13 de febrero de 2013

Aprender a rezar en la era de la técnica



Lenz Buchmann es un cirujano competente de ética dudosa. En realidad no sé por qué digo dudosa, está bastante claro que es un cabrón. Recuerda un poco a aquello de Nietzsche de que los débiles deben perecer. Educado para ser fuerte y no mostrarse jamás miedoso, Lenz idolatra a su padre, del que hereda el gusto por la lectura (un cabrón ilustrado, ¿será que la lectura no tiene por qué hacernos mejores personas?). Convencido de que hacer lo que se quiere es el primer peldaño, pero lo siguiente es hacer que los demás hagan lo que uno quiere, abandona su trabajo como médico e inicia carrera política.

La novela está muy bien escrita, Tavares es preciso como el bisturí de su personaje. Quizá en contra del libro juega cierta frialdad, pero me parece un autor al que se debe seguir. De modo que agradezco a Rafa y Marisa la recomendación, así como a La hierba roja por tener el detalle de regalarme el libro.

Fragmento:

“…día tras día, los elogios y la admiración técnica que los enfermos, los colegas médicos y el personal del hospital le profesaban se le hacían insoportables. No le molestaba que lo consideraran competente, sino que esa cualidad se confundiera con cierta clase de bondad, sentimiento al que despreciaba sobremanera. Y esa confusión -entre bondad y competencia técnica- empezaba a corroer la barrera que Lenz había levantado entre su profesión y su vida particular, en la que la disolución de los valores morales era nítida. El placer que sentía en humillar a prostitutas, mujeres débiles o adolescentes, a los mendigos que llamaban a su puerta o incluso a su propia mujer, no podía ser más antagónico del aura que ponían a su alrededor algunos familiares de pacientes a los que había operado.

Fue por este motivo que, aquella tarde, cuando la mujer ingenua, al agradecerle el hecho de haber operado con éxito a su madre, le dijo:

-¡Es usted un buen hombre!

él sintió la necesidad de contestar con brusquedad, delante del personal del hospital:

-Perdone, pero de eso nada. Soy médico.”

6 comentarios:

  1. Hola Jesús,
    No lo he leído aún, de El Reino solo he leído Jerusalén.La sensación de frialdad que mencionas también aparece en Jerusalén. Quizás es aventurado decir que es común a todos los libros que conforman la tetralogía, lo confrmaré pronto porque empezaré con los dos primeros el mes que viene y dejaré Aprender a rezar para cuando Jordi quiera leerlo. Un abrazo.

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  2. Jesús, gracias por la mención. Sin embargo, todavía no he leído "Aprender a rezar en la era de la técnica". Entre un libro y otro de Tavares necesito que discurra cierto tiempo. En mi opinión son lecturas exigentes y que merecen ser leídas con todos los sentidos en alerta. Eso sí, me alegro que te haya gustado. A ver si Mondadori se anima, en un futuro cercano, a publicar algunas de sus publicaciones más recientes. Un abrazo,

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  3. Tengo un ejemplar de este libro pendiente de leer despues de un saqueo de librería que hice de una amiga que se mudaba de piso y me llamo la atención ese título "Aprender a rezar en la era de la técnica". No he leído nada de Tavares, pero según los comentarios de Marisa y Rafa tienes que encontrar el momento para su lectura. Un abrazo.

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  4. Habrá que tener en cuenta este título. Al final va a faltar vida. He estado dando una vuelta por aquí y me gusta lo que leo, así que me quedo por aquí. También te animo a que te des una vuelta por el mío.

    Saludos

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  5. Vengo del Café Literario, para curiosear esta propesta. Casi me gusta, jajaja, estoy ya a medio convencer :D

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  6. Yossi Barzilai: Pues ya iremos viendo. Jerusalén también quiero leerlo, veo que os ha gustado a todos mucho. Estaré atento a vuestras impresiones de este.

    Offuscatio: Sí, sabía que este no lo habías leído, pero conocí a Tavares a través de ti y de Rafa, de ahí que te mencione. A ver qué te parece cuando lo leas.

    Manel: Creo que has hecho un buen fichaje. Ya contarás.

    Jaal: Gracias. Ya me pasé por tu blog y te estoy siguiendo.

    Icíar: Parece que se va a organizar una conjunta. Si vuelves a entrar corres el riesgo de que te acaben de convencer. ;)

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