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01 diciembre 2019

"El Levante", de Mircea Cărtărescu


El Levante (Impedimenta, 2015) dialoga con el género literario de la epopeya, jugando con el molde clásico de obras épicas como la Odisea o el Cantar de Roldán y con componentes añadidos de fantasía, metaliteratura y críticas a la dictadura rumana de Ceausescu. Cărtărescu terminó este libro en 1989, pocos meses antes de que cayera el régimen comunista.

Ambientada en el siglo XIX, estructurada en doce cantos, en la versión que nos ha llegado combina esta obra la prosa y el verso. Originalmente, cuenta Carlos Pardo en el prólogo, El Levante fue un libro de siete mil versos que años más tarde, para facilitar la lectura y las traducciones, el escritor rumano remodeló, pasando muchos de ellos a prosa y eliminando referencias locales.

El libro incluye, de forma juguetona, anacronismos conscientes (referencias a Borges, al Che Guevara, a Bioy Casares, a Mafalda). Combina lenguaje y formas arcaizantes (por ejemplo, una parábola en verso), acordes con el siglo XIX en el que se desarrolla, con recursos (pos)modernos. El final, verbigracia, constituye una auténtica mise en abyme muy a lo Escher. También emplea ese recurso unamuniano, o pirandelliano, de los personajes que interactúan con el autor. En un momento dado, y nos viene a la cabeza el Quijote cervantino, cuando terminaba un capítulo con "hora" y arrancaba el siguiente con "la del alba sería", el autor rumano, candidato al Nobel, realiza una de estas transiciones y termina un canto a mitad de frase, y también a mitad de una palabra, que se corta con un guion y que prosigue luego al inicio del siguiente canto.

La fantasía está muy presente en el desarrollo de la historia, en este caso con un afán reivindicativo, pues la literatura rumana del momento se hallaba muy apegada a la realidad. Cărtărescu expresa su oposición a esta corriente y nos brinda un auténtico festival imaginativo. Son recurrentes esas imágenes características del rumano, tan fascinantes, y abundan también descripciones muy líricas.

Se intuye el buen trabajo de la traductora, Marian Ochoa de Eribe, y se agradece la buena y bonita edición de Impedimenta. Aunque por momentos resulte arduo y uno sienta que se está perdiendo algo, El Levante es un libro hermoso y valioso, un curioso artefacto literario. 

Seguiremos leyendo a Mircea Cărtărescu.

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Nostalgia, de Mircea Cărtărescu.

06 mayo 2014

Nostalgia



Nostalgia (1993) se presenta como el volumen de cuentos que consagró como narrador a Mircea Cărtărescu, candidato rumano al Nobel, que en su juventud comenzó escribiendo poesía, nacido en 1956.

De los cinco cuentos que lo componen (dos son, en realidad, más bien novelas cortas: Los gemelos y REM), el que abre el libro, El ruletista, ya había sido publicado en 2010 por Impedimenta, a modo de exquisito anzuelo para zambullirse en la obra del autor rumano del que luego nos irían llegando sucesivos títulos, como este que nos ocupa hoy, Nostalgia (2012), o el último publicado en España, también de relatos: Las bellas extranjeras (2013).

Arranca el libro, decíamos, con El ruletista, un relato que ya comentamos aquí con entusiasmo manifiesto y que cuenta, con una factura excelente, la historia de un desgraciado que hace fortuna poniendo su vida en juego en sesiones cada vez más arriesgadas de ruleta rusa.

No menos brillante resulta El Mendébil, que se inicia con ese mismo tono rotundo y redondo. El Mendébil, apodo de un niño nuevo que llega al barrio, se revela un precoz tusitala que fascina a la pandilla con sus historias y teorías, alguna de las cuales reformula de forma brillante aquellas palabras borgeanas de "Dios mueve al jugador y este la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?":

"En mi cabeza, bajo la bóveda craneal, vive un hombrecillo idéntico a mí: tiene mis mismos rasgos, se viste igual que yo. Lo que hace él, lo hago también yo. [....] Porque él es mi marionetista. Pero la bóveda celeste no es sino el cráneo de un niño gigante, que también es idéntico a mí..." 

La presencia de lo onírico, recurrente en Cărtărescu, tiene cabida al comienzo del relato y recuerda, salvando distancias y meridianos, al uruguayo Mario Levrero o al Perec de La cámara oscura.

Los gemelos se diferencia de las dos historias anteriores en su mayor extensión y en su trama más difusa. Poco a poco se va delimitando una historia amorosa entre el narrador y Gina:

"A veces nos sentíamos como dos gemelos apretujados el uno contra el otro en un útero coloreado de tonos alucinantes."

