15 de junio de 2013

Sexo, mentiras y Hollywood

         


     Como aficionado al cine, y especialmente al llamado independiente, sentía una especial curiosidad por leer este libro, curiosidad que ha sido de sobra saciada conforme iba pasando páginas.
Peter Biskind, crítico y periodista cinematográfico estadounidense, presenta el libro desde el prólogo como una continuación de Moteros tranquilos, toros salvajes, un ensayo anterior en el que daba su versión del panorama del séptimo arte en los años setenta. En esta ocasión, con Sexo, mentiras y Hollywood, avanza unos años y se centra en la década de los noventa. El subtítulo reza así: Miramax, Sundance y el cine independiente.
            Nos situamos en la órbita de directores como Steven Soderbergh, Todd Haynes, Quentin Tarantino, de películas como El indomable Will Hunting, El piano, Reservoir Dogs o La vida es bella. Un cine que comenzó como alternativa a los grandes estudios pero que, en la mayoría de los casos, se ha acabado integrando en ellos. Peter Biskind habla largo y tendido, de forma cronológica, meticulosa y pormenorizada, de historias internas del celuloide muy jugosas.
            Si el libro tiene un protagonista, ese podría ser perfectamente Harvey Weinstein, fundador de la distribuidora Miramax (una de las “torres gemelas del indie”, junto al festival de Sundance creado por Robert Redford) con su hermano Bob. Como no podía ser de otra manera, los Weinstein no salen muy bien parados: “En este negocio todo es ego y codicia. Harvey es el ego; Bob la codicia”. Se retratan sus maneras casi mafiosas, sus tácticas agresivas para conseguir nominaciones a los Oscar y sus presiones (que le valieron el apodo de Harvey Manostijeras) para acortar metraje o cambiar escenas según su criterio, que trataba por todos los medios de imponer al del director. 

"¡Es la clase de tío al que tienes que darle la mano mientras le cortas la cabeza!" Harvey Weinstein.

       Su megalomanía y arrogancia le acarrearon lógicamente muchos desencuentros, pero el negocio fue prosperando y Miramax se convirtió en un referente de cómo hacer de películas más bien pequeñas todo un éxito.
Si algo definía a este llamado cine independiente era, en cierto sentido, su estética anti-Hollywood, su distanciamiento de las películas convencionales y precocinadas de los grandes estudios. La entrada en escena de un tal Quentin, un personaje singular, marca un antes y un después. El hito de Pulp Fiction en 1994, Palma de Oro en Cannes y éxito de taquilla, empieza a convertir a Miramax y a Tarantino en leyenda. 
El libro está repleto de chismes y cotilleos, con conversaciones detalladas y datos precisos, que hará las delicias de todos los lectores curiosos aficionados al celuloide. Seiscientas páginas tras las cuales uno puede conocer más cabalmente la imagen de alguna de las estrellas del panorama independiente que se hicieron un nombre en los noventa. Recomendable.


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