13 de septiembre de 2014

Nada es crucial



Nada es crucial (2010), novela del onubense Pablo Gutiérrez, tiene un punto de partida no muy arriesgado (grosso modo, la reconstrucción de dos biografías desde la infancia), pero el enfoque sí escapa de lo trillado. 

La novela sitúa el trabajo del lenguaje por encima de lo que cuenta, aunque hay una trama bastante identificable (cosa que no siempre ocurre en otros casos, como el de Eloy Tizón, con cuya prosa me parece la de Nada es crucial emparentada). El encanto de la novela, a mi entender, radica en sus hallazgos expresivos, en sus curradas imágenes. Algunos ejemplos de estilo:

"...aunque llegó a bachillerato y por tanto debería saber mucho de raíces aritméticas y sistema circulatorio, lo cierto es que la masa de polen que fumó durante los años de la furgoneta le quitó un buen filete a su cerebro, reducidito quedó como consomé de asilo, y era divertido ver cómo los dos se hacían tremendo lío con las cuestiones más sencillas, los afluentes del Duero, la clorofila, los estambres, el peristilo de las lilas y las hojas filiformes."

La narración tiene cierto aliento lírico, poético, si bien permeado de ironía. Sólo aparecen los nombres de los dos protagonistas, Lecu y Magui, mientras que el resto, como si de un cuento se tratara, aparece caracterizado con un rasgo: el Sr. Alto y Locuaz, la Mujer del Vestido Recatado, el Hombre del Cráneo Enroscado, la Sra. Amable Dos, etc. Tras leer el libro, encuentro que en la contraportada del libro tiene quizá demasiado peso la palabra yonquis, y su mundo, cuando en realidad, si bien Lecu es hijo de tales, es abandonado y lo que se narra es su peripecia con distintas familias adoptivas. El mundo de la infancia y el colegio queda bastante retratado, y se percibe la ternura desde la voz del niño.

Mirando opiniones sobre la novela, encuentro cierta disparidad: a algunos les encanta y a otros no les dice nada. Mi entusiasmo se sitúa en un término medio. A pesar de algunas imágenes superficiales o morbosas en la primera parte, me resulta muy apreciable el esfuerzo del autor, si bien a ratos echo algo en falta, sin saber muy bien qué, para que el libro me parezca una gran novela. ¿Una dosis de profundidad, tal vez? En el interludio la novela se me cayó un poco. Como si el autor supiera que esto podía ocurrir, nos da permiso por boca del narrador para saltarnos esa parte. Son de resaltar también sus puntadas metaliterarias.

Pablo Gutiérrez (1978), que ejerce de profesor de literatura, fue seleccionado en la famosa lista Granta como una de las voces más prometedoras de la joven literatura en castellano. Para que sirva como contraste con mi opinión, mencionaré que Nada es crucial le encantó a Alberto Olmos (o a su álter ego Juan Mal-herido) y a Bernardo Luis Munuera (de La manía de leer).

Valoración: 3/5 


6 de septiembre de 2014

Hay una literatura...

