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22 julio 2013

Ingenuidad



"Y ya que hablamos de aburrimiento, una vez agotada la colección de novelas policiales que había conseguido y después de meterme en otras lecturas aburridas, volví a doña Rosa [Chacel]. Estoy en los tramos finales de su espantoso libro. No puedo simplemente abandonarlo, por respeto a tan maravillosa escritora y también porque, a pesar de la torpeza con que está construido, muchas de sus partes, consideradas aisladamente, tienen joyas muy valiosas de observación, perspicacia, lógica, sabiduría y uso ejemplar del lenguaje.  El error mayúsculo es la concepción misma de la novela, seguramente una necesidad de doña Rosa de ponerse a tono con alguna moda, ya que en sus apuntes autobiográficos nunca ocultó el hecho de su necesidad de hacerse conocer y de ocupar un lugar en las letras españolas; creía ingenuamente que bastaba con el mérito, desconociendo que en la carrera literaria, como en toda carrera, todo es mayormente cuestión de política, o de mafia."


Mario Levrero (1940-2004), La novela luminosa.

29 diciembre 2012

Buena, pero...



"-La novela es buena -dijo el Gordo, e hizo una pausa significativa-. Pero...

Podía habérmelo imaginado, porque sé desde hace unos cuantos años que mis novelas pertenecen a esa clase: buenas, pero... Los críticos se esfuerzan por clasificar mi literatura como perteneciente a tal o cual categoría, pero los editores son más realistas y unánimes; hay una sola categoría posible para mi literatura: buena, pero..."

Mario Levrero, Dejen todo en mis manos (incluida en Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo y otras novelas, DeBolsillo, 2012). Novela escrita en 1993.

12 diciembre 2012

Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo



Aviso: este Nick Carter no es el de los Backstreet Boys, sino un detective famoso con sombrero, diminuto y esquizofrénico ayudante y secretaria ninfómana. Nick Carter protagoniza una historia de tintes paródicos tan alocada y disparatada como la frase que lleva por título. Ignacio Echevarría habla refiriéndose al libro de “una mezcla de ficción pulp, tira cómica y delirio onírico, con algunos delicados toques kafkianos”.

Yo sólo digo: qué bien se lo ha tenido que pasar Levrero escribiendo esto. Estamos de acuerdo en que seguramente no es su mejor libro, pero consigue lo que se propone y crea un mundo imaginativo y delirante, onírico por momentos, en el que, por ejemplo, los espejos no reflejan la imagen de Nick Carter sino que son como un mundo paralelo o trastienda mental donde tienen lugar cosas ajenas a su voluntad. 

Nick Carter... (escrito en 1973) es un libro ágil y diferente, atrevido (no sé si decir que Levrero le saca la lengua a las reglas de la verosimilitud) y lleno de acción, que uno encuentra emparentado, salvando las distancias, con el Rafael Reig de Sangre a borbotones o el César Aira de El congreso de literatura. En sus páginas encontramos casos de detectives, un lord inglés, villanos de cómic, una muñeca hinchable, innumerables extravagancias y un narrador que salta de la primera a la tercera persona según le dé.


Nick Carter es un personaje de ficción que cobró vida allá por 1886. Esta portada es de una publicación del estilo de las revistas pulp de 1933. Se vendía a diez centavos. Posteriormente ha sido objeto de distintas novelas, cómics, radioteatro y una trilogía cinematográfica. Una de las películas fue dirigida por Jacques Tourneur en 1939.

30 marzo 2011

París/El lugar


París y El lugar son los volúmenes segundo y tercero de la Trilogía involuntaria del escritor uruguayo Mario Levrero. Ya comenté en una entrada anterior el entusiasmo que me había producido el primer título, La ciudad. Pues bien, el resto de la trilogía me confirma que estoy ante un autor interesante y creo que injustamente poco conocido, aunque ya se hayan realizado las primeras tesis doctorales sobre su figura y después de su fallecimiento en 2004 se estén editando más libros suyos. Un dato a tener en cuenta: El lugar fue escrito en 1969 y no es hasta trece años después cuando se publica.

