24 septiembre 2017
Ciudad perdida
CIUDAD PERDIDA
"Era una madrugada negra y fría
cuando salí del bar,
que apagaba sus luces en un barrio
de calles miserables. La ciudad
era como el cadáver de mi vida,
no se sentían ya los latidos del tráfico.
Las casas, yertas en la oscuridad.
Una luz se encendió, y se abrió una ventana,
surgiendo inesperada la calidez brillante
de un solo de trompeta,
un canto de tal fuerza y alegría
que contrastaba con las calles mudas.
Alguien en uno de los pisos
lanzaba así su vida a alguna parte.
Muchas veces me viene el pensamiento
de que sólo un dolor desconocido
pudo crear la melodía.
O fue mi propia angustia la que me hizo escuchar,
para sobrevivir a aquella noche,
como si fueran algo excelso,
unas notas vulgares."
Joan Margarit, Misteriosamente feliz (Visor, 2009).
10 septiembre 2017
Cartas de lejos
En calidad de periodista, viajó bastante Josep Pla (1897-1981) por Europa. Trabajó como corresponsal en países como Francia, Portugal, Italia, Alemania... Cartas de lejos (1947) nos ofrece estampas líricas, reposadas, poéticas, de sus observaciones viajeras en Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Noruega, Suecia... La palabra "cartas" en el título puede llevar a equívoco, de modo que aclararemos que no se trata de una obra epistolar tipo Cartas marruecas, sino de fragmentos breves, impresiones, postales verbales de los lugares por donde el autor va pasando, y de lo que va viendo. Su literatura es una literatura, más que de imaginación, de observación. A propósito de esto último, su primer libro lo tituló, de forma lógica, Cosas vistas (1925).
Habla Pla de pintores como Memling, Lucas Cranach, Rembrandt, Vermeer, David Teniers. También de la literatura sueca y noruega y, tras mencionar a Hamsun y Lagerlöff, concluye que desde nuestro punto de vista latino "tan frío, prosaico, estrecho y agotado", "tan poco humorístico, tan pobre de imaginación y tan falto de fantasía, la literatura de estos pueblos del norte se nos antoja una locura delirante y desenfrenada". A uno le choca cómo atribuye a los latinos calificativos que nosotros, los latinos, asociamos más bien, precisamente, a las naciones escandinavas. A propósito de eso de "tan poco humorístico", sin ir más lejos ayer escuchaba uno una entrevista a Antonio Orejudo en la que venía a afirmar casi lo contrario, que grandes clásicos de nuestro país (el Quijote, el Lazarillo...) destacaban por su vena humorística. También escribe Pla: "es positivamente agradable". Cuesta imaginar algo agradable que no lo sea de forma positiva. Emplea el autor catalán -o su traductor, en este caso Josep Daurella- alguna que otra palabra que llama la atención, por expresiva. Por ejemplo, azotacalles: 'persona ociosa que anda continuamente callejeando' (voz coloquial y en desuso).
Si uno se adentra en Cartas de lejos con ánimo de encontrar el mismo grado de maestría que en El cuaderno gris, que me pareció maravilloso, probablemente salga decepcionado, pero si se acomete con otro talante ofrece ratos -al igual que Viaje en autobús- de disfrute paladeable, de reposado placer. Ese, al menos, ha sido mi caso. Me sienta bien la prosa de Pla. Lo seguiremos leyendo.
06 septiembre 2017
Tiempos difíciles
TIEMPOS DIFÍCILES
"Era todo tan triste y tan absurdo.
No vivías apenas. Te colgabas
de la pared de la melancolía
y veías pasar las lentas horas
que hacia nada conducen y hacia nunca.
Las mujeres te habían retirado
su protección, los dioses su asistencia
y la literatura su cobijo.
Fueron tiempos difíciles aquéllos."
Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950).
28 agosto 2017
Fotografía: Francesc Català-Roca
Esquina. Madrid, 1956
Las Ramblas
Cine en la Gran Vía. Madrid, 1953
Toledo
Cuenca hacia 1956
Galicia. 1960
Puerta de Toledo
Las Ramblas con lluvia, en torno a 1950 (Museo Reina Sofía)
15 agosto 2017
"La manía", de Andrés Trapiello
Con La manía llego a la decena de incursiones en el Salón de pasos perdidos, los diarios de Andrés Trapiello, que voy leyendo desordenados, a modo de improvisada rayuela cortazariana. Este volumen, de unas ochocientas páginas, lo publicó -como todos- Pre-Textos en 2007, y luego Austral en edición de bolsillo unos años más tarde, en 2013. Se trata del número quince de la serie, e incluye acontecimientos correspondientes al año 2001, el de la caída de las Torres Gemelas.
