28 junio 2015

A solas



"A solas soy alguien.
En la calle, nadie.

A solas medito,
siento que me crezco.
Le hablo a Dios. Responde
cóncavo el silencio.
Pero aguanta siempre,
firme frente al hueco,
este su seguro
servidor sin miedo.

A solas soy alguien,
valgo lo que valgo.
En la calle, nadie
vale lo que vale.

En la calle reinan
timbres, truenos, trenes
de anuncios y focos,
de absurdos papeles.
Pasan gabardinas
pasan hombres "ene".
Todos son hombres como uno,
pobres diablos: gente.

En la calle, nadie
vale lo que vale,
pero a solas, todos
resultamos alguien.

A solas existo,
a solas me siento,
a solas parezco
rico de secretos.
En la calle, todos
me hacen más pequeño
y al sumarme a ellos,
la suma da cero.

A solas soy alguien,
valgo lo que valgo.
En la calle, nadie
vale lo que vale.

A solas soy alguien,
entiendo a los otros.
Lo que existe fuera,
dentro de mi doblo.
En la calle, todos
nos sentimos solos,
nos sentimos nadie,
nos sentimos locos.

A solas soy alguien.
En la calle, nadie."

Gabriel Celaya (1911-1991).

19 junio 2015

El tejado de vidrio



Vuelvo a adentrarme en el Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello, serie diarística de la que ya me considero seguidor, y en este caso en el tercer volumen de los dieciocho hasta la fecha publicados, que voy leyendo con gran desorden. Se trata de El tejado de vidrio, que vio la luz por primera vez en 1994 y cuya escritura corresponde al año 1989.

Aunque no coincida con la totalidad de las opiniones del autor, el Salón se ha convertido en un valor seguro cuando busco una lectura sustanciosa y placentera. Con innegable oficio, el escritor leonés vierte observaciones cotidianas sobre personas con las que se cruza, enriquecidas con referencias culturales o por la agudeza de la propia mirada. Retazos de vida que a muchos pasan desapercibidos pero que merecen la pena ser compartidos y rescatados, aunque sea por un tiempo, de la guillotina implacable del olvido.

En cuanto a los ingredientes, encontramos elementos recurrentes y otros nuevos, según lo que va dando el día: visitas a imprentas, al Rastro y la Cuesta de Moyano, un viaje a Nueva York, escenas familiares, vivencias del día a día o de la vida literaria contadas entre comentarios afilados, comentarios sobre arte, clásicos revisitados o reflexiones a partir de noticias de prensa o sobre la vida en general o la propia tarea del escritor de diarios:

"Cuando se anotan con cierta regularidad los sucesos de cada día y al cabo de unos meses se hace arqueo, somos nosotros los primeros en sorprender que ése que ha escrito el diario parece haber vivido mucho más que uno mismo. [....] Se vive más cuanto más se recuerda."

En la nómina de aludidos, encontramos en esta ocasión a Pessoa, Pavese, la Pasionaria, Ramón Gaya o Pío Baroja, entre otros personajes con menos nombre. Como curiosidad, en este volumen tenemos noticia de sucesivos rechazos editoriales a El gato encerrado, primer tomo del Salón, que con el tiempo, no obstante, se ha venido considerando uno de los grandes proyectos literarios actuales.

En definitiva, un libro para pensar, para reír, para sentir, para aguzar nuestra mirada sobre las cosas. Un libro para disfrutar.

Valoración: 4/5

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El fanal hialino

08 junio 2015

La muerte del padre


"La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede." Con esta frase comienza Karl Ove Knausgård (1968) La muerte del padre (Anagrama, 2012), primer volumen de los seis que componen Mi lucha (sí, como el libro de Hitler), proyecto ambicioso, de carácter autobiográfico, ya publicado al completo en Noruega y del que acaba de aparecer en España el tercer tomo.

El libro, que se lee de forma fluida, me parece bastante interesante. No obstante, le encuentro un gran pero: ciertos pasajes parecen alargados hasta el hartazgo, estirados como chicle mascado, con lo que se cae en escenas y diálogos superfluos que por momentos condenan la obra a los sótanos de la intrascendencia.

Comienza el volumen con unas consideraciones sobre la muerte en las supuestamente desarrolladas sociedades europeas, anticipando el nudo central del libro, la muerte y los preparativos del entierro del padre del escritor. A lo largo del volumen, entre estos pasajes estirados (acerca de un episodio de la infancia, del despertar sexual del autor, de sus inquietudes literarias y musicales en la adolescencia y alguna que otra fiesta de Nochevieja, etc.), también encontramos observaciones sobre la paternidad, el arte contemporáneo, la relación con su hermano... Pero el conjunto resulta tan diluido como un café al que el camarero nos hubiera echado un buen chorro de agua, como un sesenta por ciento de agua. Y a nosotros, claro, nos gusta el sabor del café, sin adulteraciones, sin garrafón. Quizá exagero.

