18 de agosto de 2014

Contribución a la estadística


Absentia, de Sebastian Eriksson



CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA

"De cada cien personas,

las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,

las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,

las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,

las dignas de compasión:
noventa y nueve,

las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio."

Wisława Szymborska (1923-2012).

10 de agosto de 2014

Cumple un año "El rayo que nos parta"



Se cumple un año desde la salida de imprenta de El rayo que nos parta, el libro de relatos que acabé autopublicando, y no me parece del todo fuera de lugar dedicar una breve entrada al tema, con algunos agradecimientos.

Así que GRACIAS a las más de 300 personas que habéis confiado en él, a pesar de no venir respaldado por una editorial. A los que después de leerlo, incluso, le habéis dedicado un comentario en vuestros blogs o páginas (podéis verlos en la parte lateral derecha del blog). A los que comprasteis uno, lo leísteis y volvisteis por otro para regalar porque os había gustado. A los que os habéis convertido en improvisados libreros difundiéndolo entre vuestros conocidos. A los que me decís que lo leéis en el autobús y ponéis el marcapáginas a la vista para que se note. A los que lo leísteis y lo prestasteis. A los que habéis compartido fragmentos en Twitter, Facebook, Instagram, Goodreads... A los que venís a las presentaciones. A los libreros que habéis acabado recomendándolo o poniéndolo en el escaparate. A Roxana, que nos abrió las puertas de su programa de televisión en la Costa del Sol. A quienes facilitaron las distintas presentaciones que -rotura de tibia y peroné mediante- hemos podido ir realizando a lo largo de este tiempo.

Gracias a todos vosotros, y aunque todavía quedan ejemplares en espera de ser leídos, he sido un poco más feliz cumpliendo ese pequeño sueño de ver los escritos de uno publicados, y, en un terreno más pragmático, los gastos de imprenta han sido cubiertos con las ventas que se han ido realizando gracias al granito de arena que habéis puesto muchos.

Ahora mismo, El rayo que nos parta concurre al XI Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España el pasado año, junto a otros 67 participantes. El simple hecho de estar en la línea de salida, junto a nombres como los de Eloy Tizón, Juan Jacinto Muñoz Rengel, etc., ya es una ilusión para mí. Como he dicho en alguna presentación, independientemente de la acogida de este libro, no voy a dejar la literatura, que (sobre todo la actividad de leer), desde hace más de un decenio, se ha convertido en una necesidad básica más para mí, como comer o dormir. 

El proyecto del segundo libro está ya en marcha, y lo primero -con el texto dado ya por terminado- será, de nuevo, llamar a la puerta de algunas editoriales por si estuvieran interesadas en publicarlo. En este caso será un libro de poemas y se titulará, si no hay cambios, Aproximación a la herida. Agrupará los textos premiados en el certamen MálagaCrea 2014 junto a otros más que no pude presentar a dicho certamen por la limitación que imponían las bases. Espero poder seguir informando próximamente, aunque estas cosas, y más aún en la liga en la que juego, van despacio.



9 de agosto de 2014

Verdadera devoción por Duchamp



El otro día, a la vuelta del paseo vespertino, me topé con un zapato viejísimo clavado con una puntilla en el tronco de un árbol. Qué cosas. 

Estas tonterías no las suelo pasar por alto, así que acabé por fotografiarlo: un zapato en sentido vertical, con la puntera hacia el suelo. No conocía la historia detrás de ese zapato (si es que había alguna), pero fantaseé, de forma algo ingenua, con la posibilidad de un incipiente artista conceptual en el municipio. En la película Buscando un beso a medianoche, uno de los personajes fotografiaba zapatos que encontraba abandonados y que habían perdido su par.

Esto era algo diferente, pero los caminos del arte contemporáneo son inescrutables. Un zapato clavado en un árbol -perfectamente integrado en él, valdría decir- en un pueblo de 1.400 habitantes, ya es algo que se sale de la triste rutina. Hace poco pusieron en televisión Amanece, que no es poco, esa ya mítica película de José Luis Cuerda, con un reparto antológico y un exquisito humor excéntrico. Siguiendo las palabras del Guardia Civil, verdaderamente indignado porque habían plagiado Luz de agosto de William Faulkner, aquí habría que decir: ¿es que no sabe que es VERDADERA DEVOCIÓN lo que en este pueblo hay por Duchamp?

6 de agosto de 2014

Armonías de Werckmeister


Traigo hoy otra de esas películas de "no para cualquiera", pero que me parecen interesantes y comparto por si a alguien que pase por aquí le mereciera la pena. Hace unos días topé con una lista -tan discutible como casi todas- con las cien mejores películas de lo que llevamos de siglo XXI, y me sorprendió encontrar Armonías de Werckmeister (2000), del húngaro Béla Tarr, entre las diez primeras.

Película en blanco y negro, de aire melancólico y pausadísimo ritmo -como acostumbra el cineasta húngaro-, Armonías de Werckmeister expone el dramático contraste entre pureza, inocencia y sinrazón y violencia. Una cinta de poso poético, con fotogramas realmente bellos (véase la evocadora y significativa imagen de la ballena gigante en la plaza al final del filme) que se anclan y perduran en la retina del espectador.