Disculpen que nos pongamos ligeramente canónicos: el pasado octubre, Babelia publicó una lista con los cien mejores libros en español de los últimos veinticinco años, que encabezaba 2666 de Roberto Bolaño, y fue precisamente La manía el título de Andrés Trapiello que figuraba en la nómina. Estas listas, ya se sabe, han de tomarse con todas las precauciones posibles, pero lo cierto es que a uno también le ha parecido La manía de los mejores del autor que ha podido leer hasta la fecha, aunque el nivel general de la serie es excelente. No deja de maravillarme el abanico humano que Trapiello consigue sacar a la palestra en cada nuevo tomo, esa mezcolanza de lo noble, lo ruin, la bondad, la bajeza, narrada siempre con maestría, que resulta tan enriquecedora y denota una mirada muy inteligente.
Escribe Trapiello en el prólogo a El tejado de vidrio que como diarista le gustaría que se dijera de él que todo lo vio "con ánimo generoso, enamorado y compasivo". Esa declaración parece orientarnos, acaso, acerca del tono de estos libros, impregnados también de aliento poético, algo de mordacidad e innegable sentido del humor.
Sobre la naturaleza genérica del proyecto, el autor habla del Salón de pasos perdidos como de una "novela en marcha". Se trata, diríamos, de un texto híbrido. Durante el año en cuestión, escribe en un cuaderno unas páginas que luego alarga o poda, reelabora y reescribe, para darlas al cabo a la imprenta. Esta segunda fase suele ocurrir equis años después (en principio fueron tres, luego el lapso fue ampliándose a cinco, siete, y hasta diez años). Habla el autor de verosimilitud, más que de veracidad. Comenta, si mal no recuerdo, que una mano compone estos libros como diario y la otra los reconvierte luego en novela. Reconoce que no pretende ejercer de notario de la realidad, y que algunos episodios tienen mucho de fabulación. Sobre este aspecto, resulta interesante la conversación que mantuvo con Arcadi Espada en El Mundo.
En La manía, además de los tradicionales domingos de "pesca" en el Rastro, las escenas familiares, descripciones de naturalezas y algún viaje al extranjero, asistimos a encontronazos con Juan Cruz, Enrique Vila-Matas, Miguel Sánchez-Ostiz, Constantino Bértolo... La Guerra Civil tiene cierto peso en el volumen, pues en 2001 Trapiello escribía La noche de los Cuatro Caminos, una historia del maquis, y recoge aquí jugosas escenas acaecidas durante la investigación preparatoria. Aparecen además, como siempre velados por una X, literatos como Javier Cercas, Juan Goytisolo, Javier Marías, José Ángel Valente y una cuadrilla de personajes anónimos que acaban conformando ese fresco humano del que hablábamos. Se trata de un volumen apenas aforístico, en comparación con otros de la serie.
Escribía Karl Löwith (citado a través de Los cuadernos de Rembrandt, de Jiménez Lozano) que la tarea de los novelistas del siglo XX ha sido evidenciar la nada del ser humano moderno, más que crear un cosmos humano, que es lo que hicieron Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi. Se diría que la obra de Trapiello, sea más o menos apreciada, sí tiene vocación de inscribirse en esta segunda línea de actuación.
Escribía Karl Löwith (citado a través de Los cuadernos de Rembrandt, de Jiménez Lozano) que la tarea de los novelistas del siglo XX ha sido evidenciar la nada del ser humano moderno, más que crear un cosmos humano, que es lo que hicieron Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi. Se diría que la obra de Trapiello, sea más o menos apreciada, sí tiene vocación de inscribirse en esta segunda línea de actuación.
Después de tantas páginas, sigo disfrutando con este diario. Seguiremos, pues, leyendo una obra mastodóntica, catedralicia, que alcanza ya los veinte tomos (parece que antes de acabar el año llegará a las librerías el vigésimo primero) y, según autorizados cálculos, las diez mil páginas. Anotada queda La manía para la lista de mis mejores lecturas del año.
El autor fotografiado por su hijo Rafael Trapiello en Las Viñas (Cáceres)
03 agosto 2017
Venían calle abajo
Venían calle abajo. Comerciales
jóvenes, voceros de las eléctricas. Trajeados y afeitados,
engominados y maquiavélicos, con esa aureola de triunfadores y
liantes abonada por tantas historias de persuadidos que, justo
después de rubricar, comienzan a sentirse engañados.
Desde el bar semidesierto vi
acercarse a la dupla. No imaginé que pudieran atracar allí, pero se
sentaron en una de las mesas vacías de la puerta. Individuos de
apariencia peligrosa, di en pensar, pero luego intenté corregir mi
desconfianza, a buen seguro prejuiciosa.
