22 junio 2010

Las mejores películas de la década

Termina una década de cine.
La siguiente lista de películas está obtenida a partir del cotejo de los dos ránkings más importantes según dicen de la red: Internet Movie Database y Filmaffinity. Me diréis que no os gustan las listas o que hay películas buenísimas que esta lista no incluye, pero al menos es una referencia de lo que más ha gustado a la gente durante estos diez años. Otra cosa sería lo que le gustó a los críticos: no cabe duda de que en esa otra lista no faltarían títulos como Dogville de Lars von Trier, u otros no tan llamativos para el gran público. En cualquier caso, las que la gente democráticamente ha elegido como las mejores películas de la década son las siguientes:

1. Ciudad de Dios
2. El pianista
3. El retorno del rey
4. El viaje de Chihiro
5. La vida de los otros
6. El caballero oscuro
7. Wall.e
8. Gran Torino
9. Amélie
10. La comunidad del anillo

Y vosotros, ¿las habéis visto? ¿Cuáles de ellas son vuestras favoritas? ¿Os gustaron otras que no están en esta lista?

17 junio 2010

Nunca me abandones


Hay muchas cosas que no entiendo. En cuanto a la novela que nos ocupa, no acabo de entender los halagos que ha recibido, ni alcanzo a ver los ecos de Blade Runner de los que se habla en la contraportada, ni atisbo el parecido con obras como El proceso o Un mundo feliz, ni veo cómo puede ser calificada de "utopía gótica".
Mientras leemos esta novela nos acordamos de los escritores de relato corto, que reclaman mayor atención para el género argumentando que es más adecuado a los tiempos, por ser más breve, más intenso y con menos partes accesorias. No recuerdo quién dijo que mientras que un cuento tiene que vencer por K. O., una novela gana a los puntos. A mi modo de ver esta novela no consigue noquear al lector en casi ningún momento.
Y es que Nunca me abandones (2005) es una novela lenta, más bien descriptiva, donde, más que acontecer, las cosas se explican. Es difícil que el libro entusiasme, porque carece de momentos verdaderamente intensos, no nos llega salvo en momentos puntuales ni un atisbo de emoción y, si bien está escrito con una prosa transparente que contribuye a una lectura fácil, le falta a mi juicio densidad, tensión interna, contenido. Por supuesto estoy contando mi impresión al leer el libro, cada cual tendrá la suya, no es que uno disfrute criticando un libro, más bien resulta triste notar que una novela falla.
La historia se centra en la vida en un internado británico, Hailsham, y particularmente en las relaciones entre tres chicos: Ruth, Tommy y Kathy, que es quien narra la historia. Sabemos que allí se les educa para ser creativos y que cuando salgan, a los dieciséis, empezarán a donar algunos de sus órganos. Más tarde nos enteramos de que todos los alumnos de Hailsham son clones, y una vez que están fuera alguno de ellos intenta encontrar a la persona a partir de la cual ha sido clonada. Este hecho confiere a la historia trazos de ficción científica, pero la verdad es que tampoco se ahonda mucho en el tema.
En los personajes tampoco se profundiza mucho, y en las trescientas cincuenta páginas de la novela no pasa nada para mí verdaderamente memorable, uno no se explica cómo se pueden llenar tantas páginas con tan poco. Sólo en momentos puntuales (al principio, al final) consigue el autor crear cierto clima de misterio.
Por lo demás, estamos convencidos de que el renombre de Kazuo Ishiguro se asienta sobre obras mucho más sólidas que Nunca me abandones.

10 junio 2010

Canino (2009)


  • Línea argumental: tres hijos viven con sus padres en una finca de la que nunca han salido. En esa casa los zombies son flores amarillas, una autopista un viento fuerte, y si les pides que te den el teléfono te pasan el salero. La única persona del exterior a la que ven es a Christine, llevada por el padre para satisfacer las necesidades sexuales de su hijo.
  • Comentario: dicen que la educación lo es todo, y esta película griega parece corroborarlo. Insólita, cruda y desasosegante, además de un poco claustrofóbica, Canino nos invita a reflexionar sobre ciertas estrategias empleadas por los totalitarismos, la importancia de tener el control del lenguaje o el precio que debemos pagar por nuestra seguridad en las sociedades actuales. Los actores alcanzan en mi opinión la brillantez, haciendo creíbles y cercanos a sus personajes. Toda una sorpresa. Muy recomendable para todos aquellos que busquen cine "de autor" un poco diferente.

