18 de agosto de 2013

Japón



Película mexicana estrenada en Cannes 2002, protagonizada por un personaje solitario que, salvando las distancias, trae a la memoria al protagonista de Corrección de Bernhard, pero en unas coordenadas geográficas que nos sitúan en el habla de las novelas de, por ejemplo, Juan Rulfo o Yuri Herrera. Este personaje llega a una zona perdida del México rural procedente de la capital buscando alojamiento para lo que se supone una breve estancia. Cuando le preguntan, si no es indiscreción, a qué viene, responde, tras un silencio, con una naturalidad descacharrante no exenta de sobriedad, que a matarse.


Carlos Reygadas nos propone un tipo de cine que no es para todos (como decían en El lobo estepario de Hermann Hesse: "no para cualquiera, sólo para locos"), pero que me ha conmovido hasta los huesos. La banda sonora clásica está compuesta por música de Bach, Shostakovich y Arvo Pärt, con esa secuencia final que desde ahora será difícil no recordar cada vez que uno escuche el Cantus in memoriam Benjamin Britten. Hacía tiempo (desde que se estrenó su Batalla en el cielo) que quería ver algo de Reygadas, y por fin he tenido la ocasión de hacerlo. Ha sido un disfrute, una película de una hondura inusitada.





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