31 de diciembre de 2014

Filomeno, a mi pesar


En el club de lectura de la biblioteca donde ahora mismo trabajo acabamos de leer Filomeno, a mi pesar, novela del premio Cervantes Gonzalo Torrente Ballester, ganadora en 1988 del Premio Planeta.

El libro se presenta desde el subtítulo como las memorias de "un señorito descolocado", y arranca, a la manera clásica, hablando de la ascendencia del personaje y refiriéndose a su nacimiento e infancia, a principios del siglo XX. El descontento con su propio nombre, que le resulta ridículo, queda patente en el título, y su buena posición, así como el hecho de saber idiomas, habilitarán que el protagonista pueda viajar y vivir en distintos países europeos (Francia, Inglaterra, Portugal) según la coyuntura histórica (se alude a la I Guerra Mundial, las vanguardias, el inicio del cine sonoro, el ascenso de Hitler, la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial, el franquismo...). A lo largo de distintas etapas de su vida, asistimos, al tiempo que a un travelling por los principales acontecimientos europeos de la primera mitad del siglo XX, a un desfile de personajes que aparecen en la vida de Filomeno y ofrecen su visión de ciertas cosas, enriqueciendo y vivificando el conjunto.

Recuerda el libro, en cierto modo, a las novelas de Pío Baroja, en tanto que ocurren -se narran- muchísimas cosas. El sesgo autobiográfico parece evidente, sin ser el personaje, ni mucho menos a nuestro parecer, algo así como un álter ego del autor. Novela muy permeada de literatura, sobre todo en algunas partes, los amantes de los libros disfrutarán de múltiples referencias y alusiones literarias, pues Filomeno tiene desde pronto vocación poética (llega a publicar versos) y en su etapa de estudiante en Madrid frecuenta debates en el Ateneo y personajes interesados en los libros. Se mencionan las vanguardias, se habla de las generaciones literarias, de Cervantes, se citan versos de Góngora, a Pascal, a Rilke (a quien el propio Torrente tradujo), a Rimbaud, a la poesía basada en el conocimiento de la vida frente a la poesía basada en los libros, a Julio Verne, a Céline y el Viaje al fin de la noche, libro del que Filomeno hace una crónica positiva cuando se publica.

De ideología liberal, Filomeno no parece ser el típico personaje heroico que toma las riendas de su vida. No toma muchas iniciativas, hecho que él mismo reconoce en cierto momento: "Como siempre, empezaba a suceder algo imprevisible cuya iniciativa no me pertenecía. Como siempre, me dejé llevar".

El estilo del autor es elaborado a la par que fluido, por momentos acaricia profundidades con alguna reflexión, y sin destacar especialmente hace gala de un oficio por otra parte lógico en un autor experimentado y curtido, como es el caso de Torrente. En ocasiones se deja caer con algún giro que suena extraño al oído, si bien no hasta el punto, para mí, de resultar incorrecto (son, como decimos, . 

En definitiva, se trata de una novela entretenida, con muchos acontecimientos -varias historias de amor incluidas- pero también dosis de profundidad, amena de leer. Los dados a subrayar encontrarán diversos fragmentos destacables, sobre los libros y también sobre la vida.

Con la intención quedamos de leer La saga/fuga de J. B.    

