24 de julio de 2014

Oslo, 31 de agosto


Podría empezar así: Oslo, 31 de agosto (Joachim Trier, 2011) y el siempre reconfortante placer de descubrir pequeñas perlas al margen de los blockbusters que nos trata de vender Hollywood. Eso ha supuesto, para mí, esta película noruega: un descubrimiento.

La cinta cuenta la historia de un joven de treinta y cuatro años que intenta reconducir su vida en ese día al que alude el título, tras un proceso de desintoxicación, consciente de la imposibilidad de "empezar de cero". Lo vemos conversando con viejos conocidos, asistiendo a una entrevista de trabajo, a un cumpleaños, mezclándose con la vida, descubriendo entre tanto lo lejos que está de su mejor versión y lo difícil que es reengancharse al mundo.

Oslo, 31 de agosto, que concurrió a Cannes (en la sección Un certain regard), se presenta como una adaptación de la novela El fuego fatuo (1931), de Pierre Drieu La Rochelle, ya llevada a la gran pantalla por Louis Malle en 1963.

Una película que pinta bien desde su introducción, con una buena fotografía y muy buenas interpretaciones, entre las que sobresale la del protanonista, Anders Danielsen Lie, que ya intervino en Reprise (2006), la primera película de Trier.

Para degustadores de perlas alternativas con cierto gusto por los losers.

"Cine poético e incómodo, triste y valiente, para gente despierta y atenta". Dicen en Cinoscar & Rarities.

Valoración: 4/5.







13 de julio de 2014

Para nosotros el dolor es tierno



AMISTAD A LO LARGO


"Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
                                           Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.

Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y esta compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende."

Jaime Gil de Biedma, Compañeros de viaje (1959).

6 de julio de 2014

Stockholm


La película Stockholm ha sido una de las sensaciones de la temporada de 2013 en lo que a cine español se refiere. Una producción de bajo presupuesto financiada a través de micromecenazgo que se ha conseguido colar como nominada en algunas de las categorías de los premios Goya (Aura Garrido en el apartado de mejor actriz, Javier Pereira como ganador en actor revelación...).

Stockholm es una película de actores, de guión, de mucho diálogo, en la que el interés principal parece centrarse en la evolución psicológica de los dos personajes protagonistas, dos jóvenes que se conocen en una noche de fiesta e inician una típica historia de flirteo y seducción en la que tienen lugar una serie de juegos y tretas que al día siguiente se revelan engañosos, falsos.

La película, dirigida por el joven Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981), está estructurada en dos partes entre las que se establece un interesante contraste. Se diferencian tanto en la actitud de los personajes como en los colores que predominan en pantalla (de la oscuridad y los tonos azulados, fríos, de la noche, a la luminosidad, el blanco áspero e incómodo de por la mañana) o los escenarios (el espacio abierto y urbano de las calles de Madrid, por un lado, y el ambiente cerrado de un pequeño piso y su azotea, por otro).

No podemos dejar de mencionar el buen papel de los actores (Aura Garrido y Javier Pereira), sin los cuales la película no sería lo que es. El personaje femenino se revela más enigmático, con más aristas, y está interpretado con un talento que sorprende por la joven Aura Garrido, especialmente en su segunda mitad, con esa pulsión en ella del lado oscuro, por decirlo de alguna manera. La actriz, de veinticinco años, está dando mucho que hablar y para bien, además de por sus dotes interpretativas, por la madurez que demuestra al expresarse verbalmente en entrevistas.

La película se ha catalogado como un retrato nada complaciente de la juventud actual. "La gente suele ser más fría, más falsa", dice él de ella en un momento dado de este episodio anómalo dentro de los que se producen cada fin de semana en cualquier ciudad de España.

Lo mejor: los actores y el interesante cambio de papeles de la mañana siguiente.
Lo peor: el final puede parecer extraño o efectista teniendo en cuenta el contrapunto de la escena de la azotea.

3 de julio de 2014

Nicolas Bouvier


















Las fotografías anteriores son obra del artista contemporáneo francés Nicolas Bouvier, que se gana la vida trabajando en el desarrollo de videojuegos que sonarán hasta a los legos en la materia (Halo, Assassin's Creed, Prince of Persia...). Dejo el enlace a su galería en Flickr, donde los interesados encontraréis mucho más material.

Fuente: Colossal.

30 de junio de 2014

Intemperie



“La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte…”

La historia que se cuenta es la siguiente: Intemperie llega al comité de lectura de Seix Barral como un manuscrito cualquiera de la plebe, de esa masa anónima que sueña con que le publiquen sus cosas, sin mediación de agente literario alguno. Lo leen y le ven muchas posibilidades. Lo lee el editor y le encanta. Se lo manda a un editor extranjero y más de lo mismo, de modo que antes de publicarse en España ya tiene los derechos vendidos a varios países. Tras una gran apuesta de marketing, Intemperie se convierte en un fenómeno de ventas, y su autor, Jesús Carrasco, es comparado con Miguel Delibes y Cormac McCarthy. ¿Debemos odiarlo por eso? No, o al menos no de antemano.

