29 de mayo de 2016

Alain Laboile












Alain Laboile (Burdeos, 1968), fotógrafo francés, tiene seis hijos y documenta la vida de su familia en exquisitas instantáneas con la naturaleza, el medio rural y la infancia como algunos de sus componentes. Os invito a seguir revisionando o descubriendo su trabajo en su web.

15 de mayo de 2016

Versionando a Jaime Gil de Biedma

Sad trees, de Jonas Nilsson Lee


VERSIONANDO A JAIME GIL DE BIEDMA



Que la vida era una farsa
uno lo empieza 
a comprender
muy lento 
(como pocos jóvenes yo vine
a tomármelo todo bien en serio).
En la justicia del tiempo
y el esfuerzo creía,
en la pureza de la vida.
Ahora 
se muestra aquello un tanto ingenuo:
cruel, corrupta, inhumana 
se revela, invitando al pisoteo
a poco que medie opción de medrar
o una herencia de tres mil euros.


© Jesús Artacho, 2014.

24 de abril de 2016

Fabulosas narraciones por historias




Escribía Carmen Boullosa refiriéndose a los infrarrealistas mexicanos:

"Eran el terror del mundo literario. Antes de comenzar mi primera lectura de poemas [....] me encomendé a Dios –en quien no creía por lo regular, pero a alguien tenía que pedírselo– para que por favor no fueran a aparecer los infras. [….] Me daba horror leer en público –me parecía que eso era realmente de payasos–, pero al temor de la tímida se pegaba el pánico del ridículo: los infras podían aparecer, irrumpir a media sesión y llamarme tonta (que vaya si lo era, no había conseguido armar un poema decente [….]). Ustedes [se dirige a Bolaño] estaban allí para convencer al medio literario de que no podíamos tomarnos en serio con lo que no era legítimamente serio, que en la poesía –desdiciendo el dicho chileno– de lo que se trataba era precisamente de aventarse a precipicios." (En Roberto Bolaño: la escritura como tauromaquia, de Celina Manzoni).

En Fabulosas narraciones por historias, un grupo de jóvenes se dedica durante un tiempo al boicoteo cultural, a reventar conferencias y tertulias en la época del apogeo de la Residencia de Estudiantes. Al contrario que en el texto citado, los vanguardistas no son aquí (en la novela) los pirómanos culturales sino sus víctimas.

Comparten trama una serie de personajes reales (Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna, José Moreno Villa, Vicente Huidobro...) y otros creados (los amigos Santos, Patricio, Marcelino, Martiniano -sobrino de Azorín-...), alumnos de la Residencia que en una época determinada muestran su oposición a la preponderancia de los primeros. Patricio, sobrino de José María de Pereda, que aun muerto se le aparece para aconsejar al pariente letraherido, ansía publicar su primera novela, pero ve cerradas las puertas editoriales por no entrar en los esquemas de la moda imperante. Hablan, entre ellos, de la Residencia como una "herramienta de propaganda cultural". 

En la Odisea y La Ilíada, si os acordáis, Homero aplicaba a los personajes epítetos que repetía cada vez que entraban en escena. Así, Ulises era siempre "fecundo en ardides", la Aurora "de rosáceos dedos", etc. Aquí ese recurso homérico se emplea como elemento cómico para subrayar, desde una perspectiva lúdica y desmitificadora, el endiosamiento de algunas personalidades de la época. De este modo, no podemos leer sino con cierto retintín que Juan Ramón Jiménez sea siempre el "exquisito poeta y refinado prosista", Federico García Lorca "el mejor intérprete del alma de Andalucía" u Ortega y Gasset "el incansable luchador por la europeización cultural de España". El hecho de que la novela funcione como un conglomerado con referencias no al alcance del lector común (ese que -con perdón- admira a María Dueñas, Ildefonso Falcones, Luz Gabás o Dan Brown) puede tener el resultado paradójico de que este libro pueda aburrir a alguno cuando parece claro que, si se entra en su longitud de onda, el autor es, aparte de buen escritor, un cachondo mental.

Los elementos culturales aparecen, por otra parte, imbricados con los de serie B en una historia no exenta de crímenes, cuernos, traiciones, fragmentos pornográficos (cuánta carcajada con el consultorio sexual del Dr. Moore), escatológicos (véase el juego "Ojete Majete")... Conviven, en fiera compañía, lo culto y lo coloquial, el refinamiento y la brutalidad, en una intriga en torno, entre otras cosas, al cambio de paradigma literario producido con el auge de las vanguardias y el menosprecio al realismo, en una narración -fabulosa- de la Historia cultural y política de una parte del siglo XX en España.

