19 de febrero de 2013

El afinador de habitaciones




Leyendo este título quizá venga a la memoria del lector una novela bastante vendida hace unos años, El afinador de pianos de Daniel Mason. Lo de los pianos se entiende, pero… ¿habitaciones? Uno se pregunta antes de empezar de qué irá la cosa.

Precede a El afinador de habitaciones (2010) la historia de La cuervo, escrita once años antes. En ella encontramos a esta adolescente que a su edad va de luto por la vida. Sus razones tiene. Pronto intimará con el narrador, en una relación que irá evolucionando con las páginas. El mismo narrador encontramos en El afinador de habitaciones, donde seguimos comprobando que eso de las mujeres se le da de maravilla. Tiene diecisiete años, vive con su abuela y lidia con una ansiedad que trata de mitigar bebiendo coñac. Aprecia la buena literatura, de modo que en el libro abundan las referencias literarias. Algunas pequeñas historias que permanecerán en el recuerdo del lector son la del sabbath judío y el cómputo de los pasos o la relación entre la escritura de la letra t y la fuerza de voluntad que el narrador encuentra en un libro sobre grafología.

La forma de escribir de Celso Castro se sale de lo convencional. Aparte de ciertas libertades tipográficas, como la ausencia de mayúsculas o el uso caótico de los guiones (según he leído guiñándole el ojo a Nietzsche), consigue crear una cadencia, una atmósfera que envuelve con una capa sutil de sensaciones al lector. Buena literatura, quizá para paladares algo selectos.

2 comentarios:

  1. Es la primera vez que leo sobre el autor y como siempre que vengo me lo voy apuntando ya aunque te digo que me he hecho un poco de lío con el título jejeje. Un abrazo.

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  2. Si indagas un poco verás que no soy el único al que le ha gustado. Javier Avilés de "El lamento de Portnoy", en su entrada debida a la muerte del editor de Libros del Silencio, le agradece entre otras cosas el descubrimiento de Celso Castro. Un abrazo.

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