27 de junio de 2014

Héroes


Ray Loriga, que durante bastante tiempo ha estado con Christina Rosenvinge, debe ser la gloriosa excepción a ese poema de Miguel d'Ors que viene a decir que los poetas -los escritores en general, si se quiere- resultan invisibles a los ojos de las rubias.

Acabo de terminar Héroes (1993), su segunda novela, que exhala un inconfundible aire a beat generation. El libro empieza bien para mi gusto. Tiene buenas frases o al menos voluntad o ganas de escribirlas. Se percibe el ingenio, la frescura, el desparpajo en la creación en unos fragmentos cortos evocadores -y hasta poéticos- plagados de referencias culturales, musicales más bien (Jim Morrison, David Bowie, los Rolling). 

Pero a partir de cierto momento (la mitad o así), los aciertos anteriores se empiezan a caer en nuestra cabeza. Entonces uno intuye que se antepone espectacularidad a hondura, y eso no nos gusta. Uno detecta un exceso algo banal de la tríada "sexo, drogas y rock and roll", bien llevada hasta entonces. Una pena que no acabe de cuajar, porque la novela empezaba pintando muy bien. La he buscado en tiendas virtuales de libros y parece ser que el libro está descatalogado en papel, lo cual sorprende un poco.

Para admiradores -jóvenes, a ser posible- de los personajes de En el camino de Kerouac fascinados también por los hikikomori japoneses -extraño cruce- y la música rock.

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