En cuanto a las tertulias, se reflejan en la novela temas candentes en lo que a teoría de la literatura se refiere: el papel activo o pasivo del lector, la condición mimética de la literatura tradicional frente al arte puro que propugnaba Ortega, por ejemplo, en La deshumanización del arte, etc. Orejudo, filólogo de formación, conoce la materia de primera mano y se mueve con soltura, imaginación y admirable desparpajo en la caricatura, el comentario ingenioso y sarcástico.

El libro se estructura con diversos materiales dispuestos en fragmentos breves. En ocasiones se entrecomillan párrafos de obras, reales o imaginarias, en un procedimiento se diría que borgeano o vilamatiano. Tampoco pierde ocasión el autor para parodiar Rayuela (véase el personaje de María Catarata), con un toque final de perejil metanovelístico a modo de comentario acerca del propio libro que acabamos de leer (entre las críticas, por cierto, podía haber incluido el ¿anacronismo? de que a un personaje le gusten las pinturas de Zao Wou-Ki en los años veinte, cuando el artista chino aún no había comenzado su carrera).

Se cuenta que al Nobel onubense, entre otras cosas, le incordiaban sobremanera los ruidos, por lo que en determinado momento mandó insonorizar su habitación para no desconcentrarse en la construcción de su Obra. Contribuía, así, a que se le tildase de poeta aislado en la "torre de marfil", siguiendo la expresión de Rubén Darío. La anécdota se aprovecha para una broma cuando uno de sus enemigos comenta: "Aunque era sabido que le molestaban mucho los ruidos, el de los aplausos no parecía hacerle el más mínimo daño". Por una de las tertulias pulula un personaje que no lee; le da miedo:

"Porque los libros hacen lo que quieren con nosotros. La gente cree que lee lo que quiere y que opina lo que a su señora mente le da la real gana, pero no es así. Las novelas, las poesías, los periódicos, las revistas, todos los libros están llenos de trampas para obligarnos a sentir y a pensar lo que ellos quieren que sintamos y pensemos. Yo me quedo al margen."

Es sólo uno de la multitud de fragmentos que he marcado al margen. Entre burlas y veras, con prosa directa y rica, diría que se tratan temas de hondo calado. 

Fabulosas narraciones por historias, primera y magnífica novela de Antonio Orejudo (Madrid, 1963), vio la luz en Lengua de Trapo (luego la reeditaría Tusquets) en 1996. Cuatro años después llegaría la célebre Ventajas de viajar en trenReconstrucción (la única que me falta por leer) se publicó en 2005. Un momento de descanso en 2011. Si no me fallan las cuentas, cuatro novelas en veinte años. No se prodiga mucho Orejudo. O no tanto como a algunos nos gustaría, pues leerlo se nos antoja una gozada. A día de hoy, uno de mis referentes indispensables en lo que a escritores españoles vivos se refiere.


Portadas, para alguno puede que disuasorias, de la novela.

15 de abril de 2016

Libros nuevos VIII


A continuación una serie de libros de segunda mano que han entrado a formar parte de mi biblioteca recientemente:

-El dardo en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter (Galaxia Gutenberg)
-Auto de fe, de Elías Canetti (Círculo de Lectores)
-La vida sexual de Catherine M., de Catherine Millet (Anagrama)
-Manual de infractores, de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral)
-Un milagro informal, de Fernando Iwasaki (Alfaguara)
-Demasiada felicidad, de Alice Munro (Lumen)
-Memorias de un antisemita, de Gregor von Rezzori (Anagrama)
-El amante, de Marguerite Duras (Tusquets)
-Alguien que anda por ahí, de Julio Cortázar (Alfaguara)
-La muchacha de las bragas de oro, de Juan Marsé (Planeta)
-Las bailarinas muertas, de Antonio Soler (Anagrama)





30 de marzo de 2016

Una promesa de calambrazo





Sale uno a la calle y descubre que ha llegado la primavera. No se trata de una mera cuestión térmica. Se percibe cierta electricidad en el aire. El aullido mudo, como de monje cartujo, del cerezo que brota. El balbuceo de la brizna de hierba. Las vanguardias de la polinización, aún poco estridentes, cosquilleando la pituitaria. 

Una promesa de calambrazo.
© Jesús Artacho, 2016.


