27 de diciembre de 2010

Un año de lecturas

Comparto aquí mis lecturas del año. Para no confundir, he decidido destacar los libros de forma similar a R.: en negro los de nivel medio, en azul los que me gustaron mucho y en verde los que me encantaron. Aparecen en rojo los libros a los que no le saqué mucho partido. Los libros con enlaces a las reseñas se cuelan en naranja para fastidiar un poco. En estos casos hay que fijarse en el autor para saber qué color tiene el libro. Como todas las listas, esta es discutible: hay que tener en cuenta que se trata simplemente de una opinión.

-Varamo, de César Aira. Disfruté más con El congreso de literatura.
-El móvil, de Javier Cercas. Interesante novela breve.
-Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda.
-Esperando a Godot, de Samuel Beckett.
-Todos los fuegos el fuego, de Julio Cortázar. Tiene para mi gusto un gran relato: “Instrucciones para John Howell”.
-El llano en llamas, de Juan Rulfo. No es Pedro Páramo, pero sigue siendo Rulfo.
-El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño. Podría parecer un libro menor, pero no es así.
-Sueño profundo, de Banana Yoshimoto. No me interesó mucho, salvo cierto tono hipnótico.
-Tokio blues, de Haruki Murakami. Dicen que es el Murakami más convencional, así que pretendo adentrarme en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.
-Donde todo termina abre las alas, de Blanca Varela. Para ser poesía, me gustó bastante.
-Mr. Vértigo, de Paul Auster. De los menos interesantes de Auster, en mi opinión.
-Los cachorros-Los jefes, de Mario Vargas Llosa. Para mí el mejor Vargas Llosa es el de las novelas.
-El viaje vertical, de Enrique Vila-Matas.
-El imitador de voces, de Thomas Bernhard. Microrrelatos que dejan entrever la genialidad de Bernhard.
-La glorieta de los fugitivos, de José María Merino. Microrrelatos, con algunas gratas sorpresas.
-Invisible, de Paul Auster.
-La carretera, de Cormac McCarthy. Parece que soy el único al que no le gustó este libro. Repetitivo, anodino y con los diálogos más planos que recuerdo.
-Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (1914-1987). Un ramillete de grandes poetas.
-La Fortaleza de la Soledad, de Jonathan Lethem. Más interesante al inicio que al final. Disfruté más con Huérfanos de Brooklyn.
-El Palacio de la Luna, de Paul Auster. Cuando lo leí por primera vez no me pareció de los mejores de Auster, pero en una relectura atenta se ha convertido en uno de mis favoritos del autor.
-Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Hay que leerlo, algún día pondré la reseña.
-La ciudad, de Mario Levrero. Un descubrimiento.
-Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Genial. Me reí mucho.
-Cándido, de Voltaire.
-Del asesinato considerado como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey. Humor negro en estado puro.
-El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald. Quizá mis expectativas fueran altas, pero no le saqué mucho partido.
-Putas asesinas, de Roberto Bolaño. En mi opinión no es su mejor libro de relatos.
-Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro. Flojo.
-El mal de Portnoy, de Philip Roth.
-Sarta de cuentos y otros relatos, de Raúl Rubio.
-Cantos-Pensamientos, de Giacomo Leopardi.
-Labia, de Eloy Tizón.
Prosa privilegiada.
-Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling.
-Siete cuentos imposibles, de Javier Argüello. Una grata sorpresa.
-La hierba roja, de Boris Vian.
-Ni de Eva ni de Adán, de Amélie Nothomb. Sin ser un novelón, gustará a más de uno.
-El lobo estepario, de Hermann Hesse. ¡Algún día pondré la reseña!
-En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano. Se desinfla.
-La ofensa, de Ricardo Menéndez Salmón. ¡Qué frases más largas!
-Dos mujeres en Praga, de Juan José Millás. Seguiré leyendo a Millás.
-Carlota Fainberg, de Antonio Muñoz Molina. No es su libro más denso, pero siempre es un placer leerlo.
-Tu rostro mañana 2. Baile y sueño, de Javier Marías. El más flojo de la trilogía.
-Cuentos perversos, de Javier Tomeo.
-En ausencia de Blanca, de Antonio Muñoz Molina. Hasta la fecha, el peor que he leído del autor.
-Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías.
-Trilce, de César Vallejo. Poesía MUY hermética para mí.
-El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. El amor y yo… Empiezo a intuir que García Márquez no es de mis preferidos, más allá de la GRAN Cien años de soledad. Aunque los relatos de Doce cuentos peregrinos no me disgustaron, así que no sé.
-Luces de bohemia, de Ramón del Valle-Inclán.
-Chesil Beach, de Ian McEwan. Está bien, pero no me parece una gran historia.
-Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges. Para ser de Borges, con el que menos he conectado hasta la fecha.
-No amanece el cantor, de José Ángel Valente. Breves textos de prosa poética.
-El castillo, de Franz Kafka. Kafka en estado puro.
-Elegías de Duino-Los sonetos a Orfeo, de Rainer María Rilke. Me gustaron cosas de las elegías, aunque reconozco que no estoy muy dotado para la poesía.
-Shutter Island, de Dennis Lehane. Intriga entretenida con un GRAN final.
-Todo está iluminado, de Jonathan Safran Foer. Disfruté más con Tan fuerte, tan cerca.
-Las partículas elementales, de Michel Houellebecq. Me cansa su tendencia a lo pornográfico, pero tiene reflexiones de altura. Soy de los que opinan que es mejor pensador que novelista.
-Otras inquisiciones, de Jorge Luis Borges. Ensayos breves. Clave para conocer a Borges.
-Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos. ¡Algún día pondré la reseña!
-Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut. No me sorprendió tanto como a otra gente.
-Corrección, de Thomas Bernhard. Flipé un poco con la prosa de Bernhard.
-Molloy, de Samuel Beckett.
-Malone muere, de Samuel Beckett.
-El innombrable, de Samuel Beckett.
-Poema del cante jondo-Romancero gitano, de Federico García Lorca.
-París, de Mario Levrero.
-El lugar, de Mario Levrero. Fascinante.
-Este libro te salvará la vida, de A. M. Homes. Mucho diálogo y poca chicha.
-Antes de morirme, de Jenny Downham. Amores ñoños, poco realista.

Aprovecho la ocasión para desearos a todos un feliz año nuevo cargado de sorpresas positivas. Os deseo lo mejor.

23 de diciembre de 2010

Molloy/Malone muere/El innombrable


Cuando pensamos en la obra del Nobel irlandés Samuel Beckett, lo primero que nos viene a la cabeza a muchos lectores son sus obras de teatro, títulos como Esperando a Godot o Fin de partida. Sin embargo, tan interesantes como los dramas resultan sus novelas. Aquí intentaremos ocuparnos, a lo largo de esta reseña, de la trilogía compuesta por los títulos Molloy, Malone muere y El innombrable.

Molloy (1951) se estructura en dos partes, que se corresponden con sendas búsquedas: por un lado, la de Molloy en busca de su madre, no sabemos con qué fin; por otro, la de Jacques Moran en busca de Molloy. Molloy, sujeto en crisis, está marcado por la soledad y la falta de identidad, y busca ese refugio que lo libre del desarraigo. Como escribe Frederick R. Karl en su prólogo, toda búsqueda que presentan las novelas de Beckett está condenada al fracaso. La novela refleja el absurdo existencial y, en general, los temas que Beckett explora en sus obras teatrales.

Malone muere (1951), el segundo volumen, pone de manifiesto la importancia de las historias, la necesidad que todos tenemos de contárnoslas. Desde el inicio nos llega la potencia de la voz de Malone, que vive aislado en una habitación cerrada preparándose para una muerte que, según sus propias palabras, llegará de forma inminente. Además de reflexionar, nos describe los objetos que habitan su reducido mundo, entre los que se encuentran un cuaderno y un lápiz, de los que Malone se vale para fabular. Hay un momento humorístico que recuerda a Esperando a Godot, cuando se dice que de los dos ladrones se salvó uno, y se agrega: es un porcentaje razonable. Este segundo volumen me ha recordado a Paul Auster. Me pareció notar la influencia de Beckett en una obra teatral que el neoyorquino escribió en su juventud y, concretamente, en el caso de Malone muere, en Brooklyn Follies, en tanto que ambos protagonistas se preparan para morir.

