30 de diciembre de 2015

Maestros Antiguos


Bernhard no es un escritor anticiclónico. Ni siquiera un escritor borrascoso. Lo del austríaco es más bien huracán furibundo. Parece que el ser una persona enfermiza casi toda su vida condicionó inequívocamente su carácter y su obra. En Maestros Antiguos (1985), el francotirador austríaco centra sus acometidas, aunque no de forma exclusiva, en el mundo del arte. A través de Reger, octogenario que lleva más de treinta años visitando un día sí y otro no el Kunsthistorisches Museum vienés, musicólogo y viudo para más señas, se sitúa, por ejemplo, contra la charlatanería y el diletantismo en el arte, en la filosofía, en la poesía. Tiene palabras contundentes para Mahler, para Heidegger, para Adalbert Stifter. Nos avisa de que si atendemos las obras de los maestros con verdadera intensidad, con una intensidad pulverizadora, como la que muestra él, se diría, a la hora de escribir, al final se revelan netamente defectuosas y en los momentos críticos de la vida nos dejan solos, ante el inconsolable Vacío. La contundencia, eso sí, la repetición obsesiva de palabras como "siempre", "nunca", "todo", "nada", "totalmente", "aborrecer", "repulsivo", esa atracción por los extremos, tal vez pueda achacarse que va en detrimento del matiz (como curiosidad, la primera palabra del libro es "no", y la última "espantosa"), pero una vez más Bernhard, ese no proclamado Duque del Hastío, se le antoja a uno autor al que habrá que seguir leyendo.

Más libros de Bernhard comentados en el blog:


El hombre de la barba blanca, de Tintoretto (Kunsthistorisches Museum, Viena)

24 de diciembre de 2015

Mantenerse prístinos


"He leído en un periódico, en una cafetería mientras esperaba a S., una entrevista con una antropóloga, que dice que lo importante es "mantenerse prístinos" y que hay "una filosofía baratísima sobre la polis". Y la verdad es que la filosofía sobre la polis me da igual que sea barata o cara, pero lo de "mantenerse prístinos" me intriga. ¿Querrá decir sin dar golpe? ¿Querrá decir mantenerse eternamente joven, de cuya posibilidad parece convencida mucha gente? ¿Querrá decir sin abrir un libro, y tal y como venimos al mundo?

Se lo leo a S. y tampoco da con el quid del asunto, pero luego, al final de bastante tiempo de charleta, cuando nos despedimos, dice muy serio: "¡Bueno! Lo importante es que nos mantengamos prístinos". Una señora cercana, que no parece ser del gremio intelectual, y sin duda lo ha oído, ha puesto una cara de absoluta sorpresa, y sabe Dios lo que luego irá contando de nosotros. Y así es como se adquieren reputaciones indebidas de sabios o de imbéciles. Peligrosas son las dos, hay que tener sumo cuidado." 

José Jiménez Lozano, Los cuadernos de Rembrandt (Pre-Textos, 2010).

19 de diciembre de 2015

Películas vistas en 2015

Fotograma de Frances Ha

*En azul una selección, que puede considerarse caprichosa, de las que he disfrutado más.

-Boyhood (2014), de Richard Linklater
-La vida de los otros (2006), de Florian Henckel von Donnersmarck
-Dos días, una noche -VOSE- (2014), de Jean-Pierre y Luc Dardenne
-Kes -VOSE- (1969), de Ken Loach
-Mi noche con Maud (1969), de Éric Rohmer
-Candilejas (1952), de Charles Chaplin
-Luces de la ciudad (1931), de Charles Chaplin
-Todos dicen I love you (1996), de Woody Allen
-Frances Ha -VOSE- (2012), de Noah Baumbach
-Desayuno con diamantes (1961), de Blake Edwards
-Bienvenido, Mr. Marshall (1953), de Luis García Berlanga
-Ocho apellidos vascos (2014), de Emilio Martínez-Lázaro
-Biutiful (2010), de Alejandro González Iñárritu
-Magical girl (2014), de Carlos Vermut
-Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (2014), de Alejandro González Iñárritu
-Secretos de un matrimonio (1973), de Ingmar Bergman
-Post tenebras lux (2012), de Carlos Reygadas
-El aura (2005), de Fabián Bielinsky
-Coherence (2013), de James Ward Byrkit
-American beauty (1999), de Sam Mendes
-El chico (1921), de Charles Chaplin
-Good Bye, Lenin! (2003), de Wolfgang Becker
-La desaparición de Eleanor Rigby (2014), de Ned Benson
-Madre e hijo -VOSE- (1997), de Alexandr Sokurov
-Nostalgia -VOSE- (1983), de Andrei Tarkovsky
-El silencio -VOSE- (1963), de Ingmar Bergman
-Black Mirror: Especial Blanca Navidad (2014)
-El sur (1983), de Víctor Erice
-Las horas del día (2003), de Jaime Rosales 

