20 de marzo de 2015

Helado de lengua


   Llegando a Málaga, mi madre, mi hermana y yo hacemos una paradinha para almorzar. Nos atiende un camarero al borde de la jubilación con aire de llevar trabajando en aquel restaurante toda la vida. Su compañero, bastante más joven, camina con diligencia. Él, muy al contrario, algo parsimonioso. Su acento es malagueño típico, y todo él parece el clásico tipo popular, de la calle, sin contaminación en el habla por excesivos viajes, formación superior o influencia de los medios. Tiene un gracejo adusto, sobrio, no buscado, de lo más entrañable.

   Entre unas cosas y otras, llegamos al postre de nuestro menú, que él nos recita con el tono monótono de quien hace lo mismo cincuenta veces al día: natillas, arroz con leche, tarta de chocolate, manzana, mandarinas o helado de lengua. M. pregunta: helado ¿de? Helado de lengua, vuelve a decir él, impávido, sin mayor explicación. Incapaz de adivinar de qué se trata, le pregunto qué es el misterioso helado de lengua. Tras el bloqueo inicial, remiso a considerar la posibilidad de que pueda existir alguien en el mundo que no sepa qué es un helado de lengua, me dice: ¿tú un helado de palo con qué te lo comes? Ah, con la lengua, respondo, cayendo en la evidencia.

   De modo que allí ni carta de helados ni nada: siendo helado de lengua, los tenían todos. Si había que usar cuchara ya era otro cantar…

© Jesús Artacho, 2014.

13 comentarios:

  1. Buenísimo, anécdota para guardar.

    Un saludo, Jesús.

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  2. Así es, no dejamos de reírnos en casa cada vez que lo recordamos. ;)

    Saludos a los dos. Gracias por comentar.

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  3. Gran anécdota.Me he divertido visualizando la situación que tan bien has descrito.
    La sabiduría popular tiene la virtud de reducir la vida a lo esencial. Un saludo Jesús, he pasado un rato divertido.

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  4. Hola, Paco. Me alegro de que así sea. Gracias por tu visita.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Muy bueno. Me ha recordado a cierta ocasión, también por el sur, en la que un camarero me explicó por qué me servía "un fanta" o "un coca-cola" en vez de "una fanta" o "una coca-cola". ¿Una fanta, servida en un bar, dónde se suele tomar?, me dijo. Ah, en un vaso, claro.
    Saludos

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    1. Hola David: yo soy de las que dice "un cocacola" y "un fanta", y también por lo del vaso, jajaja, pero ni mi familia ni mis amigos lo entienden ... La verdad es que no me encuentro a mucha gente que lo diga así.

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  7. Hola, David. La verdad es que no me extraña, pues en algunas zonas de Andalucía se producen cambios de género en el habla. Igual fue por la parte de Cádiz, por donde creo que también dicen "el sartén" en lugar de la sartén o "el goma" en lugar de la goma (de borrar). Es curioso. Saludos.

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  8. Jajaja, ¿esto es verdadverdadera? Es que no me lo puedo creer. Yo soy de Sevilla y nunca lo había escuchado; yo también le hubiese preguntado qué significaba.

    bsos!

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  9. Hola, Rosalía. Sí, sí, el episodio es real, así como el hombre que describo. Seguramente si nos hubiera tocado otro camarero no nos lo habría dicho así. Yo mismo soy de Málaga, si bien de un pueblo de la provincia, y también me sonó raro que me ofrecieran el susodicho helado. Qué gracia.

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