Con El innombrable (1953) culmina el proceso de desintegración del yo iniciado con Molloy. Nos parece percibir una evolución hacia la abstracción considerando la trilogía en su conjunto. Si los dos primeros volúmenes tienen cierto desarrollo argumental, en este tercero no hay ni principio ni final, porque no hay historia, como tampoco un espacio por el que se muevan los personajes. La novela está constituida por un largo soliloquio, un torrente verbal que en muchos momentos arrastra al lector, emitido por un ente que dice no estar en parte alguna. Una novela que, se diría, se asienta sobre el vacío. Pese al pesimismo general, se mantiene, al igual que en Molloy, cierta vitalidad, cuando se dice que, después de todo, hay que seguir, hay que seguir siempre.

En definitiva, tres novelas habitadas por personajes marginales, “gladiadores moribundos”, como los definió Horace Gregory, que llevan una vida próxima a la no existencia. Puede gustar o no, pero es difícil permanecer indiferente a esta trilogía de Samuel Beckett. A mí su lectura me ha dejado una sensación agridulce. He leído algún artículo sobre la trilogía y la verdad es que se habla de temas sesudos que se me escapan (Wittgenstein, el no ser). Así que se me ocurre decir que esta es básicamente una trilogía para intelectuales, y que a los demás nos puede resultar menos interesante. No entiendo, por poner un ejemplo, qué quiere transmitir Beckett dedicando siete u ocho páginas a hablar de unas piedrecitas que Molloy succiona y que se va pasando de bolsillo a bolsillo. Cosas así pueden llegar a ser desesperantes.

En el prólogo se dice que estas novelas tienen escasa fuerza narrativa. Me parece un comentario acertado. Con todo, he de decir que la lectura me ha merecido la pena. Mi sensación es que va in crescendo: me gustaron detallitos de Molloy, me pareció mejor Malone muere y me encantó la parte final de El innombrable, unas páginas que encontré cercanas a cierto tipo de poesía y me parecieron brillantes. Para análisis más lúcidos, dejo un par de enlaces:

Quién teme a Virginia Woolf (ahora mismo no se puede entrar, sólo admite lectores invitados, pero lo dejo en cualquier caso).

11 de diciembre de 2010

Corrección


Lo sé, lo tiene todo para no gustar: un argumento poco atractivo, relacionado con algo tan frío como la arquitectura (aunque Roithamer nunca emplearía esa palabra) y una sintaxis asfixiante con ni un sólo punto y aparte en sus más de trescientas páginas. Y, sin embargo, Corrección es una novela brillante, un libro en mi opinión memorable.

Es de esa clase de libros a los que no hay que pedirle sorprendentes giros argumentales o un final inesperado, porque no los hay ni se pretende. Con Bernhard, como con Marías (quien fue su descubridor en España), el placer estriba en disfrutar del camino. Reacio como Bolaño a la elipsis, Bernhard expande su discurso de forma obsesiva, invitando a una lectura acelerada, vertiginosa.

Corrección (1975) gira en torno a Roithamer y a su idea (calificada por todos de demencial) de construir un edificio en forma de cono para su hermana, ubicado en el centro geométrico exacto del bosque de Kobernauss. Al igual que el protagonista de El móvil, de Javier Cercas, subordinaba la vida a la literatura, Roithamer lo sacrifica todo para construir este innovador cono, único en el mundo. Se recluye en la buhardilla del taxidermista Höller, y allí idea, durante tres años, su construcción. Su apartamiento recuerda a la idea del poeta aislado en su torre de marfil que se difundió con Rubén Darío.

Luego de otros tres años de construcción del Cono, el perfeccionismo de Roithamer lo lleva a colgarse de un tilo. Tras el suicidio, su amigo (el narrador) se traslada a la buhardilla de los Höller para examinar y ordenar (que no elaborar) el legado de Roithamer, compuesto por miles de folios. La novela se divide en dos partes. Si en la primera predomina la voz del amigo de Roithamer, que nos introduce al constructor, en la segunda es mayoritariamente la voz del propio Roithamer la que oímos, al transcribirse textualmente sus escritos.

En la novela predomina la reflexión sobre la acción. La mayor parte del libro la constituyen los pensamientos de Roithamer sobre su familia, el Cono o su forma de ver la vida en general. Nos informa así de su relación con su madre (que lo odia y lo desprecia), con sus hermanos (que lo odian y lo desprecian) y su hermana (a la que ama), o manifiesta sus opiniones demoledoras sobre Austria, país donde, se llega a decir, el suicidio es lo más lógico. Bernhard se muestra asimismo muy crítico con la sociedad contemporánea.

Diremos, para terminar, que si existen escritores que tienen una voz propia, intransferible, una voz que los distingue de todos los demás autores, Thomas Bernhard es sin duda uno de ellos. Hay que leerlo, y después odiarlo o admirarlo sin reservas, pero hay que leerlo.

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El imitador de voces, de Thomas Bernhard

6 de diciembre de 2010

Ricardo Baigorria

Ricardo Baigorria es un artista argentino que crea figuras imposibles que recuerdan a las de Escher:









"Toda obra realizada sobre un plano, ya sea pintura, grabado, fotografía es un engaño; un engaño en que autor y espectador son cómplices; con esa obra se trata de dar la ilusión de profundidad, de relieve, de corporeidad y el espectador es consciente (y cómplice) de ese engaño cuando contempla esa representación.
Si partimos de esa premisa concluimos que el espectador de la obra va preparado para ver una pseudo realidad representada en ese plano que le ofrece el artista, es decir va preparado para ser parte de un grato engaño, de un trato implícito con el artista en donde trata de ver lo que el autor trató de representar.
Pero cuando ese espectador es sorprendido por imágenes que “parecen” representar la realidad pero que no cumplen completamente con ella, sino que hay perspectivas o planos imposibles se arriba a un sector del arte en donde se empieza a dudar de lo que ve, de su propia percepción.
Tal es el caso de las figuras imposibles, de la representación de los mundos imposibles.
Desde antes del Renacimiento este tipo de expresión artística fue utilizada; con poca frecuencia es verdad; pero es posible encontrar en la historia del arte muchos ejemplos de ello; véase por ejemplo las cárceles inventadas del arquitecto y dibujante Giambattista Piranesi quien en 1760 publicó una serie de litografías titulada “Carceri d'invenzione”; a pesar de su larga trayectoria, las figuras imposibles comenzaron a ser estudiadas y analizadas recién en el siglo pasado, aproximadamente en la década del 30; artistas como Oscar Reutersvard con su tribar, L.S. y Roger Penrose con su publicación "Figuras imposibles: una clase especial de Ilusiones Visuales", Sandro del Prete con sus dibujos metamorfoseados, Istvan Orosz que utilizó elementos varios para crear ilusiones ópticas y anamorfosis y principalmente Maurits Cornelis Escher con su período de arquitectura fantástica y puntos de vista totalmente insólitos para la época, fueron cultores de esta disciplina."
Ricardo Baigorria

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2 de diciembre de 2010

Matadero Cinco


“La mayor carnicería de la historia de Europa”. En estos términos se refiere Kurt Vonnegut al bombardeo de Dresde durante la II Guerra Mundial. Ese día murieron miles de personas, y todo apunta a que fue un ataque innecesario, una acción indiscriminada contra una ciudad indefensa que no representaba ninguna amenaza para los aliados, pero que hubo que destruir porque así se le había prometido a Stalin en la conferencia de Yalta. La ciudad quedó aniquilada, desierta, y en la novela se compara con la superficie lunar.

Kurt Vonnegut vivió en primera persona el bombardeo. Este rasgo autobiográfico puede hacernos pensar que su relato es una historia subjetiva y personal. Sin embargo, el autor no se reserva el papel protagonista, hecho que dota de mayor objetividad a la historia, si además tenemos en cuenta que está narrada en tercera persona.