-La escopeta nacional (1974), de Luis García Berlanga
-Esta no es la vida privada de Javier Krahe (2006), de Ana Murugarren y Joaquín Trincado
-Batalla en el cielo (2005), de Carlos Reygadas
-Los goonies (1985), de Richard Donner
-Tenemos que hablar de Kevin (2011), de Lynne Ramsay
-La oveja Shaun (2015), de Richard Starzak y Mark Burton
-Kamchatka (2002), de Marcelo Piñeyro
-Los ilusos (2013), de Jonás Trueba
-Las bicicletas son para el verano (1983), de Jaime Chávarri
-Muerte de un ciclista (1955), de Juan Antonio Bardem
-Cómo sobrevivir a una despedida (2015), de Manuela Moreno
-Charlot, campeón de boxeo (1915), de Charles Chaplin
-Charlot, bombero (1916), de Charles Chaplin
-Machuca (2004), de Andrés Wood
-La tapadera -VOSE- (1976), de Martin Ritt
-Banda aparte (1964), de Jean-Luc Godard
-Los exiliados románticos (2015), de Jonás Trueba
-Septiembre (1987), de Woody Allen
-La comedia sexual de una noche de verano (1982), de Woody Allen
-Esplendor en la hierba (1961), de Elia Kazan
-Irrational man (2015), de Woody Allen
-Marty (1955), de Delbert Mann
-Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), de Pedro Almodóvar
-Loreak (2014), de José María Goenaga y Jon Garaño
-Una historia de Brooklyn (2005), de Noah Baumbach
-Conocerás al hombre de tus sueños (2010), de Woody Allen
-Charlot tramoyista de cine (1916), de Charles Chaplin
-La cumbre escarlata (2015), de Guillermo del Toro
-Primera plana (1974), de Billy Wilder
-Capturing the Friedmans -VOSE- (2003), de Andrew Jarecki
-Familia (1996), de Fernando León de Aranoa
-Alphaville (1965), de Jean-Luc Godard
-Bowling for Columbine (2002), de Michael Moore
-Aguas tranquilas -VOSE- (2014), de Naomi Kawase
-Tres días con la familia (2009), de Mar Coll
-La rosa púrpura del Cairo (1985), de Woody Allen
-Charlot, falso dentista (1914), de Charles Chaplin
-El largo día acaba -VOSE- (1992), de Terence Davies
-La ley del deseo (1987), de Pedro Almodóvar
-Necktie -VOSE- (2013), de Yorgos Lanthimos
-El puente de los espías (2015), de Steven Spielberg
-El desencanto (1976), de Jaime Chávarri



Fotograma de Esplendor en la hierba

9 de diciembre de 2015

Vivir de la literatura

´


Yo vivo de la literatura. En esos términos valdría responder a quienes me preguntan si sueño con vivir, en un futuro, de ella. Seamos serios, ya lo hago. Peco de poco pragmático al obviar la cuestión pecuniaria, pero llevo años nutriéndome a su costa, escapando de hastíos por puentes levadizos, cicatrizando heridas con secreciones verbales, asimilando mundo. Me dio una vez, que diría Vallejo, con la viveza de sus ojos en toda mi muerte. Y hasta hoy.

© Jesús Artacho, 2015.

Tulsa - La calma chicha


Título del álbum: La calma chicha
Autor: Tulsa
Año: 2015
Nacionalidad: España
Género: Folk rock, pop-rock indie.
Títulos del álbum: 01 Leña, 02 Oda al amor efímero, 03 Gente común, 04 Casa, 05 Los amantes del puente, 06 Bosque, 07 En tu corazón sólo hay sitio en los suburbios, 08 Ay, 09 Los ilusos.
Duración: unos 33 minutos.







23 de noviembre de 2015

El nombre exacto de las cosas

Vasili Kandinsky, Yellow, Red, Blue (1925).


"¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
...Que mi palabra sea
la cosa misma
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo
y suyo, y mío, de las cosas!"


Juan Ramón Jiménez, Eternidades (1918).

16 de noviembre de 2015

Intuidos privilegios



Llega a mis oídos, ignoro si de forma fidedigna, la historia de una chica que, buscando para una boda un top, a juego con el color del vestido, tras no encontrarlo por ningún sitio da en entrar a un bazar chino. Allí, tal vez porque no existe cosa que estos establecimientos no tengan, lo adquiere antes de que la acucia previa al evento descuelle en histeria.

El caso es que durante el banquete comienza a notar un leve picor en el pecho, que aumenta hasta hacerse insoportable y desemboca en visita a urgencias. Se dice que el médico, nada más verla, le pregunta a bocajarro si ha comprado la prenda en un chino. La chica, algo turbada ante esa clarividencia, contesta que sí. Tiene enrojecido parte del pecho y el abdomen, y el facultativo le augura que esa irritación de la epidermis evolucionará a peor. El pronóstico se cumple, y poco después a la afectada se le levantan ampollas en la piel. 

Llegado este punto, decide emprender acciones legales y pone una denuncia a la tienda que le vendió la prenda. Pese a la evidencia, su reclamación no prospera, el asunto queda en nada y no consigue reparación alguna. Las ampollas le han dejado secuelas en la piel, unas marcas que le afean el torso y hasta el día de hoy la siguen acomplejando a la hora de, por ejemplo, ponerse un biquini en verano.

Aquí termina la historia, del modo en que a uno se le ha permitido conocerla. A menudo entra en juego en casos como este, ignoro si fomentada por dosis de racismo o xenofobia, la suspicacia ante intuidos privilegios para los comerciantes chinos. Al pequeño autónomo, que ve cómo Sanidad, Trabajo o Hacienda no dejan de inspeccionarle y exigirle, le produce una estupefacción sin límite escuchar cómo casos de este tipo quedan archivados sin sanción o penalización alguna.

