12 julio 2022

"La señora Dalloway", de Virginia Woolf

 

("...toda esta fiebre de vivir...") 

 

La señora Dalloway, novela de la escritora inglesa Virginia Woolf (1882-1941) fue publicada en 1925. La acción se desarrolla en un único día, por lo que cumpliría la unidad de tiempo que se exigía a las obras de teatro clásicas (al igual que sucede con el Ulises de Joyce, publicado en 1922, que como sabemos también transcurre en un día), un 23 de junio de 1923, día caluroso en Londres. Se habla de una ola de calor, pero para pasmo del lector hay en la novela varias referencias a abrigos. "El viento le abrió el abrigo fino...", leemos en un momento dado, y más adelante, al llegar a la casa de los Dalloway para la fiesta de la señora, levantamos otra vez las cejas: "mientras las señoras se quitaban los abrigos...", escribe Woolf.

 

Clarissa Dalloway es una señora de la alta sociedad londinense, casada con el ministro conservador Richard Dalloway. Una familia acomodada que esa noche va a ofrecer una fiesta en su domicilio (tema de rabiosa actualidad, se me ocurre ahora, dadas las fiestas clandestinas durante el confinamiento que han llevado a la dimisión al primer ministro británico, Boris Johnson).

 

La novela, a juicio de este que escribe, destaca por su forma más que por lo que cuenta, no en vano se considera a Virginia Woolf una de las grandes renovadoras de la novela europea en el siglo XX, junto a otros autores como Joyce y Proust. La lectura de La señora Dalloway exige cierta concentración continuada por parte del lector si no quiere perderse, pues el punto de vista de la narración va cambiando de personaje, saltando de sus pensamientos y recuerdos al presente, en una especie de danza en la que, con suerte, conseguiremos entrar. No sucede gran cosa durante ese día de preparativos y celebración de la fiesta, no hay un gran momento climático, pero sí saltos en el tiempo, evocaciones, reflexiones ("desarrolló esta religión atea de hacer el bien por el bien"), hallazgos expresivos que bien pueden conseguir que una lectura merezca la pena (este que escribe comenzó a leerla con entusiasmo que decayó pronto, hasta el punto de pensar en abandonar el libro, si bien llegado un tercio del total de páginas conecté y de ahí hasta el final leí con el convencimiento de que aquel tiempo estaba mereciendo la pena, sin parecerme La señora Dalloway una novela tan lograda como Las olas (1931), que encontré muy meritoria). Los monólogos interiores, me parece, no llegan aquí a la radicalidad de obras como el Ulises u otras de la misma autora, no llegan a funcionar como flujo de conciencia.

 

Hay un momento en que se plantea el tema de la situación de postración de la mujer dentro del matrimonio: "Con el doble de inteligencia, tenía que ver las cosas con los ojos de él, una de las tragedias de la vida de casada", leemos. Este contenido feminista, que luego abordaría Woolf en el ensayo Una habitación propia, de 1929, tiene aquí una continuidad, y seguimos leyendo: "Como somos una raza condenada, encadenados a un barco hundiéndose, como todo no es más que un mal chiste, hagamos, en cualquier caso, nuestra parte; mitiguemos el sufrimiento de los demás prisioneros; decorar la mazmorra con flores y cojines hinchables, ser lo más decentes que podamos". Es decir, la visión clásica de la mujer como ángel del hogar.


También se insinúa en algunos momentos el tema del amor lésbico, que experimentó Woolf y toma como punto de partida A Virginia le gustaba Vita, novela de Pilar Bellver basada en la correspondencia de la autora de Bloomsbury. "No era como lo que una sentía por un hombre", leemos, "era totalmente desinteresado, y además tenía una cualidad que solo podía existir entre mujeres, entre mujeres que acababan de llegar a la edad adulta".