30 de diciembre de 2014

Lecturas de 2014



-Once maneras de sentirse solo, de Richard Yates.
-Nuestro iglú en el Ártico, de Mario Levrero.
-El cuaderno gris, de Josep Pla.
-Nuevos poemas, de Rainer María Rilke.
-La edad de hierro, de J. M. Coetzee.
-Pura lógica, de Benjamín Prado.
-Técnicas de iluminación, de Eloy Tizón.
-Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa.
-El insólito peregrinaje de Harold Fry, de Rachel Joyce.
-Dublinesca, de Enrique Vila-Matas.
-Bestiario, de Julio Cortázar.
-Dublineses, de James Joyce.
-El sueño eterno, de Raymond Chandler.
-Diarios, de John Cheever.
-Ventanas de Manhattan, de Antonio Muñoz Molina.
-Insectario, de Jesús Montiel.
-Nostalgia, de Mircea Cartarescu.
-El secuestro de Miss Blandish, de James Hadley Chase.
-Moleskine, de Guillermo Busutil.
-Intemperie, de Jesús Carrasco.
-Antología American Splendor 1, de Harvey Pekar.
- ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel.
-Antología American Splendor 2, de Harvey Pekar.
-En las cimas de la desesperación, de Emil Cioran.
-El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki.
-Antología American Splendor 3, de Harvey Pekar.
-Héroes, de Ray Loriga.
-El idiota, de Fiodor Dostoievski.
-Zama, de Antonio di Benedetto.
-El silenciero, de Antonio di Benedetto.
-La soledad del lector, de David Markson.
-Los suicidas, de Antonio di Benedetto.
-Antología, de José Luis Guillén Lanzas.
-Gramáticas de la creación, de George Steiner.
-Seis propuestas para el próximo milenio, de Italo Calvino.
-La habitación del agua, de María Cabrera.
-Retratos (con flash) de Jaime Gil de Biedma, de Luis Antonio de Villena.
-Un aplauso americano, de Rafael Indi.
-Tao Te King, de Lao Tsé.
-Quien mire hacia abajo, pierde, de Sara Herrera Peralta.
-La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela.
-Cuevas Bajas. Recopilación de datos históricos, de Andrés Márquez Aranda y Diego Ramírez Torres.
-El doble del doble, de Justo Navarro.
-Nada es crucial, de Pablo Gutiérrez.
-Mafalda 0, de Quino.
-Hojas de hierba, de Walt Whitman.
-Esperando a los bárbaros, de J.M. Coetzee.
-Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver.
-Poesía vertical, de Roberto Juarroz.
-Heridas, de Jesús Aguado.
-Aforemas, de Miguel Ángel Arcas.
-Hacia otra luz más pura, de Miguel d’Ors.
-El jugador, de Fiodor Dostoievski (relectura).
-El fanal hialino, de Andrés Trapiello.
-El hombre pájaro vino a vernos, de Sr. García y Sora Sans.
-Ahora solo bebo té, de Andrés Catalán.
-Filomeno, a mi pesar, de Gonzalo Torrente Ballester.

24 de diciembre de 2014

Lo mejor de 2014

A continuación mi top 5 en libros, de lo leído este año:


-El cuaderno gris, de Josep Pla (Austral).



-Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa (Acantilado).



-Nostalgia, de Mircea Cartarescu (Impedimenta).



-Diarios, de John Cheever (Emecé).



-Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver (Anagrama).




Y en películas:


-Nebraska (2013), de Alexander Payne.



-Armonías de Werckmeister (2000), de Béla Tarr.



-Harakiri (1962), de Masaki Kobayashi.



-Oslo, 31 de agosto (2011), de Joachim Trier.



-Relatos salvajes (2014), de Damián Szifrón.


¿Qué hay de vosotros? ¿Cuáles han sido vuestros descubrimientos?

21 de diciembre de 2014

Relatos salvajes


Aprovechando el día del espectador, me acerqué al cine a ver Relatos salvajes, película del argentino Damián Szifrón que concurrió en la sección oficial del pasado festival de Cannes y se encuentra entre las nueve precandidatas a los premios Oscar en la categoría de mejor película en habla no inglesa.

Fue una grata sorpresa. La película consta de seis historias cortas, con ingredientes como humor negro, sorpresas constantes, giros argumentales, y gente que, en un momento dado de su vida, por las razones o las presiones que sean, dice "basta" y responde de forma generalmente violenta o rebelde. Película de un intenso ritmo sostenido, refrescante, en unas historias predomina cierto componente macabro, mientras que otras tienen un cariz más cotidiano. La atraviesa una deliciosa locura que arranca varias carcajadas.

Me acordé, mientras la veía, de los Relatos de lo inesperado de Roald Dahl.

El director es uno de los guionistas de aquella serie que algunos recordaréis, titulada Los simuladores, y la película está producida por los hermanos Almodóvar y parece que está funcionando bastante bien en taquilla.

Dejo, para terminar, el enlace al breve reportaje que le dedicaron en Días de cine con motivo de su estreno.

La recomiendo; no digo más.

29 de noviembre de 2014

El fanal hialino



El fanal hialino (2002) es el undécimo de los dieciocho tomos hasta ahora publicados de los diarios de Andrés Trapiello, esa mastodóntica obra en marcha que lleva por título general Salón de pasos perdidos. El presente volumen corresponde al año 1997, y con él se ha iniciado uno como lector de la serie. Espero tener ocasión de continuar.

Aparte de a un dominador del lenguaje, con una prosa precisa y pulcra, rica y azoriniana, según han notado los críticos, reconocemos en Trapiello a un fino observador del entorno. A veces recurre a sinónimos cultos, y dice giróvagos en lugar de vagabundos, o dice, sin ir más lejos, hialino en lugar de diáfano.

Como diario de escritor que es, abundan en él los comentarios sobre el gremio (si bien los nombres aparecen más o menos velados, al indicarse sólo las iniciales), cotilleos de actos o jugosas anécdotas literarias. Véase un ejemplo, en forma de reflexión:

"Convencerle a alguien que vende un millón de ejemplares de su libro de que además puede ser un completo imbécil, es difícil. Aunque igual de difícil es convencerle de lo mismo a otro que vende trescientos."

