10 de febrero de 2019

"Patria", de Fernando Aramburu



Novela de 2016, Patria supuso todo un fenómeno de ventas y la visibilización ante el gran público de su autor, Fernando Aramburu, cuya primera novela data de veinte años atrás, y que también ha publicado varios libros de cuentos, poemarios y algunos libros infantiles. Con Ávidas pretensiones se alzó el vasco, dos años antes de Patria, con el Premio Biblioteca Breve. Luego, en 2017, obtuvo este libro que nos ocupa el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa.

La novela, como es sabido, narra a lo largo de los años la vida cotidiana de dos familias vascas, una con un miembro de ETA y otra con un asesinado por la banda terrorista, en el marco de un pueblo pequeño ("pueblo pequeño, infierno grande", reza el dicho, y más aún en el País Vasco en esos tiempos que ojalá nunca vuelvan). En este contexto asistimos a señales de odio, de cerrazón, a sentimientos enquistados, actos valientes y cobardes, nobles y mezquinos, contradicciones personales y tensiones y discrepancias entre cercanos familiares, bañado todo por el sufrimiento. En definitiva, un repertorio de las grandezas y miserias en que puede caer el género humano.

Esta trama se desarrolla a través de capítulos cortos, con frecuentes saltos temporales. Se ofrecen los argumentos del lado abertzale y del lado constitucional, y que el lector saque sus conclusiones. Para tomar postura política, dice un personaje escritor en el que quizá podamos leer la postura del autor, están "las entrevistas, los artículos de periódico y los foros", no la novela. También expone el libro una posible -y comprensible- reacción de las víctimas ante la novela que leemos, cuando se dice: "Lo que mi madre no desea: que su sufrimiento y el de sus hijos le sirva de material a un escritor para que componga su libro o al director de cine para que ruede su película, y los aplaudan después, y ganen premios, mientras nosotros seguimos con nuestra tragedia a cuestas".

Entrando en la forma del texto, me gusta cuando Aramburu esquiva una descripción que no aporta mucho, que el lector actual encuentra más bien gratuita, de esta forma: "Las dos mujeres, con estas y aquellas características físicas, iban sentadas..." O: "Se acercó el camarero a la mesa. Que qué querían tomar. Arantxa, dudosa un instante, pidió esto; Nerea, sin vacilar, pidió lo otro..." 

Aunque no abundan los hallazgos expresivos, dejaré como muestra algunos que me han gustado: "le dejó una sensación gelatinosa, fría, de medusa muerta dentro de la boca". O: "dos besos como dos tartazos: rotundos, cremosos, efusivos". Otro rasgo de estilo es el uso, en lugar de gerundios, de adjetivos que, si no me equivoco, equivalen a los participios activos latinos. Se verá mejor con un ejemplo. Aramburu escribe "sola y fregante en la cocina" en lugar de "sola y fregando en la cocina". Como rasgo que encontré un poco forzado, aunque muy cinematográfico, mencionaré algunos flashbacks como ese en el que alguien se mira en el espejo y leemos: "Miró sus ojos, tensa, desafiante, en espera de que comenzara la película de sus recuerdos, el relato de su vida rota en escenas..." Me cuesta imaginar que alguien se mire al espejo en esa actitud de espera de evocaciones.

En definitiva, la he encontrado una lectura muy recomendable. Venía de varios libros más áridos y me ha reconfortado sumergirme en uno más llevadero, entretenido y bien contado. El oficio de Aramburu, su humanidad y su talento, me parecen incuestionables. Como se trata de un libro muy cinematográfico, no sorprende tampoco su conversión en serie televisiva por obra y gracia de la HBO



3 de febrero de 2019

"El río", de Andreu Sevilla



El río (2018) consta de sesenta sonetos que nos trasladan a los paisajes del Júcar a su paso por una zona de Cuenca donde el autor pasó su infancia. Se trata de poemas de corte clásico donde se aúnan memoria familiar y sentimiento del paisaje, tanto natural como ruinas de aldeas ahora abandonadas. Destila el libro una gran delicadeza y hondura, un refinado lirismo unido al rigor técnico y lingüístico. La temática me ha hecho recordar al Muñoz Rojas de Las cosas del campo, al Machado de Campos de Castilla, a páginas de Andrés Trapiello y Azorín. El entorno natural tampoco me es ajeno, pues nací y sigo viviendo en un pueblo de la ribera del Genil, por donde paseo a menudo.

Andreu Sevilla es filólogo hispánico y profesor de literatura en un instituto. Hasta la fecha ha autoeditado otros tres libros, todos ellos en prosa (dos novelas y un libro de relatos) y en lengua valenciana. Este, primero que publica en castellano, me lo ha enviado su hija, Vera, también filóloga y autora del blog Recoveco books, a quien yo había enviado mis libros.

