
Primos (2011) es el tercer largometraje de Daniel Sánchez Arévalo, multipremiado cortometrajista que hace unos años hizo su debut en el largo con la alabada AzulOscuroCasiNegro, ganadora de tres Goyas. Tras Gordos, su segunda película, cambia ahora de terreno y presenta su primera comedia, que parece que está teniendo una buena acogida en las salas. Estuve el otro día viéndola y la verdad es que fue una de esas veces en que sales del cine sin dudar que haya merecido la pena pagar la entrada. Para ser sinceros, al principio de la película los chistes no me hicieron mucha gracia, pero conforme transcurrieron los minutos llegaron las inevitables risas, hasta acabar convencido de que había visto una buena comedia. Mi impresión es que va in crescendo.
La cinta arranca con el típico caso de abandono en el altar. A Diego lo ha dejado plantado la novia cinco días antes de la boda, pero él ha decidido asistir a la ceremonia convencido de que finalmente ella se arrepentiría. No es el caso, y Diego acaba solo en la iglesia, con la única compañía de sus dos primos. Tras una conversación con ellos, decide volver al pueblo, Comillas, cuyas fiestas se están celebrando, para intentar recuperar a un antiguo amor.
Daniel Sánchez Arévalo se vuelve a rodear de sus actores de siempre (Quim Gutiérrez, Antonio de la Torre y Raúl Arévalo), que en mi opinión firman unas muy buenas interpretaciones, dotando de vida a un buen guión del propio director. Primos es una comedia fresca, luminosa, empapada de un ambiente festivo, con una sana falta de pretensiones, que evidencia no obstante el cuidado en su elaboración. Como a casi todas las películas, se le pueden reprochar cosas (todo depende de las ganas y el grado de acidez que uno tenga), pero hay que reconocer los aciertos de esta película, una cinta entrañable, creíble, con dosis de ternura, cierto romanticismo… Y, como venía a decir Oesido, Primos demuestra algo de lo que no pueden presumir otras películas que abundan por la cartelera: el respeto por el espectador.
(Por cierto, la foto de arriba es de la imitación hilarante que los primos hacen de una canción de los Backstreet Boys, uno de los momentos memorables de la película.)
La cinta arranca con el típico caso de abandono en el altar. A Diego lo ha dejado plantado la novia cinco días antes de la boda, pero él ha decidido asistir a la ceremonia convencido de que finalmente ella se arrepentiría. No es el caso, y Diego acaba solo en la iglesia, con la única compañía de sus dos primos. Tras una conversación con ellos, decide volver al pueblo, Comillas, cuyas fiestas se están celebrando, para intentar recuperar a un antiguo amor.
Daniel Sánchez Arévalo se vuelve a rodear de sus actores de siempre (Quim Gutiérrez, Antonio de la Torre y Raúl Arévalo), que en mi opinión firman unas muy buenas interpretaciones, dotando de vida a un buen guión del propio director. Primos es una comedia fresca, luminosa, empapada de un ambiente festivo, con una sana falta de pretensiones, que evidencia no obstante el cuidado en su elaboración. Como a casi todas las películas, se le pueden reprochar cosas (todo depende de las ganas y el grado de acidez que uno tenga), pero hay que reconocer los aciertos de esta película, una cinta entrañable, creíble, con dosis de ternura, cierto romanticismo… Y, como venía a decir Oesido, Primos demuestra algo de lo que no pueden presumir otras películas que abundan por la cartelera: el respeto por el espectador.
(Por cierto, la foto de arriba es de la imitación hilarante que los primos hacen de una canción de los Backstreet Boys, uno de los momentos memorables de la película.)


