 

En un momento dado, Clarissa aparece como una señora falta de empatía: "A ella le preocupaban más sus rosas que los armenios. Perseguidos hasta la extinción, mutilados, helados, víctimas de la crueldad y la injusticia (se lo había oído decir a Richard una y otra vez)... no, era incapaz de sentir nada por los albaneses, ¿o eran los armenios?, pero le encantaban sus rosas..." Se alude a que la señora Dalloway ha visto cómo su pelo ha encanecido debido a una enfermedad que no se especifica, y poco después se habla de "su corazón, afectado, decían, por la gripe". Supongo que sería mucho imaginar una posible secuela de la pandemia de gripe de 1918, apenas unos años antes del momento en que se sitúa la acción de la novela, y que se llevó la vida a personalidades del mundo artístico como Egon Schiele o Guillaume Apollinaire. Otro dato curioso es descubrir que en la Inglaterra de la época, tras la I Guerra Mundial, ya cambiaban la hora con el fin de ahorrar electricidad.


Recordemos, para terminar, que La señora Dalloway tiene una gran presencia en Las horas de Michael Cunningham, novela que fue llevada al cine con Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman interpretando a Virginia Woolf.  

 

Interesante. 

 

15 junio 2022

"Las máscaras del héroe", de Juan Manuel de Prada

 

 

"En la noche confusa de olores vernáculos me sentí traspasado de literatura, como si un asesino bondadoso me hubiese herido por la espalda con la hoja de su cuchillo. Aquella herida no iba a cicatrizar nunca."

 

Las máscaras del héroe, primera novela de Juan Manuel de Prada, vio la luz en la editorial Valdemar en 1996 (he podido comprar la primera edición en el mercado de segunda mano). De Prada, "joven de apellido sonoro", según dijo de él Roberto Bolaño (si no recuerdo mal), nació en Baracaldo en 1970, por lo que esta novela se publicó cuando tenía unos 26 años, un dato que causa cierto pasmo si atendemos al vasto vocabulario y la madurez en el manejo del lenguaje que el autor despliega aquí con maneras de maestro. De Prada había debutado en 1995 con Coños y El silencio del patinador, ambas también en Valdemar (Coños, en realidad, cuyo título sigue la línea del Senos de Gómez de la Serna, se había publicado en edición no venal en 1994 y Valdemar la reeditó). Las máscaras del héroe surge de la explosión del último relato de El silencio del patinador, dedicado al malagueño Pedro Luis de Gálvez, a la manera en que, más o menos por entonces, Bolaño dio a luz la novela corta Estrella distante a raíz de unas pocas páginas de La literatura nazi en América. Imagino que a Bolaño no le haría mucha gracia que se le mezclara con de Prada en una reseña, ignoro si en la dirección inversa la animadversión completaría el círculo.

 

La novela es de una prosa barroca, preñada de hallazgos expresivos, que requiere una óptima concentración si no se quiere estar releyendo a cada rato para saber de qué va la cosa. Esta orfebrería en el lenguaje encandilará a unos y a otros se le hará insufrible. A mí, por lo general, me parece admirable ese virtuosismo en alguien, por añadidura, que sólo contaba 25 años cuando la publicó. Algo llamativo en estos tiempos en los que la tendencia parece ser madurar cada vez más tarde (si se madura). La novela funciona como un trávelin de la bohemia matritense española en el primer tercio del siglo XX. Los capítulos suponen saltos en el tiempo, que comprendemos con referencias a la muerte de Alejandro Sawa (1909), en el que parece se inspiró Valle-Inclán para el Max Estrella de Luces de bohemia, al asesinato de Canalejas (1912), a la Primera Guerra Mundial, la pandemia de 1918, el asesinato de Eduardo Dato (1921)... y así hasta la Guerra Civil. Contiene un montón de historias delirantes, excéntricas, divertidas, buena parte de las cuales, según afirma Wikipedia, el autor tomó de La novela de un literato, memorias de Rafael Cansinos Assens que, por fortuna, después de llevar años descatalogadas, se han publicado por primera vez en un solo volumen y en papel biblia ("papel fumadero", lo llamaba Juan Ramón Jiménez) gracias a Arca Ediciones y la fundación Cansinos, en este mismo 2022. Así, en Las máscaras del héroe leemos acerca de la muñeca hinchable de Gómez de la Serna, la cara que Sawa no se volvió a lavar desde que se la besara Víctor Hugo, el bebé muerto que enseñaba dentro de una caja de zapatos Pedro Luis de Gálvez como chantaje emocional infalible para conseguir limosna con el fin de (o eso decía) sufragar el entierro, las hematurias de Valle-Inclán, la repugnancia de Borges hacia el sexo, la vida de las tertulias, los coitos en pensiones, los múltiples sablazos, el intelectualismo y la sordidez, el talento y la pobreza... Pululan por ella personalidades relevantes de la época, junto a otras más marginales, personajes reales que se usaron para esta historia ficticia: César González-Ruano, Gómez Carrillo, Vicente Huidobro, Carmen de Burgos, Cansinos Assens, Borges, Pedro Luis de Gálvez, Pío Baroja, Buñuel, Lorca y un largo etcétera. El narrador sí es un personaje de creación expresa, Fernando Navales, testigo de toda esta época y uno más de la troupe bohemia. Por momentos se producen claras alusiones para un lector medianamente culto, como sucede en el fragmento que sigue con la escena más emblemática de Un perro andaluz: "Buñuel levantó la vista al cielo, para contemplar cómo una nube desflecada seccionaba la luna con un corte limpio, dejando un rastro de líquidos escleróticos".


