El perro que comía
silencio supone el debut literario de Isabel Mellado, una violinista,
chilena de nacimiento, que reside según la solapa del libro entre Berlín y
Granada.
Se trata de un libro poético, de palabras palpitantes,
lenguaje en ebullición. La maestría en el manejo del idioma me parece digna de
la mejor literatura. Nos deja a más de uno a la altura de una babucha. Rico en
sinestesias y metáforas, repleto de hallazgos, llegué a El perro que comía silencio, entre otras cosas, alentado por una
entrevista -ya inencontrable- en la web La biblioteca imaginaria. Me parece un
dinero sobradamente amortizado.
El relato “Sueño o página” marcó un antes y un después en mi
impresión del libro. Me enamoró y fue de hecho el detonante de esta reseña. La
sección hiperbreve, “Huesos”, tiene también algunas perlas que no me abstendré
de citar: “Siempre que te veo futureo”, “La noche es la lupa de la conciencia”
o “Dios cuelga la lluvia del cielo para que se seque” son algunos ejemplos.
Como anécdota final, el intrigante colofón: “…se terminó de
imprimir el 29 de febrero de 2011”. El perro que comía silencio tiene el plus
de magia de haber sido impreso un día inexistente. Según los calendarios, 2011 ¡no
es bisiesto!
Admitimos desde ya a Isabel Mellado en el club de los
autores que uno debe seguir.
P.D. Tecleo esta entrada sólo con una mano. Ayer me caí
jugando al tenis y tengo el brazo en cabestrillo. Serán pocos días, por suerte.
Saludos a todos.