6 de agosto de 2018

"La uruguaya", de Pedro Mairal



Acabo de leer La uruguaya (2016), una novela corta del argentino Pedro Mairal (1970) que ha publicado Libros del Asteroide y va ya, si no me equivoco, por la décima edición en España. Ha sido galardonada con el Premio Tigre Juan, que me parece que se otorga a una buena novela publicada en el último año que no ha obtenido toda la visibilidad que mereciera. Viendo la cantidad de gente que compartía fragmentos de La uruguaya en redes sociales, así como los buenos datos de ventas, confieso que me sorprendió que se le concediese justamente este premio.

Pero no me parece mal. De hecho, me gusta cómo escribe Pedro Mairal y he leído este libro sintiéndome muy cómplice. Su prosa no es acomodaticia, explora en el lenguaje, busca y casi siempre encuentra: crea. En este sentido, el narrador de La uruguaya, que es también escritor, expresa lo siguiente de un proyecto de novela: "iba a tener [....] mucho juego de palabras, mucha pólvora verbal, iba a reventar el castellano para abrirlo como un árbol en todas las direcciones...".

El protagonista de La uruguaya es un escritor en plena crisis de los cuarenta, casado y con un hijo, que emprende un viaje relámpago al vecino Uruguay para obtener un beneficio fiscal (a.k.a. evasión de impuestos) en el cobro de un dinero por derechos de autor. Quiere aprovechar la ocasión para reencontrarse en el paisito con una chica más joven que él (no llega a los treinta), la uruguaya del título, a quien conoció un tiempo atrás y con la que ha estado intercambiando correos electrónicos. Su deseo sexual es bastante palpable, aunque -ojo: posible spoiler- las cosas no salen tan bien como esperaba Lucas Pereyra, que así se llama el tipo.

El libro es fértil en pasajes subrayables. Dejo muestra: "Cuando alguien te patea, quedás alerta como si no hubiera nadie de tu lado, y cuando de pronto alguien te trata bien bajás la guardia y te desarmás. El cariño te derrumba." También leemos: "El enamorado es como el paranoico, cree que todo le habla a él. Las canciones de la radio, las películas, el horóscopo..." La que sigue ha hecho fortuna y la editorial ya la ha grabado en tazas: "Si no podés con la vida, probá con la vidita". Los argentinismos y anglicismos no escasean, y pasar la vista por los primeros nos reconforta, como a complacidos hispanohablantes, la maravillosa diversidad de este idioma que compartimos con tantos países americanos.

Pese a todo, diría que el argumento -más bien convencional- no alcanza la altura que merecería el estilo, y eso hace que el conjunto se resienta un poco. En alguna ocasión el narrador se queja de lo duro que es ser padre, mantenerse a flote y todo eso, como si el fondo del asunto fuera el retrato de la debilidad del hombre moderno. Más de una vez Mairal escribe "por sobre mi hombro...", y a mí esa expresión, con doble preposición, forzando el lenguaje, siempre me recuerda a cierto poema del magnífico César Vallejo. No sé si Mairal lo hará como un guiño intencionado al poeta peruano, imagino que es improbable que así sea y todo esto serán conjeturas mías.

Me ha gustado leer esta novela. La forma de escribir de Mairal me hace pensar que puede tener libros todavía mejores, con tramas de mayor calado, y desde luego voy a buscar otras obras suyas (David Pérez Vega habla muy bien en su blog, en este sentido, de El año del desierto, publicada por Salto de Página). De momento, Libros del Asteroide ya ha reeditado Una noche con Sabrina Love, novela de 1998 que publicó hace años Anagrama.

29 de julio de 2018

"Barrio reconquistado", un poema de Jorge Luis Borges

Caricatura de Borges


BARRIO RECONQUISTADO

"Nadie vio la hermosura de las calles
hasta que pavoroso en clamor
se derrumbó el cielo verdoso
en abatimiento de agua y de sombra.
El temporal fue unánime
y aborrecible a las miradas fue el mundo,
pero cuando un arco bendijo
con los colores del perdón la tarde,
y un olor a tierra mojada 
alentó los jardines,
nos echamos a caminar por las calles
como por una recuperada heredad,
y en los cristales hubo generosidades de sol
y en las hojas lucientes
dijo su trémula inmortalidad el estío."

