Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas

13 abril 2012

Los enamoramientos



Una nueva novela de Javier Marías. Más de lo mismo, dirán algunos: cómo se reitera y se recrea, cómo repite una y otra vez las mismas ideas, qué autocomplacencia. Qué delicia, dirán otros: cómo te lleva y te trae, qué prosa, cómo ahonda, qué reflexiones, qué gusto.

En Los enamoramientos Marías cuenta con una narradora femenina y juega con el suspense hasta el final en una novela que parece más accesible que otras del autor (en la memoria reciente, la mastodóntica y monumental Tu rostro mañana). Hay un crimen por medio y dos versiones entre las que se nos hace dudar hasta las últimas páginas. Esta trama no sé si me ha acabado de convencer (hay cosas que me ha costado creerme). También es cierto que la mayoría de la gente que lee a Marías quizá no lo hace tanto por las peripecias que pueda encontrar en sus novelas (hay ciertos territorios en los que se mueven mucho mejor autores más comerciales o que al menos cultivan subgéneros no tan apreciados) cuanto por el deleite de saborear su estilo, sus divagaciones, sus ideas.

Aprovechando que la narradora, María Dolz, trabaja en una editorial, el autor se dedica por momentos a caricaturizar la vanidad del mundo literario, dando lugar a algunos momentos cómicos protagonizados por el personaje de Garay Fontina. Como casi siempre, hay referencias literarias (Shakespeare, of course, y en este caso también Dumas y Balzac). Algunos de los temas sobre los que se va posando la mirada del futurible Nobel son la muerte, la traición y, claro está, el amor. Se le puede poner alguna pega, pero siempre es un placer leer a Marías: a su altura no son muchos los que llegan. Desde luego que es un escritorazo.

15 septiembre 2010

Tu rostro mañana

“No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido.”
Así comienza Tu rostro mañana, la mastodóntica novela de Javier Marías que abarca tres volúmenes, casi 1600 páginas, y fue escrita a lo largo de ocho años.
El protagonista y narrador es Jacques o Jaime o Jacobo Deza (también protagonista de Todas las almas) que se ha mudado a Londres tras su divorcio. Allí, en una cena, será advertido de que posee un extraño don, y pasará a incorporarse a un grupo de espionaje. Su misión es ver lo que nadie alcanza a vislumbrar en el rostro de las personas, en sus gestos, en sus palabras, interpretar cómo serán sus rostros mañana, determinar si son o no capaces, dadas las circunstancias, de matar a alguien, por ejemplo, o de traicionar a un amigo, o si se venderían por dinero. Se trata de una tarea muy sutil, la de interpretar sus rostros, deducir sus intenciones:
“¿Cómo puedo no conocer hoy tu rostro mañana, el que ya está o se fragua bajo la cara que enseñas o bajo la careta que llevas, y que me mostrarás tan sólo cuando no lo espere?” Por cierto, he descubierto una página donde se puede leer la interpretación de personajes tan conocidos como Berlusconi o Diana de Gales. Dejo por aquí el enlace: http://www.javiermarias.es/TUROSTROMANANA/EPS.html
Este rasgo, que sea una novela de espías, puede inducir a pensar que estamos ante un thriller trepidante, pero nada más lejos de la realidad. Tu rostro mañana es una novela lenta, y no decimos que eso sea algo negativo. Ocurren pocas cosas a lo largo de sus páginas, y la mayor parte la constituyen largas conversaciones entre los personajes, con digresiones, paréntesis… Digamos que la reflexión predomina sobre la acción. Hay opiniones sobre temas trascendentales como el tiempo o la muerte.
El estilo está hecho a base de frases largas, que se ramifican, aunque Marías no es tan barroco como Menéndez Salmón (puede que haya que releer alguna frase, pero eso no es lo normal). Se diría en cambio que la prosa es fluida y que en raras ocasiones se atranca uno leyendo, Marías te introduce en una especie de río que tiene por supuesto sus meandros y sus saltos pero que te arrastra.
Como curiosidad, los tres volúmenes comienzan con una frase negativa (es algo habitual en los libros del autor).
La calidad de la prosa es algo que no se le puede negar a Marías. El vocabulario es rico, las reflexiones profundas… La novela tiene muchos momentos de altura, aunque leerla sea un placer de los que se saborean con lentitud. Hay que decir que entre la crítica especializada todo son halagos para este libro: que si es la obra cumbre del autor, que si Marías merece el Premio Nobel… Puede leerse de todo. Ahora bien, si leemos opiniones de lectores ya podemos encontrar algunas críticas. La fundamental es la de su lentitud, pero, como decíamos, más que una crítica es una característica del libro. Está plagado de reflexiones, Marías no pierde la ocasión de demorarse en cualquier detalle y se recrea en sus aciertos expresivos repitiéndolos varias veces.
En mi opinión donde flojea un poco la novela es en el segundo volumen. Me dio la impresión de que las reflexiones eran menos pertinentes, algunas bastante pesadas, reiterativas, y el episodio de la noche en la discoteca me pareció inflado en exceso y carente, salvo al principio, de mucho interés. Por todo ello, el segundo libro me pareció algo menos sólido que el primero.
El tercero, por otra parte, arranca de forma magistral, a la altura de los mejores momentos de la novela. Hay un momento de tensión interesante: Deza tiene que interpretar a un tipo, y su compañera, cuyo padre debe dinero a ese hombre, le pide que mienta en un rasgo muy concreto para favorecer a su padre, en concreto acerca de su cobardía.
Pero no me extiendo más. Para mí ha sido un placer leer este libro, aunque en algunas partes la lectura se ha tornado agridulce: humildemente opino que le sobran páginas. Pero creo que merece la pena, al menos leer el primer volumen (luego ya si uno alcanza la página doscientas y se queda frío pues a otra cosa, por suerte existen distintos tipos de lectores).