Me parece una novela sobresaliente, como lo es otra de ese mismo 1996, Fabulosas narraciones por historias, de Antonio Orejudo, de la que ya hablamos aquí y que desmitifica la historia de la Generación del 27 y su vida en la Residencia de Estudiantes. He buscado quiénes fueron el Premio Nacional de Literatura y el de la Crítica de ese año (o el siguiente, en realidad, pues tengo entendido que se premian libros publicados el año anterior), y el Nacional fue para Donde las mujeres, de Álvaro Pombo, que no he leído, mientras que el de la Crítica se lo concedieron a Las bailarinas muertas de Antonio Soler, una novela no desdeñable que también recibió el Herralde pero que no alcanza, a juicio de este que escribe, los méritos de estas dos novelas de Orejudo y de Prada, dos primeras novelas notabilísimas.

 

De cabeza a la lista de mejores lecturas de 2022.

 

También en este blog:

El silencio del patinador, de Juan Manuel de Prada.

Fabulosas narraciones por historias, de Antonio Orejudo.

Manual de literatura para caníbales, de Rafael Reig.


05 junio 2022

5 películas sobre la situación de la mujer en el mundo árabe

 

1.-Buda explotó por vergüenza (2007), de Hana Makhmalbaf

 

Niños que juegan a talibanes contra americanos y, como eje temático, el derecho de las niñas de Afganistán a ir a la escuela, reivindicado entre otras por la Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai. Notable película que la iraní Hana Makhmalbaf (hermana de la también cineasta Samira Makhmalbaf e hijas ambas de Mohsen Makhmalbaf, uno de los referentes del pujante cine iraní) estrenó con apenas diecinueve años. En la fecha de preparación de esta entrada, la película puede verse en YouTube.

 

2.-El círculo (2000), de Jafar Panahi

 

Va creciendo conforme transcurre su metraje esta película que pone el foco, de forma sucesiva y encadenada -y de forma crítica con una sociedad eminentemente patriarcal- en la vida de varias mujeres iraníes en distintas situaciones de dificultad (deseo de abortar, reciente excarcelación, posibilidad de ser repudiada tras haber dado a luz una niña, cuando se esperaba un niño). Esta película de Jafar Panahi obtuvo el León de Oro y el Premio de la Crítica Internacional en Venecia. Puede verse en Filmin.

 

3.-La bicicleta verde (2012), de Haifaa Al-Mansour


Una niña de Arabia Saudí tiene ganas de conducir una bicicleta en una sociedad que no le permite tener una, pues se considera un juguete eminentemente masculino. Primera película rodada por una mujer en toda la historia de Arabia Saudí, según apuntan en Filmin.

 

4.-El pan de la guerra (2017), de Nora Twomey

 

Ante el encarcelamiento arbitrario de un padre de familia, y dadas las prohibiciones en Kabul para las mujeres -como la de salir a ganar dinero-, la familia decide disfrazar de niño a Parvana, una chica de once años. Nominada en los Oscar a mejor película de animación. Disponible en Netflix.

 

5.- Mustang (2015), de Deniz Gamze Ergüven 
 
Ópera prima de la directora turco-francesa Deniz Gamze Ergüven, Mustang nos acerca a la vida de cinco hermanas en un pequeño pueblo de Turquía. Disponible en Filmin, RakutenTV y otras.