Según recorremos las páginas, vamos asistiendo a un viaje a París, otro por Italia (incluida la ciudad natal de Leopardi, a quien Trapiello admira), comentarios sobre arte (pintura abstracta, música minimalista), sobre noticias de prensa (el asesinato de Miguel Ángel Blanco, la muerte de Lady Di), sucesivos paseos por el rastro o la historia de cómo acabó conociendo -curioso caso- a un lector que le envió una carta con erratas que había detectado en uno de sus libros. 

Tras iniciarme en el autor con Los amigos del crimen perfecto, y aunque tenía buenas referencias, ha sido una grata sorpresa descubrir a este Trapiello más íntimo y quizá también más entregado, más pleno, ávido de crear vida, en un intento por apresar detalles y pequeñas vivencias que se intentan rescatar temporalmente de un, a fin de cuentas, implacable olvido. A este respecto, escribe: 

"Me apenaría que muchas de las historias que suceden a nuestro lado se deshilacharan definitivamente como esas borrascas atlánticas que se disipan al llegar a la meseta."

Vivencias, claro está, pasadas por el filtro de la mirada del autor, que crea con cierta ironía (en bastantes momentos me ha asaltado una sonrisa) y no desprovisto de chispa. También se recogen críticas a tomos anteriores del diario y, en definitiva, todo aquello que, en el susodicho año, el autor consideró de interés rescatar. 

Un momento que llama la atención: cuando informa de que es la primera tarde en muchos meses en la que ¿puede? dedicar tiempo al placer de leer.

Continúo de esta forma, otra vez placentera, con mis incursiones en el género diarístico, que suelo frecuentar desde hace un tiempo (Josep Pla, John Cheever, Chantal Maillard, Pessoa...). Con cien páginas, comenté en Goodreads, di el libro por amortizado. Quedaban otras quinientas para disfrutar.  

Valoración: 4/5.

22 de noviembre de 2014

Javier Cercas en Málaga

Por este teatro,
de fachada colorida,
pasó ayer un soldado
de Salamina.


El pasado viernes tuvo lugar, en el Teatro Cánovas de Málaga, un encuentro de clubes de lectura de bibliotecas rurales de la provincia (entre ellas la de mi pueblo, Cuevas Bajas) con el autor Javier Cercas, que presentó su nueva novela, El impostor, y al que tuve ocasión de asistir. Cercas resultó afable y dialogante. En su intervención comenzó presentando al protagonista de su libro, Enric Marco, un personaje real (aún vivo, con 95 años, y que esa misma mañana había estado hablando en la SER) que se hizo pasar, de la forma más convincente, por víctima de los campos de concentración nazis, llegando a pronunciar múltiples conferencias, a conceder entrevistas y a intervenir incluso en el Congreso de los Diputados, como representante de la asociación de víctimas que presidía, con un vibrante discurso que emocionó, entre otros, a la ministra Carmen Chacón. Hasta que, dos meses después, fue desenmascarado por el historiador Benito Bermejo y se descubrió que nunca había estado en un campo de concentración (aunque sí en Alemania, sí en la cárcel).

La novela, en la línea marca de la casa, funciona como un producto híbrido mezcla de crónica, biografía, novela, autoficción, historia... En ella, según oímos, como ocurría en Soldados de Salamina, de forma metaliteraria, se refleja el propio proceso de construcción del libro. Se habló de este tipo de obra, que Cercas emparentó con la novela cervantina (empleó la metáfora culinaria del banquete con muchos platos), en comparación con el tipo decimonónico (más centrado quizá en la peripecia: fulanita conoce a mengano, se gustan, se casan, tienen hijos, se separan...), que, bien es cierto, ha dado grandes títulos, pero que resulta, para Cercas (y para uno mismo), menos interesante y aún sobrevive, de forma algo trasnochada pero en algunos casos exitosa, hoy día.

Se criticó también el concepto contradictorio de memoria histórica (no sus pretensiones y propósitos), ya que la memoria es algo personal y subjetivo, mientras que la historia es colectiva y objetiva, o al menos aspira a serlo. Se habló de cierta industria o burbuja de la memoria histórica que hubo hace unos años y en la que, como caso paradigmático, encontramos al protagonista de esta novela.


Cercas en acción, flanqueado por distintas autoridades


Cercas expuso, además, su visión de la literatura, de la novela, como cartografía que nos ayuda a entender mejor la realidad, la condición humana en general, o a ciertas personas en concreto. Dado el caso de Hitler, ¿de qué nos sirve, por ejemplo, decir que es un monstruo y alejarnos de él sin tratar de entenderlo? Mientras más se conozca su caso, si llegáramos a comprenderlo enteramente (ojo: no a justificarlo), tendríamos la base para que la historia no se repita, vino a decir Cercas.