La novela se centra en un grupo de jóvenes soldados estadounidenses que son hechos prisioneros y llevados al matadero del título, un refugio subterráneo en el que permanecen mientras la ciudad es bombardeada (resulta irónico: mientras afuera se produce una carnicería, ellos están a salvo en un matadero). Pero el libro de Vonnegut no es sólo una novela bélica. Billy Pilgrim, su protagonista, se ve abocado a constantes viajes en el tiempo a momentos pasados y futuros de su vida. De esta forma, la novela abunda en saltos temporales que confieren una gran variedad al conjunto. Además, el hecho de estar compuesta por pequeños fragmentos casi siempre inferiores a una página contribuye a una lectura ágil. Tras regresar de la guerra, Billy Pilgrim empieza a contar historias delirantes, como que ha sido abducido por un platillo volante y llevado a un planeta lejano: Tralfamadore.

En el primer capítulo, que funciona a modo de preámbulo, se dan algunas de las claves del libro. Se habla de antibelicismo y de algo muy interesante: evitar la polarización entre buenos y malos, el maniqueísmo. “No escribas nunca una novela con un personaje malo”, le aconsejan. Al final, tras el bombardeo, como en los conocidos versos de Juan Ramón Jiménez, lo que permanece es el canto de los pájaros:

“Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Solamente los pájaros cantan. ¿Y qué dicen los pájaros? Todo lo que se puede decir sobre una matanza; algo así como «¿Pío-pío-pi?»”

Un clásico de la ciencia-ficción que, puestos a opinar, no me ha entusiasmado tanto como a otros lectores.

1 de diciembre de 2010

25 de noviembre de 2010

El castillo


El castillo pasa por ser, junto a El proceso, uno de los libros fundamentales para todo aquel que quiera entender en qué consiste lo kafkiano. Kafka comenzó a escribir esta obra en 1922, pero la tuberculosis no le dejó terminarla. Contradiciendo los deseos del autor, que como sabéis pidió que se destruyese toda su obra no publicada en vida, su amigo Max Brod publicó El castillo en 1926.

La historia que cuenta es la de K., a quien contratan como agrimensor en una misteriosa aldea dominada por el castillo del título. Pronto se enterará de que allí no precisaban de los servicios de ningún agrimensor, y ese será el comienzo de una trama pesadillesca, absurda y laberíntica. Los esfuerzos del protagonista por llegar hasta el castillo caen en saco roto, así como su intento de hablar con autoridad alguna.

La situación de K. es de soledad, que se va agudizando conforme avanza la historia. Varias veces le recuerdan su condición de forastero: “no es usted del castillo, no es usted de la aldea, no es usted nada”, le dicen. En otro momento se comenta que es una carga que llevarán siempre a cuestas. K. no es nadie, una inicial seguida de un punto, ni siquiera un nombre completo.

En el libro se refieren a la ley del castillo, un reglamento implacable al que a menudo se alude (como en La ciudad de Mario Levrero), pero cuyas autoridades son “invisibles y remotas”, pues en la aldea desconocen no ya los entresijos de esa administración, sino su mismo funcionamiento, del que sólo han oído rumores.

Kafka teje una historia extraña, inquietante, frustrante, con ciertas dosis de absurdo (sobre todo al comienzo) y llena de laberintos burocráticos. Parece como si una decisión desacertada proveniente del castillo pudiese cambiar el destino de un hombre. Al final, la sensación que queda es la desesperación ante una administración inaccesible.

El libro tiene en mi opinión un punto negativo, que son las últimas páginas. Decíamos que esta obra la dejó Kafka inconclusa. Quizá sea esa una explicación, porque el libro no tiene un final definido, al contrario que El proceso.


“Puede entrar en una oficina, pero esa oficina ni siquiera parece ser una oficina, sino más bien un vestíbulo de las oficinas; y quizá ni siquiera sea tanto; quizá no sea más que un cuarto destinado a retener a todos aquellos que no deberán entrar en las verdaderas oficinas. Barnabás conversa con Klamm, ¿pero será Klamm ese hombre con quien él conversa? ¿No será más bien alguien que se parece ligeramente a Klamm? Acaso, cuando mucho, un secretario que un poco se parece a Klamm, y se esfuerza por llegar a parecérsele más aún para darse luego importancia…”

“Ciertamente, él no era nada, lástima daba contemplar su situación. Era agrimensor, lo cual acaso fuese algo; había aprendido, pues, alguna cosa; mas si uno no sabe para qué ha de servirle, tampoco esta cosa de nada le vale.”

19 de noviembre de 2010

Todo está iluminado


Información básica acerca del autor
Con tan sólo veinticinco años, Jonathan Safran Foer irrumpió de forma rutilante en el panorama de las letras, siendo calificado por algunos como un nuevo niño prodigio. Con sólo dos novelas, Todo está iluminado (2002) y Tan fuerte, tan cerca (2005) se ha convertido en una de las promesas más talentosas de las letras norteamericanas. Goza del aplauso de la crítica y buenas ventas. Sus novelas se suelen englobar bajo la etiqueta de intelectual best seller. Según he leído, recibe influencias de Salinger y Bashevis Singer y, como curiosidad, colecciona hojas en blanco de escritores a los que admira, hojas que luego enmarca y cuelga en el salón de su casa.

Argumento
Todo está iluminado cuenta la historia de un joven estadounidense, Jonathan, que viaja a Ucrania (el propio autor hizo este viaje, aunque regresó con las manos vacías) con el fin de encontrar el pueblo donde vivió su abuelo y también a la mujer que lo salvó de los nazis. En ese viaje en busca de sus raíces le acompañan Álex, que ejerce de traductor; su abuelo, que padece ceguera psicosomática, y Sammy Davis Junior Junior, un entrañable perrito.

Una parte del libro la constituyen las cartas que Álex le envía a Jonathan al término del viaje, que crea un vínculo entre ellos. Están plagadas de errores que consiguen un trabajado efecto humorístico. Así, Álex dice que está siempre “dispersando” el dinero y que su hermano tiene un ojo morado por un “desacuerdo” con un muro de ladrillo. Como él mismo escribe:

“Como sabes, yo no soy un machete en inglés. En ruso mis ideas se establecen de forma anormalmente correcta, pero en mi segunda lengua no soy tan primordial. Me he esforzado por continuar tus consejos, y he fatigado al diccionario que me regalaste. (…) Si lo que he realizado no te complace, te solicito que me lo devuelvas. Persistiré en ello hasta que estés saciado.”

La novela se centra en dos historias, narradas de forma paralela: la de Jonathan, Álex y su abuelo en busca de Trachimbrod y, por otro lado, la historia de ese mismo pueblo desde el siglo XVIII hasta la invasión nazi. En esta última aparece una mujer que cataloga muy diferentes tipos de tristeza y también un libro de sueños recurrentes, con algún ejemplo memorable. Tal vez no sea demasiado exagerado decir que la novela es un alegato en favor de la recuperación de la memoria.

Opinión personal
Mi primer acercamiento a Jonathan Safran Foer se produjo con la película de Todo está iluminado, con la que pasé un muy buen rato. Después, hace tres o cuatro años, cayó en mis manos su segunda novela, Tan fuerte, tan cerca. Su lectura supuso para mí un descubrimiento: me recordó a Salinger, me hizo reír y gasté bastante lápiz subrayando frases. Como su primera novela, este es un libro tierno, escrito de forma ingeniosa, jalonada por momentos de humor, con algún momento dramático… Además, la visualidad tiene en ella importancia, juega mucho con ella (incluye, como Sebald, fotografías, juega con la tipografía…). En general me parece una obra más madura, más sólida que su primera novela.

Porque lo cierto es que Todo está iluminado me ha dejado un mal sabor de boca. La verdad es que la historia de Jonathan y compañía en busca de Trachimbrod tiene buenos momentos, pero luego está la historia del pueblo desde el siglo XVIII, parte que me dejó un poco frío y me pareció excesivamente sensiblera. Con todo, no me gustaría disuadir a nadie de que se acerque a este autor, aunque la verdad es que hay que ser un poco sentimental para que guste. En resumidas cuentas, no me parece un libro brillante, como dicen algunos, pero sí que leeré el próximo libro de Foer.

