30 de noviembre de 2011

Melancolía


La última película de Lars von Trier, Melancolía, se presentaba en el pasado festival de Cannes acompañada de unas polémicas, desafortunadas declaraciones del director danés que para algunos condicionaron el resultado de la película el día del palmarés.

Melancolía es el nombre de un planeta que se cruza en la órbita de la Tierra y que puede llegar a colisionar con ella. En seguida vienen a la cabeza del espectador una serie de películas americanas sobre catástrofes que en realidad están bastante alejadas (en las antípodas, se diría) de la película de von Trier, que no engatusa al espectador creando la incertidumbre de si finalmente tendrá o no lugar el catastrófico impacto entre los planetas, porque el final lo conocemos desde el principio, las cartas están encima de la mesa. El cineasta danés centra su mirada en el retrato emocional de dos hermanas, Justine y Claire, que dan nombre a las dos partes en que se estructura la película. Mientras en la primera asistimos a la celebración de una boda, uno de esos momentos de felicidad para muchas personas que aquí está infectado por la tristeza, el desequilibrio emocional o la falsedad de las apariencias, en la segunda parte aparece propiamente la historia del acercamiento de Melancolía. Estas dos partes están precedidas por unos minutos poéticos, nada convencionales, que funcionan a modo de prólogo. Las dos hermanas afrontarán de distintas maneras, desde sus diferentes situaciones, el acercamiento y posible impacto del planeta. En la oscuridad de la sala de cine, me vi pensando un poco sobre los estados depresivos, sobre cómo casi todo pierde sentido desde la perspectiva de la muerte. Aunque creía que mis pensamientos igual no tenían mucho que ver con lo que proponía la película, luego he leído que se habla de ella como de una metáfora de la depresión (que sufrió hace un tiempo el propio director).




La película me parece desaconsejable para aquellos que buscan del cine ante todo entretenimiento. A veces me hago esa pregunta, qué busco en el cine, y me respondo que busco películas que me hagan sentir, películas que me lleven a pensar algo sobre la vida, a darle un poco de vueltas al coco, películas que no resulten artificiales ni impostadas y que no me traten como si fuera estúpido. Y en este sentido, el dinero de la entrada me parece bien empleado en este caso. Supongo que no será la mejor película del danés, pero es una buena película que aquellos que buscan un cine algo distinto al comercial no dejarán pasar.  Quizá me hayan gustado más otras películas del director (Rompiendo las olas o Dogville, que me parece excelente), pero Melancolía (2011) es sin duda una buena película, con grandes interpretaciones (Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg...), y pertenece a ese reducido grupo de películas que me interesan dentro del panorama del cine actual.

Puede que también te interese:
-Rompiendo las olas, de Lars von Trier.
-El árbol de la vida, de Terrence Malick.

28 de noviembre de 2011

El último encuentro


“Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?... ¿Qué has querido de verdad?... ¿Qué has sabido de verdad?... ¿A qué has sido fiel o infiel?... ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?... Éstas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.”

“Quizás lo estoy contando con demasiados detalles -dice para disculparse-. Pero no se puede hacer de otra manera: sólo a través de los detalles podemos comprender lo esencial, así lo he experimentado yo, en los libros y en la vida. Es preciso conocer todos los detalles, porque nunca sabemos cuál puede ser importante, ni cuándo una palabra puede esclarecer un hecho.”

“A veces pienso que la amistad es la relación más intensa de la vida… y que por eso se presenta en tan pocas ocasiones. ¿Qué se esconde detrás de la amistad? ¿Simpatía? (…) ¿Habrá tal vez cierto erotismo en el fondo de cada relación humana? Aquí, en mi soledad, en mis bosques, al tratar de comprender los múltiples aspectos de la vida, puesto que no tenía otra cosa que hacer, algunas veces lo he llegado a pensar. (…) Al erotismo de la amistad no le hace falta el cuerpo… no le es atractivo, resulta incluso inútil. Sin embargo, no deja de ser erotismo. En el fondo de todo amor, de todo cariño, de toda relación humana late el erotismo.”