04 junio 2010

Cándido


Hay un dicho según el cual un pesimista es sólo un optimista bien informado. El protagonista de esta novela de Voltaire desmiente ese dicho. Cándido se ha criado en un castillo, nunca ha viajado y le han contado que todo ocurre siempre de la mejor manera posible y que vive en el mejor de los mundos. Un día lo pillan besando a la hermosa Cunegunda y es expulsado del castillo, momento en el que empiezan todas sus desdichas. Pasa por mil lugares y aventuras, se ve envuelto en mil desgracias pero, a pesar de todo, sigue manteniendo su optimismo, sigue pensando, como le dijeron de pequeño, que todo es bueno en el mundo.
Se trata de un libro satírico con el que Voltaire pretendía criticar el optimismo de Leibniz mediante este personaje. Dice Cándido: “Van a asarnos o a cocernos vivos. ¡Ah! ¿Qué diría ahora el maestro Pangloss? Todo es bueno en el mundo; lo acepto, pero creo que resulta demasiado cruel haber perdido a la señorita Cunegunda y ser luego asado por los orejones”. Se muestra así lo ridículo, lo ingenuo del optimismo del protagonista, que no por azar se llama Cándido. En cambio, Voltaire parece defender la idea que aparece en el prólogo de la Celestina, según la cual todo en el mundo es lucha de unas cosas con otras y que, como decía Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre.
Por otro lado, en un momento dado se critica el colonialismo y la explotación de Europa en las tierras de ultramar, cuando un personaje negro, tras exponer sus desgracias, concluye: “Ved a qué precio coméis el azúcar en Europa”.
Se trata en definitiva de un cuento moral o filosófico típico de la Ilustración, publicado en 1759. Un libro corto que en algún momento resultará algo rudimentario al lector actual pero que está lleno de aventuras: saqueos, asesinatos, duelos, huidas, largos viajes…

27 mayo 2010

Gerry (2002)




Esta es una película controvertida. Ante ella caben, por lo menos, tres posicinamientos. Hay quienes la consideran una obra maestra. Para otros es un timo, una película para “gafapastas”, perfecta, sí, pero para quedarse dormido. También están, por último, los que se sitúan en un término medio. A ellos me uno.
La línea argumental es sencilla: tras salir del coche, dos jóvenes se salen de un camino que recorrían y quedan de buenas a primeras perdidos en medio del desierto. Poco más hay que contar. A partir de ahí, la película está construida a base de largos silencios (atenuados por la música de Arvo Pärt) y planos largos, -muy largos- que confieren una gran lentitud al conjunto, una atmósfera hipnótica propicia para la reflexión. El problema es que, a mi modo de ver, tampoco hay mucho sobre que reflexionar. Si Gus van Sant quería hacer una película a lo Tarkovsky no está del todo a la altura, en mi opinión. Quizá el quid de la cuestión esté en cómo transmitir la sensación de vacío sin hacer una película vacía. Supongo que se trataba de generar en el espectador esa sensación de vacío, de hallarse perdido, a lo que ayudan los espectaculares paisajes desolados. De todos modos, no es fácil mantener el interés, y si Gerry en muchos momentos consigue sus objetivos, en otros se instala en el tedio más anodino. Se hace repetitiva. Pero, con todo, constituye un intento de hacer algo distinto al cine más convencional.

25 mayo 2010

Los heraldos negros

"Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
La resaca de todo lo sufrido
Se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
En el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
O los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
De alguna fe adorable que el Destino blasfema,
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
De algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… ¡Pobre, pobre! Vuelve los ojos, como
Cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
Vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
Se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!"

