19 de mayo de 2018

Recordando a Vivian Maier

Vivian Maier


RECORDANDO A VIVIAN MAIER

De profesión niñera, fotógrafa secreta,
dedicaba los ratos libres
de su vida algo gris, en blanco y negro,
a un anónimo y fértil callejeo.
Tenaz registradora del instante,
pasó sus días muy cerca y muy lejos
de los flashes. El ejercicio artístico,
parecía decirnos,
no precisa validación externa
ni espectadores casi.
Fin en sí mismo,
puede colmar la vida de gozo y de sentido.
Acumuló por miles negativos
que en cajas transportaba en las mudanzas
a modo de crucial
pero poco machadiano equipaje.
A poco que nos causen simpatía
los raros y magníficos outsiders,
al contemplar sus fotos la evocamos
-qué menos-
con un extraño espíritu fraterno.

                                                         © 2018.

5 de mayo de 2018

"Propósito de enmienda", un poema de Raquel Lanseros

Wilhelm Friedstumm, Mapa de un lugar desconocido, al fondo del mar


PROPÓSITO DE ENMIENDA

"A veces me visita —ciego ahínco—
el monstruo de los celos, la pereza,
la gula o el azote de la culpa.

De toda humana falta, yo me acuso.

Si alguna vez te hiere por ejemplo
mi torpeza, mi miedo o mi desidia,
perdóname amor mío.

Que más preciada empresa no concibo
que deshojar mi vida mereciéndote."


Raquel Lanseros.

24 de abril de 2018

El yogur, ese supervillano


   
   En el autobús urbano, dos hombres de unos sesenta años comentando las noticias. “Un padre ha matado a su hijo con parálisis cerebral y luego se ha suicidado”, leía uno. “Pues el otro día”, comentaba el segundo, “en un semáforo un peatón le endosó un navajazo a otro, sin venir a cuento”. “Cuánta violencia”, se lamentaba el primero, “yo creo que eso es por los yogures”. “¿Los yogures?”, se pasmaba el compañero. “Claro”, decía el primero, algo molesto por tener que glosar una obviedad. “¿Tú sabes la cantidad de yogures que se comen hoy en día? Vete tú a saber lo que llevarán”, comentaba indignado. “Pues qué van a llevar, lo que dicen los ingredientes, ¿no?”, decía el otro. “Sí, hombre, eso no se lo cree ni Dios. En los ingredientes no ponen ni la décima parte. Yo leí el otro día que comerse un yogur diario es una de las principales causas de muerte súbita en el primer mundo”.
   Ante tan recio argumentario, el amigo escéptico de la teoría yogurtera terminó por guardar silencio, abismando la mirada, sin mostrar mucha conformidad, más allá de la ventanilla. El primero dobló en un tris el periódico, con mucho garbo. Recordé que en tierras helvéticas afloró no hace mucho un partido político un tanto insólito, cuyo ideario se centraba en la firme oposición a los power point, que según ellos ocasionaban en nuestras sociedades unas pérdidas millonarias. A este señor del bus se le veía cierto carisma, y no se atrevería uno a aventurar que no llegue algún día a convertir en tendencia política ese credo delirante que convierte un derivado lácteo tan cotidiano, benemérito para la flora intestinal o como poco inofensivo, en un supervillano. Mientras divagaba de esta forma atisbé por el rabillo del ojo que abandonaban su asiento los pasajeros parlantes. Se apearon en la siguiente parada.

2018



15 de abril de 2018

"Examen de ingenios", de José Manuel Caballero Bonald



José Manuel Caballero Bonald publicó este Examen de ingenios en 2017 (Seix Barral). Nació en 1926. Eso quiere decir que el libro ha visto la luz a sus noventa y un años. Bendita longevidad lúcida. En una de las anécdotas que jalonan este libro, Francisco Ayala, que murió a los 103, le confiesa al autor en un viaje en tren, al parecer, el secreto: cenas frugales consistentes en una manzana y dos whiskies. "Lo de la manzana no lo cuentes", dice que le dijo Ayala, con posible coquetería masculina.

Examen de ingenios se compone de un centenar de semblanzas, retratos de personajes célebres del mundo de la cultura con los que Caballero Bonald ha tenido ocasión de coincidir, en mayor o menor medida, a lo largo de su dilatada vida. Además de recoger anécdotas, opina y valora de forma ponderada la obra o la personalidad de los implicados. El título del libro tiene ecos auriseculares. Pretende esto decir que, como sabe el lector informado, existe otro de Juan Huarte de San Juan (1529-1588) de título casi homónimo: Examen de ingenios para las ciencias.