“Y de la misma forma que sólo las personas del mismo grupo sanguíneo pueden ayudarse en los momentos de peligro, al donar su sangre a alguien que pertenece al mismo grupo, el alma humana sólo puede ayudar a otra alma humana si no es distinta, si sus puntos de vista, sus convicciones y su realidad secreta son parecidos…”

“¿Qué se puede preguntar con palabras? ¿Qué valor tienen las respuestas que se dan con palabras y no con la veracidad de la vida humana?... Muy poco -dice, totalmente convencido-. Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. Cuando eso sucede, se produce una de las maravillas más raras de la vida.”

“Al fin y al cabo, el mundo no importa nada. Sólo importa lo que queda en nuestros corazones.”

Gracias a Camila Bordamalo por la recomendación.

23 de noviembre de 2011

Crimen y castigo


Cuando uno oye hablar de alguno de los grandes escritores de las letras universales suele adjudicarles una vida burguesa y relajada, llena de comodidades, una vida digamos de funcionario. Sin embargo son muchos, se diría que demasiados, los ejemplos de grandes escritores que terminaron sus días en la miseria, y tampoco faltan los que, por unas u otras razones, dieron con sus huesos en la cárcel. Cervantes es un ejemplo, César Vallejo otro, y también es el caso de Dostoievski.

La verdad es que sobran las presentaciones cuando uno se dispone a hablar de Crimen y castigo, una de esas creaciones capitales de la literatura universal. Para cualquiera que se haya acercado mínimamente al mundo literario, Raskolnikov es, junto a don Quijote, Ulises, Julieta Capuleto o Sherezade, uno de esos nombres conocidos aunque uno no se haya leído el libro.

La historia también la conoceréis. Raskolnikov es un joven de veintitrés años, ex-estudiante, que vive en San Petersburgo en la miseria. Le debe dinero a su patrona, por cuya puerta tiene que pasar cada vez que sale a la calle, y empeña los pocos objetos valiosos que le quedan en la casa de una vieja prestamista. En esta situación, Raskolnikov incuba una idea, una de esas ideas que surgen de buenas a primeras, de forma casual y sin que sepamos cómo, y que, aunque nos horripilan, aunque nos parecen repugnantes, van creciendo poco apoco, se hacen tangibles y acaban por devorarnos como una tenia solitaria. Así, Raskolnikov verá en el asesinato de la vieja usurera la solución a todos sus problemas. Lo que genera la intriga en el libro parece que no es si descubrirán o no al autor del crimen, ya que el mismo título nos da la respuesta, sino más bien la forma en que una persona concreta, Raskolnikov, puede llevar en la conciencia el haber matado a alguien, y cómo eso afecta a su vida hasta tal punto que llega un momento en que la expiación, el cumplimiento de la pena, se torna la única salida a lo que se convierte en poco menos que un infierno.

En esta trama policial se incorporan también las historias de distintos personajes. La muerte de Marmeladov, la llegada a San Petersburgo de la madre y la hermana de Raskolnikov, y el posible casamiento de esta última, son algunas de ellas, que completan una novela clásica, una de las cumbres de esa forma de novelar del siglo XIX que hoy, desde nuestra perspectiva, nos puede parecer excesivamente prolija en detalles pero que en su momento fueron grandes monumentos y siguen siéndolo. 

20 de noviembre de 2011

Tristram Shandy: a cock and bull story


Hace unos años, el inglés Michael Winterbottom se propuso adaptar un libro que algunos consideraban inadaptable: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne, un libro del siglo XVIII que destaca por su originalidad y califican de imaginativo, moderno y absurdo. Yo no lo he leído (por ahora), pero como es lógico había oído hablar de él (Enrique Vila-Matas, por ejemplo, lo aprecia mucho), así que conocía la cómica anécdota de la concepción de Tristram y el reloj de cuco. No cuento más.