Y digo que quizá exagero porque durante parte de la novela, ya digo, he disfrutado de forma moderada de la lectura, pero le encuentro el inconveniente de que la paja casi supere al grano. El estilo, por otra parte, es bastante natural, sin excesivos hallazgos ni alambicamientos. Destaca el aliento vital y el tono reflexivo por encima de la retórica.

En cuanto a la traducción, algunos fallos de puntuación (ausencia del punto y coma donde correspondería, por ejemplo) me han llamado la atención. No sé si pensar en cierta precipitación por cuestiones de plazos y prisas, aunque seguramente sería aventurar demasiado. No obstante, se trata de detalles más bien puntuales.

La vocación literaria de Knausgård parece fuera de toda duda (a este respecto viene a declarar que la ambición de escribir "algo grande" es lo que ha dado sentido a su vida y lo ha mantenido en anda), pero eso, ay, no nos garantiza (aquí me incluyo en calidad de autor aficionado) unos resultados brillantes. Con todo, el autor se expone de forma valiente y parece que honesta. Supongo que seguiré leyendo el siguiente volumen, en el que tal vez, me da por pensar, se depuren las goteras que le encuentro a este, pero lo sacaré de la biblioteca o esperaré a que aparezca en edición de bolsillo.

31 mayo 2015

A la altura de mi generación



"Pues bien, un día en medio de la clase le pedí permiso a la maestra para ir al baño. Lo hacía siempre, y lo hacían todos. Yo, y supongo que con los demás pasaba lo mismo, ni tenía ganas ni calculaba el momento de pedir permiso. Era un súbito. El único triunfo pleno que puedo recordar de mi infancia. Para la maestra, ver la manito [sic] levantada, adivinar de qué se trataba (porque nunca era algo que valiera la pena, por ejemplo preguntarle en qué casos se usaba la b y en cuáles la v) y estallar, era todo uno: ¡Vaya! ¡Pero es el último! ¡El último! Y el que había tenido la brillante inspiración de pedir en aquel momento, en aquel momento que se revelaba como el último, salía corriendo loco de felicidad bajo las miradas de odio y amargura de todos los demás, que se sentían excluidos para siempre, sentían perdida la oportunidad... Pero la oportunidad se repetía, idéntica, y era consumada, cuatro o cinco veces cada hora de clase. Siempre la vivíamos como un absoluto, y la maestra repetía siempre su ultimátum, aunque nunca negaba el permiso, porque las maestras de primer grado vivían con el terror, el único efectivo en ellas, de que alguno se hiciera encima. Pero no lo sabíamos. Cosas de chicos. Lo que me asombra es que yo haya entrado tan bien en el juego. Más propio de mí, mucho más, habría sido aguantar hasta que se me reventara la vejiga. Pero no. Pedía sin ganas, como todos los demás. En eso me ponía a la altura de mi generación."

César Aira, Cómo me hice monja (1993).

23 mayo 2015

HHhH


Libro de extraño título, HHhH nos saluda como una novela diferente sobre el Holocausto y la II Guerra Mundial en Europa, si es que aún es posible.

El francés Laurent Binet (París, 1972) se nos presenta como un investigador con vocación de exhaustividad y lealtad a la época y a los hechos. Su libro pone ante el lector el propio proceso de escritura y documentación, cuestionando los mecanismos tradicionalmente utilizados en este tipo de novelas históricas, desmontando recursos artificiales, convenciones del género. En este sentido, y al tratarnos a los lectores como seres inteligentes, nos recuerda a El vano ayer, novela de Isaac Rosa sobre la guerra civil española que ya comentamos aquí con entusiasmo.

La ¿novela?, publicada en 2010, toma su título de las iniciales de la frase Himmlers Hirn heisst Heydrich ("el cerebro de Himmler se llama Heydrich") y se centra, aunque también reconstruye episodios y anécdotas de todo el contexto histórico en que se enmarca, en esta importante figura del nazismo, Reinhard Heydrich, apodado "la bestia rubia" o "el hombre con corazón de hierro" (este último es de Hitler), y en el episodio del atentado del que fue víctima en Praga en 1942 a manos de dos paracaidistas. 

