08 marzo 2011

Primos


Primos (2011) es el tercer largometraje de Daniel Sánchez Arévalo, multipremiado cortometrajista que hace unos años hizo su debut en el largo con la alabada AzulOscuroCasiNegro, ganadora de tres Goyas. Tras Gordos, su segunda película, cambia ahora de terreno y presenta su primera comedia, que parece que está teniendo una buena acogida en las salas. Estuve el otro día viéndola y la verdad es que fue una de esas veces en que sales del cine sin dudar que haya merecido la pena pagar la entrada. Para ser sinceros, al principio de la película los chistes no me hicieron mucha gracia, pero conforme transcurrieron los minutos llegaron las inevitables risas, hasta acabar convencido de que había visto una buena comedia. Mi impresión es que va in crescendo.

La cinta arranca con el típico caso de abandono en el altar. A Diego lo ha dejado plantado la novia cinco días antes de la boda, pero él ha decidido asistir a la ceremonia convencido de que finalmente ella se arrepentiría. No es el caso, y Diego acaba solo en la iglesia, con la única compañía de sus dos primos. Tras una conversación con ellos, decide volver al pueblo, Comillas, cuyas fiestas se están celebrando, para intentar recuperar a un antiguo amor.

Daniel Sánchez Arévalo se vuelve a rodear de sus actores de siempre (Quim Gutiérrez, Antonio de la Torre y Raúl Arévalo), que en mi opinión firman unas muy buenas interpretaciones, dotando de vida a un buen guión del propio director. Primos es una comedia fresca, luminosa, empapada de un ambiente festivo, con una sana falta de pretensiones, que evidencia no obstante el cuidado en su elaboración. Como a casi todas las películas, se le pueden reprochar cosas (todo depende de las ganas y el grado de acidez que uno tenga), pero hay que reconocer los aciertos de esta película, una cinta entrañable, creíble, con dosis de ternura, cierto romanticismo… Y, como venía a decir Oesido, Primos demuestra algo de lo que no pueden presumir otras películas que abundan por la cartelera: el respeto por el espectador.

(Por cierto, la foto de arriba es de la imitación hilarante que los primos hacen de una canción de los Backstreet Boys, uno de los momentos memorables de la película.)

03 marzo 2011

Cincuenta libros que leer


(preferiblemente, antes de morir)

Estos son los que finalmente he elegido:

1. La tierra baldía, de T. S. Eliot
2. Muerte en Venecia, de Thomas Mann
3. Ulises, de James Joyce
4. El perseguidor, de Julio Cortázar
5. El hombre sin atributos/Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
6. La broma infinita, de David Foster Wallace
7. Crimen y castigo, de Fiodor Dostoyevski
8. La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec
9. Nadie encendía las lámparas, de Felisberto Hernández
10. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami
11. Las uvas de la ira, de John Steinbeck
12. El amante, de Marguerite Duras
13. La Regenta, de Clarín
14. Grandes esperanzas, de Charles Dickens
15. El amigo Manso, de Benito Pérez Galdós
16. Edipo Rey, de Sófocles
17. Los miserables, de Víctor Hugo
18. Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa
19. Jakob von Gunten, de Robert Walser
20. Madame Bovary, de Gustave Flaubert
21. Pastoral americana, de Philip Roth
22. Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé
23. Bajo el volcán, de Malcolm Lowry
24. Si una noche de invierno un viajero/El barón rampante, de Italo Calvino
25. Ruido de fondo, de Don DeLillo
26. Rojo y negro, de Stendhal
27. La liebre, de César Aira
28. Museo de la novela de la eterna, de Macedonio Fernández
29. El valle de los avasallados, de Rejean Ducharme
30. Macbeth, de William Shakespeare
31. Anna Karenina, de Tolstoi
32. Bomarzo, de Manuel Mújica Laínez
33. Tristram Shandy, de Laurence Sterne
34. En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust
35. Paradiso, de José Lezama Lima
36. Walden, de Henry David Thoreau
37. Título por escoger, de Stefan Zweig
38. La saga/fuga de J. B., de Gonzalo Torrente Ballester
39. Ensayos, de Montaigne
40. Hambre, de Knut Hamsun
41. La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne
42. La muerte de Virgilio, de Herman Broch
43. Germinal, de Émile Zola
44. Título por escoger, de Antonio Lobo-Antunes.
45. Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline
46. Volverás a Región, de Juan Benet
47. El señor de las moscas, de William Golding
48. Lolita, de Vladimir Nabokov
49. Divina Comedia, de Dante Alighieri
50. Las desventuras del joven Werther, de Goethe

¿Qué títulos no os querríais perder vosotros?