No hace mucho leí Somos el tiempo que nos queda, la obra poética completa de Caballero Bonald hasta 2004 (desde entonces, el jerezano ha publicado otros cuatro poemarios). Sus poemas unas veces me deslumbran y otras me dejan frío, pero siempre me llama la atención su rigor y riqueza lingüísticos, su manejo del idioma, que también es palmario en estas prosas. No se descubre nada hablando bien de un autor con tan reconocida obra (Premio Cervantes) a las espaldas, pero no por ello vamos a dejar de celebrar su fecundidad, sus aciertos. Como única pega, mencionaremos que a veces la sonoridad de su fraseo, tan conseguida, puede resultar un tanto campanuda, algo pomposa (pero supongo que son figuraciones mías), y nos puede alejar del goce estético. En cuanto a la nómina de personajes, sería prolijo mencionar sólo a los principales, de uno y otro lado del charco: García Márquez, Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Muñoz Rojas, Gil de Biedma, Ángel González, Azorín, Baroja, Carmen Martín Gaite, Pepa Flores, Miguel Delibes... 

Dejo otra anécdota, para concluir: "...salió a relucir una divertida historia relativa al topónimo original de Soto del Real, que era Chozas de la Sierra. Parece ser que a un natural del pueblo lo hicieron obispo y la corporación municipal, reunida en sesión monotemática, quiso mostrar su contento cambiando el topónimo de Chozas de la Sierra, que consideraban poco digno para cuna de un prelado, por el más vistoso de Soto del Real. Comentaban por ahí que lo que tenían que haber cambiado, en vez del acreditado topónimo del pueblo, era el defectuoso del obispo, que se llamaba -por chocante que parezca- Casimiro Morcillo." 

De lo mejor que he leído en lo que va de año, junto al primer volumen del Cuarteto de Alejandría.


12 de abril de 2018

"Cine de verano", un poema de Felipe Benítez Reyes

Fuente: La Opinión de Málaga

CINE DE VERANO

"Las noches de verano de mi infancia
son un tiempo inmortal y son un cine
que brindaba en su alquimia luminosa
vibrantes sucesiones de espejismos:
la glorificación sangrienta de los héroes,
la esencia desolada de un desierto
o el deseo expresado frutalmente
en el rouge pecador de una muchacha
que cifraba la esencia de un misterio
que el tiempo no desvela.

Las noches de verano de mi infancia
son un tiempo inmortal que muere en mí.

Yo le cavo esta fosa. Y esculpo este epitafio."

Felipe Benítez Reyes, Trama de niebla: Poesía reunida, 1978-2002 (Tusquets Editores).

29 de marzo de 2018

Conticinio


Jamie MacPherson

CONTICINIO

Oasis de silencio por la noche.
Te elevas con el rato de lectura
a la luz vaporosa de la lámpara.
¿Qué es esta plenitud de océano
que colma el pecho?
Nocturna soledad que vivifica.
Un gozo pertinaz, aunque irrisorio,
que vela las infamias de este mundo
y aleja los fantasmas interiores.
Te asomas al balcón por un momento
-la brisa que resbala por la cara-
y ves la luna llena sobre el cerro.
Nada se mueve, nada.
Se puede oír a la Tierra
girar sobre sus goznes.
Cual si hubieras alcanzado el nirvana,
callado y beatífico sonríes.

Consiente aún la vida estos fortines,
bastiones de modesto bienestar,
chutes de henchido conticinio.



                                                     © 2017

15 de marzo de 2018

El arte y el imperio de la ley


Charles Baudelaire

   Los artistas y la ley a menudo se han llevado como el ratón y el gato. Ya Platón dejaba a los poetas fuera de la república. En el siglo XIX Baudelaire fue procesado por Las flores del mal, Flaubert por Madame Bovary, y a Oscar Wilde lo encarcelaron por inmoralidad. Hace unas semanas, en España, fue un rapero el condenado a tres años y medio de prisión por una de sus canciones. Tema peliagudo, el de la libertad de expresión cuando colisiona con derechos individuales como el del honor (uno confiesa que a veces, cuando oye hablar del derecho al honor, por otra parte recogido en nuestra Constitución, le vienen a la memoria los duelos de hace unos siglos, la capa y la espada, Calderón de la Barca, las manchas en la honra que se lavan con sangre). Desde luego, no todo vale, y no es de recibo soltar una barbaridad detrás de otra a lo largo de dos o tres minutos de canción, pero se antoja excesivo privar de libertad por eso a una persona, y más aún durante varios años.
   Por otra parte, en esta sociedad censurar algo casi vale por una catapulta a la fama, y retirar un libro del mercado aviva, per se, el deseo de muchos por leerlo. Algo tendrá el agua cuando la prohíben, parece que pensamos. En ese caso, se observa una degeneración en el hecho de que hoy se condene a troveros de segunda fila y en otros tiempos a tipos de la talla de Oscar Wilde o Baudelaire. Se diría, no sé, que la justicia decimonónica nos recomendaba a autores más valiosos.
   A título anecdótico, esta tensión -no siempre resuelta- entre creadores y agentes de la ley y el orden se evidencia en el que probablemente sea el número musical más legendario de la historia del cine, el de Gene Kelly cantando y bailando bajo la lluvia en la película de Stanley Donen. Un momento mágico que zanja -recordemos- la presencia represora de un policía.