01 mayo 2022

"Catedral", de Raymond Carver

 

Más de un decenio después, he releído Catedral, el libro más aclamado del estadounidense Raymond Carver (1938-1988). En realidad lo leí en enero y ahora voy a elaborar esta entrada a partir de las notas que tomé entonces. 

 

Catedral se publicó en Estados Unidos en 1983. Era el tercer libro de relatos de Carver, tras ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? y De qué hablamos cuando hablamos de amor

 
                         

Años después de morir Carver a causa de un cáncer de pulmón, se descubrió que en estos dos primeros libros el editor, Gordon Lish, había podado de manera decisiva los textos, hasta el punto de adulterar el estilo original de Carver. Me remito a esta entrada de 2010 en la que traté de explicar el tema. El estilo minimalista tan característico del autor resultó no ser el suyo. "Carver no era carveriano", tituló alguien. El desencanto con estas tácticas del editor llevó a Carver a volver a publicar uno de los relatos de De qué hablamos cuando hablamos de amor, titulado "El baño", en su libro posterior, Catedral, con otro título ("Parece una tontería") y muy diferente número de páginas. Se trata acaso del mejor relato del conjunto, una auténtica obra maestra. La versión de Carver, además de más larga, tiene más grandeza humana. De qué hablamos cuando hablamos de amor se reeditaría en 2009 con el título de Principiantes y las versiones originales de Carver, antes de pasar por la tijera del editor. Es de esperar -y de hecho más de uno lo deseamos- que se publique la versión carveriana de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

 

Tras Catedral, Carver publicaría Tres rosas amarillas y, de forma póstuma, Si me necesitas, llámame. Cinco libros de relatos componen, por lo tanto, su obra narrativa. Al igual que Borges, Carver nunca escribió una novela.

 

Catedral se compone de doce relatos. Vienen spoilers.

 

El primero de ellos, "Plumas", da cuenta de una comida compartida entre dos compañeros de trabajo y sus respectivas esposas. Crean cierta atmósfera de incomodidad un pavo real como mascota y un bebé muy feo. Relato correcto, pero poco más.

 

En el segundo, "La casa de Chef", un alcohólico medio rehabilitado vuelve a intentarlo con su ex-esposa. Se lee con fluidez, pero sabe a poco.

 

En el tercero, "Conservación", un hombre casado pierde el trabajo y se pasa los días en el sofá. No sucede nada relevante. Otro cuento sin chispa, para mi gusto. Llegado este punto, se sucedían las páginas de laxa cotidianidad, sin grandes conflictos ni tensión narrativa, y uno comenzaba a desesperarse con Carver; mentalmente le decía: a ver, Raymond, revélame algo sobre la condición humana, amplía mis horizontes, sorpréndeme con un ángulo nuevo, que no te recuerdo tan sosainas. Y vaya si lo hizo.

 

Porque el cuarto, en cambio, titulado "El compartimiento", sí me parece un gran relato. Un hombre en un trayecto de tren en el extranjero, que a duras penas comprende el idioma, va a reencontrarse con su hijo años después de una separación traumática. Durante el trayecto le sucede algo que le lleva a un cambio de parecer. Vemos a un ser humano perdido, en el espacio y, simbólicamente, también en su vida, desubicado en un viaje que no le satisface, muy lejos de casa.

 

El quinto es "Parece una tontería", un relato insuperable. Se trata también del más largo del volumen. Un niño es atropellado por un coche que se da a la fuga en vísperas de su cumpleaños. La madre ha encargado una tarta que debido a la hospitalización del hijo se olvida de recoger. Sentimos con esa familia de a pie cuyo hijo parece en coma. Cuando el padre -que nada sabe del pastel- abandona un rato el hospital para darse un baño, el teléfono suena con insistencia y se trata del pastelero, quejándose de la tarta no recogida -y, seguramente, tampoco pagada-, un hombre malhumorado que el padre toma por un lunático. 

 

El sexto, "Vitaminas", parece un cuento del montón, pero en su parte final, en la que aparece un tipo con una oreja que le cortó a un vietnamita en la guerra (aunque esto es lo de menos), remonta el vuelo y se convierte en otro buen relato. Una chica llora al darse cuenta de su situación precaria, comprende que aceptar un dineral por una mamada, según le ofrecía un tipo, le hubiera venido de perlas a pesar de haberlo rechazado.