Fragmento
“Me subo cada día al autobús durante una hora y paso el día haciendo cosas que odio. ¿Quieres saber por qué? Pues por ti (…). Un día tú harás cosas que odies por mí. Eso es lo que significa ser una familia.”

Adaptación cinematográfica
Existe una adaptación al cine de Todo está iluminado. Es de título homónimo y se debe al director Liev Schreiber. Se estrenó en 2005, con buena acogida de crítica y público si tenemos en cuenta que no se trata de una superproducción. En mi opinión es una buena adaptación. Elijah Wood es el protagonista, en un papel muy diferente al de Frodo en El señor de los anillos, y los demás actores también consiguen hacer creíbles y cercanos a los personajes. También me pareció destacable la fotografía y la banda sonora. Seguramente no sea un peliculón, pero guardo muy buen recuerdo de ella. Dejo el tráiler.

11 de noviembre de 2010

Beirut-Gulag Orkestar

Título: Gulag Orkestar
Autor: Beirut
Año de publicación: 2006
País: Estados Unidos
Género: Folk, Indie, Otros.
Títulos del disco: 01 The Gulag Orkestar, 02 Prenzlauerberg, 03 Brandenburg, 04 Postcards from Italy, 05 Mount Wroclai (Idle Days), 06 Rhineland (Heartland), 07 Scenic World, 08 Bratislava, 09 The Bunker, 10 The Canals of our City, 11 After the Curtain, 12 Elephant Gun, 13 My Family's Role In The World Revolution, 14 Scenic World (version), 15 The Long Island Sound, 16 Carousels.
Duración: unos 53 minutos.
Enlaces:
myspace y sitio web.



8 de noviembre de 2010

Del asesinato considerado como una de las bellas artes


En el siglo XIX, Thomas de Quincey imaginó una Sociedad de Conocedores del Asesinato, cuyos miembros, “cada vez que en los anales de la Policía se produce un nuevo horror de esta clase se reúnen para criticarlo, como harían con un cuadro, una estatua u otra obra de arte”. El crimen, dicen, puede tratarse en su lado moral o bien en su lado estético, que es a lo que da primacía este club, al “buen gusto”. Afirman que una vez que el asesinato se ha cometido, una vez que ya no se puede hacer nada por evitarlo, hay que dejar a un lado la moral y considerarlo como un arte.

El libro está compuesto por tres artículos, que pasan por conferencias pronunciadas en las sesiones de este peculiar club. De ellos, el que me ha resultado más interesante es el primero, mientras que el último lo he leído un poco en vertical. Escritos en un tono erudito, con latinismos y citas tomadas de autores clásicos, los artículos disertan acerca de qué tipo de persona es más apropiada para ser asesinada, así como de los lugares y momentos más “artísticos” para cometerlo. También se remontan a Caín para confeccionar una historia del crimen desde los orígenes hasta la actualidad.

Se trata, como hizo Erasmo en el Elogio de la locura, de un ejercicio retórico, no exento en este caso de humor negro e ironía.

Así, tras explicar que casi todos los filósofos de una época han muerto asesinados o en circunstancias poco claras, cuenta que la mayor objeción a la filosofía de Locke es que muriese a los 72 años sin haber sufrido agresión alguna.

Sirva como muestra del humor del libro este fragmento:
“Hobbes no fue asesinado, nunca he logrado comprender por qué ni en virtud de qué principio. Ésta es una omisión capital de los profesionales del siglo XVII, pues a todas luces se trata de un espléndido sujeto para el asesinato, salvo por que era flaco y huesudo; por lo demás, puedo probar que tenía dinero y (lo cual es muy cómico) carecía de todo derecho a oponer la menor resistencia ya que, conforme a su propia tesis, el poder irresistible crea la más elevada especie de derecho, de modo que constituye rebelión, y de las peores, el resistirse a ser asesinado [….] No obstante, si bien no fue asesinado, me complace asegurarles que, según su propia cuenta, estuvo tres veces a punto de serlo, lo cual nos consuela.”

Un buen ejemplo de literatura lúdica, un libro que provoca la risa cómplice del lector.

1 de noviembre de 2010

El futuro de las letras hispánicas según "Granta"


La revista literaria anglosajona Granta publica cada diez años una lista con los veinte narradores más prometedores de las letras británicas. En la de los años ochenta aparecían nombres hoy tan conocidos como Ian McEwan, Martin Amis, Salman Rushdie o Kazuo Ishiguro. En la última, la de 2003, se destacaba a autores como David Mitchell o Zadie Smith. Ahora, en el mes de octubre, siete años después de que la edición española de la revista cobrase forma, se propone una lista para el mundo hispánico. Como todas las listas, ésta es discutible. Sólo el tiempo dirá quienes de estos autores se consolidan en el panorama literario y quienes caen en el olvido o simplemente no llegan a levantar una obra sólida. Se trata de autores que en ningún caso sobrepasan los 35 años y que han sido seleccionados por un jurado de seis miembros: dos editores de Granta, el novelista Francisco Goldman, Mercedes Monmany, la periodista Isabel Hilton y el escritor y cineasta Edgardo Cozarinsky. Para ser sinceros, sólo conocía a Mercedes Monmany. Resulta obvio decirlo, pero un jurado diferente hubiera elegido unos nombres distintos a los que se han propuesto, que son los siguientes:

Andrés Barba – España, 1975
Oliverio Coelho – Argentina, 1977
Andrés Ressia Colino – Uruguay, 1977
Federico Falco – Argentina, 1977
Pablo Gutiérrez – España, 1978
Rodrigo Hasbún – Bolivia, 1981
Sonia Hernández – España, 1976
Carlos Labbé – Chile, 1977
Javier Montes – España, 1976
Elvira Navarro – España, 1978
Matías Néspolo – Argentina, 1975
Andrés Neuman – Argentina, 1977
Alberto Olmos – España, 1975
Pola Oloixarac – Argentina,1977
Antonio Ortuño – Mexico, 1976
Patricio Pron – Argentina, 1975
Lucía Puenzo – Argentina, 1976
Santiago Roncagliolo – Perú, 1975
Andrés Felipe Solano – Colombia, 1977
Samanta Schweblin – Argentina, 1978
Carlos Yushimito – Perú, 1977
Alejandro Zambra – Chile, 1975

Confieso que no conocía a más de cuatro o cinco de estos nombres, y que sólo a uno he leído. Se trata de Andrés Neuman, autor argentino afincado en Granada que mereció los parabienes nada menos que de Roberto Bolaño. Hace unos días, se hacía eco en su blog de la aparición de esta lista. “Atragrantados”, llevaba por título la entrada en la que comentaba acerca de este tema. No deja de ser interesante su lista de narradores ausentes en la lista de la revista: Mario Cuenca, Rodrigo Blanco, Ricardo Silva, Félix Bruzzone, Juan Sebastián Cárdenas, Álvaro Bisama, Claudia Hernández, Gabriela Wiener, Ariel Magnus, Matías Capelli, Eduardo Varas, Wilmer Urrelo, Ramiro Sanchiz, Sara Mesa, Daniel Gascón, Irene Jiménez, Nuria Labari, Jorge Carrión, Javier Moreno, Miguel Serrano Larraz... De esta última lista sólo conozco a Mario Cuenca, cuyo Boxeo sobre hielo tengo por casa.
Como es de esperar, ha habido múltiples reacciones a la publicación de esta lista. La más sonada es la del crítico Ignacio Echevarría, nada contento con la resonancia que la noticia ha tenido. La califica de “burda operación de márketing”. También discute que los miembros del jurado sean los que son. Así, dice que Isabel Hilton es sobre todo especialista en historia y política chinas (!) y no le concede ninguna autoridad a la lista. Además, destaca que Argentina y España son con mucho los países más representados, con ocho y seis autores respectivamente.
A todo esto, llama la atención la no inclusión de ningún componente de la tan nombrada generación nocilla. En mi opinión, esta lista, como todas, no hay que tomársela demasiado en serio, pero sirve para anotar algunos nombres que pueden ser interesantes.