Se refirió el autor a la mediopatía, a ese afán del común de la gente, al menos en las sociedades consideradas "desarrolladas", por aparecer en los medios.

Resultó un acto bastante interesante, enriquecido por los comentarios atinados de los compañeros de mesa y de alguna asistente, que sería delirante tratar de compartir aquí de forma íntegra. Al final, me rasqué el bolsillo y me hice con un ejemplar de la novela, que me llevé firmada junto con las otras tres del autor que ya traía de casa. También me atreví a regalarle al autor un ejemplar de mi libro, El rayo que nos parta, a riesgo de ser considerado un petardo con afán de medro.


15 de noviembre de 2014

Otoño


OTOÑO

Noche. Calle mojada.
En la acera, bajo un paraguas,
un vejete con bulldog
al que te aproximas
en tu rato de jogging.
Te debates entre cruzar
la calle o seguir
por tu lado como si nada
(pero si los miedos
hay que afrontarlos,
qué mejor oportunidad que esta).
El perro empieza a ladrar
y a tirar (“no le gusta que la gente corra”,
dice incomprensiblemente el dueño),
y tú te apartas -temblorosas tibias-
medio metro a su paso
pisando algo de calzada -al tiempo
que esquivas un titular de periódico-,
no muy convencido de que el viejo
pueda retener a la fiera
(que, ahora ves, va sin bozal).
A duras penas mantiene 
el equilibrio mientras tú rezas
por que no resbale
con esa capa de hojas secas
(es un decir) y acabes por odiar
a perpetuidad
cualquier atisbo de poesía otoñal.

(un poema propio)
2014

8 de noviembre de 2014

Tenemos que hablar de Kevin


Incorrección política, cierta amoralidad, niños que todos nos arrepentiríamos de haber tenido y un notable desplazamiento de los roles tradicionales son algunos de los componentes que encontramos en Tenemos que hablar de Kevin (2003), la interesante novela de la estadounidense Lionel Shriver, que ha sido ya adaptada al cine en 2011 con la participación de Tilda Swinton, entre otros.

La novela se estructura en forma de cartas sucesivas que Eva envía a su marido, con el que ya no convive, tratando sobre diversos temas y contando la historia de su hijo Kevin, un adolescente particularmente rebelde que ha cometido, según se alude desde las primeras páginas, dejando con ganas al lector de querer saber más, un delito de cierta seriedad (no queremos desvelar demasiado del argumento). Eva, la madre, reconstruye la historia desde el principio de su matrimonio y el nacimiento de Kevin. 

Se trata de una mujer que revela una notable acidez, en ocasiones corrosiva, en su visión del mundo y manifiesta opiniones políticamente incorrectas, por ejemplo, sobre la maternidad, o sobre lo que se espera de una madre. Sarcástica y a veces también frívola, no es la típica mujer familiar y maternal del tópico, por eso hablábamos de desplazamiento de roles. Aparece también un cuestionamiento de determinados métodos escolares y educativos, del american way of life en general, y en concreto se plantea el debate de las armas de fuego en Estados Unidos.

En determinados momentos se vislumbra una amoralidad que recuerda a Del asesinato considerado como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, libro del que ya hablamos en este blog. Véase este fragmento:

"…en cuanto asesino, hay que reconocer que Davis era todo un caballero. Dejó una nota en su coche, en la que aseguraba a sus padres y a su antigua novia que los quería mucho. Una vez cometido el crimen, dejó caer el arma, se sentó a su lado y se tapó la cabeza con las manos. Así se estuvo hasta que llegó la policía, momento en el cual, según informaron entonces los periódicos, “se rindió sin ofrecer resistencia”."

Hay cierta ambigüedad en la postura de la madre sobre la fechoría de su hijo. A veces habla de ello como del día en que se truncó su vida, y otras llega a mostrar orgullo por que su hijo haya tenido la cabeza de llevar a buen puerto lo que planeó. Otros libros que me han venido a la cabeza en la lectura han sido La cena de Herman Koch y El fin de Alice de A. M. Homes.

La novela tiene bastantes momentos brillantes y algunos diálogos demoledores entre madre e hijo. A pesar de sus seiscientas páginas, no se trata de un libro denso. La prosa no resulta muy elaborada y la lectura es ágil, absorbente y perturbadora. Algo que no vi como un acierto fue el retrato del adolescente como un pequeño monstruo inhumano desde que nació, pero pueden ser cosas mías. También eché en falta la postura del padre tras lo que hizo su hijo, pero al final entendemos que no aparezca.

Seguramente una de las mejores novelas que he leído este año. La recomendaré.

Valoración: 4/5.

27 de octubre de 2014

Imposible

Enrique Vara, Hombre corriendo



"Cuando carezco de luz,
la luz me parece imposible.