 

Al séptimo, "Cuidado", no le veo gran mérito. Un tipo en horas bajas -muy bajas- al que visita su ex, que le ayuda (otro no se hubiera dejado) a desentamponarse un oído.

 

En el octavo, "Desde donde llamo", aparece varias veces el sintagma todos nosotros, que luego ha servido para titular la poesía completa del autor. Dos pobres diablos, dos hombres alcohólicos que traban amistad en un centro de rehabilitación, vapuleados por la vida. Uno de ellos es deshollinador y se ha pegado con su mujer con frecuencia. Aun así siguen intentándolo. Se cuentan historias, no exentas de desgarro. Otro relato efectivo.

 

El noveno, dedicado a John Cheever, se titula "El tren". Vidas cruzadas en una estación de tren y un vagón. Algo hermético (miss Dent ha estado a punto de matar a una persona pero poco se nos cuenta). No destaca en el conjunto.

 

En el décimo, "Fiebre", un padre a quien su mujer, con ínfulas artísticas, ha abandonado y dejado en la estacada, está a cargo de sus hijos. Trata de pasar página, de superarlo, tiene problemas con algunas niñeras. Está liado con una profesora compañera. ¿Pasan muchas cosas en este relato? Pasa un fragmento de vida, rico y multiforme, ante nosotros, y eso es más que suficiente.

 

De "La brida" y "Catedral", el penúltimo y el último, no tomé notas argumentales (y acaso lo agradezca el hipotético lector), pero me gustó más el último.

 

El estilo de Carver es minucioso, rico en detalles, seco en cuanto a retórica, si bien no lo es la atmósfera: Carver se muestra un tipo algo sentimental (sus personajes se besan, se cogen de la mano, les tiemblan las piernas) frente a la frialdad que impuso a sus relatos Gordon Lish, como ya anotó hace años Alessandro Baricco, que investigó la cuestión y comparó manuscritos mucho antes de que se publicaran las versiones originales de Carver en Principiantes

 

Siendo Carver el Chéjov norteamericano, me pregunto cómo puede suceder que no me guste el ruso, salvo contadísimas excepciones, y en cambio Carver me encante. En las historias de Carver hay, más allá de esos seres a la deriva que siempre se mencionan en las contraportadas, diría que un calor humano subyacente, un aroma a horno que no obnubilan todos los sinsabores del mundo, como en la escena final de esa gran comedia que es Mejor... imposible. El desenlace de “Parece una tontería” (historia que aparece en la adaptación al cine que hizo de los relatos de Carver Robert Altman en Short Cuts, traducida como Vidas cruzadas y también recomendable) transmite, después de todo, hasta fe en el ser humano, lo cual se agradece en estos tiempos propicios al odio, que diría Ángel González.

 

Más Carver en este blog:

La polémica Lish

Tres rosas amarillas 

31 diciembre 2021

Lo mejor de 2021

 -Mientras agonizo, de William Faulkner (Anagrama)

-Campos de Níjar / La Chanca, de Juan Goytisolo (Galaxia Gutenberg / Seix Barral)

 

 

-Quasi una fantasia / El volador de cometas (2ª ed.), de Andrés Trapiello (Ediciones del Arrabal / Renacimiento)


-De vez en cuando, como todo el mundo, de Marcelo Lillo (Lumen)

-Poesías completas 2019, de Miguel d'Ors (Renacimiento)


-Trilogía sucia de La Habana, de Pedro Juan Gutiérrez (Anagrama)

-El infinito en un junco, de Irene Vallejo (Siruela)

-Caminaré entre las ratas, de David Pérez Vega (Carpe Noctem)


 -Las ninfas, de Francisco Umbral (Destino)

-El perfume, de Patrick Süskind (Booket)


-An Elephant Sitting Still (2018), de Hu Bo


 -Ocho sentencias de muerte (1949), de Robert Hamer

-Mandarinas (2013), de Zaza Urushadze

 -El crack (1981), de José Luis Garci


 -Mesas separadas (1958), de Delbert Mann


-¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987) / Y la vida continúa (1992), de Abbas Kiarostami

 