Imagen de Yaroslav Gerzhedovich


"Joaquín Font, Clínica de Salud Mental El Reposo, camino del Desierto de los Leones, en las afueras de México DF, enero de 1977. Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. Así les hablé a ellos. Les dije, les advertí, los puse en guardia contra los peligros a que se enfrentaban. Igual que hablarle a una piedra. Otrosí: los lectores desesperados son como las minas de oro de California. ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente! No se puede vivir desesperado toda una vida, el cuerpo termina doblegándose, el dolor termina haciéndose insoportable, la lucidez se escapa en grandes chorros fríos. El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba de desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas. ¡O se cura! Y entonces, como parte de su proceso de regeneración, vuelve lentamente, como entre algodones, como bajo una lluvia de píldoras tranquilizantes fundidas, vuelve, digo, a una literatura escrita para lectores serenos, reposados, con la mente bien centrada. A eso se le llama (y si nadie le llama así, yo le llamo así) el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y con esto no quiero decir que cuando uno se ha convertido en un lector tranquilo ya no lea libros escritos para desesperados. ¡Claro que los lee! Sobre todo si son buenos o pasables o un amigo se los ha recomendado. Pero en el fondo ¡lo aburren! En el fondo esa literatura amargada, llena de armas blancas y de Mesías ahorcados, no consigue penetrarlo hasta el corazón como sí consigue una página serena, una página meditada, una página ¡técnicamente perfecta! Y yo se los dije [sic]. Se los advertí [sic]. Les señalé la página técnicamente perfecta. Les avisé de los peligros. ¡No agotar un filón! ¡Humildad! ¡Buscar, perderse en tierras desconocidas! ¡Pero con cordada, con migas de pan o guijarros blancos! Sin embargo yo estaba loco, estaba loco por culpa de mis hijas, por culpa de ellos, por culpa de Laura Damián, y no me hicieron caso."

Roberto Bolaño (1953-2003), Los detectives salvajes (Barcelona, Anagrama, 1998).

29 de agosto de 2014

Sobre la máquina del tiempo de Wells

Obra de Duy Huynh


"Comprendía que Wells necesitara enviar a su personaje hacia adelante en el tiempo con objeto de exponer su punto de vista sobre las injusticias del sistema de clases inglés, que podría exagerarse hasta niveles catastróficos si se situaba en el futuro, pero, aun concediéndole el derecho de hacerlo, en el libro había un problema más grave. Si alguien que viviera en Londres en el siglo XIX podía inventar una máquina del tiempo, entonces era lógico que otras personas que vivieran en el futuro estuvieran en condiciones de hacer lo mismo. Si no por sí mismas, al menos con ayuda del viajero en el tiempo. Y si la gente de futuras generaciones pudiera viajar hacia adelante y hacia atrás en el tiempo a través de los años y los siglos, entonces tanto el pasado como el futuro estarían llenos de personas que no pertenecerían a la época que estuvieran visitando. Al final, todas las épocas estarían contaminadas, abarrotadas de intrusos y turistas de otras eras, y una vez que la gente del futuro hiciera sentir su influencia en los hechos del pasado y la gente del pasado empezara a influir en los acontecimientos del futuro, la naturaleza del tiempo se modificaría. En vez de ser una continua progresión de discretos momentos que avanzan lentamente en una sola dirección, se disgregaría y se convertiría en una vasta y difusa nebulosa. Sencilla y llanamente, en cuanto una persona empezara a viajar en el tiempo, el tiempo tal como lo conocemos se destruiría."


Paul Auster, La noche del oráculo (Nueva York, Henry Holt, 2003). Traducción de Benito Gómez Ibáñez (Barcelona, Anagrama, 2004).

24 de agosto de 2014

Misha Mishenko - Strákur sem spilar með vindi


Título del álbum: Strákur sem spilar með vindi
Autor: Misha Mishenko
Año: 2013
Nacionalidad: Rusia
Género: Neo-Clásica / Ambiental
Duración: unos 37 minutos

Además de la fantástica e imaginativa imagen de portada y los datos del disco, dejo el enlace al álbum íntegro en Bandcamp, donde se pueden escuchar gratuitamente y también adquirir este y otros trabajos de Misha Mishenko.

Artistas relacionados:

Ólafur Arnalds
Max Richter

18 de agosto de 2014

Contribución a la estadística


Absentia, de Sebastian Eriksson



CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA

"De cada cien personas,

las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,

las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,

las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,

las dignas de compasión:
noventa y nueve,

las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio."

Wisława Szymborska (1923-2012).

10 de agosto de 2014

Cumple un año "El rayo que nos parta"



Se cumple un año desde la salida de imprenta de El rayo que nos parta, el libro de relatos que acabé autopublicando, y no me parece del todo fuera de lugar dedicar una breve entrada al tema, con algunos agradecimientos.

