
Dejo por aquí un primer fragmento, titulado “Autor caprichoso”:
“Un autor, que sólo escribió una sola obra teatral, que sólo debía representarse una sola vez, en el, en su opinión, mejor teatro del mundo e, igualmente en su opinión, sólo por el mejor escenógrafo del mundo e, igualmente, en su opinión, sólo por los mejores actores del mundo, se apostó, ya antes de que se levantara el telón del estreno, en el lugar más apropiado para ello, aunque totalmente invisible para el público, apuntando con un fusil-ametrallador, expresamente fabricado con ese fin por la casa suiza Vetterli y, después de levantarse el telón, se dedicó a disparar un tiro mortal en la cabeza a todo espectador que, en su opinión, se reía a destiempo. Al término de la representación, en el teatro no había más espectadores que los que había matado a tiros y, por lo tanto, espectadores muertos. Ni los actores ni el director del teatro se dejaron distraer por un segundo, durante toda la función, por el caprichoso autor ni por lo que hacía."
El imitador de voces (1978) está compuesto por unas cien historias breves, de una longitud aproximada de una página, algo que lo hace realmente atractivo para ser leído en cualquier lugar o momento.
Se trata de textos empapados en algunos casos de humor negro, otros constituyen tragedias de las que ya no nos reímos, en otras ocasiones aparece un Bernhard irreverente, en otras tierno, otras incitan incluso a la reflexión o están atravesadas por el absurdo.
Sorprende la apariencia ligera con la que, en unas líneas, Thomas Bernhard es capaz de contar cosas a veces profundas, la hondura que alcanza en breves inmersiones de una página. Hace pasar algunas historias por casos jurídicos reales, lo cual les aporta mayor verosimilitud.
Este libro ha supuesto para este que escribe el placer de descubrir a un autor del que había oído hablar, y muy bien por cierto, pero a quien hasta la fecha no había leído. Tras hacerlo, tecleé su nombre en Google y leí que esta se considera una obra menor suya. Uno no sabe si pensar en cómo serán las demás o acabar concluyendo que su apariencia humilde de historias brevísimas facilita que sea despreciada de esa forma. De cualquier forma, habrá que seguir leyendo a Bernhard para comprobarlo, cosa que, si no estamos demasiado equivocados, será una gozada.
Concluyo la entrada dejando por aquí otro fragmento:
"El profesor Moosprugger dijo que fue a esperar a la Estación del Oeste a un colega, al que sólo conocía por correspondencia, pero no personalmente. Dijo que, realmente, esperaba a otra persona distinta de la que realmente llegó a la Estación del Oeste. Cuando le hice observar a Moosprugger que siempre llega una persona distinta de la que esperamos, se puso en pie y se fue, con el único objeto de romper todos los contactos que había hecho en su vida y deshacerse de ellos."