16 junio 2018

Las moscas

Alesia Lund

Un zumbido familiar en primavera lo atestigua: a las casas han llegado las moscas. Pululan por salones y cocinas, danzan dibujando agudas aristas en el aire. Tienen, ya sabemos, una acusada predilección por el feísmo: sobre un zurullo aún caliente se agolpan por docenas, pero si se trata de la bella clavícula de una dama, o de un escotado canalillo -en mitad de una noche de verano-, allí se posa una si acaso. Digamos que su objeto de atención es transversal, pero se cuentan con los dedos las estetas. En abril podemos mirarlas sin fastidio, pero a final de temporada nos tienen saturados: hasta tal punto molestan que a algunas podrían enjuiciarlas por acoso. Tan leves y gravosas, en las frases de Azorín se las oxea. Negras y zumbonas, su vuelo a nadie inspira, y emiten un sonido insidiosísimo. Orquestan horripilantes sinfonías, y aunque sus patas nos cosquilleen la epidermis en silencio, las observamos no sin cierto asco. Tan pronto se obcecan con nosotros como dedican ratos largos a un pertinaz revoloteo rectilíneo, como si doblaran esquinas invisibles en el ficticio callejero del aire. Son de ideas fijas, y si les da por una habitación -esa es otra- pueden completar cien mil vueltas sin descanso. Inofensivas pero puñeteras, no incordian más porque no pueden. Si lo ven a uno con ganas de echar una cabezadita por la siesta, allí que acuden, dispuestas a impedirlo a toda costa. Cuando perdemos la paciencia y nos proponemos su exterminio, podemos ver cómo a veces se retuercen malheridas tras un zurriagazo a mano llena, pero poco después van y reviven como vulgares aves fénix de extrarradio, pues se aferran a la vida con una terquedad sobresaliente.

05 mayo 2018

"Propósito de enmienda", un poema de Raquel Lanseros

Wilhelm Friedstumm, Mapa de un lugar desconocido, al fondo del mar


PROPÓSITO DE ENMIENDA

"A veces me visita —ciego ahínco—
el monstruo de los celos, la pereza,
la gula o el azote de la culpa.

De toda humana falta, yo me acuso.

Si alguna vez te hiere por ejemplo
mi torpeza, mi miedo o mi desidia,
perdóname amor mío.

Que más preciada empresa no concibo
que deshojar mi vida mereciéndote."


Raquel Lanseros.

24 abril 2018

El yogur, ese supervillano


   
   En el autobús urbano, dos hombres de unos sesenta años comentando las noticias. “Un padre ha matado a su hijo con parálisis cerebral y luego se ha suicidado”, leía uno. “Pues el otro día”, comentaba el segundo, “en un semáforo un peatón le endosó un navajazo a otro, sin venir a cuento”. “Cuánta violencia”, se lamentaba el primero, “yo creo que eso es por los yogures”. “¿Los yogures?”, se pasmaba el compañero. “Claro”, decía el primero, algo molesto por tener que glosar una obviedad. “¿Tú sabes la cantidad de yogures que se comen hoy en día? Vete tú a saber lo que llevarán”, comentaba indignado. “Pues qué van a llevar, lo que dicen los ingredientes, ¿no?”, decía el otro. “Sí, hombre, eso no se lo cree ni Dios. En los ingredientes no ponen ni la décima parte. Yo leí el otro día que comerse un yogur diario es una de las principales causas de muerte súbita en el primer mundo”.
   Ante tan recio argumentario, el amigo escéptico de la teoría yogurtera terminó por guardar silencio, abismando la mirada, sin mostrar mucha conformidad, más allá de la ventanilla. El primero dobló en un tris el periódico, con mucho garbo. Recordé que en tierras helvéticas afloró no hace mucho un partido político un tanto insólito, cuyo ideario se centraba en la firme oposición a los power point, que según ellos ocasionaban en nuestras sociedades unas pérdidas millonarias. A este señor del bus se le veía cierto carisma, y no se atrevería uno a aventurar que no llegue algún día a convertir en tendencia política ese credo delirante que convierte un derivado lácteo tan cotidiano, benemérito para la flora intestinal o como poco inofensivo, en un supervillano. Mientras divagaba de esta forma atisbé por el rabillo del ojo que abandonaban su asiento los pasajeros parlantes. Se apearon en la siguiente parada.

2018



15 abril 2018

"Examen de ingenios", de José Manuel Caballero Bonald



José Manuel Caballero Bonald publicó este Examen de ingenios en 2017 (Seix Barral). Nació en 1926. Eso quiere decir que el libro ha visto la luz a sus noventa y un años. Bendita longevidad lúcida. En una de las anécdotas que jalonan este libro, Francisco Ayala, que murió a los 103, le confiesa al autor en un viaje en tren, al parecer, el secreto: cenas frugales consistentes en una manzana y dos whiskies. "Lo de la manzana no lo cuentes", dice que le dijo Ayala, con posible coquetería masculina.