Así que GRACIAS a las más de 300 personas que habéis confiado en él, a pesar de no venir respaldado por una editorial. A los que después de leerlo, incluso, le habéis dedicado un comentario en vuestros blogs o páginas (podéis verlos en la parte lateral derecha del blog). A los que comprasteis uno, lo leísteis y volvisteis por otro para regalar porque os había gustado. A los que os habéis convertido en improvisados libreros difundiéndolo entre vuestros conocidos. A los que me decís que lo leéis en el autobús y ponéis el marcapáginas a la vista para que se note. A los que lo leísteis y lo prestasteis. A los que habéis compartido fragmentos en Twitter, Facebook, Instagram, Goodreads... A los que venís a las presentaciones. A los libreros que habéis acabado recomendándolo o poniéndolo en el escaparate. A Roxana, que nos abrió las puertas de su programa de televisión en la Costa del Sol. A quienes facilitaron las distintas presentaciones que -rotura de tibia y peroné mediante- hemos podido ir realizando a lo largo de este tiempo.

Gracias a todos vosotros, y aunque todavía quedan ejemplares en espera de ser leídos, he sido un poco más feliz cumpliendo ese pequeño sueño de ver los escritos de uno publicados, y, en un terreno más pragmático, los gastos de imprenta han sido cubiertos con las ventas que se han ido realizando gracias al granito de arena que habéis puesto muchos.

Ahora mismo, El rayo que nos parta concurre al XI Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España el pasado año, junto a otros 67 participantes. El simple hecho de estar en la línea de salida, junto a nombres como los de Eloy Tizón, Juan Jacinto Muñoz Rengel, etc., ya es una ilusión para mí. Como he dicho en alguna presentación, independientemente de la acogida de este libro, no voy a dejar la literatura, que (sobre todo la actividad de leer), desde hace más de un decenio, se ha convertido en una necesidad básica más para mí, como comer o dormir. 

El proyecto del segundo libro está ya en marcha, y lo primero -con el texto dado ya por terminado- será, de nuevo, llamar a la puerta de algunas editoriales por si estuvieran interesadas en publicarlo. En este caso será un libro de poemas y se titulará, si no hay cambios, Aproximación a la herida. Agrupará los textos premiados en el certamen MálagaCrea 2014 junto a otros más que no pude presentar a dicho certamen por la limitación que imponían las bases. Espero poder seguir informando próximamente, aunque estas cosas, y más aún en la liga en la que juego, van despacio.



9 de agosto de 2014

Verdadera devoción por Duchamp



El otro día, a la vuelta del paseo vespertino, me topé con un zapato viejísimo clavado con una puntilla en el tronco de un árbol. Qué cosas. 

Estas tonterías no las suelo pasar por alto, así que acabé por fotografiarlo: un zapato en sentido vertical, con la puntera hacia el suelo. No conocía la historia detrás de ese zapato (si es que había alguna), pero fantaseé, de forma algo ingenua, con la posibilidad de un incipiente artista conceptual en el municipio. En la película Buscando un beso a medianoche, uno de los personajes fotografiaba zapatos que encontraba abandonados y que habían perdido su par.

Esto era algo diferente, pero los caminos del arte contemporáneo son inescrutables. Un zapato clavado en un árbol -perfectamente integrado en él, valdría decir- en un pueblo de 1.400 habitantes, ya es algo que se sale de la triste rutina. Hace poco pusieron en televisión Amanece, que no es poco, esa ya mítica película de José Luis Cuerda, con un reparto antológico y un exquisito humor excéntrico. Siguiendo las palabras del Guardia Civil, verdaderamente indignado porque habían plagiado Luz de agosto de William Faulkner, aquí habría que decir: ¿es que no sabe que es VERDADERA DEVOCIÓN lo que en este pueblo hay por Duchamp?