24 febrero 2011

La historia del amor


El nombre de Nicole Krauss apareció hace un tiempo entre los seleccionados por la revista literaria anglosajona Granta en su famosa lista de los jóvenes autores estadounidenses más prometedores. En dicha lista también aparecía el marido de Krauss, Jonathan Safran Foer. Quizá no sea exagerado decir que existen puntos en común entre los libros de ambos, en cuanto que resultan conmovedores, humorísticos y tiernos.

La historia del amor (2005), de cuya adaptación cinematográfica parece que se encargará Alfonso Cuarón, es el título de la segunda novela de Krauss. Desde un principio narra tres historias de forma paralela. En primer lugar encontramos a Leopold Gursky, emigrante polaco que trabajaba en Nueva York como cerrajero y al que acecha la idea de la muerte: vive solo, le preocupa morirse un día en el que no lo haya visto nadie y lleva en la cartera una tarjeta explicando qué debe hacer la persona que se lo encuentre muerto. En esta primera historia se percibe un tono irónico diferente al de la segunda, cuya narradora es Alma Singer, una niña de quince años, huérfana de padre e hija de inmigrantes, cuya madre recibe el misterioso encargo de traducir una curiosa novela, La historia del amor, escrita originalmente en yidis y publicada en español. La voz de Alma se caracteriza por la ternura, no exenta de ciertas dosis de humor. Dejo un fragmento:

“Giacometti decía que, a veces, para pintar sólo una cabeza has de renunciar a toda la figura. Para pintar una hoja has de sacrificar todo el paisaje. Al principio, puede parecer que estás limitándote pero luego te das cuenta de que, si captas un centímetro de algo, tienes más probabilidades de percibir cierto sentido del universo que si pretendieras abarcar todo el firmamento. Mi madre no eligió una cabeza ni una hoja. Ella eligió a mi padre y, para preservar cierto sentido, sacrificó el mundo.”

La tercera historia, narrada a diferencia de las anteriores en tercera persona omnisciente, nos adentra en la poco conocida vida de Zvi Litvinoff, autor de La historia del amor. Además de estas, encontramos también otras voces en el libro: la de Bird, hermano de Alma Singer, así como algunos fragmentos de La historia del amor, que se reproducen textualmente.

Este recurso de incluir unas historias dentro de otras nos puede recordar a la forma de trabajar de Paul Auster. Las tres tramas se funden en la parte final de la novela. Alma sospecha que la protagonista del libro existió realmente, y emprende la búsqueda de sus posibles huellas. El exilio, la soledad o el amor, son algunos de los ingredientes de la novela, y el holocausto judío aparece como telón de fondo. En sus mejores momentos, Krauss es entrañable, divertida, conmovedora y, ante todo, muy humana, inteligente y sincera.

En una entrevista, Nicole Krauss declaraba sentirse muy próxima a la literatura escrita en castellano: venía a decir que admiraba a Bolaño, Borges, Vila-Matas, Gabriela Mistral, José Donoso, Nicanor Parra… La verdad es que se puede percibir en su estilo la huella de los autores hispanoamericanos.

Dentro del inacabable panorama de las novedades editoriales, La historia del amor es una lectura agradable, un libro no romántico pero sí de sentimientos que gustará a más de uno. Un homenaje a los libros y a la importancia de estos en nuestras vidas.

21 febrero 2011

André Kertész












Aprovecho la entrada para hacerme eco de una noticia relacionada también con el mundo de la fotografía. World Press Photo, organización independiente sin ánimo de lucro, ha concedido otra vez este año los premios que otorga a las mejores fotografías del año en categorías como naturaleza, deportes, noticias, retratos, vida cotidiana... Hay algunas realmente buenas. La galería completa de ganadores puede verse pinchando aquí.

19 febrero 2011

La tía Tula


Uno empieza a leer la introducción a la edición de El País de La tía Tula (1921) de Unamuno con la confianza de que nos informarán sobre algunas generalidades acerca del autor y su obra y de pronto, ¡zas!, en el primer párrafo nos cuentan toda la trama. Empezamos bien…

Como cuentan en la introducción, la historia es muy sencilla: Rosa, la hermana de la tía Tula, se casa con Ramiro. Tienen tres hijos y finalmente Rosa fallece. La tía Tula le promete antes de morir que a sus hijos no les faltará madre. Se sacrifica al límite y cuida de ellos de forma impecable, como la gran madre que es a pesar de no querer casarse con ningún hombre.

Bien. Sabemos que Tula es muy amorosa, muy maternal, muy santa y tal, pero la historia es en mi opinión un poco simple o al menos no tiene casi nada que a mí me interese, su argumento me parece propio de un culebrón de sobremesa, o ni eso: se centra casi exclusivamente en matrimonios y cría de los hijos. La concepción que Tula tiene del matrimonio es católica y tradicional, por emplear dos adjetivos neutros: “el matrimonio se instituyó para casar, dar gracia a los casados y que críen hijos para el cielo”, dice. Para bien o para mal, esas son las coordenadas ideológicas en las que se mueven los personajes, que al lector actual le resultarán más o menos caducas. Por lo demás, es un libro que se lee rápido: corto, de capítulos breves y estilo ágil (narración nada alambicada y mucho diálogo).