Cuando quedo afuera del poema,
el poema me parece imposible.

Cuando dejo de mirarte,
tú me pareces imposible.

Cuando pierda la vida,
la vida me parecerá imposible.

Y si pudiera no pensar,
pensar me parecería imposible.

Desde afuera de una cosa,
esa cosa es imposible.

Y desde afuera de todo, 
todo es imposible.

Pero hay una excepción:
desde adentro de mí,
yo también soy imposible."

Roberto Juarroz (1925-1995), Poesía vertical.

19 de octubre de 2014

Tilman Robinson - Network of lines


Comparto hoy en este cuaderno virtual un disco de jazz que estoy escuchando últimamente y que he descubierto por recomendación, que agradezco, de Francisca Pageo (en Twitter @franciscapageo). El álbum se puede escuchar íntegro aquí (e incluso comprarlo) y parece surgir por inspiración de la novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero (1979). Se trata del trabajo de debut de Tilman Robinson, artista australiano. Tiene el disco temas evocadores y reposados, como "In Search Of An Anchor", y también algunos más animados y alegres ("Malbork, Cimmeria", "Lines: Enlacing"). Dejo la especie de ficha a la que acostumbro y un enlace a la web del autor.

Título del álbum: Network of lines.
Autor: Tilman Robinson
Año: 2013
Nacionalidad: Australia
Género: Jazz, clásica, experimental.
Títulos del álbum: 01 Winter's Night, 02 Malbork, Cimmeria, 03 In Search of an Anchor, 04 The Void and the Iron Bridge, 05 Shadows Gather, 06 Lines: Enlacing, 07 Lines: Intersecting, 08 Makiko, 09 Around an Empty Grave, 10 What Story Down There Awaits Its End?
Duración: unos 52 minutos.

Aunque recomiendo escuchar el álbum entero en el enlace que dejo más arriba, inserto aquí también un vídeo de Youtube con uno de los temas del mismo.


4 de octubre de 2014

American splendor


Traigo hoy por aquí un cómic underground estadounidense de cuyo protagonista -y sus historietas- ya hicieron en 2003 una muy buena película, de título homónimo, protagonizada por Paul Giamatti, que por entonces encadenaba en la cartelera española dos excelentes trabajos (creo recordar que se estrenaba también, por esas fechas, Entre copas, de Alexander Payne). 

Las historias de American Splendor comenzaron a publicarse en los años setenta, autoeditadas por Harvey Pekar. Años después, acabaron publicadas por una editorial grande. Salí del cine, tras ver la película, con la sensación de haber descubierto a un personaje como pocos se hallan. Cuando vio la luz el DVD, me lo compré para poder verla cuando quisiera. Han pasado unos años hasta que no me he acercado a los cómics. Elegí las tres antologías editadas por La Cúpula, y las sensaciones han sido parecidas. Las leí hace ya unos meses, así que, como no tomé muchas notas, he venido posponiendo el momento de escritura de esta entrada, pero aun así me apetecía compartirla.

Harvey Pekar (1939-2010), apasionado del jazz y coleccionista de cómics, se retrata en sus historietas autobiográficas sin idealizaciones, describiéndose a veces en situaciones que no lo dejan muy bien parado de cara al lector. Siguiendo una línea distinta a la de los tebeos de superhéroes, escribe guiones sobre el día a día, su trabajo de administrativo, situaciones con su esposa, cuitas existenciales, personas con las que se cruza o con las que trabaja, siguiendo el aserto de que "la vida ordinaria es algo muy complejo" ("ordinary life is pretty complex stuff"). Sus historias tienen momentos hilarantes, momentos tiernos, momentos tristes, momentos irónicos. Como en la película, Pekar parece un ácido cascarrabias, un outsider reacio a convencionalismos y con una personalidad bastante marcada.



Recomiendo, cómo no, a los que no lo conozcáis, que os acerquéis a la figura de Harvey Pekar, ya sea con la película de Shary Springer Berman y Robert Pulcini o con estas tres antologías de sus historietas. 

Disfrutad, si podéis, de lo que queda de fin de semana.

17 de septiembre de 2014

Los ilusos



Vaya con los Trueba. Que si Fernando, que si David, que si Jonás. A este último, el más joven de la saga (no sé si armarme de prudencia y decir "por ahora"), lo he descubierto este verano, cuando decidí ver Todas las canciones hablan de mí (2010) aprovechando que la ponían en La 2. Tras ella, me entraron muchas ganas de buscar su otro largometraje existente hasta la fecha, Los ilusos (2013). Y me confirma que será un director al que intentaré seguir de cerca la pista.