9 de noviembre de 2015

Alphaville


Vuelvo a compartir mi entusiasmo por una película, aun a sabiendas de que no es para todos los públicos y de que uno vuelve a ser, una vez más, franca minoría. Se trata de Alphaville (1965), que junto con Banda aparte (1964) ha supuesto que se consolide mi admiración hacia Jean-Luc Godard, figura viviente (con ochenta y cinco años) del séptimo arte.

El cineasta francés ofrece en esta ocasión una distopía futurista de tipo político-filosófico (véanse obras como 1984, Fahrenheit 451, Dark City, Un mundo feliz, Kallocaína, Nosotros de Yevgueni Zamiatin o algunos episodios de Black Mirror), cine de género (además de la ciencia ficción -o ficción científica- se aprecia la influencia del cine negro) con sello de autor

Por dar unas notas del argumento, el visitante de Alphaville Lemmy Caution, un espía que se presenta como periodista, llega a una ciudad donde todo el mundo parece caminar triste o, si nos ponemos un poco lorquianos y extremosos, donde todos "vacilan insomnes como recién salidos de un naufragio de sangre". Allí conoce a Natascha, de la que se enamora pese a sus modales un tanto robóticos. En la ciudad, regida por la computadora Alpha 60, a cargo del profesor Von Braun, son frecuentes las ejecuciones, la libertad y el espíritu crítico han sido anulados y los poderes han decidido suprimir palabras como "conciencia" o "amor", que los habitantes de Alphaville ya han olvidado.



La cinta, ganadora del Oso de Oro en Berlín, posee una gran belleza en muchos de sus fotogramas (fantástica, en este caso, la fotografía en blanco y negro a cargo de Raoul Coutard) y su manera de salirse de lo convencional resulta muy seductora. Destacables las interpretaciones de Eddie Constantine y Anna Karina, casada con Godard por entonces. El guión también contiene varios pasajes memorables, entre hondos, vitales y poéticos.



En las respuestas que se escuchan en el vídeo anterior, por ejemplo, ve uno la huella de -o el homenaje a- Pascal, al hablar del silencio de los espacios infinitos en el cosmos. Como pequeña pega, en un momento dado un personaje usa "años luz" como medida de tiempo, siéndolo de distancia. El futurismo al que antes nos referíamos no se manifiesta en el escenario, y la vestimenta, los vehículos, etc., son los de la época (no aparecen cohetes o naves espaciales, llegando al extremo de que a la ciudad, situada en otra galaxia, se entra y se sale en coche). Un crítico habló de "ciencia ficción sin efectos especiales".

Eddie Constantine, al parecer, había interpretado antes de esta película a Lemmy Caution, personaje popular creado por el escritor inglés Peter Cheyney, en varias películas de serie B. Haciendo gala de esa capacidad de reciclaje de materiales provenientes de distintos géneros, como ya hiciera en Banda aparte con el policial, Godard retoma el personaje -y al actor- y lo sitúa en un futuro distópico en Alphaville. Se cuenta que, en algún momento, el cineasta pensó en titular la película Tarzán vs IBM. En España, suavizando lo anterior, creo que se tradujo como Lemmy contra Alphaville.

Una propuesta, en definitiva, magnética, lúcida y reveladora de un talento y una personalidad artística de gran calado, que deja con ganas de seguir incursionando en el cine de Jean-Luc Godard, así como en el de otros directores de la nouvelle vague en general.

27 de octubre de 2015

Los insignes


El mostoleño David Pérez Vega, a quien no pocos descubrimos por su blog literario, Desde la ciudad sin cines, salta de archipiélago, sin abandonar la insularidad editorial, y pasa de la tinerfeña Baile del Sol, donde habían aparecido sus cuatro libros anteriores, a la mallorquina Sloper, que hará poco menos de un mes ha publicado su última novela, Los insignes. Agradezco al autor el detalle de enviarme la novela, que he podido ya leer no sin entusiasmo.

El libro se anuncia como parodia del mundillo poético de una gran ciudad española, pongamos que hablamos de Madrid. Tiene una estructura más bien epistolar, y concretamente reproduce las conversaciones por Skype (el monólogo, valdría decir) entre un poeta español y -sorpresa- Kim Jong-un, el Líder Supremo de Corea del Norte, al que descubrimos también poeta y deseoso de mejorar su español. Aquí el lector debe hacer un pequeño acto de fe, pues la vídeo-conferencia, pese a su componente oral, aparece, como por otra parte sea razonable, siguiendo los códigos y convenciones del registro escrito. Como decíamos, al que siempre leemos es al personaje español, mientras que Kim Jong-un ejerce de respetuoso oyente que sólo por momentos abandona la mudez. La aparición del líder norcoreano puede actuar, según el tipo de lector, como un arma de doble filo, y si bien puede atraer lectores y sazonar el conjunto de forma muy apropiada, al colisionar con nuestro horizonte de expectativas, también se puede pensar que con su presencia la verosimilitud pierde algunos enteros (dentro de la excentricidad, por cierto, no deja de tener cierto sentido, pues cuentan que una de las personas de confianza del líder de la hermética república, Alejandro Cao de Benós, es español).

Hechas estas puntualizaciones, en mi caso no he podido sino disfrutar con esta novela que encuentro de estirpe bolañana, por espíritu lúdico, giros verbales, chispa, inteligencia, vértigo y dosis de delicioso disparate. Por riqueza referencial y buen hacer, se nota que el autor, a diferencia de algo que critica, la figura del aspirante a poeta que apenas se preocupa por leer o conocer los rudimentos del oficio, es un gran lector. 