Jorge Luis Borges, Fervor de Buenos Aires (1923).

23 de julio de 2018

"El Tercer Reich", de Roberto Bolaño


El Tercer Reich fue escrita en 1989, antes de que la novelística de Roberto Bolaño adquiriera una musculatura portentosa, hecho que podríamos datar -quizá poniéndonos demasiado estupendos- a partir de Estrella distante y La literatura nazi en América, ambas publicadas en 1996. No obstante, esta novela me parece que contiene ya muchos de los elementos típicos y rasgos definitorios de la forma de escribir del chileno. Resulta un libro bastante disfrutable, una buena novela pese a que su condición de póstuma (fue publicada en 2010, siete años después de la muerte del autor) nos pueda invitar a recelar de su calidad.

Entre sus páginas encontramos a una pareja de alemanes de veraneo en un hotel de la Costa Brava, donde conocen a -y se mezclan con- una serie de personajes (el Lobo, el Cordero, el Quemado, Frau Else, Clarita...). El protagonista, Udo Berger, narra la historia en una especie de diario y es un especialista, tal vez habría que decir un campeón, en juegos de guerra (o wargames). El título del libro es el nombre de uno de ellos, centrado en la II Guerra Mundial. 

He de confesar que las treinta o cuarenta primeras páginas aumentaron mi escepticismo y me hicieron temer lo peor, pero en cuanto entran en escena personajes emblemáticos como el Quemado, y también el Lobo y el Cordero, la novela coge ritmo y aparece el Bolaño de siempre, afilado, inteligente, divertido, con esa vasta experiencia vital y el agudo conocimiento del ser humano que le propiciaron tal vez los viajes, las lecturas y su dilatada vida laboral. En la novela se abordan temas como las relaciones de pareja, la amistad o la presencia -latente o explícita- de la violencia, del horror. Mientras la terminaba, pensaba en El Tercer Reich como una novela más lograda que alguna otra que Bolaño publicó en vida (véase Una novelita lumpen, entre otras).

Pese a que la imagen de portada que acompaña a esta entrada es la de Alfaguara, editorial donde se encuentran ahora -creo que todos- los libros del autor, la edición que he sacado de la biblioteca de Antequera es la original de Anagrama. En un momento dado, leo: "Como tampoco pueden permanecer todo el día en el hotel, se organizan incursiones al exterior". "Incursiones al exterior" me parece una curiosa forma de referirse a las excursiones. 

Por momentos me ha dado la impresión de que la prosa de Bolaño se detiene en excesivos detalles, en datos más bien nimios, que invitan a leer un poco de pasada (y cuando relata pormenores de la partida del juego de estrategia, por supuesto, uno lee párrafos casi en diagonal). Pero la mayor parte del tiempo se impone una escritura que uno encuentra cercana, atenta, lúcida y vital, que nos recuerda a ese autor que tanto hemos disfrutado y cuya muerte prematura, a los cincuenta años, tanto lamentamos. 

Aunque habré leído una quincena de libros de Bolaño, me quedan todavía unos cuantos -pocos- pendientes, y sigo con la firme intención de completar la lectura de toda su obra. En cuanto a El Tercer Reich, me parece una buena novela para quienes gozamos leyendo a Bolaño.

"-¿Sigues visitando la biblioteca, Quemado?
-Sí.
-¿Y sólo sacas libros de guerra?
-Ahora sí, antes no.
-¿Antes de qué?
-De empezar a jugar contigo.
-¿Y qué clase de libros sacabas antes, Quemado?
-Poemas.
-¿Libros de poesía? Qué hermoso. ¿Y qué clase de libros eran ésos?
El Quemado me mira como si estuviera frente a un paleto:
-Vallejo, Neruda, Lorca... ¿Los conoces?
-No. ¿Y aprendías los versos de memoria?
-Tengo muy mala memoria.
-¿Pero te acuerdas de algo? ¿Puedes recitarme algo para que me haga una idea?
-No, sólo recuerdo sensaciones.
-¿Qué tipo de sensaciones? Dime una.
-La desesperación...
-¿Ya está? ¿Eso es todo?
-La desesperación, la altura, el mar, cosas no cerradas, abiertas de par en par, como si el pecho te explotara."