Los ilusos destila honestidad. Una película sobre el propio cine (gira en torno a un grupo de personas o personajes (algunos reales, otros ficticios) que trabajan en el mundo del cine, sin ser Javier Bardem ni Penélope Cruz, es decir sin pertenecer al star-system) con interpretaciones muy naturales e historia de ligue incluida que recuerda en su conjunto a Guest de José Luis Guerín. "Esperamos ser transparentes", se nos manifiesta al principio, y parece que Trueba logra su cometido en esta película urbana, centrada sobre todo en gente joven, con referencias literarias (Chusé Izuel, Edouard Levé, Enrique Vila-Matas) y cómo no cinematográficas.

Aura Garrido y Francesco Carril

Mikele Urroz

Una película compuesta por conversaciones, paseos, encuentros, acciones cotidianas... No es extraño que de vez en cuando aparezca en escena un micrófono, una claqueta, una actriz ensayando el tono de una frase, en la línea de esa transparencia y ese cine dentro del cine que antes mencionábamos. 

Película destacable, además de por sus interpretaciones, por su en ocasiones exquisita fotografíaPara amantes de las pequeñas historias del séptimo arte. Dejo escena musical:


13 de septiembre de 2014

Nada es crucial



Nada es crucial (2010), novela del onubense Pablo Gutiérrez, tiene un punto de partida no muy arriesgado (grosso modo, la reconstrucción de dos biografías desde la infancia), pero el enfoque sí escapa de lo trillado. 

La novela sitúa el trabajo del lenguaje por encima de lo que cuenta, aunque hay una trama bastante identificable (cosa que no siempre ocurre en otros casos, como el de Eloy Tizón, con cuya prosa me parece la de Nada es crucial emparentada). El encanto de la novela, a mi entender, radica en sus hallazgos expresivos, en sus curradas imágenes. Algunos ejemplos de estilo:

"...aunque llegó a bachillerato y por tanto debería saber mucho de raíces aritméticas y sistema circulatorio, lo cierto es que la masa de polen que fumó durante los años de la furgoneta le quitó un buen filete a su cerebro, reducidito quedó como consomé de asilo, y era divertido ver cómo los dos se hacían tremendo lío con las cuestiones más sencillas, los afluentes del Duero, la clorofila, los estambres, el peristilo de las lilas y las hojas filiformes."

La narración tiene cierto aliento lírico, poético, si bien permeado de ironía. Sólo aparecen los nombres de los dos protagonistas, Lecu y Magui, mientras que el resto, como si de un cuento se tratara, aparece caracterizado con un rasgo: el Sr. Alto y Locuaz, la Mujer del Vestido Recatado, el Hombre del Cráneo Enroscado, la Sra. Amable Dos, etc. Tras leer el libro, encuentro que en la contraportada del libro tiene quizá demasiado peso la palabra yonquis, y su mundo, cuando en realidad, si bien Lecu es hijo de tales, es abandonado y lo que se narra es su peripecia con distintas familias adoptivas. El mundo de la infancia y el colegio queda bastante retratado, y se percibe la ternura desde la voz del niño.

Mirando opiniones sobre la novela, encuentro cierta disparidad: a algunos les encanta y a otros no les dice nada. Mi entusiasmo se sitúa en un término medio. A pesar de algunas imágenes superficiales o morbosas en la primera parte, me resulta muy apreciable el esfuerzo del autor, si bien a ratos echo algo en falta, sin saber muy bien qué, para que el libro me parezca una gran novela. ¿Una dosis de profundidad, tal vez? En el interludio la novela se me cayó un poco. Como si el autor supiera que esto podía ocurrir, nos da permiso por boca del narrador para saltarnos esa parte. Son de resaltar también sus puntadas metaliterarias.

Pablo Gutiérrez (1978), que ejerce de profesor de literatura, fue seleccionado en la famosa lista Granta como una de las voces más prometedoras de la joven literatura en castellano. Para que sirva como contraste con mi opinión, mencionaré que Nada es crucial le encantó a Alberto Olmos (o a su álter ego Juan Mal-herido) y a Bernardo Luis Munuera (de La manía de leer).

Valoración: 3/5 


6 de septiembre de 2014

Hay una literatura...