El río me ha parecido un libro de gran calidad, que revela mucha sensibilidad y buen manejo del idioma. Lo he disfrutado bastante.


NIEVA EN LA LOSA

                               Panorama desde el puente


"Se cuaja ya el silencio en copos lentos,
que etéreos como vahos de rocío,
envuelven en un gélido atavío
los chopos ateridos, soñolientos,

cuyas ramas estallan con lamentos
que crujen en el reino del vacío;
se puede oler la limpia piel del frío;
la tierra se congela en sus cimientos.

El aire escuece -niebla entreverada
de vidrio- en los ojos y en la boca,
y cuando el sol, sin fuego en donde abreve,

cansado va apagando lo que toca,
la nada nos alumbra: pues la nada,
si engendra alguna luz, es luz de nieve."

25 de enero de 2019

Triste estampa inverniza


En la acera, un día frío de invierno, una anciana sola abrochándose el abrigo. Intenta enganchar la cremallera pero fracasa, porque le tiemblan mucho las manos. Pasan treinta, cuarenta segundos. Pasa en un coche alguien sin tiempo para detenerse y ayudarla. La anciana, sola, sigue tratando de cerrar su abrigo, pero no acaba de conseguirlo porque le tiemblan demasiado las dos manos.

17 de enero de 2019

Lo siguiente


   Lo siguiente. Me escama esa coletilla de moda, pero confesarlo lo enclava a uno en las lindes del purismo reaccionario. Dado que hace tres o cuatro años que abunda, diría que ha venido para quedarse. Ahora incluso existe un programa de televisión con ese nombre. No poca gente acostumbra a decir: “caliente no, lo siguiente”, “lejos no, lo siguiente”, “triste no, lo siguiente”. Para ese lo siguiente casi siempre suele existir otra palabra (hirviendo, remoto, deprimente...), pero la expresividad del cliché manda pese a la evidente pereza verbal que revela. Además, el abuso de la expresión empobrece a pasos agigantados nuestro ya mermado vocabulario. Si levantara la cabeza, qué incisivo dardo no escribiría Fernando Lázaro Carreter sobre este asunto.

11 de enero de 2019

Breve reflexión político-ortográfica



Los políticos de Ciudadanos hacen gala de españolidad. Su líder ha llegado al punto de declarar que le importa más España que las personas. Dado que abrevian su nombre como Cs, o incluso C's, a la manera de quien escribe 90's para referirse a la década de los noventa, o CD's, se diría que en la ortografía tienen tendencias anglófilas más que castizas, y se decantan por un recurso propio de la lengua inglesa. Curioso, si lo contrastamos con su españolísimo discurso. Por otra parte, partidos exentos de contradicciones aún no se han inventado.

8 de enero de 2019

"El día, un laberinto", un poema de Ida Vitale

Mañana de Pascua, de Caspar David Friedrich

EL DÍA, UN LABERINTO

"El día, un laberinto
donde sólo tienes luz
                                 unos minutos.

Te asomas a la mesa que marea,
miras papeles,
                      mares que se ajan,
letras confusas, 
                        hojas de otro otoño,
el registro del día,
                            el laberinto
donde sólo tuviste luz
                                  unos minutos."

Ida Vitale, Premio Cervantes 2018.

1 de enero de 2019

Lo mejor de 2018

Un año más, dejo por aquí las lecturas que más me han llenado este año.


1. Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez (Anagrama)




2. Reconstrucción, de Antonio Orejudo (Tusquets)


3. Examen de ingenios, de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral)



4. Madame Bovary, de Gustave Flaubert




5. Novela de ajedrez, de Stefan Zweig (Acantilado)




6. Fervor de Buenos Aires, de Jorge Luis Borges




7. Verano, de J. M. Coetzee (Random House)



8. Del color de la leche, de Nell Leyshon (Sexto Piso)



9. Justine, de Lawrence Durrell (Edhasa)



10. Primavera sombría, de Unica Zürn (Siruela)



En cuanto a películas, la lista quedaría así:

1. Saraband (2003), de Ingmar Bergman



2. Jules y Jim (1961), de François Truffaut




3. Mystery Train (1989), de Jim Jarmusch



4. La noche americana (1973), de François Truffaut




5. La rodilla de Clara (1970), de Éric Rohmer




6. Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock




7. El camino de san Diego (2006), de Carlos Sorín




8. Lucky (2017), de John Carroll Lynch




9. El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese



10. ¡Lumière! Comienza la aventura (2016), de Thierry Frémaux



Y nada. Con esto os deseo a todos un feliz año 2019. Si os apetece, podéis dejar en los comentarios vuestros descubrimientos -literarios o cinéfilos- de este año que queda atrás.