Siendo un poco simplistas, los personajes del libro se dividen entre los que mueren, los que se casan y los que nacen. Poco más conocemos de ellos, creo que ni siquiera se dice en qué trabaja Ramiro. La verdad es que no me han interesado mucho las vidas de los personajes de este libro. Para quienes estén interesados, existe también una película de 1964 con el mismo título y por lo que he visto buenas críticas.

Miguel de Unamuno escribió Niebla y, sólo por esa novela (o nivola), ya me merece un gran respeto. Pero la verdad es que no soy tan incondicional suyo como para no reconocer que La tía Tula no me parece un gran libro.

16 febrero 2011

Avi buffalo

Título: Avi Buffalo
Artista: Avi Buffalo
Año de publicación: 2010
País: Estados Unidos
Género: Indie Pop.
Títulos del disco: 01 Truth Sets In, 02 What's in it for, 03 Coaxed , 04 Five Little Sluts, 05 Jessica, 06 Summer Cum, 07 One Last, 08 Can't I Know, 09 Remember Last Time, 10 Where's Your Dirty Mind
Duración: unos 45 minutos.




11 febrero 2011

Libros nuevos IV

Palabras, palabras, palabras. Enseño por aquí, con algo de retraso, lo que vino con la resaca de las Navidades, la llegada de los Reyes Magos, cumpleaños y demás. Nunca me habían regalado tantos libros.



-Jakob von Gunten, de Robert Walser. Tenía ganas de conocer por fin al autor.
-Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas. Sigo con mi admirado Vila-Matas.
-Un hombre que duerme, de Georges Perec.




-Nocilla Lab, de Agustín Fernández Mallo. Tercer volumen del Proyecto Nocilla, compuesto por Nocilla Dream, Nocilla Experience y Nocilla Lab. Me falta el segundo, por cierto.
-1984, de George Orwell. ¡Gracias, Laura!
-Corre, conejo, de John Updike. Un libro que hacía tiempo que quería leer.
-La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa.
-El extranjero, de Albert Camus.



-Franny y Zooey, de J. D. Salinger. Sigo con Salinger, del que sólo había leído El guardián entre el centeno.

-Helada, de Thomas Bernhard. No será la última que lea de Bernhard (esperemos).

-El cielo protector, de Paul Bowles. Me estreno con el autor con su novela más conocida.

Y como colofón:


-Maus, de Art Spiegelman. Una novela gráfica que viene avalada por el Pulitzer, buenas críticas y opiniones excelentes de los lectores.

07 febrero 2011

Este libro te salvará la vida



Lo primero que llama la atención de esta novela es su título. A pesar de la promesa que encierra, no se trata de un libro de autoayuda. Podemos pensar que juega, con intención paródica, con el tipo de promesa que suelen lanzar estos libros, que se trata de una sátira de los libros de autoayuda y la era new age. Luego veremos hasta qué punto es esto cierto.

Richard Novak, su protagonista, sufre una crisis personal. A sus cincuenta y cinco años vive solo, está divorciado y le cuesta comunicarse con su hijo. Sin embargo, parece tener grandes comodidades: una buena casa, entrenadora personal, ama de llaves, dietista, masajista, decorador… Y ante todo dinero, dinero como para no tener que preocuparse por el dinero.

Él mismo explica así su día a día: “Madrugo. Corro en la cinta, la entrenadora viene a casa, la dietista un par de veces a la semana, quizá un masaje. Procuro llevar una vida sana. Leo cuatro periódicos. Nunca salgo.” En conclusión: “se había vuelto estúpidamente independiente: no necesitaba ni conocía a nadie, no formaba parte de la vida de nadie.” Esta es la situación de partida. Pero su modo de vida se ve alterado por un hecho que al principio parece carecer de importancia: aparece una hondonada en su jardín, un hoyo que va creciendo y amenaza con engullir su casa. Ese será uno de los motores de la novela, que narra el cambio en la vida de Richard, pues a lo largo de sus casi cuatrocientas páginas entablará relación con, entre otros, un vendedor de donuts, un ama de casa deprimida o un actor famoso que tiene por vecino en Los Ángeles. El acercamiento a estas personas le hará salir de su retiro.

