, Álvaro Bisama, Claudia Hernández, Gabriela Wiener, Ariel Magnus, Matías Capelli, Eduardo Varas, Wilmer Urrelo, Ramiro Sanchiz, Sara Mesa, Daniel Gascón, Irene Jiménez, Nuria Labari, Jorge Carrión, Javier Moreno, Miguel Serrano Larraz... De esta última lista sólo conozco a Mario Cuenca, cuyo Boxeo sobre hielo tengo por casa.
Como es de esperar, ha habido múltiples reacciones a la publicación de esta lista. La más sonada es la del crítico Ignacio Echevarría, nada contento con la resonancia que la noticia ha tenido. La califica de “burda operación de márketing”. También discute que los miembros del jurado sean los que son. Así, dice que Isabel Hilton es sobre todo especialista en historia y política chinas (!) y no le concede ninguna autoridad a la lista. Además, destaca que Argentina y España son con mucho los países más representados, con ocho y seis autores respectivamente.
A todo esto, llama la atención la no inclusión de ningún componente de la tan nombrada generación nocilla. En mi opinión, esta lista, como todas, no hay que tomársela demasiado en serio, pero sirve para anotar algunos nombres que pueden ser interesantes.