23 de octubre de 2010

Siete cuentos imposibles


Javier Argüello posee un innegable talento. En este su primer libro de relatos, este escritor argentino radicado en Barcelona recoge siete piezas ciertamente imprevisibles, herederas de la mejor tradición cuentística. Sabe crear cierto clima de misterio y despliega una serie de recursos que consiguen atrapar y sorprender al lector. Un conjunto de historias inquietantes, enigmáticas.
El que más me ha gustado es el que abre el libro, “Volver a verla”, un cuento metaliterario protagonizado por un escritor que escribe una obra protagonizada por un escritor que escribe otra obra. Suena enrevesado, pero en realidad no lo es tanto. Es difícil hablar de este relato sin destriparlo, cosa que hacen, me parece, en la contraportada del libro. Digamos que el protagonista escribe un libro. Luego sale a comprar comida y choca al doblar la esquina con una mujer idéntica a la que él ha descrito en su libro. Esto da pie a un giro de ciento ochenta grados que recuerda al Unamuno de Niebla. Hasta ahí se puede contar. El relato es magistral, verdaderamente antológico. Toda una sorpresa. Este fragmento me llamó la atención: “Caminaba con esa sensación con la que se movía por el mundo cuando trabajaba en un relato, sintiendo la extrañeza de todas las cosas cotidianas, sorprendiéndose repetidamente ante una realidad tan ajena a aquella en la que se sumergía cuando entraba en una historia que sólo existía en el papel”.
Los argumentos de los relatos restantes, salvo quizá el último, son también sorprendentes:
“La tos” cuenta la lucha de las organizaciones estudiantiles para que no llegue a buen puerto un caprichoso decreto-ley que prohíbe toser en clase.
“Gravedad” juega con la posibilidad enunciada por un doctor de dudosa salud mental de que un día las cosas comiencen a caer hacia arriba. Para evitar caer hacia el cielo, se construye una casa subterránea.
“Andan” comienza cuando el protagonista busca en el suelo la pila de su audífono. De un enchufe cercano escucha que sale una voz que según dice le contará una historia extraordinaria, la historia de cómo esa persona llegó allí, dentro del enchufe.
“Relato acerca del tiempo…” trata de un relato de Max Beerbohm sobre un escritor decimonónico casi desconocido que pacta con el diablo para viajar a fines del siglo XX y comprobar si ha sido incluido en la historia de la literatura. Me llamó la atención esta paradoja: “si viajo al pasado y mato a mi padre cuando éste todavía es un niño, entonces yo no podré nacer, pero si no nací, ¿cómo puede ser que viaje en el tiempo y lo mate?”.
Recomendable.

21 de octubre de 2010

Vías cruzadas (2003)


  • Línea argumental: Phil, personaje marginal y taciturno, trabaja en una pequeña tienda hasta que el dueño muere. Sin hijos, en el testamento le lega una propiedad junto a una vieja estación de trenes, un sitio solitario y apacible donde Phil conocerá a varias personas con las que conectará.
  • Comentario: Muy recomendable para quienes gusten de películas pequeñas con poca acción. Vías cruzadas es una película agradable, cercana y ante todo sencilla, minimalista. Tuvo hace unos años bastante éxito en su andadura por los festivales de cine independiente. Hay que destacar la contenida interpretación del protagonista, Peter Dinklage. Una película de ritmo pausado y de personajes, más que de acción. Si no se le exige mucho puede llegar a sorprender.

18 de octubre de 2010

14 de octubre de 2010

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Ángel González

9 de octubre de 2010

Labia


Terminando de leer esta novela de Eloy Tizón, tratando de aventurar una frase que la definiera, leí llegando al final: “Él pensaba que era el tiempo de ensayar una novela sin tema. De vuelo lírico. Descoyuntada”. He creído encontrar en estas palabras un retrato de la novela que estaba leyendo. Así es Labia o he creído yo entender que es Labia. No hay que buscarle una trama estructurada o un gran final, porque no los hay ni se pretende que los haya.
Pero ante todo una cosa: Labia está primorosamente escrita. Uno puede, quizá, pensar durante la primera parte del libro que no nos están contando nada de mucho peso, pero lo bien escrito que está no se le puede negar al libro. Con una prosa precisa, un vocabulario rico sin resultar extravagante y un ritmo intenso sin resultar recargado, la obra va como se suele decir in crescendo, y alcanza sus momentos más brillantes en la parte final.
Construida a base de pequeños fragmentos, Labia se divide en cuatro partes. La primera se centra en la vida del protagonista cuando es niño, sus visitas a la papelería Gallardo y la leyenda caballeresca que le cuenta una de las hermanas Gallardo. En la segunda se nos detallan las clases de dibujo que recibe el mismo personaje, mientras que la tercera se centra en la historia del escultor Montesinos en París, esa ciudad “con aquella torre tan fea”. En la cuarta se retoma la historia del protagonista y Estela. Las cuatro partes están ligeramente relacionadas. Pero ya digo, lo verdaderamente deslumbrante de este libro es el dominio del lenguaje que encontramos, los notables hallazgos expresivos, su lirismo.
Recomendable para gente que esté aprendiendo a escribir.
Copio algunos fragmentos que me han llamado la atención:
“El mar. Del mar se ha escrito todo, en todos los idiomas. Si se añade un nuevo adjetivo, una palabra más, se desborda.”
“Ella me miró una vez, y yo comencé a vivir en sus ojos.”
“Amaba. Amaba desesperadamente. Sentí que me arrancaban la piel. Me pareció que por primera vez veía el mundo tal como era, alucinante, lírico, intenso. El mundo, que hasta entonces era gris, se puso a vibrar de pronto. La vida, que estaba arrodillada, se levantó de un salto gozoso. La acera estaba sembrada de criaturas fantásticas. La calle, una simple calle, me emocionó.”
“Porque las casas y los libros sirven para lo mismo: para eludir la intemperie.”
“Del libro se extraía una enseñanza moral: que el amor a la palabra conlleva amor a la vida y que los que maltratan el lenguaje y escriben de manera descuidada revelan, acaso sin saberlo, enemistad hacia la vida, incluso odio.”
"Se empieza a perder la inocencia el día en que uno se entera de que las palomas son malas."
“El tiempo no cura nada. El tiempo, precisamente, es la herida. La herida del tiempo. La sangre negra del tiempo resbala en los corredores, inunda las escaleras, encharca los pasillos, salpica a los comensales, chorrea por las solapas. Hemorragia incontenible. Hacemos como si no existiera. Disimulamos.”
“No sé dónde termina el telón y dónde comienza la obra. La distinción entre realidad y ficción, hoy, para mí, carece de fundamento.”
“El hombre, a ratos, se aburre. Cuando el hombre está aburrido es capaz de realizar las mayores proezas y las mayores infamias.”
“En el momento en que uno nace, comienzan los papeleos. Uno queda registrado. Ya no hay posibilidad de retroceder. Hay que seguir adelante, por las buenas o por las malas. Pasa el tiempo. Se van cumpliendo años, ritos. Se soplan velas. Quedan pruebas testimoniales, huellas dactilares, fotografías, siempre aparecen testigos. La policía tiene tus señas. El Estado cuenta contigo. No existe forma de huir. No puedes desentenderte. Has nacido, estás fichado, no tienes escapatoria.”