Dice Winterbottom que como buena parte del libro de Sterne se centraba en el proceso de escritura del propio libro, la mejor manera de adaptarlo era hacer una película sobre cómo hacer una película. Así que el resultado es muy metacinematográfico, se nos muestra en una película cómo ruedan una película. Conocemos la vida y personalidad (vanidades incluidas) de los actores, los problemas a los que se enfrenta el equipo de rodaje y el director a la hora de adaptar la obra, asistimos a los tiempos muertos entre escena y escena…

La propuesta de Winterbottom es estimulante: divertida, ingeniosa, mordaz y desenfadada. Me ha gustado una crítica leída en FilmAffinity (la firma Neathara) que la desaconseja si:
-Eres antigafapasta.
-Odias las películas sin estructura definida.
-No comulgas con el lenguaje metacinematográfico.
-Crees que el cine ha de ser por fuerza entretenido y espectacular y no entiendes las películas que no lo son.
-No te gusta pensar mucho mientras ves una película.
(…)

En fin, que como todas las películas tiene su público. Cada cual que valore si puede ser su tipo de película, a mí me parece una cinta interesante. Sólo he visto dos y no puedo decir algo así, pero para algunos es una de las más conseguidas de Winterbottom. Por cierto, la he visto en versión original subtitulada y al ver luego el tráiler en castellano me pareció que se perdía en el doblaje una parte del trabajo de los actores (igual son cosas mías, pero en este caso concreto, prefiero la versión original). Valoración: 3’5/5.  

18 de noviembre de 2011

Lost without your rhythm


Wildbirds & Peacedrums es un dúo sueco compuesto por una vocalista y un percusionista. Hasta la fecha han publicado tres discos: Heartcore (2007), The Snake (2008)  y Rivers (2010). A la hora de etiquetarlos empiezan los problemas. Hacen una música experimental con notas de pop, jazz, rock, blues... Casi inclasificables, dicen en Spotify. Los críticos, en cualquier caso, los tratan bastante bien. Están en myspace, en la versión inglesa de la Wikipedia, y como es natural tienen web propia. El vídeo de arriba es de un directo en un programa de la televisión sueca (pongo el directo porque me gusta más que la versión de estudio). El de abajo también merece la pena. Para mi gusto, claro.

15 de noviembre de 2011

Cuentos carnívoros


Os presento hoy este libro que saqué hace poco de la biblioteca y que me ha gustado bastante.

Cuentos carnívoros (2010) se compone de una serie de catorce relatos de corte fantástico, con cierto aire de misterio. Es un libro extraño, nada convencional, en todo momento entretenido, con pequeños enigmas que rondan lo inexplicable. El autor es Bernard Quiriny, un joven belga (este es su segundo libro) al que Acantilado ha publicado por primera vez en España. Vienen precedidos por un prólogo de Enrique Vila-Matas en el que, como es natural, habla de casi todo menos del libro.

Si os gusta un tipo de literatura más realista, quizá encontraréis estas historias poco creíbles, pero si no es así podéis llegar a alcanzar cierto grado de fascinación. A mí me ha sorprendido muy gratamente, son relatos muy imaginativos, deliciosamente excéntricos.

Dejo a continuación algunas líneas argumentales para que os hagáis una idea. Uno trata de un hombre que tiene la capacidad de escuchar todas las conversaciones de sus conocidos en las que, para bien o para mal, hablan de él. Otro reúne un repertorio de escritores olvidados, casi siempre excéntricos y estrafalarios, como aquel que escribía sus obras sobre los soportes más inauditos: zapatos de cuero, el mango de un tenedor… Otro, de humor negro, cita fragmentos de El asesinato considerado como una de las bellas artes, texto con el que el relato de Quiriny dialoga. Otro trata de una lengua de una tribu amazónica totalmente críptica para los lingüistas, que no han conseguido encontrarle sentido y unánimemente consideran absurda. Otro explica el porqué de que cada domingo un personaje se tome un zumo de naranja al que añade un poco de sangre.

