15 de agosto de 2016

Sobre arte contemporáneo

Cuadro gris con una mancha negra, de Antoni Tàpies


Sale uno a veces de los museos de arte contemporáneo -perdonadme- no sin secuelas.
Al observar un mastodóntico desconchón en la pintura de una fachada, caminando por la ciudad media hora después, lo encuentra uno de pronto de un deterioro muy logrado, una obra de arte -urbano en este caso- que en nada desentona con las que acaba de contemplar, urna mediante, en la sala museística. Y se dice uno que emula el desperfecto, de manera muy conseguida, una figura bastante estilizada, al estilo de las de Giacometti.
Percibir esa dimensión estética en una realidad, al fin y al cabo, depauperada, puede producir, más que un sentimiento de distinción, la cotidiana punzada de estupidez o una oleada de culpabilidad burguesa, como si no andase uno muy lejos de aquellos turistas primermundistas que, mirando las chabolas desde la distancia, únicamente veían, inmunes a la miseria, una sucesión muy colorida de paredes, digna de alabarse, de una belleza que les alegró la jornada.
Hubo una época en que miraba con asiduidad pintura y fotografía abstractas. Un día, al caer la tarde en la huerta, me descubrí abismando la mirada en el suelo y pensando que el tramo de zahorra de la entrada resultaba de lo más artístico, un prodigio de abstracción, muy similar a algunos cuadros modernos y cotizadísimos. En ese momento, por supuesto, a uno se le vuelve a hacer presente el componente de engañifa que a menudo se le atribuye al arte contemporáneo, aparta despavorido la mirada del suelo y comprende que urge una desintoxicación.

© 2016.

Les quatre coins, de Antoni Tàpies


8 de agosto de 2016

París no se acaba nunca


Aunque lector asiduo de Enrique Vila-Matas, durante mucho tiempo este libro lo he dejado correr, tal vez con la tácita intención de que, como le ocurre a él con París, Vila-Matas a mí no se me acabara nunca. Leí un libro suyo por primera vez en 2003. El mal de Montano supuso para este que escribe un gran descubrimiento, y desde entonces he continuado leyéndolo hasta completar una docena de sus títulos. 

En París no se acaba nunca (2003), el consagrado escritor barcelonés recrea su etapa parisina, en la que, como siempre se recuerda, pasó un tiempo viviendo en una buhardilla como inquilino de Marguerite Duras. Mediaban los años setenta y un joven y moderno Vila-Matas empezaba a querer ser escritor y, se nos cuenta, trataba de orquestar la novela La asesina ilustrada (1977), una novela que, como se repite, nació con el propósito criminal de asesinar a sus lectores. 

La habitual arquitectura de citas y referencias literarias -o culturales en general-, jalonadas de fino humor, aparece aquí, por tanto, construida sobre unos cimientos biográficos. A ratos el autor se muestra autocrítico con su figura de escritor en ciernes, y llega a satirizar alguna de sus actitudes pasadas. Se agradece, la verdad, que no caiga en la autocomplacencia. Además, aunque el escenario de la Ciudad de la Luz tiende a lo mítico (en el recuerdo París era una fiesta de Hemingway y el aura de invernadero de artísticas vidas bohemias que posee la capital gala), también desmitifica o al menos se distancia, por momentos, de todo ello, como cuando escribe: "...prueba incontestable de que también en los centros mundiales de la literatura se han oído siempre tonterías". La frase del libro de Hemingway de que en París él fue "muy pobre y muy feliz", la retoma Vila-Matas para decir que allí fue "muy pobre y muy infeliz", aunque por otra parte cuenta que sus padres le iban enviando dinero (qué divertida, al respecto, la carta que intercambia con su padre acerca de este punto).

