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17 septiembre 2012

Kitchen



(“…Cuando miraba el mar inmenso envuelto en la oscuridad, y la enormidad de las rocas que hacían resonar el rugido de las olas, me inundó un sentimiento dulce, extrañamente nostálgico.”)

Leyendo Kitchen (1988), el primer libro de Banana Yoshimoto, me acordé de otras obras japonesas y acabé pensando que me dejaban sensaciones parecidas. Tanto los Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu como La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa, por poner un par de ejemplos, transmitían una tristeza reposada, una sencillez y una suerte de hermosura y “pureza” que en algunos momentos temía que acabara resultando algo ñoña. De Yoshimoto sólo había leído hace un par de años Sueño profundo, un libro delicado y melancólico compuesto por tres relatos de mediana extensión. Empezando a leer Kitchen comencé a pensar que Yoshimoto no era para mí, me parecía literatura a medio gas, no acababa de arder como me gustaría, no me removía las entrañas. Pero de pronto algo hizo clic y todo empezó a cambiar: he sentido algo y he sacado fragmentos para mí valiosos, así que es muy probable que siga leyendo a esta autora.

A Mikage, la protagonista, le chiflan las cocinas. Pues vale. Es huérfana y su abuela acaba de morir. La vida es dura, “ni siquiera el amor puede salvarte del todo”. Es acogida temporalmente en casa de unos conocidos, un chaval universitario y su madre, Eriko, que en realidad es un travestido. Y ese es el esqueleto de la acción. A este relato le sigue un segundo sobre una joven que pierde a su novio en un accidente de tráfico. La pérdida, la soledad y la muerte están presentes en todo el libro. Como Sueño profundo, Kitchen es un libro delicado, triste, de sentimientos. Para algunos de vosotros será un libro hermoso: no digo más.