11 de marzo de 2016

La clave venturosa de la vida


LA CLAVE VENTUROSA DE LA VIDA

"Recuerdo paso a paso aquel camino
de tierra oscurecida por la lluvia, con charcos
despiadados, alambradas hirsutas
en las lindes y unos chopos sin hojas
afligiendo al paisaje.
                                 Un lugar anodino,
difuso, apenas predecible, y sin embargo
dotado de una nítida hermosura,
no por ningún expreso ornato natural
sino porque precisamente allí, hace ya tiempo,
percibí de improviso una presencia
parecida a la plenitud, ese raudo bosquejo
que irrumpe en la memoria y se incorpora
ya para siempre a los indubitables
rudimentos de la felicidad.
                                          Sólo eso:
unos ojos pendientes de los míos,
y en ellos, descifrándose,
la clave venturosa de la vida."

José Manuel Caballero Bonald, Manual de infractores (Seix Barral, 2005).

5 de marzo de 2016

Autorretrato con radiador


Christian Bobin va a cumplir sesenta y cinco años. Vive en el sitio donde nació. No le gusta viajar. Apenas concede entrevistas, no da conferencias. Ha publicado más de medio centenar de obras. Pocas se han traducido al castellano. Aquí en España Árdora ha publicado Autorretrato con radiador (2006) y Un simple vestido de fiesta (2011). Sibirana Las ruinas del cielo (2012). Libros Canto y Cuento la novela La más que viva (2016). Thassàlia El bajísimo. San Francisco de Asís (1997). Se le conoce poco por estos pagos aunque, me parece, tiene un minoritario y fiel grupo de seguidores que, admirando sus libros, demandan más traducciones. La aureola de autor de culto parece ajustarse bien a su figura.

Autorretrato con radiador fue publicado en Francia en 1997 por la prestigiosa Gallimard. El libro tiene forma de diario, que abarca casi un año, escrito poco después del fallecimiento de la esposa del autor. La frase que sigue da una pista de su reacción en este libro a ese funesto acontecimiento: 

"...pero no: en pleno centro del desastre, uno se para, enciende un cigarrillo y habla de la luz de los cerezos en flor". 

Su mirada (honda, reflexiva, lúcida) se centra a menudo en lo humilde, el amor, la naturaleza. Llega a caer, por momentos, para mi gusto, en lo cursi, como cuando escribe: "Diez rosas en la cocina, diez rosas en el despacho, veinte cartas de amor".

He de confesar que la lectura me ha despertado sensaciones encontradas, afinidades y desacuerdos. He realizado un esfuerzo de empatía, pero la visión de Bobin acerca de algunas cosas esenciales, sobre las que vuelve, entran en mi sangre -con perdón- como el aceite al contactar con el agua. Si uno es ateo (como es el caso, a día de hoy, de este que escribe), quedan lejanas declaraciones de este tipo: "Creo en la resurrección de los cuerpos y de las almas. Esta creencia está en mí como el aire en los pulmones". O esta otra, que parece de catecismo: "Los locos, los leprosos, los histéricos, los ciegos, los mudos, los paralíticos: Cristo socorre a todos". Por lo que imagino que cierta vena religiosa (aunque Bobin dice preferir el término "espiritual") ayuda a disfrutar en mayor medida el libro.

Por otra parte, como digo, Bobin es certero y lúcido y no deja de soltar perlas

"El arte de la conversación es el arte mayor. Los que gustan brillar en él no entienden nada. Hablar de verdad, es amar, y amar de verdad, no es brillar, es arder." 

"Durante tres días, analfabeto: nada como una preocupación para hacer ilegible el mundo". 

"Hacer al menos una vez lo que nunca se hace. Seguir, aunque sólo sea un día, una hora, un camino distinto que aquel en el que el carácter nos puso."

"Me hice escritor o más exactamente me dejé hacer escritor para disponer de un tiempo puro, desprovisto de cualquier ocupación seria". 

El imperio de lo útil, lo práctico, que a veces a algunos nos ahoga, se cuestiona. Se reivindican actividades más contemplativas. Bobin atiende a lo íntimo y a lo sencillo, al pájaro que se asienta en la rama, a la vida de las flores. Además de la parte espiritual, la reflexión sobre el hecho de escribir se encuentra bastante presente. Algunos fragmentos se instalan en el género del aforismo.

El título me parece muy bueno.

Sobre la traducción, algunos detalles hacen pensar que no está muy cuidada. El uso de los guiones no se ajusta a lo preceptivo en castellano, y hay tildes ausentes o mal colocadas.