Todo un hallazgo. Recomendable.

Puede que también te interesen:
Siete cuentos imposibles, de Javier Argüello.
Un momento de descanso, de Antonio Orejudo.

11 de noviembre de 2011

El desorden de tu nombre


Corría esta novela el riesgo de que lo mejor fuera su título. A mí al menos me parece muy bueno, poético incluso: el desorden de tu nombre. Siempre me llamó la atención. Creo recordar haber leído que el título se lo jugaron en una partida de cartas Alejandro Gándara y el propio Millás, que finalmente se lo quedó. Pero no me hagáis mucho caso, no estoy seguro de esto.

El desorden de tu nombre es una historia de tono realista, cotidiano, con personajes urbanos de clase media. A la salida del psicoanalista, Julio coincide en el parque con Laura, de la que llega a enamorarse. Ella está casada y a partir de aquí se va formando un triángulo que se resuelve al final del libro dejando (a mí al menos) la fastidiosa sensación de haber leído una telenovela. Y sinceramente no era eso lo que me esperaba de Millás. Al comienzo el libro me pareció un poco flojo, sin consistencia y con unos diálogos un poco pobres. Luego mejoró, empezó a gustarme, y tras varios altibajos llegué al final con la impresión de estar ante una novela irregular. La historia de amor me parece demasiado típica, lo que salva en mi opinión la novela son algunas ideas que introduce Millás (sobre los sueños, el yo real y los yoes imaginarios, las inverosimilitudes que se permite a veces la realidad, las historias dentro de la historia -entre ellas el fragmento del libro que copié en otra entrada-) y que pueden resultar interesantes. Es la segunda novela que leo de Millás y en ambas (en esta más) he tenido la sensación de que a veces enreda demasiado la trama, llegando a resultar en algunos momentos forzado. 

A pesar de todo, El desorden de tu nombre es un libro entretenido y corto que he leído con agrado. He encontrado varias conexiones con Dos mujeres en Praga, en algunas ideas y en el hecho de que el mundo de los escritores y las editoriales esté muy presente. Me va gustando leer a Millás, porque aunque en determinado momento la novela me pueda parecer mejorable sé que siempre puede salir con alguna idea interesante. Así que leeré más libros suyos. Además, cuando aparece en televisión lo suelo escuchar con atención y merece todo mi respeto. Valoración: 3/5 

7 de noviembre de 2011

Larga vida a Rulfo


Con la excusa de que se cumplen veinticinco años de su fallecimiento, dedicamos una entrada al escritor mexicano Juan Rulfo, uno de esos hombres que con muy poca obra (sólo dos libros, unas trescientas páginas) ha conseguido colarse en todas las listas de los mejores escritores del siglo XX en lengua castellana.

Rulfo nació en 1917 en un pequeño pueblo mexicano. Sufrió de niño algunas pérdidas importantes: a los siete años quedó huérfano de padre y cuatro años después falleció su madre. También su abuelo murió, por lo que acaba viviendo con su abuela hasta que es ingresado en un orfanato, un correccional de férrea disciplina. En alguna entrevista comenta que allí sólo aprendió una cosa: a deprimirse. Este hecho marcó su carácter: Rulfo siempre sería un hombre tímido, introvertido, huidizo y depresivo. Tuvo cuatro hijos. Trabajó en distintas actividades y escribió una primera novela, bastante extensa, que destruyó por completo porque decía que era mala. Su carácter autodestructivo le llevó a dudar también de la calidad de la que es considerada su obra capital, Pedro Páramo, hasta el punto de estar cerca de destruir algunos capítulos. Parece ser que el también escritor Juan José Arreola lo convenció para que no lo hiciera. 

