29 noviembre 2020

Películas a vuelapluma (2)

Petra (2018), de Jaime Rosales. Resulta incomprensible que no obtuviera ninguna nominación a los Goya. Magnífico reparto con Bárbara Lennie, Álex Brendemühl, Petra Martínez, Marisa Paredes y el descubrimiento de Joan Botey, que interpreta a un artista encumbrado, frío y perverso. Historia trágica bien contada, que rompe con la linealidad narrativa. Secretos, mentiras y maldades en un entorno campestre. Por momentos me han venido a la memoria las historias de Thomas Bernhard. La cámara se distancia mientras los personajes dialogan de temas cruciales (no cae en el melodrama, pero se trata de un recurso de estilo que a algunos puede parecerles formalmente frío). Muy buena. La mejor película de Jaime Rosales, para mi gusto.



Historias del Kronen (1995), de Montxo Armendáriz. Sexo, drogas, rock y conducción kamikaze en una película insustancial protagonizada por un joven gamberro, asimismo, totalmente insustancial. No le veo el trasfondo, el chiste, a este retrato de la juventud. ¿Ha envejecido mal o en los noventa ya era un bodrio? En En el camino de Jack Kerouac esas conductas podían enmarcarse en un panorama menos vacuo; aquí no hay redención imaginable para una historia insulsa que juega todas sus bazas a la yuxtaposición de excesos. Esta sí ganó un Goya.



El dilema de las redes (2020), de Jeff Orlowski. Se antoja un documental de necesario visionado en estos tiempos distópicos en que las grandes empresas tecnológicas han acaparado un poder sin precedentes. De cómo fomentan nuestra adicción al chupete digital de las pantallas para acumular beneficios e información sobre nosotros hasta el punto de predecir nuestras acciones o saber cómo nos sentimos en cada momento. De cómo las redes expanden la desinformación más rápido que las noticias reales y esto puede utilizarse para manipularnos, desestabilizar países y polarizar la sociedad, volviéndonos más extremistas, sacando lo peor de las personas. Siendo pesimistas, tal vez hayamos llegado a un punto de no retorno en el que los nacidos antes de los noventa seamos los últimos en haber crecido sin la omnipresencia de las pantallas y de internet, los últimos en haber conocido un mundo ya extinto. Produce pavor imaginar hasta qué punto la inteligencia artificial podría llegar a manejarnos como a zombis teledirigidos. 

21 noviembre 2020

"Qué", un poema de Juan Gelman


 

QUÉ


"¿Qué alegra la noche oscura? Una
palabra. ¿Qué
enalma la noche
oscura? Una palabra.
Una anchura del mundo.
Una palabra que
bebió sombras para brillar
ardiéndose. Un
polvo de astros toca
el enamor de una
palabra que
abriga el desgarrón."

Juan Gelman, "Mundar" (Visor, 2008).

04 noviembre 2020

"El verde", un poema propio

Fotografía de Mitchell Bryson. Fuente: Unsplash


EL VERDE


Mucho tiempo he pasado viendo el Tour
en las tórridas siestas veraniegas.
Mi madre, entonces,
volcaba su cansancio en el sofá
y, con los ojos entornados,
entre ronquidos y desvelos,
en la pantalla descubría el verde.
Hija del sur (sequía y cielos rasos),
la fascinaba ese verdor espléndido,
esa fertilidad vertiginosa.
Con el mismo entusiasmo que Aureliano
Buendía descubriendo el hielo
de niño, mi madre exclamaba
que el verde comenzaba en las cunetas,
apenas el asfalto agonizaba,
y había ahí un milagro inigualable:
el verde.
Anegada en ensoñaciones dulces,
en una pausa del currar sin tregua,
planeaba viajes imposibles,
escapadas del mocho y la bayeta,
porque el jueves, sin falta,
le iba a tocar la Primitiva.
En el verde cifraba sus anhelos.
Verde con trazas
de pelotón ciclista, verde
que nunca olvidará como el Buendía
recordó el hielo ante otro pelotón,
muchos años después.
Y en los cuarenta grados,
mientras uno sorbía un distendido
polo flash, la guillotina del párpado
cercenaba los planes verdes
de mi madre que, exhausta,
despertaba por fin sobresaltada,
cautiva del esprint aleve
del reloj, encauzándose a tareas
dignas de un Hércules o un Sísifo.
Pero de pronto, en la faena,
abismaba la vista en la ventana,
recordaba un segundo que en el Tour
(¡todo tan verde!),
ante pedales y el maillot
de la montaña,
se preguntó por un momento,
al igual que la madre de Mafalda,
cómo le gustaría
vivir su vida si algún día
-qué sé yo, pongamos por caso-
viviera.

                                   Jesús Artacho, 2020.