23 de septiembre de 2012

Peking by night



("En realidad, nunca sabemos lo que sucede; somos una brizna de paja en la tormenta de los acontecimientos...")

No exagero si digo que entre los autores más interesantes que he descubierto este año está el serbio Svetislav Basara. Hace unos meses hablaba por aquí, sin muchas intenciones de disimular mi entusiasmo, de una breve novela, Guía de Mongolia, de la que hablaba bien, entre otros, Enrique Vila-Matas. Pues bien, la editorial Minúscula me dio una alegría hace bien poco traduciendo al castellano otro libro del autor. En esta ocasión se trata de uno de relatos, Peking by night (2008).  

Desde la primera página del primer relato uno se da cuenta de que está ante un autor singular. Basara es un excéntrico genial. En su universo absurdo, imaginativo y delirante encontramos historias como la de un hombre que está cayendo desde lo alto de la torre Eiffel; una fiesta en la que los invitados van deshinchándose siguiendo un infalible efecto dominó, por voluntad propia, como si de una nueva moda se tratara; un hombre que busca a su madre, que pese a su edad ha sido secuestrada por los tratantes de blancas; alguien que se pierde en un supermercado o un hombre que tiene que volver a aprender desde su propio nombre a conceptos mentales que a todos nos resultan básicos. El componente metaliterario sigue estando presente en muchas de las historias de Peking by night, en las que uno encuentra un auto-cuestionamiento de los procedimientos empleados convencionalmente por los escritores, como si a la vez que escritor, Basara fuese un lector crítico en guardia ante las caídas de sus historias en lo convencional, de lo que rabiosamente intenta desligarse.

Ahora sólo queda que Minúscula vuelva a tener la osadía de traducir otro libro de Basara, aunque sólo sea por compasión hacia este triste reseñista. 

22 de septiembre de 2012

Max Richter - Memoryhouse


Título del álbum: Memoryhouse
Autor: Max Richter
Año: 2012
Nacionalidad: Alemania
Género: Ambiental / Clásica / Alternativa
Títulos del álbum: 01 Europe, after the rain, 02 Maria, the poet, 03 Laika's journey, 04 The twins, 05 Sarajevo, 06 Andras, 07 Untitled, 08 Sketchbook, 09 November, 10 Jan's notebook, 11 Arbenita, 12 Garden (1973) / Interior, 13 Landscape with figure, 14 Fragment, 15 Lines on a page, 16 Embers, 17 Last days, 18 Quartet Fragment.
Duración: unos 65 minutos.

17 de septiembre de 2012

Kitchen



(“…Cuando miraba el mar inmenso envuelto en la oscuridad, y la enormidad de las rocas que hacían resonar el rugido de las olas, me inundó un sentimiento dulce, extrañamente nostálgico.”)

Leyendo Kitchen (1988), el primer libro de Banana Yoshimoto, me acordé de otras obras japonesas y acabé pensando que me dejaban sensaciones parecidas. Tanto los Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu como La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa, por poner un par de ejemplos, transmitían una tristeza reposada, una sencillez y una suerte de hermosura y “pureza” que en algunos momentos temía que acabara resultando algo ñoña. De Yoshimoto sólo había leído hace un par de años Sueño profundo, un libro delicado y melancólico compuesto por tres relatos de mediana extensión. Empezando a leer Kitchen comencé a pensar que Yoshimoto no era para mí, me parecía literatura a medio gas, no acababa de arder como me gustaría, no me removía las entrañas. Pero de pronto algo hizo clic y todo empezó a cambiar: he sentido algo y he sacado fragmentos para mí valiosos, así que es muy probable que siga leyendo a esta autora.

A Mikage, la protagonista, le chiflan las cocinas. Pues vale. Es huérfana y su abuela acaba de morir. La vida es dura, “ni siquiera el amor puede salvarte del todo”. Es acogida temporalmente en casa de unos conocidos, un chaval universitario y su madre, Eriko, que en realidad es un travestido. Y ese es el esqueleto de la acción. A este relato le sigue un segundo sobre una joven que pierde a su novio en un accidente de tráfico. La pérdida, la soledad y la muerte están presentes en todo el libro. Como Sueño profundo, Kitchen es un libro delicado, triste, de sentimientos. Para algunos de vosotros será un libro hermoso: no digo más.

16 de septiembre de 2012

Vidas prometidas




(“…aprendió que cada emoción tiene su silencio, que a veces el silencio es el lenguaje más íntimo.”)

Debo confesar que he disfrutado este libro de relatos. El autor se maneja bien con el idioma: algunos cuentos me han parecido más interesantes o complejos, otros sin demasiada tensión para mi gusto, pero todos ellos están pulcramente escritos. Vidas prometidas (2011) ofrece a lo largo de sus casi doscientas páginas un rato de lectura entretenida con algunas perlas dignas de anotar. En “La siesta de Odiseo”, uno de mis preferidos, un anciano transmite a su nieto el amor por las palabras y los libros:

"Los libros son los mapas de la vida. Te enseñan a imaginarte y reconocerte en otros, te abrigan del dolor y de la soledad más fría y son lo mejor que te queda después de haber vivido. En ellos he llegado a conocerme..."

En el relato que abre el libro, “Estrella sin ley”, vuelven a estar presentes las letras. Parte de la situación hegemónica y abusiva de una pandilla en el ambiente del colegio. Otros de los relatos están centrados en el mundo político, giran en torno a un limpiabotas, un echador de cartas, la vida de una maestra o reflexionan sobre cómo puede afectar el paro crónico a la vida de una persona.