Intemperie (2013) es una novela de ambiente rural que se desarrolla en un pasado inconcreto marcado por una terrible sequía. En este marco agreste encontramos a un niño que acaba de escapar de casa y que intentará esquivar a sus perseguidores. Supongo que se puede decir que tiene tintes de novela de iniciación o bildungsroman, si nos ponemos finos. El vocabulario remite, como es lógico, al campo (chumberas, olivos, cencerros, zurrones, serones, carrizales…), y la prosa es pulcra y cuidada. Leyéndolo me vino a la mente la aspereza de Coetzee, y también el universo de Yuri Herrera. Con las páginas puede acabar resultando algo excesivo que se describa cada acción del personaje con tanta minuciosidad, como si el autor tratase en algún momento de exhibirse, pero imagino que son pequeños deslices aceptables en una primera novela y pulibles en el futuro. Que en la página 151 encontremos un gerundio mal empleado quizá no signifique más de la cuenta, simplemente que uno ha estudiado filología y a veces puede resultar un poco quisquilloso.

Lo que sí quiero resaltar es que me alegro de que una editorial –grande, en este caso- apueste por –y gane con- una obra “literaria”, que demuestra calidad y rigor. Seguramente Intemperie no sea una novela perfecta, pero me parece que ahí hay talento y vocación y para mí eso es importante.

Fragmento:

“Visualizó la moto del alguacil aparcada frente a la entrada: una robusta máquina con sidecar con la que recorría el pueblo y los campos dejando tras de sí nubes de polvo y estruendo. El chico conocía bien ese sidecar. Había ido muchas veces en él cubierto con una manta polvorienta. Le vino a la memoria el olor a grasa bajo la lana y los remates de hule craquelados alrededor de la pieza. El ruido de aquel motor era para él la trompeta del primer ángel. La que mezcló fuego y sangre y los arrojó sobre la Tierra hasta quemar toda la hierba verde.
Sólo el alguacil disponía de un vehículo a motor en la comarca y, que él supiera, sólo el gobernador poseía un vehículo de cuatro ruedas. Él nunca lo había visto, pero había oído cientos de veces la historia de cuando fue al pueblo para inaugurar el silo de grano.”


P. D. ¿Tan mal está la cosa como para que una editorial de un gran grupo, como Seix Barral, no ofrezca una encuadernación cosida en este libro, con una propia más bien de una edición de bolsillo? Me pregunto.

27 de junio de 2014

Héroes


Ray Loriga, que durante bastante tiempo ha estado con Christina Rosenvinge, debe ser la gloriosa excepción a ese poema de Miguel d'Ors que viene a decir que los poetas -los escritores en general, si se quiere- resultan invisibles a los ojos de las rubias.

Acabo de terminar Héroes (1993), su segunda novela, que exhala un inconfundible aire a beat generation. El libro empieza bien para mi gusto. Tiene buenas frases o al menos voluntad o ganas de escribirlas. Se percibe el ingenio, la frescura, el desparpajo en la creación en unos fragmentos cortos evocadores -y hasta poéticos- plagados de referencias culturales, musicales más bien (Jim Morrison, David Bowie, los Rolling). 

Pero a partir de cierto momento (la mitad o así), los aciertos anteriores se empiezan a caer en nuestra cabeza. Entonces uno intuye que se antepone espectacularidad a hondura, y eso no nos gusta. Uno detecta un exceso algo banal de la tríada "sexo, drogas y rock and roll", bien llevada hasta entonces. Una pena que no acabe de cuajar, porque la novela empezaba pintando muy bien. La he buscado en tiendas virtuales de libros y parece ser que el libro está descatalogado en papel, lo cual sorprende un poco.

Para admiradores -jóvenes, a ser posible- de los personajes de En el camino de Kerouac fascinados también por los hikikomori japoneses -extraño cruce- y la música rock.

22 de junio de 2014

No tenemos el corazón de acero


"No queríamos cargar con la responsabilidad de un millón de personas esperando nuestro próximo movimiento. No tenemos el corazón de acero ni grandes planes para el futuro. (...) Una vez en Australia un tipo se subió a un puente y dijo que se tiraría desde allí si no tocábamos El tío que traga sables se corta el intestino cuando baila el twist. Bueno, el caso es que lo estuvimos pensando. Era nuestro primer concierto en Australia y no queríamos joderlo. Había cien metros de caída libre desde el puente, pero al final decidimos no tocarla, sencillamente no era uno de nuestros mejores temas. Pensamos, este tío es un cretino y no va a tirarse por una tontería como ésa. Dimos un buen concierto esa noche. Le dedicamos Gente estropeada al tío del puente y todo el mundo aplaudió, todos sabían lo del imbécil del puente y todos pensaron que eso sería suficiente, pero el gilipollas se tiró.

Se partió la espina dorsal, pero no se mató. Le vi en televisión diez años después. Dijo que ya nos había perdonado, y que tenía una vida sexual muy animada gracias a un consolador gigante que le habían traído del Japón.

Después de lo del subnormal del puente la compañía de discos reeditó El tipo que traga sables se corta el intestino cuando baila el twist, y el tema estuvo en el número uno tres semanas. Volvimos a tocar en Australia muchas veces más y siempre había algún imbécil subido a un puente pero nadie volvió a tirarse."

Fragmento de Héroes (1993), de Ray Loriga.