5 de julio de 2018

"Fuera de trama", de Gabriel Noguera


Fuera de trama (2015) es la primera novela publicada del malagueño Gabriel Noguera, que se define como un "autor secreto, tercermundista y sentimental". He de decir que he coincidido con Noguera en alguna ocasión -sin que apenas hayamos hablado- en eventos literarios malagueños, en el último de los cuales tuvo a bien regalarme un ejemplar de Fuera de trama, algo que le agradezco (y más aún después de leer el libro). Esta novela obtuvo el Premio Andalucía Joven de Narrativa (que, por cierto, poco después se dejó de convocar) y fue publicada por Berenice en 2015. Ha sido descatalogada este 2018: apenas tres años de vida para una novela solvente cuyo ostracismo exprés lamentamos.

Y es que la lectura de este libro le ha resultado a uno bastante gozosa. Se trata de una historia protagonizada por un típico detective privado que se ve involucrado en un enredo que tiene que ver con la literatura, pues recibe el delirante encargo, por parte de una atractiva escritora, de encontrar a una persona desaparecida, con la peculiaridad de que se trata de un personaje de ficción de la novela que estaba escribiendo. 

Esto le sirve al autor tanto para jugar de forma humorística con los clichés del género detectivesco -qué horror: he de huir de estas frases pomposas- como para la sátira y la parodia del mundillo literario, de la impostura, la vanidad y otras hierbas. Me he reído bastante con el libro, Noguera es capaz de encadenar momentos divertidos mezclando referencias culturales y populares (de la mitología griega a Miley Cyrus, de Blade Runner a Descartes). Además incluye entre la panoplia de personajes a un escritor ignorado, secreto como él, que quizá no por azar se apellida de forma muy parecida (Higuera vs. Noguera). La similitud huele a alter ego a través del cual el autor ironiza y se ríe un poco de sí mismo, tanto de su físico como de las ínfulas que pueden aquejarnos a casi todos los que tratamos -pese a todo- de escribir libros:

"-¡Escribo muy bien! Me lo decían mis profesores del instituto.
-De la institución mental, sería."

En el fragmento que copio a continuación intuimos un retrato de ese boom de nuevos poetas que triunfan en las redes y en las mesas de novedades de las librerías y cuya calidad literaria, por ser neutros, genera cierta polémica:

"...eran celebridades en el mundillo literario y aparecían con frecuencia en revistas de tendencias vendiendo ropa, colonias, teléfonos móviles y todo lo necesario para una buena modernidad. Eran, según él, los chicos populares del instituto estadounidense en el que se había convertido la literatura."

Poco más adelante, leemos, por boca de uno de ellos: "Hay más poesía en el Whatsapp que en los clásicos". 

Por los continuos momentos cómicos y las referencias culturales, mientras lo leía me han venido a la mente autores como Rafael Reig o Antonio Orejudo. Incluso Eduardo Mendoza. Por la temática, ha sido imposible no acordarse de otra novela reciente de la que ya hablé por aquíLos insignes, de David Pérez Vega. 

Ha sido un placer leer Fuera de trama. No digo más.

20 de junio de 2018

Microrreseñas



La ciudad (2002), de Karmelo C. Iribarren. Antología, editada por Renacimiento, que se ha ido ampliando en ediciones y años sucesivos. Me ha gustado volver a esa poesía descarnada y honda, callejera y trascendente, tan certera. Letras breves con tendencia a lo coloquial y la fuerza de un camión cisterna, obra de alguien que observa desde la perspectiva del desengaño, desde los márgenes. Se suele calificar su poesía de antirretórica pero a mí no me lo parece tanto (podríamos inventariar cierto despliegue de recursos). Antipomposa desde luego que sí. Grato reencuentro con los textos del poeta vasco, muy activo en las redes. Digamos, pues, de forma quevedesca, que poderoso Caballero (así se desencripta la C. de su primer apellido) es don Karmelo. Dejo enlace a una entrevista con el autor en un programa de RNE.


Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout. Novela breve, no tan ligera como podría parecer, pero que sabe a poco. De un estilo acaso demasiado sencillo y con algunos excesos sentimentales. Tierna y delicada historia, que se lee sin mucho esfuerzo pero que no acaba de convencer. De la autora guardo mejor recuerdo de la obra que le valió el Pulitzer, Olive Kitteridge (hablé de ella aquí). Por mencionar algo positivo, me llama la atención este fragmento: "Me interesa cómo encontramos maneras de sentirnos superiores a otra persona, a otro grupo de personas. Pasa en todas partes, y todo el tiempo. Le pongamos el nombre que le pongamos, creo que es lo más rastrero que hay en nosotros, esa necesidad de encontrar a alguien a quien rebajar".


