9 de febrero de 2015

A quién no le ha pasado




A veces, de noche, se embriaga uno
de buena música, libros y,
cómo decirlo,
siente uno tanto lo que siente,
que en verdad es triste
que se pierda ese momento
de elevación, de iluminación, de anegación
cuasi mística, de… (tranquilos, encontraré
una forma más pedante de decirlo).
Y piensa: qué bueno sería ahora
conseguir verbalizar todo este
estallido de silencio,
consciente de que ese momento
de plenitud pasará sin fruto
-como nuestras vidas-,
y coge el cuaderno
al borde de una revelación
que no llegará,
consciente de antemano de que cualquier
cosa que escriba parecerá mañana
una soberana estupidez,
que perderá toda su fuerza
como un globo desinflado.

Tener un momento así una noche
detrás de otra,
y otra…
Más y más ceniza entre los dedos.
(¿Se puede seguir diciendo ceniza?)
Y pensar que esa suma de momentos,
al fin y al cabo,
es la vida,
momentos en que nos sentimos
así de plenos
y acabamos,
como siempre,
igual de vacíos,
y la tristeza es lo único
que palpas,
y la certeza de que estás solo, 
y el anhelo frustrado de.

©Jesús Artacho, 2014.

5 comentarios:

  1. Magnífico!!!! Te felicito por el poema. Saludos desde la bella Cástulo.

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  2. Inma: Seguramente es exagerado decir que le haya pasado a mucha gente, como lo sería decir que sólo a mí me ha ocurrido. Pero bueno, a unos cuantos seguro que sí nos ha pasado. Gracias por la lectura.

    Ramón: Muchas gracias, amigo. Nos vemos.

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  3. La propia conciencia de ello también es algo bello, enhorabuena... (los paréntesis, geniales).

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  4. Muchas gracias. :)

    Aprovecho para decir que el poema (sic) forma parte de "Aproximación a la herida", un libro pendiente de publicación ya comprometido con una editorial.

    Saludos.

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