Imagen de Yaroslav Gerzhedovich


"Joaquín Font, Clínica de Salud Mental El Reposo, camino del Desierto de los Leones, en las afueras de México DF, enero de 1977. Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. Así les hablé a ellos. Les dije, les advertí, los puse en guardia contra los peligros a que se enfrentaban. Igual que hablarle a una piedra. Otrosí: los lectores desesperados son como las minas de oro de California. ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente! No se puede vivir desesperado toda una vida, el cuerpo termina doblegándose, el dolor termina haciéndose insoportable, la lucidez se escapa en grandes chorros fríos. El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba de desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas. ¡O se cura! Y entonces, como parte de su proceso de regeneración, vuelve lentamente, como entre algodones, como bajo una lluvia de píldoras tranquilizantes fundidas, vuelve, digo, a una literatura escrita para lectores serenos, reposados, con la mente bien centrada. A eso se le llama (y si nadie le llama así, yo le llamo así) el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y con esto no quiero decir que cuando uno se ha convertido en un lector tranquilo ya no lea libros escritos para desesperados. ¡Claro que los lee! Sobre todo si son buenos o pasables o un amigo se los ha recomendado. Pero en el fondo ¡lo aburren! En el fondo esa literatura amargada, llena de armas blancas y de Mesías ahorcados, no consigue penetrarlo hasta el corazón como sí consigue una página serena, una página meditada, una página ¡técnicamente perfecta! Y yo se los dije [sic]. Se los advertí [sic]. Les señalé la página técnicamente perfecta. Les avisé de los peligros. ¡No agotar un filón! ¡Humildad! ¡Buscar, perderse en tierras desconocidas! ¡Pero con cordada, con migas de pan o guijarros blancos! Sin embargo yo estaba loco, estaba loco por culpa de mis hijas, por culpa de ellos, por culpa de Laura Damián, y no me hicieron caso."

Roberto Bolaño (1953-2003), Los detectives salvajes (Barcelona, Anagrama, 1998).

29 de agosto de 2014

Sobre la máquina del tiempo de Wells

Obra de Duy Huynh


"Comprendía que Wells necesitara enviar a su personaje hacia adelante en el tiempo con objeto de exponer su punto de vista sobre las injusticias del sistema de clases inglés, que podría exagerarse hasta niveles catastróficos si se situaba en el futuro, pero, aun concediéndole el derecho de hacerlo, en el libro había un problema más grave. Si alguien que viviera en Londres en el siglo XIX podía inventar una máquina del tiempo, entonces era lógico que otras personas que vivieran en el futuro estuvieran en condiciones de hacer lo mismo. Si no por sí mismas, al menos con ayuda del viajero en el tiempo. Y si la gente de futuras generaciones pudiera viajar hacia adelante y hacia atrás en el tiempo a través de los años y los siglos, entonces tanto el pasado como el futuro estarían llenos de personas que no pertenecerían a la época que estuvieran visitando. Al final, todas las épocas estarían contaminadas, abarrotadas de intrusos y turistas de otras eras, y una vez que la gente del futuro hiciera sentir su influencia en los hechos del pasado y la gente del pasado empezara a influir en los acontecimientos del futuro, la naturaleza del tiempo se modificaría. En vez de ser una continua progresión de discretos momentos que avanzan lentamente en una sola dirección, se disgregaría y se convertiría en una vasta y difusa nebulosa. Sencilla y llanamente, en cuanto una persona empezara a viajar en el tiempo, el tiempo tal como lo conocemos se destruiría."


Paul Auster, La noche del oráculo (Nueva York, Henry Holt, 2003). Traducción de Benito Gómez Ibáñez (Barcelona, Anagrama, 2004).

24 de agosto de 2014

Misha Mishenko - Strákur sem spilar með vindi


Título del álbum: Strákur sem spilar með vindi
Autor: Misha Mishenko
Año: 2013
Nacionalidad: Rusia
Género: Neo-Clásica / Ambiental
Duración: unos 37 minutos

Además de la fantástica e imaginativa imagen de portada y los datos del disco, dejo el enlace al álbum íntegro en Bandcamp, donde se pueden escuchar gratuitamente y también adquirir este y otros trabajos de Misha Mishenko.

Artistas relacionados:

Ólafur Arnalds
Max Richter

18 de agosto de 2014

Contribución a la estadística


Absentia, de Sebastian Eriksson



CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA

"De cada cien personas,

las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,

las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,

las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,

las dignas de compasión:
noventa y nueve,

las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio."

Wisława Szymborska (1923-2012).

10 de agosto de 2014

Cumple un año "El rayo que nos parta"



Se cumple un año desde la salida de imprenta de El rayo que nos parta, el libro de relatos que acabé autopublicando, y no me parece del todo fuera de lugar dedicar una breve entrada al tema, con algunos agradecimientos.

Así que GRACIAS a las más de 300 personas que habéis confiado en él, a pesar de no venir respaldado por una editorial. A los que después de leerlo, incluso, le habéis dedicado un comentario en vuestros blogs o páginas (podéis verlos en la parte lateral derecha del blog). A los que comprasteis uno, lo leísteis y volvisteis por otro para regalar porque os había gustado. A los que os habéis convertido en improvisados libreros difundiéndolo entre vuestros conocidos. A los que me decís que lo leéis en el autobús y ponéis el marcapáginas a la vista para que se note. A los que lo leísteis y lo prestasteis. A los que habéis compartido fragmentos en Twitter, Facebook, Instagram, Goodreads... A los que venís a las presentaciones. A los libreros que habéis acabado recomendándolo o poniéndolo en el escaparate. A Roxana, que nos abrió las puertas de su programa de televisión en la Costa del Sol. A quienes facilitaron las distintas presentaciones que -rotura de tibia y peroné mediante- hemos podido ir realizando a lo largo de este tiempo.