Andarás perdido por el mundo (2016), de Óscar Esquivias. Libro de catorce relatos que, acaso en relación con el título, que alude a una frase del Génesis, abarcan diferentes localizaciones: Italia, País Vasco, Senegal, Rusia, Inglaterra... y el barrio burgalés de Gamonal, que es una presencia recurrente. El primer relato, "Todo un mundo lejano", me ha parecido buenísimo. Así como "El chino de Cuatroca", protagonizado por un ecuatoriano de dieciséis años que vive en Madrid, en Cuatrocaminos. Mi interés, a pesar de todo, ha ido decayendo un poco conforme pasaba páginas. Los cuentos breves, de una página o así, me han parecido en general más flojos. En todos se percibe la amplia cultura del autor, su sensibilidad y su inteligencia. La música clásica, ya desde la portada, está muy presente. En algún texto uno cree percibir, en el estilo, que Esquivias ha escrito literatura para jóvenes (y esto no siempre es negativo). Como conjunto, creo que guardo mejor recuerdo de La marca de Creta, el otro libro del autor que he leído. No obstante, Andarás perdido por el mundo tiene varios cuentos sencillamente sobresalientes, en mi opinión. Destacable la cuidada edición de la gallega Ediciones del Viento.

16 de junio de 2018

Las moscas

Alesia Lund

Un zumbido familiar en primavera lo atestigua: a las casas han llegado las moscas. Pululan por salones y cocinas, danzan dibujando agudas aristas en el aire. Tienen, ya sabemos, una acusada predilección por el feísmo: sobre un zurullo aún caliente se agolpan por docenas, pero si se trata de la bella clavícula de una dama, o de un escotado canalillo -en mitad de una noche de verano-, allí se posa una si acaso. Digamos que su objeto de atención es transversal, pero se cuentan con los dedos las estetas. En abril podemos mirarlas sin fastidio, pero a final de temporada nos tienen saturados: hasta tal punto molestan que a algunas podrían enjuiciarlas por acoso. Tan leves y gravosas, en las frases de Azorín se las oxea. Negras y zumbonas, su vuelo a nadie inspira, y emiten un sonido insidiosísimo. Orquestan horripilantes sinfonías, y aunque sus patas nos cosquilleen la epidermis en silencio, las observamos no sin cierto asco. Tan pronto se obcecan con nosotros como dedican ratos largos a un pertinaz revoloteo rectilíneo, como si doblaran esquinas invisibles en el ficticio callejero del aire. Son de ideas fijas, y si les da por una habitación -esa es otra- pueden completar cien mil vueltas sin descanso. Inofensivas pero puñeteras, no incordian más porque no pueden. Si lo ven a uno con ganas de echar una cabezadita por la siesta, allí que acuden, dispuestas a impedirlo a toda costa. Cuando perdemos la paciencia y nos proponemos su exterminio, podemos ver cómo a veces se retuercen malheridas tras un zurriagazo a mano llena, pero poco después van y reviven como vulgares aves fénix de extrarradio, pues se aferran a la vida con una terquedad sobresaliente.

19 de mayo de 2018

Recordando a Vivian Maier

Vivian Maier


RECORDANDO A VIVIAN MAIER

De profesión niñera, fotógrafa secreta,
dedicaba los ratos libres
de su vida algo gris, en blanco y negro,
a un anónimo y fértil callejeo.
Tenaz registradora del instante,
pasó sus días muy cerca y muy lejos
de los flashes. El ejercicio artístico,
parecía decirnos,
no precisa validación externa
ni espectadores casi.
Fin en sí mismo,
puede colmar la vida de gozo y de sentido.
Acumuló por miles negativos
que en cajas transportaba en las mudanzas
a modo de crucial
pero poco machadiano equipaje.
A poco que nos causen simpatía
los raros y magníficos outsiders,
al contemplar sus fotos la evocamos
-qué menos-
con un extraño espíritu fraterno.

                                                         © 2018.