En 1953 vio la luz su libro de cuentos El llano en llamas, con textos como “Luvina”,  “Macario” o “Diles que no me maten”. Este último se puede escuchar en la voz de su autor. Posteriormente recibió una beca gracias a la cual pudo dedicarse a escribir su novela Pedro Páramo, algo que hizo en apenas unos meses. La obra, publicada en 1955, dos años después de El llano en llamas, no tuvo en un principio la acogida que después tendría. Recibió críticas, y sería pasado el tiempo cuando las generaciones siguientes la reconocerían como uno de los monumentos literarios del siglo XX. 

Esta primera edición de Pedro Páramo (1955) se ha vendido a 880€

Por mi parte, no puedo sino recomendarla. No es una novela fácil de leer, con un tiempo fragmentado, personajes fantasmales y cambios de narrador, pero es un pedazo de libro, además de breve. La prosa de Rulfo es concisa, sin florituras, pero de una gran fuerza expresiva. La primera frase del libro se ha hecho célebre: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Espero poder dedicarle una entrada independiente al libro algún día, porque la verdad es que lo merece.

A menudo se habla de Rulfo como uno de los exponentes del llamado “realismo mágico”, un término del que algunos críticos rehúyen. En las clases de literatura hispanoamericana preferíamos usar el término transculturación. Se habla de Rulfo, como de José María Arguedas o Gabriel García Márquez, como escritores transculturadores, en tanto que fusionan, por decirlo así, la cultura indígena americana y la española recibida a consecuencia de la conquista.

García Márquez es uno de los admiradores de Rulfo. En su texto “Asombro por Juan Rulfo”, el Nobel colombiano cuenta cómo leyó repetidas veces, febrilmente, la obra completa de Rulfo, y cómo eso le abrió la senda que debía seguir en su trayectoria literaria.

Pero el caso es que, después de la publicación de Pedro Páramo, Rulfo enmudeció. No volvió a publicar otro libro, si exceptuamos El gallo de oro y otros textos para cine (1980). Se decía que estaba escribiendo una segunda novela, La cordillera, que todo el mundo esperaba tras el éxito de Pedro Páramo pero que nunca llegó. La gente le preguntaba qué tal iba, y él respondía algo vagamente diciendo que bueno, que ahí iba medio trabajando en ella. En la entrevista que le hizo Joaquín Soler Serrano para el programa de TVE A fondo, comentaba que si todo iba bien podía estar terminada para finales de ese año.

Pero La cordillera nunca apareció y Rulfo murió habiendo publicado únicamente esos dos libros, por lo que el barcelonés Enrique Vila-Matas lo incluye en su galería de bartlebys, o escritores que por distintas razones dejaron de escribir, en su obra Bartleby y compañía, un libro tan interesante como breve. Rulfo decía a veces que dejó de escribir porque se le murió el tío Celerino, que era el que le contaba las historias. Suena a broma, pero al parecer sí que existió un tío de Rulfo que le contaba muchas cosas, lo cual no quiere decir exactamente que su muerte fuese la razón por la que Rulfo no volvió a publicar nada.

Otra faceta últimamente muy destacada de Juan Rulfo es su labor como fotógrafo. Sus fotos, generalmente en blanco y negro, han sido recogidas en algún libro. En 1983 recibió el Premio Príncipe de Asturias. Murió tres años más tarde, el 7 de enero de 1986.

6 de noviembre de 2011

El frente ruso



Primer asteroide que cae en mis manos, y la verdad es que, en lo que a la edición se refiere, ha sido agradable la lectura. Desde luego que repetiré.

La novela se centra en el derrumbamiento del sueño de un joven, algo inocente, que ingresa en la diplomacia pensando que así podrá viajar mucho, pero sus ideales chocan con la realidad, con la incompetencia o ineptitud de algunos con los que se topa o el hecho de ser destinado a un departamento que nadie quiere y en el que, al contrario de sus expectativas, pronto queda claro que no va a conocer muchos países.

