24 de abril de 2018

El yogur, ese supervillano


   
   En el autobús urbano, dos hombres de unos sesenta años comentando las noticias. “Un padre ha matado a su hijo con parálisis cerebral y luego se ha suicidado”, leía uno. “Pues el otro día”, comentaba el segundo, “en un semáforo un peatón le endosó un navajazo a otro, sin venir a cuento”. “Cuánta violencia”, se lamentaba el primero, “yo creo que eso es por los yogures”. “¿Los yogures?”, se pasmaba el compañero. “Claro”, decía el primero, algo molesto por tener que glosar una obviedad. “¿Tú sabes la cantidad de yogures que se comen hoy en día? Vete tú a saber lo que llevarán”, comentaba indignado. “Pues qué van a llevar, lo que dicen los ingredientes, ¿no?”, decía el otro. “Sí, hombre, eso no se lo cree ni Dios. En los ingredientes no ponen ni la décima parte. Yo leí el otro día que comerse un yogur diario es una de las principales causas de muerte súbita en el primer mundo”.
   Ante tan recio argumentario, el amigo escéptico de la teoría yogurtera terminó por guardar silencio, abismando la mirada, sin mostrar mucha conformidad, más allá de la ventanilla. El primero dobló en un tris el periódico, con mucho garbo. Recordé que en tierras helvéticas afloró no hace mucho un partido político un tanto insólito, cuyo ideario se centraba en la firme oposición a los power point, que según ellos ocasionaban en nuestras sociedades unas pérdidas millonarias. A este señor del bus se le veía cierto carisma, y no se atrevería uno a aventurar que no llegue algún día a convertir en tendencia política ese credo delirante que convierte un derivado lácteo tan cotidiano, benemérito para la flora intestinal o como poco inofensivo, en un supervillano. Mientras divagaba de esta forma atisbé por el rabillo del ojo que abandonaban su asiento los pasajeros parlantes. Se apearon en la siguiente parada.

2018



15 de abril de 2018

"Examen de ingenios", de José Manuel Caballero Bonald



José Manuel Caballero Bonald publicó este Examen de ingenios en 2017 (Seix Barral). Nació en 1926. Eso quiere decir que el libro ha visto la luz a sus noventa y un años. Bendita longevidad lúcida. En una de las anécdotas que jalonan este libro, Francisco Ayala, que murió a los 103, le confiesa al autor en un viaje en tren, al parecer, el secreto: cenas frugales consistentes en una manzana y dos whiskies. "Lo de la manzana no lo cuentes", dice que le dijo Ayala, con posible coquetería masculina.

Examen de ingenios se compone de un centenar de semblanzas, retratos de personajes célebres del mundo de la cultura con los que Caballero Bonald ha tenido ocasión de coincidir, en mayor o menor medida, a lo largo de su dilatada vida. Además de recoger anécdotas, opina y valora de forma ponderada la obra o la personalidad de los implicados. El título del libro tiene ecos auriseculares. Pretende esto decir que, como sabe el lector informado, existe otro de Juan Huarte de San Juan (1529-1588) de título casi homónimo: Examen de ingenios para las ciencias.

No hace mucho leí Somos el tiempo que nos queda, la obra poética completa de Caballero Bonald hasta 2004 (desde entonces, el jerezano ha publicado otros cuatro poemarios). Sus poemas unas veces me deslumbran y otras me dejan frío, pero siempre me llama la atención su rigor y riqueza lingüísticos, su manejo del idioma, que también es palmario en estas prosas. No se descubre nada hablando bien de un autor con tan reconocida obra (Premio Cervantes) a las espaldas, pero no por ello vamos a dejar de celebrar su fecundidad, sus aciertos. Como única pega, mencionaremos que a veces la sonoridad de su fraseo, tan conseguida, puede resultar un tanto campanuda, algo pomposa (pero supongo que son figuraciones mías), y nos puede alejar del goce estético. En cuanto a la nómina de personajes, sería prolijo mencionar sólo a los principales, de uno y otro lado del charco: García Márquez, Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Muñoz Rojas, Gil de Biedma, Ángel González, Azorín, Baroja, Carmen Martín Gaite, Pepa Flores, Miguel Delibes... 

Dejo otra anécdota, para concluir: "...salió a relucir una divertida historia relativa al topónimo original de Soto del Real, que era Chozas de la Sierra. Parece ser que a un natural del pueblo lo hicieron obispo y la corporación municipal, reunida en sesión monotemática, quiso mostrar su contento cambiando el topónimo de Chozas de la Sierra, que consideraban poco digno para cuna de un prelado, por el más vistoso de Soto del Real. Comentaban por ahí que lo que tenían que haber cambiado, en vez del acreditado topónimo del pueblo, era el defectuoso del obispo, que se llamaba -por chocante que parezca- Casimiro Morcillo." 

De lo mejor que he leído en lo que va de año, junto al primer volumen del Cuarteto de Alejandría.


12 de abril de 2018

"Cine de verano", un poema de Felipe Benítez Reyes

Fuente: La Opinión de Málaga

CINE DE VERANO

"Las noches de verano de mi infancia
son un tiempo inmortal y son un cine
que brindaba en su alquimia luminosa
vibrantes sucesiones de espejismos:
la glorificación sangrienta de los héroes,
la esencia desolada de un desierto
o el deseo expresado frutalmente
en el rouge pecador de una muchacha
que cifraba la esencia de un misterio
que el tiempo no desvela.

Las noches de verano de mi infancia
son un tiempo inmortal que muere en mí.

Yo le cavo esta fosa. Y esculpo este epitafio."

Felipe Benítez Reyes, Trama de niebla: Poesía reunida, 1978-2002 (Tusquets Editores).