Me llama la atención que Vila-Matas hable en este libro de La asesina ilustrada (1977) como de su primera incursión en las letras, si tenemos en cuenta que cuatro años antes ya había publicado en Tusquets la novela Mujer en el espejo contemplando el paisaje. De este último título creo que el autor se lamentaba en alguna entrevista, diciendo que se lo impuso la editorial y que a él, en realidad, le hubiera gustado titular su opera prima Un lugar aparte, un título que, para ser sinceros, a mí también me gusta. En 2011, DeBolsillo, que ha reeditado toda la obra del autor, en uno de esos trasvases mastodónticos que a veces se ven en el mundo editorial (es inminente, a propósito, el de Roberto Bolaño de Anagrama a Alfaguara), publicó en un volumen los cuatro primeros libros de Enrique Vila-Matas bajo el título En un lugar solitario, título que también lleva, en esta reedición, la primera novela del autor, publicada en el 73, como decíamos, con el de Mujer en el espejo contemplando el paisaje. Supongo que el hecho de considerar La asesina ilustrada su primer libro, siendo ya el segundo, nos permite intuir, de entrada, que el componente autobiográfico aparece recreado, trufado de electrizante juego intelectual -y hasta de invención-, como por otra parte es habitual en la obra del barcelonés. Ya decía Roland Barthes que toda ficción es autobiográfica y toda autobiografía ficcional.

No hace mucho, en el mes de junio, le dedicaron al autor uno de los programas de la serie Imprescindibles (aquí), que recomiendo si algún interesado todavía no lo ha visto. Comentaba Alberto Olmos, al respecto, sobre lo curioso de que pese a ser considerado uno de los mejores escritores vivos, y muy traducido y apreciado en el extranjero, Vila-Matas nunca haya recibido un premio institucional en España. Pero esto, me parece, igual habría que matizarlo un poco, pues mirando su currículo encontramos que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en 2002 por El mal de Montano y el Premio de la RAE (¡la RAE!) en 2006.

En algunos momentos de la lectura, como suele ocurrirme con el autor, me he reído mucho. El tema de la ironía es otro en el que abunda el libro, que no en vano se presenta como una conferencia sobre la ironía dictada a lo largo de tres días ante un auditorio. Escribe, por ejemplo: "La ironía me parece un potente artefacto para desactivar la realidad".

París no se acaba nunca ha sido capaz de hacerme partícipe, de nuevo, de las sensaciones de los grandes libros de Vila-Matas. 

Por momentos pienso -perdonadme- que a veces se le puede escuchar a este señor, en las entrevistas, alguna pedantería que tienta a la hilaridad, pero claro, nadie nos puede resultar genial todo el tiempo. Lo cierto es que uno queda muy agradecido a su literatura y da en pensar que ha habilitado un espacio de libertad de lo más oxigenante en las letras patrias. Si no existiera, como se suele decir, a Vila-Matas habría que inventarlo. Sus libros, además, llevan a otros libros, a otras voces, y tiene este hombre el mérito de habernos acercado a algunos a la obra de Robert Walser, Witold Gombrowicz, Robert Musil, etc. Excéntrico y genial, con casi setenta años nos sigue haciendo viejos a muchos jóvenes. Así que larga vida a Enrique Vila-Matas.



6 de agosto de 2016

Lisa Hannigan - Pistachio


Lisa Hannigan (1981), cantante irlandesa, trabajó con el músico Damien Rice hasta 2007, año en que comenzó carrera en solitario. Su tercer álbum, At Swim, verá la luz este mes de agosto. Les dejo una actuación en directo en la que canta Pistachio, un tema de su primer álbum Sea Sew (2008). 

Su página web aquí

Su canal en YouTube aquí.



2 de agosto de 2016

Un malentendido histórico


Crucifixión de San Pedro, de Caravaggio

   
   No hay que descartar que San Pedro haya sido víctima de un malentendido histórico. Se le acusa de haber negado tres veces a Jesús antes de que cantara el gallo, pero quién sabe si de forma errada. Consideren ustedes la magnitud de la injusticia si lo único que hubiera salido de su boca hubiera sido un contundente no ni na’, “no ni nada”. Triple negación, es cierto, pero afirmación, y no poco rotunda, a fin de cuentas. 
   Chistosos andamos.
                                            