De nuevo aparece el mundo de la infancia, los amigos y los juegos, enfocados al amor, y también la adolescencia, en este caso marcada por la soledad. El mundo fascinante que conocen los protagonistas tras cruzar una puerta roja -y en cuya descripción el autor se recrea y explaya- nos lleva, como lectores, a un final cuanto menos sorprendente. Si hemos leído las Ficciones de Borges quizá veamos en una frase ("Los espejos y la paternidad no son abominables") un guiño a Tlön, Uqbar, Orbis Tertius 

Llegamos así a REM, que alude a un mundo o una realidad a la que el autor se va refiriendo poco a poco:

"Cuando regresan de uno de sus viajes, los heroinómanos tienen la sensación de que en el mundo han desaparecido los colores, de que viven en una película en blanco y negro en la que nunca sucede nada [....] Esta sensación tengo también yo desde que estuve en REM."

Sospechamos conforme pasamos páginas que REM tiene algo que ver con El Aleph de Borges hasta que, en un momento dado, Cărtărescu se refiere explícitamente a la historia del argentino. También encontramos un recurso parecido al de Unamuno en Niebla.

Se cierra el libro con El arquitecto, una historia más breve con un cambio de tono que nos hace esbozar una sonrisa. Conocemos a un personaje que se obsesiona con un coche y lleva el mundo de los pitidos del claxon y su arte a unos límites inimaginables.

El estilo de Cărtărescu evidencia una gran capacidad de inventiva, un dominio de la técnica que le lleva a construir sólidas historias -toques kafkianos incluidos- que sorprenden de una u otra forma al lector y fascinan en distintos momentos. Como dice Wolfgang Schneider en la frase recogida en la contraportada del libro, el autor rumano es de todo menos lacónico: se recrea y abunda en detalles, tiene cuerda para rato. No obstante, no se trata la suya de una prosa barroca que dificulte la lectura con oscuridades sintácticas.

Dada su calidad, entristece casi pensar que han tenido que pasar cerca de veinte años para que este libro se publique en España. Para mí, una de las lecturas del año.

Hay que decir que Cărtărescu, como autor, sí que había sido publicado anteriormente por estos lares, en el año 93 por Seix Barral con El sueño, ya descatalogado, y más recientemente por Funambulista (Por qué nos gustan las mujeres, Cegador), si bien ha sido Impedimenta la editorial que más atención le ha prestado, en ediciones con la pulcritud marca de la casa, con traducciones directas del rumano de Marian Ochoa de Eribe (las de Funambulista, por lo que tengo entendido, eran traducciones del alemán -que alguien me corrija si me equivoco-).

Gracias a La hierba roja por descubrírmelo y a la editorial por enviármelo.

04 abril 2013

El ruletista



Se toma un revólver y se introduce una bala en el tambor de seis. El ruletista se coloca el arma en la sien y aprieta el gatillo. Si sobrevive, gana una pasta. Pone su vida en juego, pero tiene cinco posibilidades entre seis de salir vivo. Claro que, si en lugar de una bala en el revólver se colocan dos, las cosas empiezan a complicarse. Las probabilidades no dejan de reducirse si se colocan tres e incluso cuatro balas. El ruletista que protagoniza esta historia, que desde el inicio aparece rodeado de un halo mítico, puede con eso y más. La gente que se juega la vida de esta forma ya no espera mucho de la vida, son gente sin suerte, sin familia, sin amigos. Pero la mala suerte del protagonista alcanza visos de leyenda.

El cuento está narrado por un escritor anciano que conoce desde niño al famoso ruletista y comienza su relato con unas reflexiones nada desdeñables sobre el acto de escribir.

“…la literatura no es el medio adecuado para decir algo real sobre uno mismo. Junto con las primeras líneas que despliegas en la página, en esa mano que sujeta la pluma, entra, como en un guante, una mano ajena, burlona, y tu imagen, reflejada en el espejo de las páginas, se escurre en todas direcciones como si fuera azogue, de tal manera que de sus burbujas deformadas cristalizan la Araña o el Gusano o el Fauno o el Unicornio o Dios, cuando de hecho tú solo querías hablar sobre ti.”

Y más tarde: “¿Cómo puedes abandonar los arcanos del estilo? ¿Cómo, con qué instrumentos puedes exponer en una página un testimonio puro, libre de la cárcel de las convenciones artísticas? Tengo que asumirlo y tener el valor de reconocerlo: de ninguna manera.”

Magníficamente escrito, el cuento garantiza el entretenimiento y el suspense. En su parte final aparece el factor onírico característico de Cărtărescu que ya apreciábamos en Lulu, un libro posterior. El ruletista (Impedimenta, 2010) forma parte de Nostalgia, el libro de relatos con el que debutó el aclamado autor rumano, ahora profesor universitario en Bucarest y candidato al Nobel. Nostalgia fue publicado inicialmente con el título de El sueño en 1989, dos meses antes del estallido de la revolución que acabaría con la dictadura de Ceausescu. El libro no superó el control de la censura, que aplicó la tijera a sus páginas. Será en 1993 cuando Nostalgia aparecerá de forma íntegra.

Si alguien no ha leído el relato, le invito a adentrarse en él y a conocer a Cărtărescu, al que de pronto me han entrado unas ganas terribles de seguir leyendo. Casi que empiezo a pensar en releer Lulu.

Valoración: 5/5.

Para los interesados en conocer a este autor, os dejo el vídeo fruto de la reciente visita de Mircea Cărtărescu a la capital.