"No es país para viejos", de Cormac McCarthy
("Las historias se transmiten y las verdades se omiten").
He llegado a este libro por ser una de las lecturas del club de lectura que coordino en la biblioteca donde trabajo. Había leído hace años otro libro del autor, La carretera, que no llegó a gustarme. Cormac McCarthy nació en 1933 en Rhode Island (que a pesar de su nombre no es ninguna isla) y murió en 2023 a los 89 años. No fue un autor muy prolífico y entre sus obras más destacadas se encuentran Meridiano de sangre, Suttree, la Trilogía de la frontera o La carretera, que obtuvo el Pulitzer en 2007 y fue llevada al cine. Algunos reclamaban para él el Nobel de Literatura en el tramo final de su vida.
No es país para viejos (2005) fue llevada al cine en 2007 por los hermanos Coen y obtuvo el Oscar a mejor película, con Cormac McCarthy presente en la ceremonia. Con su papel de la implacable máquina de matar Anton Chigurh, Javier Bardem obtuvo el Oscar a mejor actor de reparto.
La novela se compone de algunas narraciones en primera persona por parte del sheriff Bell, uno de los protagonistas de la trama (si no el personaje protagónico), mientras que el grueso de la novela tiene un narrador en tercera persona, narrador testigo al parecer, pues nos cuenta las acciones de los personajes y sus diálogos sin entrar en su interioridad (aunque, en un momento dado, se nos dice que el veterano de Vietnam Moss, otro de los personajes principales, "pensó en su vida"). Hay un tipo de lector que busca en la novela una trama trepidante, y pierde el interés si el autor se prodiga en reflexiones o divagaciones. Hay otros lectores, quizá, a los que nos aburre precisamente que un escritor apenas narre, de forma exclusiva, las acciones de los personajes y sus diálogos (como a través de una cámara, en una técnica más propia del cine). Parece detectarse en el libro una tendencia (¿perezosa?) al polisíndeton, de modo que el narrador nos cuenta que cierto personaje "se levantó y se afeitó y abrió una lata de cerveza y... y... y...". Poca subordinada. Este recurso puede tener su encanto en otro contexto estilístico, pero aquí sólo parece revelar pobreza narrativa, un estilo poco lucido. ¿Debe la novela asemejarse a una película? Diría que no, que la literatura es otra cosa. Rodrigo Fresán, en este sentido, fue más allá:
"El único recurso que le queda a la literatura en una época completamente digital es el estilo. Creo que abundan los escritores que simplemente cuentan pero no escriben".
McCarthy aquí diría yo que es uno de ellos, de ese montón que se limita a contar, sin apenas ningún destello ni hallazgos expresivos. Muestra las acciones de sus personajes pero no explica sus intenciones (esta última frase es meramente descriptiva, no un reproche). La trama, por otra parte, se centra en una historia de narcos, maletín con una cantidad astronómica de dinero, persecución por moteles y mucha brutalidad y asesinatos en el sur de Estados Unidos, no muy lejos de la frontera con México. En cuanto al marco temporal de la acción, no se da un dato concreto pero se hace alusión a Pablo Escobar. La historia podría estar ambientada en la década de los ochenta. El estilo es descarnado, crudo, no escatima en detalles acerca de hacia dónde salpica la sangre: "Un chorro de sangre salió disparado chocando contra la pared y resbalando por ella" (en este caso con un gerundio de posterioridad (dos en realidad), lo que no puedo ver sino como un pequeño fallo de traducción).
Leemos: "La constitución del estado de Texas no establece ningún requisito para ser sheriff. Ni uno solo. No existen leyes de condado. Un cargo que te confiere casi tanta autoridad como Dios y para el cual no se exige ningún requisito..." O sea, como aquí en España para ser político. Leemos: "Cuando digo que el mundo se está yendo al infierno la gente simplemente sonríe y me dice que me estoy haciendo viejo. Que ese es uno de los síntomas". Leemos: "Si he de serle franco le diré que nunca he conocido ni he oído hablar de nadie a quien el dinero no haya cambiado".
En el tramo final de la novela, resuelta ya la trama, proliferan en mayor medida las narraciones en primera persona del sheriff, que dan a la novela otro aire y la vuelven más reflexiva y profunda, de ahí (imagino) que algunos la califiquen de western crepuscular. Diría que este tramo final salva los muebles para este libro, que en Latinoamérica fue traducido como Sin lugar para los débiles. No obstante, quisiera leer también otras obras notables de McCarthy como Meridiano de sangre o Suttree.
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