-Buda explotó por vergüenza (2007), de Hanna Makhmalbaf

-El mago de Oz (1939), de Victor Fleming

-My Mexican Bretzel (2019), de Nuria Giménez Lorang

-La leyenda del tiempo (2006), de Isaki Lacuesa

30 diciembre 2021

Lecturas de 2021

Francesc Català-Roca (1953)


-Magistral, de Rubén Martín Giráldez (Jekyll & Jill)

-La mujer del bombero, de Richard Bausch (Tropismos)

-Asimetría, de Adam Zagajewski (Acantilado)

-Aquí estuvo Kilroy, de Miguel Ángel Herranz (Renacimiento)

-La piel fría, de Albert Sánchez Piñol (Edhasa)

-Conversaciones entre alquimistas, de Jorge Riechmann (Tusquets)

-Trenes hacia Tokio, de Alberto Olmos (Lengua de Trapo)

-Poesía completa, de Víctor Botas (La Isla de Siltolá)

-Cinco historias del mar, de Josep Pla (Destino)

10-Los siete locos, de Roberto Arlt (Losada)

-Capital de la gloria, de Juan Eduardo Zúñiga (Círculo de Lectores)

-Obsolescencia programada, de Víctor Peña Dacosta (RIL Editores)

-Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander (Blackie Books)

-Caminaré entre las ratas, de David Pérez Vega (Carpe Noctem)

-El silencio del patinador, de Juan Manuel de Prada (Valdemar)

-Poesía reunida, de Ida Vitale (Tusquets)

-El astillero, de Juan Carlos Onetti (Cátedra)

-Mientras agonizo, de William Faulkner (Anagrama)

-La tormenta de nieve, de León Tolstoi (Acantilado)

20-El infinito en un junco, de Irene Vallejo (Siruela)

-Poesías completas 2019, de Miguel d’Ors (Renacimiento)

-De vez en cuando, como todo el mundo, de Marcelo Lillo (Lumen)

-El boxeador polaco, de Eduardo Halfon (Libros del Asteroide)

-Canción, de Eduardo Halfon (Libros del Asteroide)

-Un amor, de Sara Mesa (Anagrama)

-Trilogía sucia de La Habana, de Pedro Juan Gutiérrez (Anagrama)

-Ciudad del hombre, de José María Fonollosa (Edhasa)

-Quasi una fantasia, de Andrés Trapiello (Ediciones del Arrabal)

-El descenso, de Anna Kavan (Navona)

30-El siglo de las luces, de Alejo Carpentier (Austral)

-Esto no es Bambi, de David Pérez Vega (MacLein y Parker)

-Rimas y leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer (Austral)

-Leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer (Espasa)

-Colección de días, de José Luis García Martín (Renacimiento)

-Ilíada, de Homero (Gredos)

-La isla, de Juan Goytisolo (Aguilar)

-Campos de Níjar, de Juan Goytisolo (Aguilar)

-La Chanca, de Juan Goytisolo (Aguilar)

-Feria, de Ana Iris Simón (Círculo de Tiza)

40-La abadía de Northanger, de Jane Austen (Alba)

-Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio (Destino)

-El volador de cometas, de Andrés Trapiello (Renacimiento)

-Diario inusitado de un tipo en desuso, de Jesús Tíscar Jandra (Marli Brosgen)

-El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana Tibuleac (Impedimenta)

-Mafalda 1, de Quino (Lumen)

-El espejo discreto, de Ana Pérez Cañamares (Pre-Textos)

-Memorias de Leticia Valle, de Rosa Chacel (Comba)

-Poesías completas, de Macedonio Fernández (Visor)

-Mafalda 2, de Quino (Lumen)

50-Los fantasmas del deseo, de Luis Cernuda (Renacimiento)

-Mafalda 3, de Quino (Lumen)

-Las ninfas, de Francisco Umbral (Destino)

-Cumbres borrascosas, de Emilly Brontë (Alianza) 

-Mafalda 4, de Quino (Lumen)
-El perfume, de Patrick Süskind (Booket)

19 diciembre 2021

"Campos de Níjar" y "La Chanca", de Juan Goytisolo

 

Juan Goytisolo, nacido en Barcelona en 1931 y muerto en Marrakech en 2017, publicó en los años sesenta estos dos libros a raíz de un viaje por tierras almerienses que llevó a cabo en 1956. Ambos me han parecido excelentes, pero escribo esto varios meses después de terminarlos, valiéndome de las notas que tomé durante la lectura, y me temo que la entrada puede resentirse. Así comienza Campos de Níjar (Seix Barral, 1960):

 

"Recuerdo muy bien la profunda impresión de violencia y pobreza que me produjo Almería, viniendo por la nacional 340, la primera vez que la visité".