El libro funciona como una sátira del mundo burocrático en el ámbito de la diplomacia. Tiene momentos que pueden resultar divertidos (en mi caso, el episodio de las bailarinas con burka) y momentos pretendidamente divertidos que igual no nos hacen mucha gracia. En la editorial han usado para calificarla el adjetivo “desternillante”, que a decir verdad me parece un poco hiperbólico y me hizo esperar unos grados de acidez que luego no he encontrado. Pero sí, el libro en su conjunto es entretenido, se deja leer y gustará a más de uno, si bien no llevará al orgasmo a los más exigentes. Pero me hizo reír en algún momento, y hacia el final sentí algo. Así que, aunque no me haya encantado, mi opinión tampoco es muy negativa. Escribe el protagonista:

“Creo que he perdido mi capacidad de soñar. Espero, simplemente. Espero que algo suceda en mi vida. A veces miro a lo lejos, hacia el horizonte, sigo con la vista el vuelo de una paloma, espero que esta venga a estrellarse contra mi ventana. Eso me distraería un poco. Pero no sucede nada. Vivo y no pasa nada. Habré vivido y nadie se habrá enterado. Algunas veces no puedo contener mis lágrimas.”

Triste, muy triste eso de perder las ilusiones. Quizá sea ese el tema del libro: la disolución de los sueños, la aparición fatídica del desengaño. Y por otro lado está toda la sátira de ese mundo. No está mal. La relación amorosa sí que me pareció un poco de relleno, sin chispa, pero eso igual lo digo porque soy un poco quisquilloso.

Un libro corto, que se lee rápido y entretiene. Valoración: 3/5.

4 de noviembre de 2011

Un magnífico trabajo


“…comenzó a leer el primer cuento, titulado El Concurso. Se narraba en él la historia de un escritor que cierto día concibe un plan perfecto para asesinar a su esposa, disfrazando el crimen bajo la apariencia de un suicidio. Desalentado finalmente por su incapacidad para llevar a la práctica este plan, decide aprovechar la idea para otro fin: el de escribir un cuento policiaco, que comienza ese mismo día y consigue terminar en dos semanas de trabajo. Satisfecho con el resultado, comete la maldad de enseñárselo a su esposa, quien, lejos de responder a esta nueva agresión dentro del infierno en el que se desarrolla la vida de ambos, le felicita y le anima a presentarlo a un prestigioso concurso literario. El escritor -halagado por esta reacción inexplicable- envía el cuento al concurso y regresa a sus odios y ocupaciones habituales. Al poco tiempo su mujer se suicida reproduciendo con fidelidad las pautas de la esposa del cuento. El escritor comprende que si su relato llegara a ganar el premio adquiriría la categoría de una autodenuncia frente a la que tendría muy pocos medios de defensa. Escribe entonces urgentemente a la organización del concurso reclamando el original. Al cabo de unos días, durante los que el escritor no deja de morderse las uñas de las manos y de los pies, recibe una breve y amable respuesta en la que se le comunica la imposibilidad de acceder a sus deseos, puesto que el jurado ha comenzado a leer y -de acuerdo con las bases- ya no se puede retirar ningún trabajo. Se le sugiere, no obstante, que se ponga en contacto con el presidente del jurado, en cuyas manos está el cuento.

El escritor, sintiéndose presa de una tela de araña inteligentemente urdida, se sobrepone a la desesperación y consigue obtener una entrevista con el presidente del jurado, quien le comunica que ya ha leído el cuento -que, por cierto, le gusta tanto que lo piensa defender y votar-, pero que lo ha devuelto ese mismo día a la secretaría de la organización convocante para que lo distribuya al resto del jurado. El escritor lo asesina y a partir de ahí comienza una auténtica pesadilla, en la que el autor del cuento policiaco ha de ir eliminando uno a uno a todos los miembros del jurado, ya que en las sucesivas entrevistas obtenidas con cada uno de ellos se le comunica que el cuento ha sido leído y devuelto. Todos, por cierto, le felicitan antes de morir por lo que consideran un magnífico trabajo.”

Fragmento de El desorden de tu nombre de Juan José Millás.