15 de agosto de 2017

"La manía", de Andrés Trapiello



Con La manía llego a la decena de incursiones en el Salón de pasos perdidos, los diarios de Andrés Trapiello, que voy leyendo desordenados, a modo de improvisada rayuela cortazariana. Este volumen, de unas ochocientas páginas, lo publicó -como todos- Pre-Textos en 2007, y luego Austral en edición de bolsillo unos años más tarde, en 2013. Se trata del número quince de la serie, e incluye acontecimientos correspondientes al año 2001, el de la caída de las Torres Gemelas.

Disculpen que nos pongamos ligeramente canónicos: el pasado octubre, Babelia publicó una lista con los cien mejores libros en español de los últimos veinticinco años, que encabezaba 2666 de Roberto Bolaño, y fue precisamente La manía el título de Andrés Trapiello que figuraba en la nómina. Estas listas, ya se sabe, han de tomarse con todas las precauciones posibles, pero lo cierto es que a uno también le ha parecido La manía de los mejores del autor que ha podido leer hasta la fecha, aunque el nivel general de la serie es excelente. No deja de maravillarme el abanico humano que Trapiello consigue sacar a la palestra en cada nuevo tomo, esa mezcolanza de lo noble, lo ruin, la bondad, la bajeza, narrada siempre con maestría, que resulta tan enriquecedora y denota una mirada muy inteligente. 

Escribe Trapiello en el prólogo a El tejado de vidrio que como diarista le gustaría que se dijera de él que todo lo vio "con ánimo generoso, enamorado y compasivo". Esa declaración parece orientarnos, acaso, acerca del tono de estos libros, impregnados también de aliento poético, algo de mordacidad e innegable sentido del humor.

Sobre la naturaleza genérica del proyecto, el autor habla del Salón de pasos perdidos como de una "novela en marcha". Se trata, diríamos, de un texto híbrido. Durante el año en cuestión, escribe en un cuaderno unas páginas que luego alarga o poda, reelabora y reescribe, para darlas al cabo a la imprenta. Esta segunda fase suele ocurrir equis años después (en principio fueron tres, luego el lapso fue ampliándose a cinco, siete, y hasta diez años). Habla el autor de verosimilitud, más que de veracidad. Comenta, si mal no recuerdo, que una mano compone estos libros como diario y la otra los reconvierte luego en novela. Reconoce que no pretende ejercer de notario de la realidad, y que algunos episodios tienen mucho de fabulación. Sobre este aspecto, resulta interesante la conversación que mantuvo con Arcadi Espada en El Mundo.

En La manía, además de los tradicionales domingos de "pesca" en el Rastro, las escenas familiares, descripciones de naturalezas y algún viaje al extranjero, asistimos a encontronazos con Juan Cruz, Enrique Vila-Matas, Miguel Sánchez-Ostiz, Constantino Bértolo... La Guerra Civil tiene cierto peso en el volumen, pues en 2001 Trapiello escribía La noche de los Cuatro Caminos, una historia del maquis, y recoge aquí jugosas escenas acaecidas durante la investigación preparatoria. Aparecen además, como siempre velados por una X, literatos como Javier Cercas, Juan Goytisolo, Javier Marías, José Ángel Valente y una cuadrilla de personajes anónimos que acaban conformando ese fresco humano del que hablábamos. Se trata de un volumen apenas aforístico, en comparación con otros de la serie. 

Escribía Karl Löwith (citado a través de Los cuadernos de Rembrandt, de Jiménez Lozano) que la tarea de los novelistas del siglo XX ha sido evidenciar la nada del ser humano moderno, más que crear un cosmos humano, que es lo que hicieron Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi. Se diría que la obra de Trapiello, sea más o menos apreciada, sí tiene vocación de inscribirse en esta segunda línea de actuación.

Después de tantas páginas, sigo disfrutando con este diario. Seguiremos, pues, leyendo una obra mastodóntica, catedralicia, que alcanza ya los veinte tomos (parece que antes de acabar el año llegará a las librerías el vigésimo primero) y, según autorizados cálculos, las diez mil páginas. Anotada queda La manía para la lista de mis mejores lecturas del año.


El autor fotografiado por su hijo Rafael Trapiello en Las Viñas (Cáceres)

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