Me pareció bonita la edición de Tropo. Sólo una pega: aparecen bastantes acentos mal colocados, más errores de los habituales en un libro que, como digo, me resulta como objeto satisfactorio. Para algunos, este es el mejor libro de cuentos de Guillermo Busutil (yo no puedo afirmar algo así porque es el único que he leído). Con Vidas prometidas, el  escritor granadino se hizo con el Premio Andalucía de la Crítica en la categoría de Narrativa, algo creo que destacable tratándose de un libro de cuentos.

“El amor, la convivencia dependen de tu estatus social, de lo que ganas, de lo que tienes, de lo que representas. Lo que ofreces como ser humano, lo que sientes cuenta poco. El amor, como la amistad, requiere esfuerzo, cuidados, atención y respeto. Pero también una buena imagen, un trabajo, una seguridad económica. ¿Se da cuenta? El amor por el amor, sin nada material a cambio, no existe. Una de las mayores causas de divorcio son los problemas financieros. Es jodido. Las relaciones entre personas sólo se basan ahora en que resulten agradables y útiles. Se parecen cada vez más a los cajeros automáticos. Has de tener crédito, liquidez y un fondo de ahorro para que la transacción de sentimientos no se quede en números rojos.”

7 de septiembre de 2012

Surtido cinéfilo



Me apetecía contaros un poco sobre las películas que he visto últimamente, aunque no son muchas. Lo más destacable es que he conocido por fin a Kieslowski. La trilogía Tres colores me ha gustado bastante, en especial Rojo (1994), que no sé si por las interpretaciones de Irène Jacob y Jean-Louis Trintignant, porque me sedujo desde el principio la escena del perro que da origen a la historia o por los innegables momentos de buen cine que desprende. El caso es que, de las tres, es con la que he llegado a cotas más altas de fascinación. No entraré en detalles que alguien más entendido sabría exponer mejor. Junto a Azul (1993) y Blanco (1994), cine íntimo para paladares exquisitos.


Por otro lado, hace unos días vi Un lugar en el mundo (1992) de Adolfo Aristarain. Es la segunda película que veo del director argentino, tras Martín (Hache), en la que como recordaréis los que la hayáis visto destacan grandes diálogos y grandes interpretaciones, más allá de que la trama caiga, en mi opinión, en algunos momentos tópicos. Grandes diálogos y grandes interpretaciones vuelvo a encontrar aquí (Cecilia Roth, Federico Luppi, José Sacristán…) La evidencia de la pobreza, la importancia de la educación, el fracaso como casi siempre de los idealistas o el nacimiento del amor son algunos de los temas que a mi entender aparecen en la cinta. Además, la manifestación eterna y en ocasiones tristísima y ridícula de que don dinero es un poderoso caballero. Un personaje decía: “dicen que lo importante es amar, no que te amen. Los que dicen eso son gilipollas”. Veinte años cumple ya esta película.


La última ha sido Take shelter (2011), una de las cintas independientes del año para algunos. Premiada en Cannes y en diversos festivales, las interpretaciones de Michael Shannon y Jessica Chastain (El árbol de la vida) me conmovieron. Nos muestra a un hombre solo y torturado. Tiene una mujer y una niña, sí, tiene un trabajo, pero de pronto empieza a tener pesadillas, pesadillas en las que aparecen tormentas terribles, apocalípticas, personas o animales que lo agreden, a él y a su hija pequeña. No le cuenta nada a su mujer, en realidad no le cuenta nada a nadie, pero decide ir al médico porque parece que delira. Lee los síntomas de la esquizofrenia y tiene dos. Mientras se va destrozando por dentro, empieza a construir en el jardín un caro refugio para tormentas para él y su familia, gastando un dinero que no tiene. La película me ha hecho pensar en la delgada línea que puede separar en ocasiones a un loco de un visionario. Os dejo el tráiler. Es una película más bien lenta, pero ha merecido la pena verla, me ha resultado muy estimulante.


Y con esto termino el repaso del cine más interesante que he visto últimamente (vi otras que no me gustaron mucho, así que las paso por alto). A esto habría que añadir que he retomado la serie A dos metros bajo tierra (me ha gustado mucho la segunda temporada, ahora estoy empezando la tercera) y he empezado a ver unas de esas que todo el mundo conoce: The Big Bang Theory. Voy por la segunda temporada, me suelo reír bastante.

Nada más, saludos a todos y buen fin de semana. Parece que voy a poder ver finalmente la exposición de Hopper en el Thyssen. :)

6 de septiembre de 2012

Morir es cosa seria




   "Tan pronto como el suicida se subió al árbol, los doce compañeros de clase decidieron que era el momento de salir del escondite para contemplar de cerca la escena. Él fingió no verlos, sacó del bolsillo una soga resistente y lo preparó todo para evitar fallos de última hora.
         Pero no sabía muy bien cómo ni dónde hacer los nudos. Era un suicida sin experiencia como todos pero bastante torpe, hasta el punto de provocar la risa. Además le fastidió sobremanera que entre sus compañeros no cundiese el pánico, que llegasen al extremo de troncharse de risa cuando era obvio que él estaba a punto de hacer algo muy serio.
          Al comprobar que el drama que tenía preparado había degenerado en simple comedia, el suicida saltó del árbol, tiró con rabia la soga y se alejó corriendo de allí."

2007

Texto incluido en el libro de relatos El rayo que nos parta (2013).