Tras ver El caballo de Turín (2011) y las siete horas (sic) de Sátántangó (1994), Armonías de Werckmeister es la película de Béla Tarr con la que más he vibrado y disfrutado, la que encuentro más completa. Entre las películas de oír crecer la hierba, no obstante, Stalker (1979) creo que es mi predilecta. No le va a la zaga Paisaje en la niebla (1988). Y Japón (2002), de Carlos Reygadas, también me contenta. Nombro títulos de un tipo de cine que algún crítico le parece de "estética cargante", "aburrido" (desde luego no recomendable para impacientes o gente que busque en el cine mero entretenimiento) pero que, cómo no, da en ocasiones muy buenos frutos. Como digo, "no para cualquiera". Dejo tráiler y algunas imágenes:






31 de julio de 2014

Una tarde cualquiera


UNA TARDE CUALQUIERA

"Una dependienta
-más joven que tú-
te enseña
-delante de tu madre-
jerséis de una talla
que empieza por equis.

Y tú, alelado,
ni siquiera ves un síntoma
de que la juventud
primera ya ha pasado
y que sigues
sin levantar cabeza
camino de convertirte
-si no lo eres ya-
en uno de los pobres inadaptados
que acompañaban a Pekar
en American Splendor."

2013


Texto perteneciente a Aproximación a la herida, conjunto de poemas ganador del MálagaCrea 2014, organizado por el Área de Juventud del Ayuntamiento de Málaga.

Otros poemas propios:

29 de julio de 2014

La soledad del lector


Anécdotas brevísimas de grandes hombres de la cultura, la literatura, la historia, datos amenos, curiosidades, alguna reflexión... De eso se compone, en su mayor parte, La soledad del lector (1996) de David Markson (1927-2010).

También, de cuando en cuando, de forma igual de sucinta, se dan algunas notas de lo que parece una historia ficticia o el boceto en marcha de una historia, un atisbo de novela con un Protagonista y un Lector a los que se menciona. "¿Una novela de referencias y alusiones intelectuales, por así decir, pero sin casi nada de novela?", se lee en varios momentos del libro. Pero una novela con referencias intelectuales puede ser, por ejemplo, una de Enrique Vila-Matas. En este caso es más bien casi al contrario: una lista de referencias culturales con algunas líneas intercaladas de ¿novela?

Una lectura que saciará la curiosidad del lector culturalmente inquieto y, dependiendo de los casos, le ofrecerá datos con los que tratar de impresionar a alguien en una conversación cultural o con los que, incluso, tratar de ligar con alguna chica (si es que queda alguna que se deje impresionar con estas cosas), como trataba de hacer aquel listo en El indomable Will Hunting hasta que llegó Will y le aguó la fiesta de forma humillante.

Lo mejor: los valiosos datos culturales, que hacen que la lectura valga la pena.
Lo peor: que la pretensión de construir algo más que un listado de referencias no parezca llegar a buen puerto.

Algunos fragmentos:

"Si tuviera que elegir, dijo una vez Giacometti, rescataría un gato de un edificio en llamas antes que un Rembrandt."
"Cuando era lector para una editorial, André Gide rechazó Por el camino de Swann."
"La mujer de Tolstoi copió a mano siete veces todo el manuscrito de Guerra y paz."
"Los cuadernos de Leonardo indican que supo antes que Copérnico que el sol no se movía."
"Walt Whitman más de una vez escribió reseñas favorables anónimas de su propia obra."
"Un enorme estercolero, es como descartó Voltaire la obra de Shakespeare."

Y así.

24 de julio de 2014

Oslo, 31 de agosto


Podría empezar así: Oslo, 31 de agosto (Joachim Trier, 2011) y el siempre reconfortante placer de descubrir pequeñas perlas al margen de los blockbusters que nos trata de vender Hollywood. Eso ha supuesto, para mí, esta película noruega: un descubrimiento.

La cinta cuenta la historia de un joven de treinta y cuatro años que intenta reconducir su vida en ese día al que alude el título, tras un proceso de desintoxicación, consciente de la imposibilidad de "empezar de cero". Lo vemos conversando con viejos conocidos, asistiendo a una entrevista de trabajo, a un cumpleaños, mezclándose con la vida, descubriendo entre tanto lo lejos que está de su mejor versión y lo difícil que es reengancharse al mundo.

Oslo, 31 de agosto, que concurrió a Cannes (en la sección Un certain regard), se presenta como una adaptación de la novela El fuego fatuo (1931), de Pierre Drieu La Rochelle, ya llevada a la gran pantalla por Louis Malle en 1963.

Una película que pinta bien desde su introducción, con una buena fotografía y muy buenas interpretaciones, entre las que sobresale la del protanonista, Anders Danielsen Lie, que ya intervino en Reprise (2006), la primera película de Trier.

Para degustadores de perlas alternativas con cierto gusto por los losers.

"Cine poético e incómodo, triste y valiente, para gente despierta y atenta". Dicen en Cinoscar & Rarities.

Valoración: 4/5.