Debían de ser temporeros,
pensé, avezados universitarios recién egresados, grumetes
contratados para alguna campaña estacional. Sin mayores esfuerzos
los atisbaba a través de la ventana medio abierta. Extraían
documentos de sus carpetas, señalaban cifras en fotocopias de
facturas encabezadas por el logotipo de alguna empresa del IBEX 35,
comentaban algo para luego volver a archivarlas. Quizá acababan a
aquella hora la jornada y, sentados ante unas cervezas y en aparente
soledad, se aflojaron un poco la corbata... y la lengua.
Retazos de conversación
franqueaban de cuando en cuando la ventana de reja. Se quejaban los
emisarios del oligopolio energético de que no era corriente lo de
cierta señora: “X es tonta: no quiere cambiarse, le gusta pagar
más”. Se advertía
en el tono algo de saña y bastante desprecio, modales atribuidos
-por lo general- a ocupantes de otras vestiduras. No cabe duda, por
otra parte, de que esa capacidad suya, tan palpable, de saber apartar
a un lado la decencia, tan improductiva, para ascender sin reparo,
habrá de serles de mucha utilidad y beneficio en esta vida. Pero
esta última línea apestará a muchos a insoportable moralina. Con
todo, a pesar del evidente sarpullido que a uno le levantaron -no lo
oculto-, tampoco dudo de que llegarán lejos en este mundo, y quizá
un golpe de dedo les baste, en el futuro, para aniquilar a este
escriba bala perdida y con pocos contactos.
El pasmo de uno borboteó
cuando, al cabo, en el momento de pagar, me pareció escuchar que los
señores trajeados discutían el precio con el tabernero. Por si el
choque de Weltanschaaung
no era ya suficientemente poderoso, aquello me acabó de revolver el
estómago. No sabía si sonrojarme, de puro bochorno, o qué otra
salida acometer. Imposible resultó captar los pormenores del
regateo, pero al cabo entró furioso el tabernero, tensando la musculatura hasta en las pestañas:
-Precio de guiri, dicen que les
he puesto -dijo, y sonreía crispado, con los ojos a punto de
salírsele de las órbitas.
02 agosto 2017
Despertando a nueva vida
Darío de Regoyos, La ría de Bilbao con nieve
PARAÍSO EN LA NIEVE
"Cuando la nieve va a llegar, se oye
un silencio en los campos,
un silencio en los cielos.
Luego, van descendiendo densos copos,
los sientes en el rostro como un don
y te vas despertando a nueva vida.
Avanzas en lo blanco lentamente,
avanzas con el peso de lo negro
que siempre hubo en ti,
con lo que hiere y duele y nos enferma,
con todo el mal que en siglos hemos hecho,
con todo el mal que en siglos nos hicieron.
Mas, poco a poco, se aligera el cuerpo
y el alma, extraviada en lo blanco,
espacio es de sí misma.
¡Paraíso en la nieve!
Al fin, ya todo es blanco
en lo negro del hombre.
Hasta el aire tan frío que respiras
te parece de fuego.
Y allí donde se posan tus dos ojos
la luz es una zarza que llamea,
oímos el crujido de la luz."
Antonio Colinas, Los silencios de fuego (Tusquets, 1992).
20 julio 2017
Súbito viento refrescante
INVOCACIÓN AL VIENTO DE LA TARDE
Súbito viento refrescante
que soplas agitando las livianas
cortinas de la sala en sombras,
inundando de pájaros
y luces sosegadas de sereno crepúsculo
el miedo sofocante varado en el pasillo,
por donde, enfermo, vaga un corazón que se deshoja;
sigue soplando, viento de la tarde,
penetra en esta ruina de hojas enfangadas
y corrupta floresta; que tu aliento
remoto resucite la pasión
de vivir, el coraje necesario
para poder cantar, para poder volar,
incluso apresado en el nido de la muerte.
José Luis Parra (Madrid, 1944), Cimas y abismos. Antología poética (Renacimiento, 2012).
15 julio 2017
Tan impasible como siempre
TELEVISIÓN
(Valencia, 1963)
"Recuerdo que de todos los niños de la pandilla del barrio yo era el único que tenía televisor y que ese día salí disparado del salón familiar y, bajando las escaleras de cuatro en cuatro, alcancé la calle y fui al bar donde jugábamos al futbolín y les grité a todos que habían matado a John Kennedy; lo grité varias veces muy exaltado, "¡Han matado a Kennedy, han matado a Kennedy!", y recuerdo que el jefe de la pandilla, tan impasible como siempre, me dijo: "¿Y?"."
Relato incluido en Hijos sin hijos, de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), publicado originalmente en Anagrama en 1993 y reeditado luego en DeBolsillo en 2012.
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