Examen de ingenios se compone de un centenar de semblanzas, retratos de personajes célebres del mundo de la cultura con los que Caballero Bonald ha tenido ocasión de coincidir, en mayor o menor medida, a lo largo de su dilatada vida. Además de recoger anécdotas, opina y valora de forma ponderada la obra o la personalidad de los implicados. El título del libro tiene ecos auriseculares. Pretende esto decir que, como sabe el lector informado, existe otro de Juan Huarte de San Juan (1529-1588) de título casi homónimo: Examen de ingenios para las ciencias.

No hace mucho leí Somos el tiempo que nos queda, la obra poética completa de Caballero Bonald hasta 2004 (desde entonces, el jerezano ha publicado otros cuatro poemarios). Sus poemas unas veces me deslumbran y otras me dejan frío, pero siempre me llama la atención su rigor y riqueza lingüísticos, su manejo del idioma, que también es palmario en estas prosas. No se descubre nada hablando bien de un autor con tan reconocida obra (Premio Cervantes) a las espaldas, pero no por ello vamos a dejar de celebrar su fecundidad, sus aciertos. Como única pega, mencionaremos que a veces la sonoridad de su fraseo, tan conseguida, puede resultar un tanto campanuda, algo pomposa (pero supongo que son figuraciones mías), y nos puede alejar del goce estético. En cuanto a la nómina de personajes, sería prolijo mencionar sólo a los principales, de uno y otro lado del charco: García Márquez, Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Muñoz Rojas, Gil de Biedma, Ángel González, Azorín, Baroja, Carmen Martín Gaite, Pepa Flores, Miguel Delibes... 

Dejo otra anécdota, para concluir: "...salió a relucir una divertida historia relativa al topónimo original de Soto del Real, que era Chozas de la Sierra. Parece ser que a un natural del pueblo lo hicieron obispo y la corporación municipal, reunida en sesión monotemática, quiso mostrar su contento cambiando el topónimo de Chozas de la Sierra, que consideraban poco digno para cuna de un prelado, por el más vistoso de Soto del Real. Comentaban por ahí que lo que tenían que haber cambiado, en vez del acreditado topónimo del pueblo, era el defectuoso del obispo, que se llamaba -por chocante que parezca- Casimiro Morcillo." 

De lo mejor que he leído en lo que va de año, junto al primer volumen del Cuarteto de Alejandría.


12 abril 2018

"Cine de verano", un poema de Felipe Benítez Reyes

Fuente: La Opinión de Málaga

CINE DE VERANO

"Las noches de verano de mi infancia
son un tiempo inmortal y son un cine
que brindaba en su alquimia luminosa
vibrantes sucesiones de espejismos:
la glorificación sangrienta de los héroes,
la esencia desolada de un desierto
o el deseo expresado frutalmente
en el rouge pecador de una muchacha
que cifraba la esencia de un misterio
que el tiempo no desvela.

Las noches de verano de mi infancia
son un tiempo inmortal que muere en mí.

Yo le cavo esta fosa. Y esculpo este epitafio."

Felipe Benítez Reyes, Trama de niebla: Poesía reunida, 1978-2002 (Tusquets Editores).

15 marzo 2018

El arte y el imperio de la ley


Charles Baudelaire

   Los artistas y la ley a menudo se han llevado como el ratón y el gato. Ya Platón dejaba a los poetas fuera de la república. En el siglo XIX Baudelaire fue procesado por Las flores del mal, Flaubert por Madame Bovary, y a Oscar Wilde lo encarcelaron por inmoralidad. Hace unas semanas, en España, fue un rapero el condenado a tres años y medio de prisión por una de sus canciones. Tema peliagudo, el de la libertad de expresión cuando colisiona con derechos individuales como el del honor (uno confiesa que a veces, cuando oye hablar del derecho al honor, por otra parte recogido en nuestra Constitución, le vienen a la memoria los duelos de hace unos siglos, la capa y la espada, Calderón de la Barca, las manchas en la honra que se lavan con sangre). Desde luego, no todo vale, y no es de recibo soltar una barbaridad detrás de otra a lo largo de dos o tres minutos de canción, pero se antoja excesivo privar de libertad por eso a una persona, y más aún durante varios años.
   Por otra parte, en esta sociedad censurar algo casi vale por una catapulta a la fama, y retirar un libro del mercado aviva, per se, el deseo de muchos por leerlo. Algo tendrá el agua cuando la prohíben, parece que pensamos. En ese caso, se observa una degeneración en el hecho de que hoy se condene a troveros de segunda fila y en otros tiempos a tipos de la talla de Oscar Wilde o Baudelaire. Se diría, no sé, que la justicia decimonónica nos recomendaba a autores más valiosos.
   A título anecdótico, esta tensión -no siempre resuelta- entre creadores y agentes de la ley y el orden se evidencia en el que probablemente sea el número musical más legendario de la historia del cine, el de Gene Kelly cantando y bailando bajo la lluvia en la película de Stanley Donen. Un momento mágico que zanja -recordemos- la presencia represora de un policía.