 

El hecho de que se trate de un libro de viajes de un novelista nos lleva a pensar en el Cela de Viaje a la Alcarria, publicado doce años antes, en 1948. Pero, aunque ambos son relatos de la España profunda escritos con una gran prosa, en el caso de Goytisolo el compromiso con la geografía narrada es mayor, hay una denuncia social, una crítica al franquismo en ese retrato humano de los márgenes. Goytisolo, en su lápida, ordenó que se escribiera: escritor. Camilo José Cela, en cambio, habiendo ganado y todo el premio Nobel, sólo puso: Marqués de Iria Flavia. Maneras de definirse que dicen mucho.


"La cama es buena para quien tiene el estómago lleno y sabe que al día siguiente no habrá de faltarle lo necesario, pudiendo ir de un sitio a otro sin ser esclavo en ninguno, y mirar las cosas desde fuera, como un espectador ajeno al drama. Uno sabe también eso y, cuando apaga la luz, piensa en los otros".

 

Goytisolo recoge el acento andaluz en sus diálogos con las gentes de la zona. La riqueza de su castellano es fascinante. La madre del premio Cervantes, por otra parte, murió en 1938 durante un bombardeo sobre Barcelona, en plena Guerra Civil. Varios de los libros de Juan Goytisolo fueron censurados y se publicaron originariamente en el extranjero. La Chanca, sin ir más lejos, no circuló en España hasta los años ochenta.


"Eso del adagio de "a quien madruga, Dios le ayuda" me ha aprecido siempre un engañabobos y mi impresión se confirmó aquel amanecer en Gata. Por la plaza deambulaban sombras flacas y mal vestidas, había un acento de desesperación en los rostros y, mientras me alejaba del pueblo hacia los saladares, pensé que quien inventó el refrán debió levantarse toda su vida a las once -hora en que suelen ver el sol aquellos a quienes el cielo colma con sus dones -y que lo de madrugar lo dijo, probablemente, con ironía."

 

A este que escribe, como a Goytisolo, siempre le ha llamado la atención ese refrán, y a veces he pensado que parece un intento de consolar al trabajador pobre y contribuir a que se conforme con su situación de sometimiento. Lo debió de inventar algún noble o alto eclesiástico en época feudal.



Al comienzo de La Chanca (Seix Barral, 1962), otro libro magnífico que me ha parecido ver que en la actualidad se encuentra descatalogado, Goytisolo declara su propósito de "conocer la vida de los millones de hombres sin historia de que nos habla Unamuno", de esos hombres "que se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana". Entronca, pues, con el concepto unamuniano de intrahistoria, con el cual se otorga importancia a la España real, la cotidiana, frente a la España oficial, la que aparece en los medios de comunicación.


En La Chanca encontramos tremendos testimonios de la gente de a pie. Goytisolo ofrece una visibilización de los de abajo, da voz a los olvidados. Carlos Pérez Siquier, muerto no hace mucho, dirigió también su mirada a este barrio almeriense y lo fotografió de manera memorable. La Chanca era un barrio de pescadores donde el analfabetismo alcanzaba el setenta por ciento, donde proliferaba la miseria, carecían de médico, en mitad de una zona árida, de una orografía similar a la africana. Resulta coherente, pues, que su magnetismo atrajese a un autor que luego se iría a vivir a Marruecos. En la actualidad, según informa wikipedia, La Chanca es un barrio popular, multicultural, que destaca como cuna de artistas flamencos. En 2011 se promovió su candidatura como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad en la UNESCO.

 

"Por esto me gusta Almería. Porque no tiene Giralda ni Alhambra. Porque no intenta cubrirse con ropajes ni adornos. Porque es una tierra desnuda, verdadera..." 


Estos dos libros no faltarán en la habitual lista de este blog con las mejores lecturas del año, que dentro de no mucho publicaremos. 

 

                                        La Chanca vista por Carlos Pérez Siquier