9 de noviembre de 2015

Alphaville


Vuelvo a compartir mi entusiasmo por una película, aun a sabiendas de que no es para todos los públicos y de que uno vuelve a ser, una vez más, franca minoría. Se trata de Alphaville (1965), que junto con Banda aparte (1964) ha supuesto que se consolide mi admiración hacia Jean-Luc Godard, figura viviente (con ochenta y cinco años) del séptimo arte.

El cineasta francés ofrece en esta ocasión una distopía futurista de tipo político-filosófico (véanse obras como 1984, Fahrenheit 451, Dark City, Un mundo feliz, Kallocaína, Nosotros de Yevgueni Zamiatin o algunos episodios de Black Mirror), cine de género (además de la ciencia ficción -o ficción científica- se aprecia la influencia del cine negro) con sello de autor

Por dar unas notas del argumento, el visitante de Alphaville Lemmy Caution, un espía que se presenta como periodista, llega a una ciudad donde todo el mundo parece caminar triste o, si nos ponemos un poco lorquianos y extremosos, donde todos "vacilan insomnes como recién salidos de un naufragio de sangre". Allí conoce a Natascha, de la que se enamora pese a sus modales un tanto robóticos. En la ciudad, regida por la computadora Alpha 60, a cargo del profesor Von Braun, son frecuentes las ejecuciones, la libertad y el espíritu crítico han sido anulados y los poderes han decidido suprimir palabras como "conciencia" o "amor", que los habitantes de Alphaville ya han olvidado.



La cinta, ganadora del Oso de Oro en Berlín, posee una gran belleza en muchos de sus fotogramas (fantástica, en este caso, la fotografía en blanco y negro a cargo de Raoul Coutard) y su manera de salirse de lo convencional resulta muy seductora. Destacables las interpretaciones de Eddie Constantine y Anna Karina, casada con Godard por entonces. El guión también contiene varios pasajes memorables, entre hondos, vitales y poéticos.



En las respuestas que se escuchan en el vídeo anterior, por ejemplo, ve uno la huella de -o el homenaje a- Pascal, al hablar del silencio de los espacios infinitos en el cosmos. Como pequeña pega, en un momento dado un personaje usa "años luz" como medida de tiempo, siéndolo de distancia. El futurismo al que antes nos referíamos no se manifiesta en el escenario, y la vestimenta, los vehículos, etc., son los de la época (no aparecen cohetes o naves espaciales, llegando al extremo de que a la ciudad, situada en otra galaxia, se entra y se sale en coche). Un crítico habló de "ciencia ficción sin efectos especiales".

Eddie Constantine, al parecer, había interpretado antes de esta película a Lemmy Caution, personaje popular creado por el escritor inglés Peter Cheyney, en varias películas de serie B. Haciendo gala de esa capacidad de reciclaje de materiales provenientes de distintos géneros, como ya hiciera en Banda aparte con el policial, Godard retoma el personaje -y al actor- y lo sitúa en un futuro distópico en Alphaville. Se cuenta que, en algún momento, el cineasta pensó en titular la película Tarzán vs IBM. En España, suavizando lo anterior, creo que se tradujo como Lemmy contra Alphaville.

Una propuesta, en definitiva, magnética, lúcida y reveladora de un talento y una personalidad artística de gran calado, que deja con ganas de seguir incursionando en el cine de Jean-Luc Godard, así como en el de otros directores de la nouvelle vague en general.

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