Gracias a todos vosotros, y aunque todavía quedan ejemplares en espera de ser leídos, he sido un poco más feliz cumpliendo ese pequeño sueño de ver los escritos de uno publicados, y, en un terreno más pragmático, los gastos de imprenta han sido cubiertos con las ventas que se han ido realizando gracias al granito de arena que habéis puesto muchos.

Ahora mismo, El rayo que nos parta concurre al XI Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España el pasado año, junto a otros 67 participantes. El simple hecho de estar en la línea de salida, junto a nombres como los de Eloy Tizón, Juan Jacinto Muñoz Rengel, etc., ya es una ilusión para mí. Como he dicho en alguna presentación, independientemente de la acogida de este libro, no voy a dejar la literatura, que (sobre todo la actividad de leer), desde hace más de un decenio, se ha convertido en una necesidad básica más para mí, como comer o dormir. 

El proyecto del segundo libro está ya en marcha, y lo primero -con el texto dado ya por terminado- será, de nuevo, llamar a la puerta de algunas editoriales por si estuvieran interesadas en publicarlo. En este caso será un libro de poemas y se titulará, si no hay cambios, Aproximación a la herida. Agrupará los textos premiados en el certamen MálagaCrea 2014 junto a otros más que no pude presentar a dicho certamen por la limitación que imponían las bases. Espero poder seguir informando próximamente, aunque estas cosas, y más aún en la liga en la que juego, van despacio.



9 de agosto de 2014

Verdadera devoción por Duchamp



El otro día, a la vuelta del paseo vespertino, me topé con un zapato viejísimo clavado con una puntilla en el tronco de un árbol. Qué cosas. 

Estas tonterías no las suelo pasar por alto, así que acabé por fotografiarlo: un zapato en sentido vertical, con la puntera hacia el suelo. No conocía la historia detrás de ese zapato (si es que había alguna), pero fantaseé, de forma algo ingenua, con la posibilidad de un incipiente artista conceptual en el municipio. En la película Buscando un beso a medianoche, uno de los personajes fotografiaba zapatos que encontraba abandonados y que habían perdido su par.

Esto era algo diferente, pero los caminos del arte contemporáneo son inescrutables. Un zapato clavado en un árbol -perfectamente integrado en él, valdría decir- en un pueblo de 1.400 habitantes, ya es algo que se sale de la triste rutina. Hace poco pusieron en televisión Amanece, que no es poco, esa ya mítica película de José Luis Cuerda, con un reparto antológico y un exquisito humor excéntrico. Siguiendo las palabras del Guardia Civil, verdaderamente indignado porque habían plagiado Luz de agosto de William Faulkner, aquí habría que decir: ¿es que no sabe que es VERDADERA DEVOCIÓN lo que en este pueblo hay por Duchamp?

6 de agosto de 2014

Armonías de Werckmeister


Traigo hoy otra de esas películas de "no para cualquiera", pero que me parecen interesantes y comparto por si a alguien que pase por aquí le mereciera la pena. Hace unos días topé con una lista -tan discutible como casi todas- con las cien mejores películas de lo que llevamos de siglo XXI, y me sorprendió encontrar Armonías de Werckmeister (2000), del húngaro Béla Tarr, entre las diez primeras.

Película en blanco y negro, de aire melancólico y pausadísimo ritmo -como acostumbra el cineasta húngaro-, Armonías de Werckmeister expone el dramático contraste entre pureza, inocencia y sinrazón y violencia. Una cinta de poso poético, con fotogramas realmente bellos (véase la evocadora y significativa imagen de la ballena gigante en la plaza al final del filme) que se anclan y perduran en la retina del espectador.




Tras ver El caballo de Turín (2011) y las siete horas (sic) de Sátántangó (1994), Armonías de Werckmeister es la película de Béla Tarr con la que más he vibrado y disfrutado, la que encuentro más completa. Entre las películas de oír crecer la hierba, no obstante, Stalker (1979) creo que es mi predilecta. No le va a la zaga Paisaje en la niebla (1988). Y Japón (2002), de Carlos Reygadas, también me contenta. Nombro títulos de un tipo de cine que algún crítico le parece de "estética cargante", "aburrido" (desde luego no recomendable para impacientes o gente que busque en el cine mero entretenimiento) pero que, cómo no, da en ocasiones muy buenos frutos. Como digo, "no para cualquiera". Dejo tráiler y algunas imágenes: