20 julio 2011

Jakob von Gunten



“Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores?”

“Peter es, no cabe duda, el más tonto y lerdo de todos nosotros, los alumnos, y esto, en mi humilde opinión, lo cubre de laureles y de distinciones, pues los tontos me resultan increíblemente simpáticos. Detesto a los que quieren saberlo todo, a los que brillan y alardean de sus conocimientos y su ingenio.”

“Si fuera rico, ni en sueños se me ocurriría dar la vuelta al mundo. Cierto es que no estaría nada mal. Pero la perspectiva de conocer tan fugazmente otros países no me entusiasma en absoluto. En general, desdeñaría la idea de ampliar mis conocimientos, como suele decirse. Más que el espacio y las distancias me atraerían la profundidad, el alma. Indagar lo que tengo al lado me seduciría. Tampoco me compraría nada. Ni adquiriría propiedades. (…) Deambularía por las calles, entre la niebla humeante. (…) Quizás hasta estuviera nevando. Me daría lo mismo, o más bien me gustaría. Una suave nevada crepuscular entre las farolas encencidas. Aquello refulgiría fabulosamente. En la vida se me ocurriría subir a un carruaje. Eso lo hacen quienes tienen prisa o pretenden darse importancia. A mí, en cambio, no me atraería nada la idea de darme importancia, y menos aún la de ir con prisas. Me vendrían pensamientos al ir caminando.”

“¡Qué feliz me hace no hallar en mí nada digno de atención, de consideración! Ser pequeño y seguir siéndolo. Y si alguna vez una mano, una oportunidad, una ola, me levantase y me llevase hacia lo alto, allí donde impera la fuerza y el prestigio, haría pedazos las circunstancias que me han favorecido y me arrojaría yo mismo abajo, a las ínfimas e insignificantes tinieblas. Sólo en las regiones inferiores consigo respirar.”

“Nada mejor que Kraus para dar una idea de lo que en verdad significa la palabra “cultura”. (…) Siempre será considerado un hombre útil, pero inculto; aunque a mis ojos es justamente un hombre cultísimo, sobre todo porque representa una totalidad sana y compacta. (…) Kraus sabe poco, pero nunca, nunca actúa irreflexivamente; se somete siempre a determinadas normas que él mismo establece, y a esto llamo yo cultura. Lo que de entrañable y juicioso hay en un hombre, eso es la cultura. Y hay tantas cosas más. El hecho de estar tan alejado de todo egoísmo, por mínimo que sea, y tan próximo, en cambio, a la autodisciplina…”

“Con sentimientos como los que yo tengo frente al mundo nadie obtendrá jamás algo grande, a menos que se burle del brillo de la grandeza y llame grande a lo que es totalmente gris, silencioso, duro y bajo.”

“¿Será mi destino que todo lo que me gusta y prefiero no conduzca a nada?”

“Y si yo me estrellase y perdiese, ¿qué se estrellaría y rompería? Un cero. Yo, individuo aislado, no soy más que un cero a la izquierda.”


Fragmentos de Jakob von Gunten, de Robert Walser.

14 julio 2011

El lobo estepario


El lobo estepario es Harry Haller, una persona insociable y anacoreta que ronda los cincuenta: “era realmente, como él se llamaba a veces, un lobo estepario, un ser extraño y salvaje y sombrío, muy sombrío (…) Un lobo estepario perdido entre nosotros (…) Más convincente no podría presentarlo otra metáfora, ni a su misántropo aislamiento, a su rudeza e inquietud, a su nostalgia por un hogar de que carecía.”

Ave solitaria, vive aislado de un mundo burgués que le desagrada y que le resulta falto de espiritualidad, extraño. “En el curso de los años había perdido profesión, familia y patria; estaba al margen de todos los grupos sociales, solo, amado de nadie, mirado por muchos con desconfianza, en conflicto amargo y constante con la opinión pública y con la moral; y aunque seguía viviendo todavía en el marco burgués, era yo, sin embargo, con todo mi sentir y mi pensar, un extraño en medio de este mundo.”

Lleva una existencia espiritual marcada por la lectura (sobre todo de los escritores románticos alemanes) y también le gusta la música, sobre todo la de Mozart, mientras que manifiesta desinterés por las cuestiones de la vida práctica. “Nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. Ahora lo envolvía el ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo que lo rodeaba”.

Se habla de que es un hombre escindido, dividido entre el hombre y el lobo: “A un trozo de sí lo llama hombre; a otro, lobo (…). En el «hombre» mete todo lo espiritual, sublimado o, por lo menos, cultivado que encuentra dentro de sí, y en el «lobo» todo lo instintivo fiero y caótico.”

Durante el primer tercio de la novela, uno tiene la sensación de estar leyendo un tratado acerca de la personalidad, el yo y demás, y es que todo se centra en la idiosincrasia del lobo estepario. Se puede hacer algo pesado. Pero luego cambia. Harry Haller conoce a una mujer que le enseñará a reír, a bailar, a amar en una palabra. En definitiva, le hará retomar todo eso a lo que había renunciado. Entonces, el lobo estepario podrá decir: «Ya puede sucederme lo que quiera; ya he sido yo también feliz por una vez, radiante, desligado de mí mismo».

Un libro que merece la pena leer.

10 julio 2011

Películas vistas últimamente

El viaje del emperador (2005), de Luc Jacquet.

Un documental sobre la migración de los pingüinos en la Antártida. Se llevó el Oscar. Muy buena fotografía.


Adiós, muchachos (1987), de Louis Malle.

Un drama sobre la amistad entre dos alumnos de un internado católico en Francia en tiempos de la II Guerra Mundial. Obtuvo dos nominaciones a los Oscar, el César a la mejor película y el León de Oro en Venecia.


Up (2009), de Pete Docter y Bob Peterson.

Un viudo vendedor de globos conseguirá ver cumplido el sueño de su vida. Oscar a la mejor película de animación.



AzulOscuroCasiNegro (2006), de Daniel Sánchez Arévalo.
El debut de Sánchez Arévalo no pasó desapercibido: un drama de personajes con unos diálogos muy veraces y buenas interpretaciones. Ganadora de tres premios Goya. Con Marta Etura, Antonio de la Torre, Quim Gutiérrez y Raúl Arévalo.


07 julio 2011

En una estación del metro



En una estación del metro

Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos

y la perdieron para siempre entre la multitud

Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones

y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles

Y quizás el amor no es más que eso:

una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro

y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

Óscar Hahn

05 julio 2011

Darlo todo por perdido


Fotografía de Dayanita Singh


Poesía vertical 24

Darlo todo por perdido.
Allí comienza lo abierto.

Entonces cualquier paso
puede ser el primero.
O cualquier gesto logra
sumar todos los gestos.

Darlo todo por perdido
Dejar que se abran solas
las puertas que faltan.

O mejor:
dejar que no se abran.


Roberto Juarroz.

30 junio 2011

Balada triste de trompeta



Buah, qué locura de película. Al parecer la última de Álex de la Iglesia ha despertado sensaciones encontradas. Parece lógico, ya que es una película arriesgada y osada, que no se anda con medias tintas. La cinta participó en el Festival de Cine de Venecia, donde se hizo con los premios al mejor director y al mejor guión, y obtuvo un buen puñado de candidaturas a los premios Goya, quince en total, que finalmente se quedaron en dos premios de los considerados menores (maquillaje y efectos especiales). Pese a su éxito internacional, no fue la película elegida por los académicos para representar a España en los Óscar (prefirieron la de Icíar Bollaín).

Para mí ver Balada triste de trompeta (2010) ha sido una experiencia estética intensa y emocionante. La película es excesiva, desmesurada, histriónica, puede que incluso grotesca. Y, ante todo, freak. Esto animará a algunos y servirá de disuasión para otros, pero de la Iglesia no pretende convencer a todos. En esta ocasión crea un mundo estrafalario, extravagante, pero propio, genuino, con un innegable poderío visual: tiene momentos de muy buen cine, escenas muy hipnóticas. Probablemente sin la interpretación de Carlos Areces nada sería lo mismo, pero me parece una película muy conseguida. Me ha convencido.

Seguramente incluso los que no la hayáis visto habréis oído algo del argumento. La acción comienza con la actuación de los payasos en un circo, actuación que se ve interrumpida por la llegada de las tropas republicanas (estamos en plena guerra civil española), que reclutan a los empleados. Posteriormente, la acción se traslada a 1973, el año del atentado contra Carrero Blanco. La llegada del payaso triste a un circo acaba convirtiéndose en una lucha encarnizada con otro payaso para hacerse con la chica guapa. Digamos que el apocado payaso triste digievoluciona en... Bueno, para qué contar más. Si hacemos más caso a la razón seguramente encontremos cosas cuestionables, pero si nos dejamos llevar por los sentimientos disfrutaremos de todo un espectáculo visual. Álex de la Iglesia sigue en buena forma.


Los créditos iniciales no le quedaron mal, para mi gusto, así que dejo el vídeo.

27 junio 2011

La conjura de los necios



La historia que hay detrás de La conjura de los necios puede que ya la conozcáis. Su autor, John Kennedy Toole, trató de publicarla sin éxito. Se dice que una editorial se mostró interesada en un principio, pero acabó rechazando el libro alegando que no trataba de nada en concreto. Poco después, deprimido, Toole acabó por quitarse la vida, sin saber que el haber creado a Ignatius J. Reilly le haría ser recordado años después de su muerte, gracias sobre todo al empeño de su madre, que batalló para que el libro fuese finalmente publicado. Gracias al entusiasmo de Walker Percy, en un principio reacio a leer el manuscrito, La conjura de los necios vio finalmente la luz en 1980, dieciocho años después de que Toole escribiese el libro y once después de su suicidio. La novela obtuvo un gran éxito y mereció al año siguiente el premio Pulitzer de novela.

El título del libro tiene su explicación en una cita de Jonathan Swift que abre la novela: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. El genio, en este caso, es un tipo muy particular, Ignatius J. Reilly (posible caricatura de su creador), uno de esos personajes que no se olvidan con facilidad. Ignatius es un inadaptado, se mueve en los márgenes de la sociedad. Dice vivir en un siglo que aborrece, vive a sus treinta años con su madre y se pasa el tiempo encerrado en su habitación, como una ballena varada, escribiendo en una serie de cuadernos “una extensa denuncia contra nuestro siglo”.





Su madre, claro está, está ya un poco harta de él. Vago, religioso, excéntrico, algo repugnante, mordaz en sus opiniones, con ínfulas de superioridad (“sólo me relaciono con mis iguales, y, como no tengo iguales, no me relaciono con nadie”), sólo ha salido una vez de Nueva Orleáns y no duda ni un momento que el país está falto de “teología y geometría”, necesita “buen gusto y decencia”. Por circunstancias de la vida, se ve obligado a salir del cascarón y afronta su incorporación al mercado laboral. Se pone a leer entonces las cualidades que se requieren para conseguir un empleo: “Hombre limpio, muy trabajador, de fiar, callado.” Ignatius pone el grito en el cielo: “Santo Dios”, exclama “¿pero qué clase de monstruo quieren?”

Pero no es el único personaje de la novela. Lo acompaña una corte de personajes pintorescos en una novela hilarante, caricaturesca. A pesar de estar narrada en tercera persona, se incluyen largos fragmentos de los escritos de Ignatius, con lo cual nos empapamos de primera mano de su manera de ver las cosas. También se ve muy lograda la voz de la madre. A pesar de su comicidad, el libro emana también cierta tristeza en su parte final. Pero se termina con buen sabor de boca. A pesar de todo, creo que a algunos de vosotros os gustó este libro más que a mí. No diría yo que es un libro genial. En algunas partes disminuyó mi interés por lo que se contaba, y cosas supuestamente divertidas no me hicieron mucha gracia, pero sí que el personaje de Ignatius me parece memorable.

Desde que conocí a Ignatius, cada vez que me cruzo por la calle con algún tipo de dimensiones descomunales, me acuerdo inmediatamente de él. De pronto me encuentro imaginando qué pensaría Ignatius de nosotros, en caso de conocernos, y rápidamente me convenzo de que no hay motivos para el optimismo: nos consideraría probablemente unos degenerados, carentes de buen gusto y decencia, de teología y geometría. Vamos, que sólo habiendo leído a su admirado Boecio nos salvaríamos de la quema.



24 junio 2011

Fotografía: Vivian Maier




























Vivian Maier nació en Nueva York en 1926 y falleció en Chicago en 2009. Se pasó la vida trabajando como niñera y la fama como artista le llegó de forma póstuma. Su historia es muy curiosa, e invito a que la conozcáis. Dejo algunos enlaces para los curiosos que quieran saber más acerca de esta mujer que retrató imágenes tan cautivadoras:

-Ficha de la película documental de 2013 Buscando a Vivian Maier (Finding Vivian Maier), de John Maloof y Charlie Siskel, que desde aquí recomendamos.
-El blog creado por el descubridor de su obra, con un montón de imágenes, aquí.
-Aquí la web oficial. Y otra web.

19 junio 2011

Del cielo a casa


Supongo que la mayoría de vosotros no conoceréis a Hebe Uhart. Yo nunca había oído su nombre hasta que, al terminar una lectura de cuentos, el escritor Andrés Neuman terminó diciendo (ordenando, casi): “lean a Hebe Uhart”. Tuvo que deletrearlo, es cierto, pero todos anotamos ese nombre. Pasado un tiempo, me topé en la biblioteca con un libro de la tal Hebe Uhart, a la que se catalogaba en la contraportada como “una de las mejores cuentistas argentinas”. Ya sabemos que estos calificativos no hay que tomárselos al pie de la letra, porque si no se generan expectativas que luego pueden verse defraudadas, pero el libro me interesaba y lo tomé prestado.

Del cielo a casa (2003) reúne dieciocho cuentos. Abre el libro “Navidad en el parque” un relato sin protagonista y se diría que sin argumento. Ofrece una visión general del funcionamiento de una clínica veterinaria situada junto a un parque. Es un trozo de vida retratado, no hay desenlace, ni trama. Se trata de relatos todos ellos de corte realista, sencillos en cuanto a su estructura, escritos con un lenguaje conversacional, cotidiano, cercano a la lengua oral. Hay varios que giran en torno a un escritor, conferenciante o gente relacionada con la literatura.

He leído los primeros relatos con interés. “Congreso” es de los que más me han llamado la atención. Un relato cercano sobre una argentina que narra su viaje a la lejana Alemania, donde ha sido invitada a un congreso de escritores. En mi opinión, consigue hacerse con la complicidad del lector. Pero conforme he ido pasando las páginas del libro no me he llegado a interesar demasiado por lo que estaba leyendo. La mayoría de los relatos me ha dejado un poco frío, no sé si es que yo no he sabido leerlos. A veces, en estos casos, me da por pensar si es demérito del libro o si es que uno está tan vacío que no saca mucho provecho de la lectura. La verdad es que el libro se deja leer, hay detalles que me han gustado, pero sí es verdad que el conjunto no me ha entusiasmado especialmente. El último, “El holandés errante”, es también uno de los que más me han llegado.