Novela hilarante, en Los insignes se desenmascaran vicios de la poesía (en algunos casos extensibles a la literatura en general), tanto en lo que atañe a autores como a editores. Se critica con gracia, por ejemplo, el exceso sentimentalista, el aplauso amiguetil y acrítico en el que a veces se cae, los egos desmedidos o ciertas poses (el mundo de los blogs y las redes sociales, como no podía ser de otra manera, está muy presente). Se denuncian de forma pormenorizada las corruptelas en el apartado de premios, becas, subvenciones o el comportamiento de ciertas editoriales. El protagonista de esta sátira, un escritor e inspector de Hacienda calvo y bajito, que pretende hacerse un hueco en el mundo literario, peca en ocasiones de ingenuidad y de un deseo desesperado de reconocimiento, pero su punto de vista es generalmente honesto. 

Se atisba que Pérez Vega ha ficcionado pero también ha sabido utilizar de forma acertada su experiencia como bloguero y como escritor. "Me di cuenta de la ridiculez de sufrir por la literatura", declara en una entrevista reciente, haciendo gala de una sana distancia a la que a no todo autor en ciernes parece capaz de llegar, y es que, como decía el otro, los malos escritores (o los que, en general, se afanan por ganar respetabilidad, por alcanzar la gloria) sufren como ratas de laboratorio.

No todo es literatura y humor en el libro, y de forma transversal se hace referencia a la coyuntura político-social del país (la especulación inmobiliaria, el 15-M...). Móstoles, como viene siendo habitual, también está muy presente, y de hecho el protagonista es oriundo de esta "ciudad dormitorio" o "suburbio", según se la califica en el libro, algo que, según comenta el autor en facebook, fue la única pega -curioso- que su madre le puso al libro, que llamara a Móstoles suburbio, que no siéndolo lo llamara así para romantizarlo

Como pequeña crítica, en una edición por lo demás muy pulcra y un texto expedito de erratas, creo que se les ha colado una en la contraportada. Se lee: "Si todos los poetas de España, los que lo son y los que se lo creen, compran este libro, será un súper ventas histórico". Me sonó raro ese "súper" y me fui al diccionario, donde leí que acentuado, "súper" es siempre acortamiento de "supermercado", de ahí que la tilde no venga al caso.

Valoración: 4/5   

9 de septiembre de 2015

Carta a una amiga

Fotografía de Kimber Morris


"Como Rubén lo hizo, quiero yo, buena amiga,
escribirte una carta y relatar la intriga
de mi vida, entre bromas y versos repentinos.
A los dos nos separan diferentes caminos
y mientras tú disfrutas viajando, yo me siento
a esperar que se pase mi propio aburrimiento,
y en Jerez, que es el pueblo donde nací y trabajo, 
malvivo, duermo poco, bebo y fumo a destajo
para olvidar qué aprisa pasa el tiempo. Yo, al menos,
cada vez pienso más, cada vez siento menos,
y con los años nada parece ser que era
tal como yo lo quise cuando mi edad primera.

No quiero, sin embargo, que pienses que de nuevo
oigo las mismas notas sombrías. Ya me atrevo
a salir más allá de estas cuatro paredes
donde estuve tres años enredado en las redes
del alma -las que ataron a Samsa y Segismundo-,
herido en la conciencia, ahogado en su profundo
fondo de mar. Y a flote salí, que el tiempo cura
la ansiedad, la desgana, el miedo y la locura.
Y ya que nada tiene respuesta, no pregunto.
Al fin todo pasó. Y ahora paso a otro asunto.

Aquí, por otra parte, ya es otoño. Se mudan
de piso unos amigos. Hace frío. Desnudan
los árboles sus hojas de oro viejo, y si llueve
huele a campo y a infancia. Ya la tarde es más breve,
y más larga la noche. En los graves jardines
del parque, en la estación de trenes, en los cines,
dentro de mí yo siento que algo raro me aprieta
el corazón y busco, detrás de la careta,
el rostro y, tras el rostro de arcilla ensimismada,
una certeza, un sueño, algo que sé que es nada.
(...)
Trabajo, como siempre, entre estos periodistas
de ahora: analfabetos, soberbios, fatalistas;
dispongo, ordeno, anoto hasta la madrugada.
Y escribo. Mientras tanto pretendo no hacer nada:
vivir sin hacer nada, que es para lo que valgo
y es para mí la única manera de hacer algo.
¿Dónde están -me pregunto- esas noches salvajes
de ayer?
               No salgo fuera, ni quiero hacer viajes,
no porque aquí esté bien, sino porque, cansado,
aquí me encuentro igual de mal que en otro lado.
En fin, que vivo aparte y oculto, de manera
que parece que vivo como si no existiera.
(...)
Y con esto ya acabo. 
                                  Mis mejores deseos
te mando. Ya te dice adiós José Mateos,
que hoy, catorce de octubre, da fin a este poema:
cada uno en su casa, cada loco en su tema."

José Mateos, Reunión (La Veleta, 2006). 