Y diréis, ¿por qué se llama “involuntaria” esta trilogía? Pues parece ser que se debe a que Levrero no se propuso de antemano escribir una trilogía, sino que cuando terminó el tercer título se dio cuenta de que había escrito tres libros con una temática similar (ambiente urbano, protagonista solitario inmerso en un mundo dominado por fuerzas que no comprende), y por eso decidió llamarla involuntaria.

En el segundo título, el protagonista llega a un París extraño, con taxis llenos de telarañas y una capa de polvo cubriéndolo todo. El autor inventa en este marco una serie de imágenes que se agigantan en la imaginación del lector. El libro causa una deliciosa sensación de extrañeza.

El lugar me fascinó más que París, aunque hay que decir que Levrero mantiene un gran nivel en toda la trilogía. El último volumen recuerda a La invención de Morel de Bioy Casares. De su argumento no diré nada para no aniquilar su gran capacidad de sorpresa. Se trata de una historia enigmática sustentada sobre las grietas que deja la realidad. Pero Levrero no da respuestas a los interrogantes que plantean sus novelas, simplemente los deja ahí, para que el lector decida por sí mismo, y sus personajes carecen de sólidas certezas.

En la contraportada de uno de los volúmenes, aparece una cita de Oliverio Coelho que habla de Levrero como un escritor de lo fantasmal. Me parece una buena definición del efecto que crean sus novelas, que tienen la atmósfera de un sueño.

Sólo por estos tres libros, Mario Levrero me parece un autor a tener muy en cuenta. La trilogía es una de las lecturas que más me sorprendieron el pasado año. Ahora tendré que seguir con El discurso vacío, La novela luminosa

10 julio 2010

La ciudad


El protagonista de esta novela, cuyo nombre y pasado desconocemos, se muda a una casa desde hace mucho tiempo vacía, una casa de la que sale en mitad de la noche, antes de instalarse, para comprar comida. Bajo la lluvia, sin paraguas, dejando atrás jardines descuidados, pierde el rumbo hasta que un camionero lo libra del aguacero. Algo después, aunque parece que el camino no lleve a ninguna parte, llegará a la ciudad que da título a la historia, constituida por poquísimos e ilógicos edificios y que ni siquiera tiene un letrero anunciándola en la carretera.
Así comienza esta novela del uruguayo Mario Levrero, una novela breve, de capítulos muy cortos y aire kafkiano. Os gustará si disfrutasteis leyendo El proceso. Al leerla nos invade la sensación de que el libro va surgiendo de la nada, como de la niebla: nunca alcanzamos a saber qué pasará mucho después. Se trata por lo tanto de un relato enigmático, de atmósfera onírica. El incomunicado protagonista se ve inmerso en un mundo marcado por leyes que él no conoce, un mundo asfixiante, cercano a la pesadilla y donde predomina el absurdo.
No sé si alguno de vosotros lo ha leído, ni si comparte o no mi entusiasmo, pero para mí ha sido un descubrimiento, espero tener la oportunidad de leer más de Mario Levrero.
En La ciudad (1970) de cualquier situación surge lo insólito, hechos cotidianos como hacer la compra se convierten en algo extraño. El protagonista tiene la sensación de ser manejado y nos hace sentirnos como él. En un momento dado sospecha que es un juguete y se compara con una pieza de ajedrez, más que con un jugador.

“En esta ciudad no hay medios de transporte. Ello es lógico, si se tiene en cuenta que nadie, en general, tiene intenciones de llegar, o de irse.”
“-¿Y qué ha sacado en limpio, amigo? -preguntó.
-Casi nada -respondí-. Sólo que, evidentemente, en el mundo hay muchas cosas que no comprendo. (…) Y que cada día que pasa voy comprendiendo menos.”