Fotograma de la película La vida de los otros
A continuación, una breve reflexión propiciada por el visionado de la película alemana La vida de los otros (2006), de Florian Henckel von Donnersmarck (puede contener spoilers en el primer párrafo).
Encuentra
uno un sustrato de ingenuidad, de optimismo cuanto menos, en esa sólida película, profunda a la vez que entretenida, que es La vida de los otros. El cambio de
actitud del personaje encarnado por Ulrich Mühe, su proceso paulatino de
erosión, que tiene como momento central su ablandamiento al escuchar una pieza
de música clásica, supone un lingotazo de esperanza en el ser humano que,
considerándolo en frío, la realidad -y la ficción- ha venido desmintiendo recurrentemente.
¿Puede alguien escuchar esta pieza, escucharla realmente, y ser una mala persona?,
se plantea en la cinta. La respuesta, en la película, es positiva, y nos lleva a la cuestión de
si el arte, la cultura en general, nos hace necesariamente mejores personas.
Más libres para elegir, seguramente, pero parece que no garantiza nada más.
Así,
nos puede sorprender, de entrada, encontrar gustos estéticos exquisitos en
verdaderos monstruos. Cuentan que Al Capone, por ejemplo, se enternecía
escuchando al tenor Gigli, lo cual no era óbice para que desistiera de sus
operaciones criminales. Las veleidades artísticas de Adolf Hitler son también
conocidas. En la ficción, encontramos al archiconocido Hannibal Lecter, cuya
melomanía y refinamiento estético no le impedían devorar a la gente; en Alex, el
protagonista de La naranja mecánica, convivían
la desaforada violencia y la pasión por la novena sinfonía de Beethoven, y Roberto
Bolaño imaginó en su novela Estrella
distante a un poeta sádico, Carlos Wieder. Todo esto por poner algunos
ejemplos, cuya lista alargaría una mayor vocación exhaustiva.
George Steiner, en
sus Gramáticas de la creación, escribía: “…la educación se ha revelado
incapaz de hacer que la sensibilidad y el conocimiento sean resistentes a la
sinrazón asesina”.
¿Qué os parece el tema? ¿Habéis visto la película?
No he visto la película, pero sí he leído tu entrada y coincido contigo en que el hecho de consumir cultura no garantiza el adecentamiento moral de quien lo hace. Sin ir más lejos, Hitler era aficionado de Wagner, lo que no le impidió exterminar a millones de judíos inocentes...Un saludo. Ramón.
ResponderEliminarHola, Ramón. Como ya hablamos esto en facebook, pienso que podría decirse que estamos teniendo una conversación en diferido (como el finiquito del señor Bárcenas). Ya me contarás qué te parece la película cuando la veas. No te crees grandes expectativas, eso sí, que luego ya se sabe lo que pasa. Saludos.
ResponderEliminarPuede decirse que tenemos una doble "cuentabilidad", ya que nos contamos lo mismo por doble vía, jeje. Eso sí, esta es la auténtica, la Caja B sería Facebook. Saludos, ya te diré.
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