No recuerdo quién (creo que Muñoz Molina) comentaba en una entrevista acerca de los pocos diálogos que había en las novelas que actualmente se publican, y contaba que en su opinión era lo más difícil. Es cuanto menos curioso el caso de A. M. Homes, pues parece obvio que se siente muy cómoda escribiéndolos, ya que construye la novela a base de escenas con mucho diálogo, en detrimento de narración y descripciones. La verdad es que no suenan nada forzados, pero me parece que a menudo aportan poco. El libro acumula una escena dialogada tras otra, sin narrar ni resumir casi nada. Parece que el narrador llegue a replegarse y quede en segundo plano ante el peso de los diálogos, y se limita a anotar de forma escueta las acciones, casi como si se tratase de acotaciones teatrales, de forma muy seca. Esto no está mal en un cuento (guardo buen recuerdo de los de Cosas que debes saber) pero a lo largo de toda una novela puede hacerse muy monótono.

Tampoco tiene la autora grandes hallazgos expresivos. Escribe: “le duelen los hombros, la cabeza, las piernas; un dolor que duele mucho”. Igual me estoy poniendo quisquilloso, pero me parece una forma poco afortunada de expresarlo para alguien que trabaja con palabras, algo gris, facilón. El libro tiene también toques de humor, pero no llegan a ser momentos demasiado efectivos. Además, el protagonista no me pareció un personaje especialmente interesante, y las situaciones en las que se ve envuelto tampoco me parecen memorables, así que el libro en general me ha dejado escaso poso y creo que pronto lo olvidaré. Tiene poca chicha o al menos yo no he sabido encontrársela.

Por momentos el libro parece una fina sátira de algunos “vicios” de la contemporaneidad, como la obsesión por la salud (un ejemplo: Richard dice que ha tomado café y en casa creo que la dietista se echa las manos a la cabeza, recriminándole que debía haber tomado leche de soja y, en otro momento, dos personajes se están inyectando vitaminas, y dicen que es lo mejor después del sexo) o las nuevas formas de espiritualidad propias de la era new age, pero, al contrario de lo que presagian libros anteriores de la autora, Homes no se muestra en esta ocasión tan demoledora: modera su acidez e introduce notables dosis de positividad. Así, los críticos han coincidido en ver en Este libro te salvará la vida su novela más optimista.

31 enero 2011

Las partículas elementales


Este libro creó polémica cuando se publicó hace unos años en Francia. Y catapultó a su autor, Michel Houellebecq, al estrellato. Houellebecq es de esos autores de los que se puede decir que no dejan indiferente a nadie. Denostado como misógino, racista y pornógrafo, o ensalzado al lugar de mejor escritor francés vivo (así lo considera Fernando Arrabal), es tan fácil demonizarlo como entronizarlo. En estos tiempos de lo políticamente correcto, resulta un autor interesante, en tanto que hace reflexionar sobre cosas esenciales. En sus libros puede llegar a cansar la tendencia a lo pornográfico, que espantará a los lectores más timoratos; sin embargo, Houellebecq se descuelga cada poco con reflexiones de peso que hacen sus libros valiosos:

“La desgracia sólo alcanza su punto más alto cuando hemos visto, lo bastante cerca, la posibilidad práctica de la felicidad”

Las partículas elementales (1998), una de sus novelas más celebradas, se centra en la vida de dos hermanastros, Michel y Bruno. Ambos han sido criados por sus abuelas y disfrutan en el presente de una relación estable, pero mientras Michel es un eminente científico para el que el sexo no es importante, Bruno cultiva una sexualidad desenfrenada y tiene todas las papeletas para caer mal al lector: es racista, misógino…

La obra es pesimista y desprende un profundo desengaño:
“El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final: pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.”

La prosa es muy directa: Houellebecq dice sin circunloquios lo que otros expresarían dando un rodeo. Nunca cae en el eufemismo. Y va al grano. Analista de la época que le ha tocado vivir, reflexiona con frases contundentes acerca de mayo del 68 o las increíblemente acertadas predicciones de Huxley en Un mundo feliz.

Dicen los que entienden que en la obra del francés, que reside por cierto en Almería, influyen escritores como el Marqués de Sade y Louis-Ferdinand Céline, el autor del Viaje al fin de la noche.

Para los que tachan a Houellebecq de misógino (sin ánimo de defender a nadie, sólo tengo pruebas de que lo son algunos personajes de sus novelas, aunque claro, aún no he leído Plataforma) valga este fragmento:

“En la historia siempre han existido seres humanos así. Seres humanos que trabajaron toda su vida, y que trabajaron mucho, sólo por amor y entrega; que dieron literalmente su vida a los demás con un espíritu de amor y de entrega; que sin embargo no lo consideraban un sacrificio; que en realidad no concebían otro modo de vida más que el de dar su vida a los demás con un espíritu de entrega y de amor. En la práctica, estos seres humanos casi siempre han sido mujeres.”