                                                                 &

   Existe, al igual que un orgullo capitalino y centralista, un orgullo provinciano. Si en Madrid puede alguien tener en poco a una persona que vive en un pueblo de mil habitantes, por el mero hecho de vivir en un pueblo de mil habitantes, tampoco es extraño que ese que vive en el pequeño pueblo periférico estalle en algún momento: “¡Ja! Me va a decir a mí un listillo de Madrid lo que tengo que hacer, o que pensar”. 
   Percibe uno en ambos casos una altanería algo recriminable.
                                                                 
                                                                 &

   Si como decía Sartre el infierno son los otros, un teléfono móvil en casa del solitario es un caballo de Troya.

2015

21 de julio de 2016

¿No te alegras por mí?



Publicado por la extinta Tropismos en 2007, ¿No te alegras por mí? reúne veinte relatos cortos del estadounidense Richard Bausch. La misma editorial dejó publicada antes de desaparecer -y algunos lo agradecemos- toda la cuentística de Bausch hasta la fecha, que completaban Alguien que me cuide (2004) y La mujer del bombero (2006). No obstante, con posterioridad, Bausch ha publicado una nueva colección de cuentos, Something is out there (2010), aún no traducida al castellano.

Se relaciona la obra de Bausch, nacido en 1945, con la de otros autores estadounidenses como Raymond Carver o Richard Ford, pero intuyo que su obra es menos conocida en España. A mí se me antoja que alguien que disfruta con los relatos de Carver va también a apreciar, sí o sí, los cuentos de Richard Bausch, por lo que en alguna ocasión los he recomendado a entusiastas carverianos. Comparten ambos ese apego por el realismo, el poner el foco en historias cotidianas y en seres algo grises, en ocasiones fracasados, o en momentos embarazosos o íntimamente significativos de la gente de a pie que pelea por mantenerse a flote. En esta línea realista, grosso modo, también podría incluirse, pienso, a otros autores como John CheeverSam Shepard.

El primer relato del libro, "El hombre que conocía a Belle Starr", me parece uno de los mejores. Juega con la poesía que podría encontrarse en el autoestopismo, las vidas de desconocidos que se cruzan y los bares solitarios de carretera y, partiendo de ahí, consigue sorprender y montar una historia con maestría.

"803" va sobre un tipo que llama a un teléfono erótico pero quiere hablar antes de nada, conocer a la chica, saliéndose de lo convencional. Por momentos resulta algo ingenuo considerar la posibilidad de que una trabajadora del sexo telefónico se avenga a mantener conversaciones personales con un desconocido. Si obviamos esto, el cuento es muy entretenido y meritorio.

El que cierra el volumen, "El último día del verano", es otro de los que me han gustado. Abarca las relaciones paternofiliales, los baches de la vida familiar, y narra un incidente algo sonrojante para un padre y un hijo durante un partido de béisbol.

Enamorados no correspondidos, abuelos de niñas que nunca conseguirán saltar el potro en clase de Educación Física, personas que se ven envueltas en situaciones en las que pierden los nervios o en las que están a punto de hacerlo pero al final consiguen evitar el desastre pululan por otras de las narraciones de ¿No te alegras por mí?, incluyendo el relato que da título al libro y que tiene algunos momentos bastante cómicos.

Son textos de unas 15-25 páginas, con mucho diálogo y escritos en una prosa sencilla. En ocasiones la narración parece una mera acotación teatral hasta el siguiente parlamento de algún personaje, y puede pesar en el lector cierta planicie estilística. No puedo decir que todos me hayan interesado, pero sí que Bausch sigue siendo uno de mis referentes indispensables en lo que a las distancias cortas se refiere (de sus novelas, que no he leído, Los Libros del Lince ha publicado Paz en 2010). 