08 marzo 2018

Cine: "Verano 1993"



Tenía ganas de ver esta película desde que supe de ella gracias al Festival de Málaga, en el que resultó triunfadora. Antes de eso había pasado por la Berlinale, donde fue premiada como mejor ópera prima. Fui a verla hace meses, en la primera semana de su estreno, en unas fechas veraniegas en las que aquellos que no comulgamos con la lógica del blockbuster agradecemos mucho títulos como este en cartelera. 

Al terminar el pase, tuvo lugar un coloquio con la directora, Carla Simón, en cuya experiencia personal se basa la película. Le preguntaron entonces por referentes cinematográficos de Estiu 1993 y, aparte de cintas españolas como El espíritu de la colmena o Cría cuervos, Carla Simón apuntó a títulos como El país de las maravillas, de Alice Rohrwacher, Aquel querido mes de agosto o trabajos de la directora argentina Lucrecia Martel. Desde julio hasta ahora he podido ver El país de las maravillas (2014), Aquel querido mes de agosto (2008) y La ciénaga (2001), de Lucrecia Martel, y todas ellas me han parecido muy buenas películas, cuyo descubrimiento agradezco.

Rodada en catalán, Verano 1993 (2017) nos acerca a la vida de Frida, una niña que tras la muerte de sus padres (aunque no se dan detalles, al recoger el Goya la directora habló de SIDA) es adoptada por sus tíos, que viven en el campo. En ese entorno rural, en contacto con la naturaleza, transcurre esta película de ritmo pausado, con muy buenas interpretaciones infantiles. Delicada y sutil, la cinta tiene un desarrollo muy inteligente y trata el tema de la niñez de forma compleja, sin eludir los problemas y complicaciones que caben en casos dolorosos como el que retrata la película, pero siempre desde la perspectiva de la protagonista.

Como apuntaba Óscar Esquivias, a modo de única pega mencionaremos que en el título se diría que falta una coma, una preposición, algo. En cualquier caso, una película sencilla, tierna, honda y natural, que nos lleva a esperar más dosis de buen cine en futuros proyectos de su joven directora, Carla Simón, que obtuvo el Goya a mejor dirección novel el pasado mes de febrero. También fueron premiados por la Academia los actores Bruna Cusí y David Verdaguer



02 marzo 2018

Anecdotario: Neruda, Lorca y la secreta


Se cuenta que en una ocasión Neruda y Lorca fueron a dar una conferencia a un pueblo. En la estación de trenes nadie los recibió. Cuando llegaron al local les dijeron que habían ido a buscarlos a la estación, pero que no los habían reconocido porque esperaban que fueran vestidos como poetas. Lorca declaró: "Es que somos de la poesía secreta". 


Fuente: Neruda. El príncipe de los poetas: la biografía (Ediciones B), de Mario Amorós.

26 enero 2018

"La ruta de don Quijote", de Azorín



("Tal vez sí, nuestro vivir, como el de don Alonso Quijano, el Bueno, es un combate inacabable, sin premio, por ideales que no veremos realizados...")

No hace mucho que atravesamos los fastos con motivo del cuarto centenario de la publicación del Quijote cervantino. En 2015, durante la efeméride de la segunda parte, vio la luz la "traducción", por parte de Andrés Trapiello, del texto cervantino al castellano actual. La ruta de don Quijote, el libro de Azorín que acaba uno de leer, data de 1905, cuando se celebraba el tercer centenario de la publicación de la primera parte de esa madre de la novela moderna que es El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ese mismo año, por cierto, Unamuno publicaría Vida de don Quijote y Sancho.

Por encargo de El Imparcial, Azorín emprendió una breve ruta literaria por los lugares en los que el famoso hidalgo vivió sus aventuras. Este periplo no es exhaustivo, y no se habla -por ejemplo- de emplazamientos aragoneses y catalanes que Alonso Quijano visitó, pero Azorín relata su paso por Argamasilla de Alba, El Toboso, Ruidera, entre otras localizaciones. Se trata de una España rural, castiza, a la que el autor acompaña con una prosa de sabor local, con presencia de palabras vernáculas, a veces arcaicas y en desuso, muchas veces hermosas. El estilo, salvando las distancias, me hace pensar en autores posteriores como Josep Pla o Trapiello. A Vargas Llosa, es sabido, este libro le maravilló, y le dedicó fervorosas palabras en su discurso de ingreso en la RAE. 

Además de los lugares, Azorín detiene su mirada en las gentes con las que se cruza, y esboza más de una semblanza personal. Y, como no podía ser menos, en el paisaje castellano-manchego, que describe con las habituales trimembraciones. A ratos puede gustarme más o menos, pero me despierta una gran ternura la escritura de Azorín, esa sintaxis sencilla, su prosa lírica, su actitud minuciosa, atenta a los detalles, el léxico tan rico. En algún momento, eso sí, puede cansar la costumbre de adjudicar dos o tres adjetivos a cada sustantivo. Pero es dulce dejarse llevar por su cadencia. 

Algunos enlaces relacionados con el autor:
Vídeo: Imprescindibles: "Azorín. La imagen y la palabra".