29 de septiembre de 2010

Vida de un detective salvaje


Roberto Bolaño Ávalos nace en Chile en 1953. Habiendo pasado allí la infancia, en su primera adolescencia viaja con sus padres a México DF. Allí se hace trotskista y realiza casi todos los estudios secundarios hasta los 17 años, edad a la que definitivamente abandona la escuela. En 1973, tras un viaje propio de los personajes de Kerouac, regresa a su país natal con el propósito de apoyar el gobierno de Salvador Allende. Luego del golpe de Estado de Pinochet se une a la resistencia. Es detenido y permanece ocho días en la cárcel. Cuando vuelve a México conoce al poeta Mario Santiago, junto a quien funda un movimiento poético de vanguardia que bautizan Infrarrealismo. Una de las revistas con las que cuenta el movimiento es Rimbaud, vuelve a casa. Se llega a editar una antología (Poetas infrarrealistas mexicanos), en la que Bolaño, por ser chileno, no se incluye. En palabras del autor, el Infrarrealismo “fue una especie de Dadá a la mexicana”. La escritora Carmen Boullosa se refiere a ellos en una entrevista a Bolaño:

"Eran el terror del mundo literario. Antes de comenzar mi primera lectura de poemas, en la Librería Gandhi, en el remoto año de 1974, me encomendé a Dios –en quien no creía por lo regular, pero a alguien tenía que pedírselo– para que por favor no fueran a aparecer los infras. [….] Me daba horror leer en público –me parecía que eso era realmente de payasos–, pero al temor de la tímida se pegaba el pánico del ridículo: los infras podían aparecer, irrumpir a media sesión y llamarme tonta (que vaya si lo era, no había conseguido armar un poema decente [….]). Ustedes estaban allí para convencer al medio literario de que no podíamos tomarnos en serio con lo que no era legítimamente serio, que en la poesía –desdiciendo el dicho chileno– de lo que se trataba era precisamente de aventarse a precipicios.”


Aunque publica algunos libros de poesía (Gorriones cogiendo altura, Reinventar el amor), Bolaño va poco a poco abandonándola en favor de la prosa (“toda la poesía, en cualquiera de sus múltiples disciplinas, estaba contenida o podía estar contenida, en una novela”, leemos en 2666). En 1977 Bolaño se marcha de México y viaja por África, Europa y llega a España. Para subsistir trabaja de lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendimiador. Trabajó, explica, “en casi todos los oficios del mundo, salvo los tres o cuatro que alguien con cierto decoro se negará siempre a ejercer”. Tras unos años en Barcelona, se establece junto a Carolina López, con quien tendrá dos hijos, en Blanes, pueblo de la costa gerundense. Si bien desde 1984 comienza a publicar obras en prosa (de ese año es Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, escrita a cuatro manos con Antoni García Porta) y a ganar premios literarios en concursos de provincias, no será hasta 1996 cuando adquiere reconocimiento. Ese año presenta La literatura nazi en América al Premio Herralde de Novela, pero tiene que enviar una nota de urgencia pidiendo que no tengan en cuenta su obra por haberla contratado para su publicación la editorial Seix Barral. A pesar de todo, Jorge Herralde se muestra dispuesto a editarle su próximo libro, Estrella distante. Nace así la amistad entre Bolaño y el que será su editor hasta su temprana muerte.
En 1998 los halagos hacia el chileno se multiplican con la publicación de Los detectives salvajes, obra que lo consagra definitivamente al obtener el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos a la mejor novela escrita en lengua española durante ese año. Algunos libros después, tras una larga enfermedad, Roberto Bolaño fallece a los cincuenta años debido a una insuficiencia hepática. Deja casi terminada una novela de más de mil páginas, 2666, que es publicada póstumamente.
Su muerte prematura, unido a los incuestionables méritos de su obra, convierten a Bolaño en un mito: es traducido a multitud de idiomas y muy leído entre los jóvenes. Su consagración en los siempre difíciles Estados Unidos es reciente. Cosas del márketing, el titular de un artículo lo presenta de esta manera: “¡Descubran al Kurt Cobain de la literatura latinoamericana!” En realidad, hay que matizar que la obra de Bolaño fue escrita años después de su juventud digamos tumultuosa y que Roberto era, ante todo, un padre de familia alejado de cualquier escándalo. Otros libros se han publicado tras su muerte: El secreto del mal, La universidad desconocida, El Tercer Reich… Y se comenta que aún quedan otras dos novelas por publicarse: Diorama y Los sinsabores del verdadero policía o Asesinos de Sonora. Hay Bolaño para rato.

25 de septiembre de 2010

Explosions in the sky


Explosions in the sky es un grupo instrumental de post-rock procedente de Texas. Debutaron el año 2000 con How strange, innocence, y han editado cuatro discos hasta la fecha. Se espera que en 2011 aparezca el siguiente. Sus temas suelen ser bastante largos, pero por lo general merece la pena escucharlos. Para los que no somos muy entendidos, hay que decir que el post-rock es un término que se empezó a utilizar a mediados de los noventa. Algunas bandas que practican este tipo de música son Mogwai, A silver mt. zion o la islandesa Sigur Rós. Se trata en la mayoría de formaciones de música meramente instrumental. A pesar de todo, Munaf Rayani, uno de los guitarristas de Explosions in the sky, dijo en una entrevista que ellos no hacían música post-rock, sino rock a secas. Hubo cierta polémica con este grupo relacionada con los atentados del 11-S. El segundo álbum de la banda contenía una imagen de un avión y la frase "este avión se estrellará mañana". Se creía que el disco había salido el 10 de septiembre de 2001, pero en realidad vio la luz en agosto y la portada estaba preparada desde un año antes.

15 de septiembre de 2010

Tu rostro mañana

“No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido.”
Así comienza Tu rostro mañana, la mastodóntica novela de Javier Marías que abarca tres volúmenes, casi 1600 páginas, y fue escrita a lo largo de ocho años.
El protagonista y narrador es Jacques o Jaime o Jacobo Deza (también protagonista de Todas las almas) que se ha mudado a Londres tras su divorcio. Allí, en una cena, será advertido de que posee un extraño don, y pasará a incorporarse a un grupo de espionaje. Su misión es ver lo que nadie alcanza a vislumbrar en el rostro de las personas, en sus gestos, en sus palabras, interpretar cómo serán sus rostros mañana, determinar si son o no capaces, dadas las circunstancias, de matar a alguien, por ejemplo, o de traicionar a un amigo, o si se venderían por dinero. Se trata de una tarea muy sutil, la de interpretar sus rostros, deducir sus intenciones:
“¿Cómo puedo no conocer hoy tu rostro mañana, el que ya está o se fragua bajo la cara que enseñas o bajo la careta que llevas, y que me mostrarás tan sólo cuando no lo espere?” Por cierto, he descubierto una página donde se puede leer la interpretación de personajes tan conocidos como Berlusconi o Diana de Gales. Dejo por aquí el enlace: http://www.javiermarias.es/TUROSTROMANANA/EPS.html
Este rasgo, que sea una novela de espías, puede inducir a pensar que estamos ante un thriller trepidante, pero nada más lejos de la realidad. Tu rostro mañana es una novela lenta, y no decimos que eso sea algo negativo. Ocurren pocas cosas a lo largo de sus páginas, y la mayor parte la constituyen largas conversaciones entre los personajes, con digresiones, paréntesis… Digamos que la reflexión predomina sobre la acción. Hay opiniones sobre temas trascendentales como el tiempo o la muerte.
El estilo está hecho a base de frases largas, que se ramifican, aunque Marías no es tan barroco como Menéndez Salmón (puede que haya que releer alguna frase, pero eso no es lo normal). Se diría en cambio que la prosa es fluida y que en raras ocasiones se atranca uno leyendo, Marías te introduce en una especie de río que tiene por supuesto sus meandros y sus saltos pero que te arrastra.
Como curiosidad, los tres volúmenes comienzan con una frase negativa (es algo habitual en los libros del autor).
La calidad de la prosa es algo que no se le puede negar a Marías. El vocabulario es rico, las reflexiones profundas… La novela tiene muchos momentos de altura, aunque leerla sea un placer de los que se saborean con lentitud. Hay que decir que entre la crítica especializada todo son halagos para este libro: que si es la obra cumbre del autor, que si Marías merece el Premio Nobel… Puede leerse de todo. Ahora bien, si leemos opiniones de lectores ya podemos encontrar algunas críticas. La fundamental es la de su lentitud, pero, como decíamos, más que una crítica es una característica del libro. Está plagado de reflexiones, Marías no pierde la ocasión de demorarse en cualquier detalle y se recrea en sus aciertos expresivos repitiéndolos varias veces.
En mi opinión donde flojea un poco la novela es en el segundo volumen. Me dio la impresión de que las reflexiones eran menos pertinentes, algunas bastante pesadas, reiterativas, y el episodio de la noche en la discoteca me pareció inflado en exceso y carente, salvo al principio, de mucho interés. Por todo ello, el segundo libro me pareció algo menos sólido que el primero.
El tercero, por otra parte, arranca de forma magistral, a la altura de los mejores momentos de la novela. Hay un momento de tensión interesante: Deza tiene que interpretar a un tipo, y su compañera, cuyo padre debe dinero a ese hombre, le pide que mienta en un rasgo muy concreto para favorecer a su padre, en concreto acerca de su cobardía.
Pero no me extiendo más. Para mí ha sido un placer leer este libro, aunque en algunas partes la lectura se ha tornado agridulce: humildemente opino que le sobran páginas. Pero creo que merece la pena, al menos leer el primer volumen (luego ya si uno alcanza la página doscientas y se queda frío pues a otra cosa, por suerte existen distintos tipos de lectores).