CÉSAR VALLEJO, Los heraldos negros

20 mayo 2010

El palacio de la luna


Para los pocos que aún no hayan hecho ninguna incursión en la obra de Paul Auster, esta novela puede ser una excelente toma de contacto. Puede gustar o no, pero El Palacio de la Luna es Auster en estado puro.
Calificada por su autor como su particular David Copperfield, el libro narra a lo largo de trescientas páginas la historia de Marco Stanley Fogg, la relación con su tío Víctor, con el que vive hasta que ingresa en la universidad. Antes de graduarse, debido a la falta de dinero, Fogg se las tiene que ingeniar para sobrevivir en una vivienda sin electricidad ni apenas comida, y, posteriormente en la calle durante un breve período de tiempo, hasta que empieza a trabajar para Thomas Effing, un personaje tan sarcástico como entrañable. En este momento Fogg desaparece del libro, o al menos pasa a un segundo plano, y oímos otra historia de supervivencia, la de Thomas Effing en el desierto, en medio de la nada.
Todo ello es contado con el ritmo hipnótico marca de la casa. Y es que, si bien la poesía de Auster es realmente hermética, sus libros en prosa tienen la magia de las historias transmitidas oralmente; sus novelas tienen una cadencia típicamente austeriana, por lo que para un asiduo de sus obras no es difícil reconocer su estilo.
En El Palacio de la Luna (1989), y es algo común a todo lo que escribe Paul Auster, tienen gran importancia los impulsos interiores, lo azaroso de la vida, las coincidencias (“hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres”, escribía Justo Navarro).
Es curioso y hasta entrañable el personaje de Orlando, que pasea en un día de sol cubriéndose con un paraguas roto, un paraguas que luego dará lugar a uno de los momentos más memorables del libro.
Calle de Brooklyn Heights

Pero no adelantaremos más. Es sorprendente la calidez humana que desprenden los personajes creados por Paul Auster, lo cercanos que resultan al lector, así como la capacidad asombrosa de fabulación que tiene, la facultad de urdir historias insertadas en la general que en algunos recursos parecen cercanas a los cuentos infantiles.
Con todo, aunque pueda ser este libro una primera parada, el lector que disfrute leyéndolo no dudará en hacer nuevas escalas en la narrativa del neoyorquino.


"-Eres un soñador, muchacho -me dijo-. Tienes la cabeza en la luna y me parece a mí que nunca vas a tenerla en otro sitio. No eres ambicioso, el dinero te importa un pepino, y eres demasiado filósofo para tener ningún talento artístico. ¿Qué voy a hacer contigo?"

09 mayo 2010

El imitador de voces


Dejo por aquí un primer fragmento, titulado “Autor caprichoso”:

“Un autor, que sólo escribió una sola obra teatral, que sólo debía representarse una sola vez, en el, en su opinión, mejor teatro del mundo e, igualmente en su opinión, sólo por el mejor escenógrafo del mundo e, igualmente, en su opinión, sólo por los mejores actores del mundo, se apostó, ya antes de que se levantara el telón del estreno, en el lugar más apropiado para ello, aunque totalmente invisible para el público, apuntando con un fusil-ametrallador, expresamente fabricado con ese fin por la casa suiza Vetterli y, después de levantarse el telón, se dedicó a disparar un tiro mortal en la cabeza a todo espectador que, en su opinión, se reía a destiempo. Al término de la representación, en el teatro no había más espectadores que los que había matado a tiros y, por lo tanto, espectadores muertos. Ni los actores ni el director del teatro se dejaron distraer por un segundo, durante toda la función, por el caprichoso autor ni por lo que hacía."

El imitador de voces (1978) está compuesto por unas cien historias breves, de una longitud aproximada de una página, algo que lo hace realmente atractivo para ser leído en cualquier lugar o momento.
Se trata de textos empapados en algunos casos de humor negro, otros constituyen tragedias de las que ya no nos reímos, en otras ocasiones aparece un Bernhard irreverente, en otras tierno, otras incitan incluso a la reflexión o están atravesadas por el absurdo.
Sorprende la apariencia ligera con la que, en unas líneas, Thomas Bernhard es capaz de contar cosas a veces profundas, la hondura que alcanza en breves inmersiones de una página. Hace pasar algunas historias por casos jurídicos reales, lo cual les aporta mayor verosimilitud.
Este libro ha supuesto para este que escribe el placer de descubrir a un autor del que había oído hablar, y muy bien por cierto, pero a quien hasta la fecha no había leído. Tras hacerlo, tecleé su nombre en Google y leí que esta se considera una obra menor suya. Uno no sabe si pensar en cómo serán las demás o acabar concluyendo que su apariencia humilde de historias brevísimas facilita que sea despreciada de esa forma. De cualquier forma, habrá que seguir leyendo a Bernhard para comprobarlo, cosa que, si no estamos demasiado equivocados, será una gozada.

Concluyo la entrada dejando por aquí otro fragmento:

"El profesor Moosprugger dijo que fue a esperar a la Estación del Oeste a un colega, al que sólo conocía por correspondencia, pero no personalmente. Dijo que, realmente, esperaba a otra persona distinta de la que realmente llegó a la Estación del Oeste. Cuando le hice observar a Moosprugger que siempre llega una persona distinta de la que esperamos, se puso en pie y se fue, con el único objeto de romper todos los contactos que había hecho en su vida y deshacerse de ellos."