Hará unos diez años compré los relatos de Alguien que me cuide (galardonado con el PEN/Malamud), que me entusiasmaron bastante, pero hasta ahora no había buscado más libros del autor. Tras leer este, he decidido hacerme también con La mujer del bombero, y me gustaría que alguna editorial española se interesara por traducir las nuevas historias de Bausch de Something is out there. Los tres que publicó Tropismos se me antojan también jugosa carne de reedición. Y es que me parece que les queda por colonizar un considerable público lector (que tal vez no sea muy mayoritario, pero qué se le va a hacer). Jon Bilbao, que acaba de publicar precisamente otro volumen de cuentos, Estrómboli (Impedimenta, 2016), parece otro de los partidarios del autor y le dedicó allá por 2008 un par de entradas en su blog, a cuya lectura emplazo. 

Como dato anecdótico, en la edición española de Wikipedia Richard Bausch ni siquiera tiene entrada todavía.

5 de julio de 2016

Esto no es una novela


El mes pasado me acerqué a la Feria del Libro de Madrid. Una de las casetas que no quería perderme era la 113, donde podían encontrarse libros editados en Hispanoamérica. Entre ellos, decidí comprar Esto no es una novela, de David Markson, editado en Argentina por La Bestia Equilátera. El libro forma parte de una tetralogía que se inicia con La soledad del lector (1996), que ya había leído y del que hablé por aquí (también publicado por La bestia equilátera). Continúa con Esto no es una novela (2001) y luego con Punto de fuga (2004), publicada por la mexicana Verdehalago y La última novela (2007), que me parece que no se ha traducido al castellano -aunque me gustaría, y creo que no soy el único- y que curiosamente es la última novela del autor, fallecido en 2010.

Esto no es una novela vuelve a componerse, como La soledad del lector, de fragmentos breves de una, dos, tres líneas, cincelados hasta la esencia, hilos de unas pocas palabras de los que el lector puede tirar y sacar mucho más. Observaciones culturales que revelan en muchos casos una gran lucidez y perspicacia. Anécdotas, cotilleos, en algunos casos, sobre los grandes nombres de la cultura y la Historia. Datos que nos invitan a desmitificar a este o aquel, tratando de arrancar, se diría, "una hoja del laurel del arte" o, siguiendo a Woody Allen, de acabar de una vez por todas con la cultura. Por otra parte, otras aportaciones amplían el horizonte del lector sobre estas figuras. Hay apuntes, también, de trasfondo poético, y reflexiones y observaciones de Markson atinadísimas. Uno lee estas píldoras, en ocasiones de la densidad del plomo, y se queda rumiando, o se ríe de pronto, o se conmueve, y las incorpora a su barnizado cultural con fines no necesariamente pedantes. De cuando en cuando, Markson también inserta comentarios críticos sobre la propia obra que vamos leyendo: "No lineal. Discontinuo. En forma de collage", escribe. "Obstinada en sus referencias cruzadas y de críptica sintaxis interconectiva", escribe.

Para gente curiosa o, como se suele decir, intelectualmente inquieta.

Sobre la edición: bonita, para mi gusto, aunque con alguna pega: el plastificado de la portada se ha empezado a levantar por la parte inferior y apenas hace un mes que compré el libro.

Va terminando la entrada y todavía no he utilizado la palabra posmoderno. Definitivamente, estoy desaprovechando este blog.

Fragmentos:

"Una vez Alejandro Magno estaba pontificando sobre arte en el estudio de Apeles. Apeles le sugirió que cambiara de tema:; no era nada apropiado que los jóvenes aprendices estuvieran riéndose nerviosamente a sus espaldas".

"Sólo tres personas siguieron el féretro de Stendhal.
Su obituario más largo consistió en tres renglones.
En uno escribían mal su nombre."

"Roman Jakobson, oponiéndose a que un novelista, concretamente Nabokov, enseñara literatura en Harvard:
¿Debería un elefante enseñar zoología?"

"Por lo menos un periódico de Boston sugirió con absoluta seriedad que Whitman debería ser castigado a latigazos por Hojas de hierba."

"Este es el lamentable estado de nuestra época: que los hombres del arte deban buscar limosna de los cormoranes, y los que más merecen queden ocultos debajo de los zopencos.
Dijo Thomas Nashe en 1592."