Estructurada en capítulos cortos, la obra, que resultó ganadora del Premio Goncourt a una primera novela, destaca más por cómo está hecha, por el prurito de honestidad del investigador y la apertura al lector de las puertas de su laboratorio creador, que por el tratamiento del lenguaje, por sus hallazgos expresivos. Así, encontramos reflexiones sobre otras obras relacionadas con este período histórico o, en concreto, con la conspiración contra Heydrich, jefe de la Gestapo y número dos de las SS. Se emiten algunas observaciones críticas, por ejemplo, sobre Las benévolas de Jonathan Littell. Como curiosidad, leemos en Wikipedia que los comentarios sobre la novela de Littell se extendían a lo largo de veinte páginas y que el editor obligó a recortarlos, si bien fueron posteriormente publicados en una web de crítica literaria.

Una lectura que, sin duda, ha merecido la pena.

Monumento en Praga a los participantes en la Operación Antropoide, 
nombre en clave del atentado contra Heydrich.


17 mayo 2015

Si vas a intentarlo, ve hasta el final




TIRA LOS DADOS


"Si vas a intentarlo,
ve hasta el final.
De lo contrario no empieces siquiera.
Tal vez suponga perder novias,
esposas, familia, trabajos
y quizás hasta la cabeza.
Tal vez suponga no comer durante
tres o cuatro días,
tal vez suponga helarte
en el banco de un parque.
Tal vez suponga la cárcel, la humillación,
el desdén y el aislamiento.
El aislamiento es el premio.
Todo lo demás sólo sirve para poner
a prueba tu resistencia,
tus auténticas ganas de hacerlo.
Y lo harás.
A pesar del rechazo y
de las ínfimas probabilidades,
y será mejor que cualquier cosa
que pudieras imaginar.
Si vas a intentarlo,
ve hasta el final.
No existe una sensación igual.
Estarás sólo con los dioses
y las noches arderán en llamas.
Llevarás las riendas de la vida
hasta la risa perfecta,
es por lo único que vale
la pena luchar."

Charles Bukowski (1920-1994).





08 mayo 2015

Premios paripé

Fotografía de Pierpaolo Mittica


He empezado a catalogar, para mis adentros, como Premios Paripé a todos esos concursos literarios (que generalmente coinciden con los de mayor dotación económica) en los que no hay tal competencia, sino elección a dedo.

De un tiempo a esta parte, la gente se viene callando menos (también en los premios de poesía, cuyos chanchullos denuncian algunos espacios -véase Patrulla de salvación-) y la práctica se ha convertido en un secreto a voces. Así, los propios editores hablan en términos de “no me sale rentable darle el premio a Fulano”, y existen autores que declaran que le han ofrecido tal o cual premio (por encargo, antes incluso de haber puesto el primer punto y la primera palabra de la novela), pero que lo rechazaron, o bien dicen no tener claro qué harían si se lo ofreciesen.

No critico, claro está, que estos premios se concedan. Lo que me parece grave es que se disfracen de concurso, con todas las connotaciones corruptas que eso acarrea. Quizá no esté de más recordar la dinámica de los más conocidos. Cada año se publican, antes de emitir el jurado su veredicto, las cifras de participación. Alto grado de ingenuidad, piensa uno viendo los números. Luego, para continuar con la farsa, conocemos la lista de ocho o diez finalistas, y se hacen públicos los seudónimos de los autores, que garantizan en apariencia la limpieza del certamen. Finalmente se celebra una gala de entrega con un jurado de reconocidos escritores que se prestan al paripé de salir en la foto aplaudiendo y sonriendo y en la que se abre un secretísimo sobre con el nombre del ganador, que demuestra sus dotes de actor tratando inexorablemente de parecer sorprendido.

La pantomima, siguiendo la terminología puesta en boga por los políticos emergentes de Podemos, desprende un palpable tufo a casta (con perdón). Uno, igual evidenciando una visión demasiado pura del cotarro literario, no sabe qué pensar cuando encuentra, entre los miembros fotografiados del jurado, a un autor que le interesa y que creía al margen de todos estos tejemanejes. ¿Se puede ser un escritor serio y prestarse a este tipo de corruptelas? Una reciente biografía sobre Juan Marsé dejaba claro que, en su caso, no, pero imagino que, desde un punto de vista más pragmático, resulta una táctica (tan comprensible o tan desesperada como otra cualquiera) para centrar en su persona los focos, con el fin de iluminar su obra al gran público, una obra construida de forma honesta, sin concesiones a un tiránico mercado al que ahora, saliendo en la foto del jurado (no hablo ya del hecho de aceptar uno de estos premios, que no convierten de antemano a un libro en un mal libro), al menos momentáneamente, se hace un descarado guiño.

30 abril 2015

Defensa de la alegría



"Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar

y también de la alegría."

Mario Benedetti (1920-2009).