29 de agosto de 2015

Parecidos razonables (II)

Fotografía de Salih Cengiz

1

Escribe Fernando Pessoa:
"Más de una vez, al pasear lentamente por las calles vespertinas, me ha golpeado el alma, con una violencia súbita y aturdidora, la extrañísima presencia de las cosas. No son exactamente las cosas naturales las que de ese modo me afectan y las que de manera tan poderosa me producen esa sensación: son más bien las distribuciones de las calles, los letreros, las personas vestidas y charlando, los empleos, los periódicos, la inteligencia de todo eso."
En Libro del desasosiego (escrito entre 1913 y 1935, año del fallecimiento del autor, y publicado en 1982), traducción de Perfecto E. Cuadrado (Acantilado, 2002).

Escribe Enrique Vila-Matas:
"Conmoción esta mañana al salir a la calle y reparar de golpe en la extrañísima presencia de las cosas. Me he sentido tan atónito como completamente superado al observar la geométrica distribución de las calles, los letreros que indican la cercanía del parque Güell, las personas vestidas y charlando, el vendedor de lotería, la risa del paquistaní en la puerta del supermercado, la vendedora de flores de la Travessera, la inteligencia de todo eso.
El barrio es un prodigio más de la relojería universal, y uno ha de ser muy estúpido para negar la inteligencia y ficción de las cosas que lo recorre. He caminado por las calles como si fuera un recién llegado y he admirado la perfecta distribución de semáforos y letreros, la asombrosa realidad de la inteligencia cotidiana".
En Dietario voluble (Anagrama, 2008).

2

(Descubierto a través de Jesús Montiel, cuyo blog puede visitarse aquí)

"El corazón, si pudiese pensar, se detendría."
Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.

"El corazón, si pudiera pensar, se pararía."
Andrés Trapiello, El tejado de vidrio (Pre-Textos, 1994).

En capítulos anteriores:
Parecidos razonables

27 de agosto de 2015

Bob Dylan - Desire


-Título del álbum: Desire.
-Autor: Bob Dylan.
-Nacionalidad: Estados Unidos.
-Año de publicación: 1976.
-Género: Folk rock, rock.
-Títulos del álbum: 01 Hurricane, 02 Isis, 03 Mozambique, 04 One More Cup of Coffee, 05 Oh, Sister, 06 Joey, 07 Romance in Durango, 08 Black Diamond Bay, 09 Sara.
-Duración: unos 56 minutos.  





10 de agosto de 2015

Emocionada gratitud

Gone Astray, de Cheryl Tarrant

Tras fregar el coche en la huerta, al atardecer, con la manguera, mientras Luna y Rambo merodean, regreso a casa caminando solo. Ya es casi de noche. En el silencio, las hojas de un árbol bastante alto vibran con el viento. Durante siete segundos las miro sin dejar de caminar, me dejo empapar por una oleada de ternura, pienso en un plano de una de esas películas contemplativas, de fotografía exquisita, sin apenas acción, en las que se oyen sonidos de la naturaleza y la vida cotidiana. 
Poco más allá, los setos aún incipientes permiten ver una casita de campo en cuyo porche, a la luz vaporosa de unas bombillas de sodio, se reúnen en familia tres generaciones. Me acuerdo, al ver ese halo amarillo, destacando ya en la casi oscuridad, del poema de Iribarren que abre Las luces interiores. La temperatura es ideal y, entre esta sencillez, me pilla desprevenido, mientras la gravilla resuena con la percusión de mis pasos, una súbita sensación de bienestar, una emocionada gratitud.
Es el mundo, me digo glosando aquel poema, y aunque ahora, aquí, en este momento y en esta piel, parezca así de bello, también puede resultar un lugar horroroso.
Sigo mi camino solitario de vuelta a casa. Lo anterior no me fastidia el momento lo más mínimo. 
Unas rabiosas ganas de vivir me asaltan de pronto.

© Jesús Artacho, 2015.

18 de julio de 2015

En el bar

Fotografía de Kyle Szegedi

   A media mañana, pedí una tostada con tomate y un café con leche antes de seguir con la jornada. Mientras daba buena cuenta de ello, escuché la escena que tenía lugar en aquel mismo momento en el bar. Un hombre trataba de convencer a otro de que los inmigrantes negros eran lo peor. Subrayaba el tono despreciativo con alguna que otra mueca y aspaviento.

   El caso es que el sujeto en cuestión era también inmigrante, pero europeo, del centro o del este. Su acento así lo evidenciaba. El oyente, que debía rondar los cincuenta años y me daba la espalda, a unos dos metros, sí era autóctono, y escuchaba en silencio la invectiva, que apestaba desde mi perspectiva a rastrero intento de forjar una camaradería sustentada, como tantas otras, en el odio hacia un enemigo común. Todo apuntaba a que no se conocían, a que jamás habían hablado antes de coincidir en aquella barra de bar a aquellas horas de la mañana. El emigrante, bastante más joven, no paraba de apelar, de forma soterrada, o en realidad no tanto, al racismo del otro para confraternizar. 

   Al español le debió sonar aquello a barato engatusamiento, pues zanjó el tema con un firme, pero sereno: 

   -Si vienen a ganarse honradamente el pan, ningún problema con ellos, ni contigo, ni con nadie.

© Jesús Artacho, 2015.