8 de septiembre de 2010

Despertares concéntricos

Dos o tres sueños le avisaron de todo: soñaba que ella se había ido y cuando lo despertaba el dolor extendía sus brazos en la oscuridad y la encontraba dormida. Abrazándose a ella como para llevarla consigo a la inconsciencia o para que la cercanía le salvara del légamo de las pesadillas, volvía suavemente a dormirse, pero en los sueños otra vez estaba solo y la perdía. Con el tiempo aprendió a introducir en ellos astucias menores contra el infortunio. Aun dormido, pensaba: “Ahora me despertaré y la encontraré a mi lado”, y el solo esfuerzo de su voluntad lo rescataba del sufrimiento que estaba soñando. Volvió a soñar que ella se iba. Como un buceador que asciende para escapar de la asfixia emergió al previsto despertar en que ella estaba a su lado. Dio la luz: la vio dormida y algo extraña. Tardó un instante en darse cuenta de que había despertado a otro sueño. Como si recorriera habitaciones comunicadas por espejos ingresó entonces en el verdadero despertar. Descubrió sin sorpresa que esta vez sí estaba solo.

Antonio Muñoz Molina, Escrito en un instante.

5 de septiembre de 2010

Alicia en las ciudades (1974)

  • Línea argumental: Phil es un periodista que acaba de recorrer EE.UU. fotografiando y tomando notas para un artículo que no consigue terminar a tiempo, por lo que tiene que regresar a Alemania. En el aeropuerto encontrará a Lisa y a su hija Alicia, con la que establecerá una peculiar relación.
  • Una frase: "[Las fotografías] nunca muestran realmente lo que viste."
  • Valoración: 7
  • Comentario: película lenta, de silencios y estética de road movie en la que ocurren pocas cosas. Al principio transmite cierta frialdad, por momentos me aburrió, se requiere paciencia para verla, pero al final le cogí cariño a los personajes, a su actitud algo tierna y despojada. Está interpretada con una naturalidad desbordante. Ciertas reflexiones que aparecen en la película la hacen interesante, pero, aunque ya sé que no es muy adecuado juzgar una película por las expectativas que uno tenía, esperaba algo más de esta película, siempre había oído hablar de ella desde algo cercano a la veneración.
  • Una escena: Phil y Alicia jugando en el avión al ahorcado.

1 de septiembre de 2010

Alicia en el país de las maravillas

A estas alturas, diréis, quién no conoce la historia de Alicia, al sombrerero loco, el gato de Cheshire, el conejo blanco… Pues reconozco que, antes de leer el libro, las únicas noticias que tenía de ella eran algunos recuerdos vagos de la película de dibujos animados.
Después de leerlo, decidí ver la película de Tim Burton antes de escribir esta entrada. No sé si mi opinión está condicionada por tener fresca la lectura, o si es más cabal a causa de eso, pero la película a mi parecer no recoge el verdadero espíritu del libro de Carroll, y tal vez ni siquiera se lo propone. Es difícil de creer cómo puede salir una película aburrida de un libro cargado de humor. Lo más salvable me pareció el personaje de la reina roja, interpretado por Elena Bonham Carter, pero, en líneas generales, me pareció una simplificación preparada para consumo masivo del público infantil.
Pero centrémonos en la obra original de Lewis Carroll. Alicia en el país de las maravillas (1865) es uno de esos ejemplos geniales que invalidan la frontera entre literatura infantil y literatura para adultos. Sólo al principio tuve la sensación de estar leyendo un cuento para niños, aunque sí que tiene todo el tiempo el sabor de los relatos transmitidos de forma oral.
Hay que tener en cuenta que la primera versión se titulaba Aventuras subterráneas de Alicia, que da una idea menos naif y más inquietante que el bucólico “país de las maravillas”. El autor lleva a Alicia por un viaje a través de ese mundo, no exento de ciertas dosis de absurdo y disparate. Se emplean muchos juegos de lenguaje. Un ejemplo que me hizo gracia tiene que ver con la palabra “cursillo”. La falsa tortuga dice que se llama así porque tiene diez horas el primer día, nueve el segundo, ocho el tercero, y así sucesivamente. Muchas veces el humor procede del choque entre los sentidos literal y figurado de lo que se dice, es decir, que el humor lo crea a veces el que los demás entiendan al pie de la letra las palabras de Alicia. Aunque los personajes son en su mayoría animales, aquí no hay ningún propósito didáctico subrayado, no hay una moraleja. A veces las bromas están cercanas al tipo de humor que se crea entre Don Quijote y Sancho en la obra de Cervantes.
Por otro lado, el personaje de Alicia está construido de forma compleja. Sus observaciones son razonadas y a veces se muestra inconformista, no es la típica niña tonta a la que nos tienen acostumbrados la mayoría de las películas, es curiosa (se pregunta por lo extraño de todo lo que ve tras caer por la madriguera), ingeniosa y llena de sensatez. En la película de Tim Burton, en cambio, Alicia parece paradójicamente menos adulta, y digo paradójicamente porque es ya toda una adolescente, mientras que en el libro tiene apenas siete años.
Por lo demás, el libro ha sido objeto de interpretaciones “adultas” que lo asimilan a las ideas del existencialismo, señalan la importancia de la filosofía lógica o lo emparentan con la obra posterior de Franz Kafka (por las “metamorfosis” que sufren tanto Alicia como el bebé que estornuda).
Pero para mí es difícil transmitir en una reseña todo el humor y los juegos de lenguaje que jalonan la obra de Lewis Carroll: sólo puedo añadir que hay que leerlo.

Los cambios de tamaño de Alicia dieron lugar a esta famosa canción sobre los efectos de las drogas.

18 de agosto de 2010

Un enigma de la oftalmología

Final para un poema asonantado sobre la situación del poeta en la sociedad moderna. Se titulará «Un enigma de la oftalmología»; empezará exponiendo, en tono entre científico, patético y jocoso, cómo los globos oculares de las rubias, por razones que escapan a la ciencia, tienen una extraña incapacidad para percibir la imagen de los poetas; continuará invitando al colega incrédulo a verificarlo empíricamente por sí mismo y acabará como sigue

Comprobarás, hermano, de inmediato
que ella verá la silla, la lámpara, la puerta;
verá sin duda alguna al bosquimano
con yate que se encuentra a tu derecha,
y hasta verá al político cretino
(valga la redundancia) que se sienta
—atención al detalle— exactamente
detrás de ti (¡oh rara transparencia!).
En resumen: verá todas las cosas
visibles, y no digo que no vea
incluso algunas invisibles, pero
lo que es de ti, ni la menor idea.

Tan negro es el camino
que este mundo destina a los poetas.

Miguel d'Ors, La imagen de su cara.

