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27 junio 2014

Héroes


Ray Loriga, que durante bastante tiempo ha estado con Christina Rosenvinge, debe ser la gloriosa excepción a ese poema de Miguel d'Ors que viene a decir que los poetas -los escritores en general, si se quiere- resultan invisibles a los ojos de las rubias.

Acabo de terminar Héroes (1993), su segunda novela, que exhala un inconfundible aire a beat generation. El libro empieza bien para mi gusto. Tiene buenas frases o al menos voluntad o ganas de escribirlas. Se percibe el ingenio, la frescura, el desparpajo en la creación en unos fragmentos cortos evocadores -y hasta poéticos- plagados de referencias culturales, musicales más bien (Jim Morrison, David Bowie, los Rolling). 

Pero a partir de cierto momento (la mitad o así), los aciertos anteriores se empiezan a caer en nuestra cabeza. Entonces uno intuye que se antepone espectacularidad a hondura, y eso no nos gusta. Uno detecta un exceso algo banal de la tríada "sexo, drogas y rock and roll", bien llevada hasta entonces. Una pena que no acabe de cuajar, porque la novela empezaba pintando muy bien. La he buscado en tiendas virtuales de libros y parece ser que el libro está descatalogado en papel, lo cual sorprende un poco.

Para admiradores -jóvenes, a ser posible- de los personajes de En el camino de Kerouac fascinados también por los hikikomori japoneses -extraño cruce- y la música rock.

22 junio 2014

No tenemos el corazón de acero


"No queríamos cargar con la responsabilidad de un millón de personas esperando nuestro próximo movimiento. No tenemos el corazón de acero ni grandes planes para el futuro. (...) Una vez en Australia un tipo se subió a un puente y dijo que se tiraría desde allí si no tocábamos El tío que traga sables se corta el intestino cuando baila el twist. Bueno, el caso es que lo estuvimos pensando. Era nuestro primer concierto en Australia y no queríamos joderlo. Había cien metros de caída libre desde el puente, pero al final decidimos no tocarla, sencillamente no era uno de nuestros mejores temas. Pensamos, este tío es un cretino y no va a tirarse por una tontería como ésa. Dimos un buen concierto esa noche. Le dedicamos Gente estropeada al tío del puente y todo el mundo aplaudió, todos sabían lo del imbécil del puente y todos pensaron que eso sería suficiente, pero el gilipollas se tiró.

Se partió la espina dorsal, pero no se mató. Le vi en televisión diez años después. Dijo que ya nos había perdonado, y que tenía una vida sexual muy animada gracias a un consolador gigante que le habían traído del Japón.

Después de lo del subnormal del puente la compañía de discos reeditó El tipo que traga sables se corta el intestino cuando baila el twist, y el tema estuvo en el número uno tres semanas. Volvimos a tocar en Australia muchas veces más y siempre había algún imbécil subido a un puente pero nadie volvió a tirarse."

Fragmento de Héroes (1993), de Ray Loriga.