9 de julio de 2015

El cielo


EL CIELO

"Colegas queridísimos, estetas defensores
del pájaro y la rosa y el mundo está bien hecho
etcétera, y cantemos el cielo en primavera,
porque es azul y estalla de gracia y poesía,
amigos y enemigos, es cierto, estáis sobrados
de sólidas razones. Seguir vuestro camino
acaso lograría salvarme de estas cosas.
De tantos anatemas comiéndose mis versos.
Pensándolo, es loable. El cielo azul tan lindo.
El cielo bondadoso de Dios y de sus ángeles.
Precioso. Pero amigos, decidme, por los clavos
de Cristo, por los clavos del hombre, ¿estáis seguros?
¿Creéis que un bello cielo nos cubre todavía?
¿Aún brilla luminoso sobre el cieno?
¿Y sigue siendo azul sobre la sangre?
Yo, así, lo cantaría con toda unción. Palabra.
Con versos bien rimados, para dormir tranquila
sabiendo que tenía mi puesto asegurado
en las Antologías del Arte más conspicuo.
Pero es casi imposible. Pues yo no veo el cielo.
No acierto a verlo, hermanos, desde hace largas fechas.
Desde hace mucho llanto me falta de los ojos.
Porque no puede verse vuestro cielo perfecto
desde un mundo entoldado con las nubes más hoscas.
Y no puede mirarse con la espalda doblada.
Ni se goza su lumbre con la nuca partida.
No puede verse el cielo con el pecho quemado
en la boca del horno,
ni se ven sus fulgores con los párpados sucios
del sudor más espeso,
ni su luz nos alcanza tanteando en las simas
de las cuencas mineras,
ni podemos mirarlo retirando las redes
con la sal en los ojos.
No es posible encontrarlo a través de la efigie
coronada de gloria del tirado sangriento,
ni se encuentra en las togas de los negros fiscales
ni en el frío destello de los sables de gala
en los bellos desfiles,
ni durmiendo en la iglesia mientras suenan las preces
por los fieles difuntos.

No se llega hasta el cielo desde tantas prisiones,
desde tantos cuarteles con sargentos y piojos,
desde tantas escuelas con los bancos helados,
desde tantos lugares con letreros que dicen:
se prohíbe la entrada.

No puede verse el cielo desde el fondo del cáncer,
desde el fondo más hondo del infierno más negro,
desde el fondo de todos los que están en el fondo,
los que son tierra sucia que pisáis sin mirarla
cuando vais extasiados por las líricas nubes."

Ángela Figuera Aymerich (1902-1984).

28 de junio de 2015

A solas



"A solas soy alguien.
En la calle, nadie.

A solas medito,
siento que me crezco.
Le hablo a Dios. Responde
cóncavo el silencio.
Pero aguanta siempre,
firme frente al hueco,
este su seguro
servidor sin miedo.

A solas soy alguien,
valgo lo que valgo.
En la calle, nadie
vale lo que vale.

En la calle reinan
timbres, truenos, trenes
de anuncios y focos,
de absurdos papeles.
Pasan gabardinas
pasan hombres "ene".
Todos son hombres como uno,
pobres diablos: gente.

En la calle, nadie
vale lo que vale,
pero a solas, todos
resultamos alguien.

A solas existo,
a solas me siento,
a solas parezco
rico de secretos.
En la calle, todos
me hacen más pequeño
y al sumarme a ellos,
la suma da cero.

A solas soy alguien,
valgo lo que valgo.
En la calle, nadie
vale lo que vale.

A solas soy alguien,
entiendo a los otros.
Lo que existe fuera,
dentro de mi doblo.
En la calle, todos
nos sentimos solos,
nos sentimos nadie,
nos sentimos locos.

A solas soy alguien.
En la calle, nadie."

Gabriel Celaya (1911-1991).

19 de junio de 2015

El tejado de vidrio



Vuelvo a adentrarme en el Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello, serie diarística de la que ya me considero seguidor, y en este caso en el tercer volumen de los dieciocho hasta la fecha publicados, que voy leyendo con gran desorden. Se trata de El tejado de vidrio, que vio la luz por primera vez en 1994 y cuya escritura corresponde al año 1989.

Aunque no coincida con la totalidad de las opiniones del autor, el Salón se ha convertido en un valor seguro cuando busco una lectura sustanciosa y placentera. Con innegable oficio, el escritor leonés vierte observaciones cotidianas sobre personas con las que se cruza, enriquecidas con referencias culturales o por la agudeza de la propia mirada. Retazos de vida que a muchos pasan desapercibidos pero que merecen la pena ser compartidos y rescatados, aunque sea por un tiempo, de la guillotina implacable del olvido.

En cuanto a los ingredientes, encontramos elementos recurrentes y otros nuevos, según lo que va dando el día: visitas a imprentas, al Rastro y la Cuesta de Moyano, un viaje a Nueva York, escenas familiares, vivencias del día a día o de la vida literaria contadas entre comentarios afilados, comentarios sobre arte, clásicos revisitados o reflexiones a partir de noticias de prensa o sobre la vida en general o la propia tarea del escritor de diarios:

"Cuando se anotan con cierta regularidad los sucesos de cada día y al cabo de unos meses se hace arqueo, somos nosotros los primeros en sorprender que ése que ha escrito el diario parece haber vivido mucho más que uno mismo. [....] Se vive más cuanto más se recuerda."

En la nómina de aludidos, encontramos en esta ocasión a Pessoa, Pavese, la Pasionaria, Ramón Gaya o Pío Baroja, entre otros personajes con menos nombre. Como curiosidad, en este volumen tenemos noticia de sucesivos rechazos editoriales a El gato encerrado, primer tomo del Salón, que con el tiempo, no obstante, se ha venido considerando uno de los grandes proyectos literarios actuales.

En definitiva, un libro para pensar, para reír, para sentir, para aguzar nuestra mirada sobre las cosas. Un libro para disfrutar.

Valoración: 4/5

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8 de junio de 2015

La muerte del padre


"La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede." Con esta frase comienza Karl Ove Knausgård (1968) La muerte del padre (Anagrama, 2012), primer volumen de los seis que componen Mi lucha (sí, como el libro de Hitler), proyecto ambicioso, de carácter autobiográfico, ya publicado al completo en Noruega y del que acaba de aparecer en España el tercer tomo.

El libro, que se lee de forma fluida, me parece bastante interesante. No obstante, le encuentro un gran pero: ciertos pasajes parecen alargados hasta el hartazgo, estirados como chicle mascado, con lo que se cae en escenas y diálogos superfluos que por momentos condenan la obra a los sótanos de la intrascendencia.

Comienza el volumen con unas consideraciones sobre la muerte en las supuestamente desarrolladas sociedades europeas, anticipando el nudo central del libro, la muerte y los preparativos del entierro del padre del escritor. A lo largo del volumen, entre estos pasajes estirados (acerca de un episodio de la infancia, del despertar sexual del autor, de sus inquietudes literarias y musicales en la adolescencia y alguna que otra fiesta de Nochevieja, etc.), también encontramos observaciones sobre la paternidad, el arte contemporáneo, la relación con su hermano... Pero el conjunto resulta tan diluido como un café al que el camarero nos hubiera echado un buen chorro de agua, como un sesenta por ciento de agua. Y a nosotros, claro, nos gusta el sabor del café, sin adulteraciones, sin garrafón. Quizá exagero.

Y digo que quizá exagero porque durante parte de la novela, ya digo, he disfrutado de forma moderada de la lectura, pero le encuentro el inconveniente de que la paja casi supere al grano. El estilo, por otra parte, es bastante natural, sin excesivos hallazgos ni alambicamientos. Destaca el aliento vital y el tono reflexivo por encima de la retórica.

En cuanto a la traducción, algunos fallos de puntuación (ausencia del punto y coma donde correspondería, por ejemplo) me han llamado la atención. No sé si pensar en cierta precipitación por cuestiones de plazos y prisas, aunque seguramente sería aventurar demasiado. No obstante, se trata de detalles más bien puntuales.

La vocación literaria de Knausgård parece fuera de toda duda (a este respecto viene a declarar que la ambición de escribir "algo grande" es lo que ha dado sentido a su vida y lo ha mantenido en anda), pero eso, ay, no nos garantiza (aquí me incluyo en calidad de autor aficionado) unos resultados brillantes. Con todo, el autor se expone de forma valiente y parece que honesta. Supongo que seguiré leyendo el siguiente volumen, en el que tal vez, me da por pensar, se depuren las goteras que le encuentro a este, pero lo sacaré de la biblioteca o esperaré a que aparezca en edición de bolsillo.

31 de mayo de 2015

A la altura de mi generación



"Pues bien, un día en medio de la clase le pedí permiso a la maestra para ir al baño. Lo hacía siempre, y lo hacían todos. Yo, y supongo que con los demás pasaba lo mismo, ni tenía ganas ni calculaba el momento de pedir permiso. Era un súbito. El único triunfo pleno que puedo recordar de mi infancia. Para la maestra, ver la manito [sic] levantada, adivinar de qué se trataba (porque nunca era algo que valiera la pena, por ejemplo preguntarle en qué casos se usaba la b y en cuáles la v) y estallar, era todo uno: ¡Vaya! ¡Pero es el último! ¡El último! Y el que había tenido la brillante inspiración de pedir en aquel momento, en aquel momento que se revelaba como el último, salía corriendo loco de felicidad bajo las miradas de odio y amargura de todos los demás, que se sentían excluidos para siempre, sentían perdida la oportunidad... Pero la oportunidad se repetía, idéntica, y era consumada, cuatro o cinco veces cada hora de clase. Siempre la vivíamos como un absoluto, y la maestra repetía siempre su ultimátum, aunque nunca negaba el permiso, porque las maestras de primer grado vivían con el terror, el único efectivo en ellas, de que alguno se hiciera encima. Pero no lo sabíamos. Cosas de chicos. Lo que me asombra es que yo haya entrado tan bien en el juego. Más propio de mí, mucho más, habría sido aguantar hasta que se me reventara la vejiga. Pero no. Pedía sin ganas, como todos los demás. En eso me ponía a la altura de mi generación."

César Aira, Cómo me hice monja (1993).

23 de mayo de 2015

HHhH


Libro de extraño título, HHhH nos saluda como una novela diferente sobre el Holocausto y la II Guerra Mundial en Europa, si es que aún es posible.

El francés Laurent Binet (París, 1972) se nos presenta como un investigador con vocación de exhaustividad y lealtad a la época y a los hechos. Su libro pone ante el lector el propio proceso de escritura y documentación, cuestionando los mecanismos tradicionalmente utilizados en este tipo de novelas históricas, desmontando recursos artificiales, convenciones del género. En este sentido, y al tratarnos a los lectores como seres inteligentes, nos recuerda a El vano ayer, novela de Isaac Rosa sobre la guerra civil española que ya comentamos aquí con entusiasmo.

La ¿novela?, publicada en 2010, toma su título de las iniciales de la frase Himmlers Hirn heisst Heydrich ("el cerebro de Himmler se llama Heydrich") y se centra, aunque también reconstruye episodios y anécdotas de todo el contexto histórico en que se enmarca, en esta importante figura del nazismo, Reinhard Heydrich, apodado "la bestia rubia" o "el hombre con corazón de hierro" (este último es de Hitler), y en el episodio del atentado del que fue víctima en Praga en 1942 a manos de dos paracaidistas. 

Estructurada en capítulos cortos, la obra, que resultó ganadora del Premio Goncourt a una primera novela, destaca más por cómo está hecha, por el prurito de honestidad del investigador y la apertura al lector de las puertas de su laboratorio creador, que por el tratamiento del lenguaje, por sus hallazgos expresivos. Así, encontramos reflexiones sobre otras obras relacionadas con este período histórico o, en concreto, con la conspiración contra Heydrich, jefe de la Gestapo y número dos de las SS. Se emiten algunas observaciones críticas, por ejemplo, sobre Las benévolas de Jonathan Littell. Como curiosidad, leemos en Wikipedia que los comentarios sobre la novela de Littell se extendían a lo largo de veinte páginas y que el editor obligó a recortarlos, si bien fueron posteriormente publicados en una web de crítica literaria.

Una lectura que, sin duda, ha merecido la pena.

Monumento en Praga a los participantes en la Operación Antropoide, 
nombre en clave del atentado contra Heydrich.


17 de mayo de 2015

Si vas a intentarlo, ve hasta el final




TIRA LOS DADOS


"Si vas a intentarlo,
ve hasta el final.
De lo contrario no empieces siquiera.
Tal vez suponga perder novias,
esposas, familia, trabajos
y quizás hasta la cabeza.
Tal vez suponga no comer durante
tres o cuatro días,
tal vez suponga helarte
en el banco de un parque.
Tal vez suponga la cárcel, la humillación,
el desdén y el aislamiento.
El aislamiento es el premio.
Todo lo demás sólo sirve para poner
a prueba tu resistencia,
tus auténticas ganas de hacerlo.
Y lo harás.
A pesar del rechazo y
de las ínfimas probabilidades,
y será mejor que cualquier cosa
que pudieras imaginar.
Si vas a intentarlo,
ve hasta el final.
No existe una sensación igual.
Estarás sólo con los dioses
y las noches arderán en llamas.
Llevarás las riendas de la vida
hasta la risa perfecta,
es por lo único que vale
la pena luchar."

Charles Bukowski (1920-1994).






8 de mayo de 2015

Premios paripé

Fotografía de Pierpaolo Mittica


He empezado a catalogar, para mis adentros, como Premios Paripé a todos esos concursos literarios (que generalmente coinciden con los de mayor dotación económica) en los que no hay tal competencia, sino elección a dedo.

De un tiempo a esta parte, la gente se viene callando menos (también en los premios de poesía, cuyos chanchullos denuncian algunos espacios -véase Patrulla de salvación-) y la práctica se ha convertido en un secreto a voces. Así, los propios editores hablan en términos de “no me sale rentable darle el premio a Fulano”, y existen autores que declaran que le han ofrecido tal o cual premio (por encargo, antes incluso de haber puesto el primer punto y la primera palabra de la novela), pero que lo rechazaron, o bien dicen no tener claro qué harían si se lo ofreciesen.

No critico, claro está, que estos premios se concedan. Lo que me parece grave es que se disfracen de concurso, con todas las connotaciones corruptas que eso acarrea. Quizá no esté de más recordar la dinámica de los más conocidos. Cada año se publican, antes de emitir el jurado su veredicto, las cifras de participación. Alto grado de ingenuidad, piensa uno viendo los números. Luego, para continuar con la farsa, conocemos la lista de ocho o diez finalistas, y se hacen públicos los seudónimos de los autores, que garantizan en apariencia la limpieza del certamen. Finalmente se celebra una gala de entrega con un jurado de reconocidos escritores que se prestan al paripé de salir en la foto aplaudiendo y sonriendo y en la que se abre un secretísimo sobre con el nombre del ganador, que demuestra sus dotes de actor tratando inexorablemente de parecer sorprendido.

La pantomima, siguiendo la terminología puesta en boga por los políticos emergentes de Podemos, desprende un palpable tufo a casta (con perdón). Uno, igual evidenciando una visión demasiado pura del cotarro literario, no sabe qué pensar cuando encuentra, entre los miembros fotografiados del jurado, a un autor que le interesa y que creía al margen de todos estos tejemanejes. ¿Se puede ser un escritor serio y prestarse a este tipo de corruptelas? Una reciente biografía sobre Juan Marsé dejaba claro que, en su caso, no, pero imagino que, desde un punto de vista más pragmático, resulta una táctica (tan comprensible o tan desesperada como otra cualquiera) para centrar en su persona los focos, con el fin de iluminar su obra al gran público, una obra construida de forma honesta, sin concesiones a un tiránico mercado al que ahora, saliendo en la foto del jurado (no hablo ya del hecho de aceptar uno de estos premios, que no convierten de antemano a un libro en un mal libro), al menos momentáneamente, se hace un descarado guiño.