12 de agosto de 2010

Carlota Fainberg


Como el libro que pretende reseñar, esta entrada será corta.
Empezaremos contando algo del argumento. Marcelo y Claudio son dos españoles (con pocas cosas en común) cuyos caminos se cruzan esperando un vuelo en un aeropuerto estadounidense. Marcelo es un empresario extrovertido que pronto le cuenta a Claudio, profesor universitario de literatura, la historia que le ocurrió en un hotel de Buenos Aires, ciudad a la que Claudio se desplaza. Sabemos así, mientras cae una tormenta de nieve que impide la salida de cualquier avión, de la existencia de una bonaerense despampanante, Carlota Fainberg, y de la historia de amor entre Marcelo y ella. El relato, en palabras de Claudio, es una “suma de los lugares comunes más tristes del palurdo donjuanismo español”. El encuentro entre Carlota y Marcelo es el sueño de cualquier mente masculina convencional. Cuando el temporal amaina, Claudio puede viajar a Buenos Aires y pasarse por el hotel de la historia de Marcelo, donde comprenderá qué hay de real en la historia que le han contado.
El conjunto está narrado con la cadencia a la que nos tiene acostumbrados Muñoz Molina, con su prosa reposada y reflexiva, hilvanando con elaborado estilo una historia que en otras manos se quedaría en bien poca cosa. Con todo, no es éste de los libros más densos del autor. Leyendo Carlota Fainberg uno tiene la impresión de que la historia que cuenta Muñoz Molina no es argumentalmente muy compleja, que quizá se desinfla cuando debería resultar más interesante, hacia el final, pero siempre es un auténtico placer leer a este autor. Nos hace disfrutar con su gusto por el detalle y la precisión en el lenguaje, además de su sintaxis pulcra. Quizá sea Carlota Fainberg un buen libro para empezar a familiarizarse con Muñoz Molina.

11 de agosto de 2010

Coldplay-Parachutes

Título del álbum: Parachutes
Artista: Coldplay
Año de publicación: 2000
País: Reino Unido
Género: Alternativa/Pop/Rock

Títulos del disco: 01 Don't Panic, 02 Shiver, 03 Spies, 04 Sparks, 05 Yellow, 06 Trouble, 07 Parachutes, 08 High Speed, 09 We Never Change, 10 Everything's Not Lost.
Duración: unos 41 minutos.





5 de agosto de 2010

La ofensa


Este libro me ha despertado sensaciones contradictorias. A ratos me ha gustado mucho, pero en otros momentos me ha llegado a desesperar. A lo largo de esta reseña intentaré explicar por qué.
La historia que cuenta es la de Kurt Crüwell, un joven sastre alemán que es llamado a filas en el momento en que estalla la II Guerra Mundial. Su novia es judía, así que, como comprenderéis, a ella le va algo peor. En el frente, ante una masacre que le toca presenciar, Kurt cae enfermo de forma extraña. Su cuerpo reacciona ante todo el horror dejando de sentir, así que queda insensibilizado. Esta afección del protagonista me recordó a la de El insensible de Andrew Miller. Hasta aquí la primera parte de las tres de que se compone el libro. En la segunda el narrador omnisciente pasa a contar la vida de Kurt en el hospital, y cómo conoce a una enfermera de la que se enamorará. Luego la acción da otro giro, pero quizás esté de más contarlo aquí. El caso es que, terminada la guerra, Kurt acaba en Londres como vigilante de un cementerio, y, por determinadas circunstancias tendrá que volver a revivir aquel suceso traumático que lo dejó insensibilizado.
Hasta aquí la historia que cuenta la novela, pero el quid de la cuestión radica en el estilo, en cómo está el libro escrito. Y está escrito en una prosa distanciada diría yo, objetiva, como de informe clínico. Al menos da esa sensación al principio. Llama la atención la longitud de algunas frases, por lo que a veces uno tiene que releer más de una. Es una sintaxis un poco barroca y, si bien el autor consigue hallazgos expresivos muy buenos, en ocasiones cae en cierta oscuridad. Por eso se me ocurre decir que la misma brillantez del libro se vuelve a ratos contra él. A veces resulta brillante y otras parece que infla demasiado las frases (o a lo mejor son limitaciones que uno tiene como lector). No cabe duda de que, a pesar de su extensión (unas ciento cuarenta páginas), escribir este libro requiere un gran esfuerzo.
Dejo algunos fragmentos y para terminar un ejemplo de frase enrevesada para que cada cual juzgue por sí mismo.
“Al fin y al cabo, hasta la más pedestre filosofía enseña que la vida se parece más a un cuadro de El Bosco que a un bucólico desayuno sobre la hierba.”
“…comprendió que el asombro, al fin y al cabo, es una categoría de lo cotidiano, y que sólo hay un dios, el azar, y que sólo existe una religión, la casualidad, y que cualquier otra interpretación de la vida y de sus accidentes no sólo está abocada al fracaso, sino que condena a la más absoluta ceguera.”
Y ahí va la frase o más bien una parte de la frase, porque entera ocupa una página del libro:
“Y si en la ira del Hauptsturmführer Löwitsch ante un calvario de piedra halló Kurt el milagro de una juventud implacable, en la negligencia del doctor Lasalle al permitir que sus enfermos fueran conducidos al campo de fútbol y ajusticiados allí mismo sin una sola palabra, casi sin dolor, bajo las ráfagas de ametralladora que sonaban igual que zapatos de claqué sobre un escenario, como si los soldados supieran que debían de morir de ese modo (sin suplicar) y los asesinos supieran que debían matar de ese otro (sin regodearse en la muerte), en esa sorda indiferencia de Lasalle, que entre el crepitar de los cuerpos talados continuaba hierático en el centro de la carnicería, con los brazos cruzados a la espalda, semejante a un funcionario que vigila a unos opositores durante la realización de un examen o a un profesor de anatomía que observa sin pestañear la vivisección de un hígado adulto,…”
¿Soy yo, o esta frase es perfecta para torturar al alumnado en un examen de análisis sintáctico?

27 de julio de 2010

Ni de Eva ni de Adán


Como Estupor y temblores, este es otro libro de autoficción de la belga Amélie Nothomb. Tras haber abandonado el país a los cinco, Amélie vuelve a Japón a los veintiuno, y decide que lo mejor para aprender japonés será dar clases de francés, así que pone un anuncio en el supermercado. La relación con su alumno, un año menor que ella, pronto acaba en el terreno amoroso. El libro se centra en los pormenores de esta relación, que transcurre sin apenas problemas. De paso se nos muestra el contraste entre la vida nipona y la occidental. La novela está plagada de referencias a la cultura y costumbres japonesas, que son en mi opinión las que hacen interesante el libro, más que la relación entre Rinri y Amélie.
Así, con una prosa clara, ágil y concisa, la belga nos cuenta un viaje a Hiroshima, la obligatoria ascensión al monte Fuji, que adquiere tintes espirituales, o retrata a los japoneses, como por otra parte es lógico, como gente honesta, que admira cuadros que a ella le parecen “hermosos e incomprensibles” o que llega a las siete si son citados a las siete y cuarto, al contrario del tópico español, según el cual sales de casa a las nueve menos cuarto porque has quedado a las ocho y media. También comenta la costumbre, aquí impensable, de dejar la cartera en la butaca del cine mientras uno va al baño. Ni que decir tiene que a la vuelta no falta una sola moneda.
Una novela entretenida, corta y de digestión rápida, escrita desde una fina ironía no exenta de ternura. La belga consigue crear cierta complicidad con el lector.

23 de julio de 2010

Otra persona

Cuando leyó en el periódico sobre la exposición de pintura, el admirador de Hopper se imaginó en una sala de museo, contemplando una de las gasolineras solitarias de los cuadros del neoyorquino. La ciudad de la exposición distaba 720 kilómetros de su pequeña localidad, de la que nunca se había alejado en un radio superior a 100 kilómetros. Pero esta vez viajaría. Y lo haría, además, en bicicleta. “Igual, cuando llegue allí, soy otra persona”, se animó.
Veinte días después, con la barba algo crecida, constató mientras tomaba café enfrente del museo lo que, desde días atrás, le oprimía la zona intercostal en forma de vago presentimiento: la aventura había cambiado su manera de mirar las cosas, de sentirse en el mundo. Era, si bien sutilmente, una persona distinta. Pero a esa nueva persona -esto último lo comprobó, algo consternado, mirando Hotel Room- Hopper ya no le decía nada.

2008.