18 diciembre 2013

Elías y los ladrones de magia



Os presento hoy un tipo de libro que no suele abundar mucho por este blog. Se trata de una novela de corte juvenil escrita por Cristina Monteoliva, a la que quizá conozcáis por su faceta de reseñista en La biblioteca imaginaria, web que dirigió durante cinco años y en la que personalmente colaboré, y, en la actualidad, en La orilla de las letras. Como escritora, esta es su primera novela publicada. Aunque hubo alguna editorial interesada, la publicación de Elías… finalmente no se concretó y, una vez agotada la paciencia, Cristina Monteoliva se lanzó a un proceso de microfinanciación que terminó de forma satisfactoria y permitió la publicación de esta novela en septiembre de este mismo año.

Elías, el protagonista, es un niño un poco solitario, al que no le gustan los videojuegos ni el fútbol, que a la vuelta de una excursión escolar, cuando el autobús en el que viajan sufre una avería, conoce en una extraña feria a un hombre metamorfoseado en pez que le cuenta la historia de cuando era hombre. El niño se lo lleva a casa en la mochila, dentro de la bolsa del bocadillo llena de agua, y ese será el inicio de su aventura. Un libro en el que encontramos un cóctel de peripecias, fantasía, toques de magia e información sobre lugares y personajes típicamente granadinos. Una historia ágil, con mucho diálogo, pocas descripciones -las estrictamente pertinentes- y una intriga que se resuelve en las páginas finales. Huele a comienzo de una saga.


En cuanto a la edad a la que va dirigida, yo diría que entre nueve y trece años (que la autora me corrija si ve esto). Espero también que, si el libro se vuelve a editar, puedan ser corregidas las erratas. Por lo pronto, se han tirado cuatrocientos ejemplares y ya hay bastantes niños que están conociendo a Elías. Si alguien está interesado en adquirirlo, puede ponerse en contacto con ella (crismonteoliva@hotmail.com). No terminaré sin mencionar, para los que paséis por la zona, que la autora y su marido Giuseppe acaban de abrir un café-librería en Granada, Namasté Coffee&Books, que también podéis visitar (en un ejercicio de contención de mi lado chocolatero, no hablaré del cruasán con Nutella que te sirven).

11 diciembre 2013

Parecidos razonables



1
"Escribir es aullar en silencio." Marguerite Duras.

"En lugar de gritar, escribo libros." Romain Gary.


2
"Imagíname: no puedo existir si no me imaginas." Vladimir Nabokov en Lolita.

"Yo sé que existo
porque tú me imaginas." Ángel González en el poema "Muerte en el olvido".


3
"Porque este oficio [el de escribir] no es nunca un consuelo o una distracción. No es una compañía. Este oficio es un amo, un amo capaz de azotarnos hasta hacernos sangrar, un amo que grita y condena. Nosotros debemos tragar saliva y lágrimas, apretar los dientes, secar la sangre de nuestras heridas y servirlo." Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes.

"Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse." Truman Capote en el prefacio a Música para camaleones.

09 diciembre 2013

Una breve historia de casi todo



“Cada uno de los átomos que tú posees es casi seguro que ha pasado por varias estrellas y ha formado parte de millones de organismos en el camino que ha recorrido hasta llegar a ser tú.”

Si os interesan revistas como Quo o Muy interesante, este es vuestro libro. Una breve historia de casi todo (2003) es un best seller de divulgación científica bastante completo, que repasa temas de astronomía, química, geología, física… Lo leí hace ya más de un año, pero aún no lo había compartido por aquí y no quería desperdiciar la ocasión. Bill Bryson habla de la estructura del átomo, los quarks, las supernovas, la materia oscura, los dinosaurios, la tectónica de placas y mil cosas más (incluido Einstein y su teoría de la relatividad).

Para alguien curioso pero no muy iniciado en la materia, como yo, puede ser una lectura fascinante. Un libro que no tiene desperdicio. El autor es periodista y tiene otros libros muy conocidos, de viajes y sobre la lengua inglesa. Entre ellos, también, una biografía de ShakespearePor cierto, estoy abierto a recomendaciones sobre divulgación científica. Hace poco empecé a ver la serie Cosmos de Carl Sagan.

Valoración: 5/5

Designaciones



"Levantó una casa y a ese hecho lo llamó hogar. Se rodeó de prójimos y lo llamó familia. Tejió su tiempo con ausencias y lo llamó trabajo. Llenó su cabeza de proyectos incumplidos y lo llamó costumbre. Bebió el jugo negro de la envidia y lo llamó injusticia. Se sacudió sin miramientos a sus compañeros y lo llamó oportunidad. Mantuvo en suspenso sus afectos y lo llamó dedicación profesional. Se encastilló en los celos y lo llamó amor devoto. Sucumbió a las embestidas del resentimiento y lo llamó escrúpulos. Erigió murallas ante sus hijos y lo llamó defensa propia. Emborronó de vejaciones a su mujer y lo llamó desagravio. Consumió su vida como se calcina un monte y lo llamó dispendio. Se vistió con las galas de la locura y lo llamó soltar amarras. Descargó todos los cartuchos sobre los suyos y lo llamó la mejor de las salidas. Mojó sus dedos en aquella sangre y lo llamó condecoración. Precintó herméticamente el garaje y lo llamó penitencia. Se encerró en el coche encendido y lo llamó ataúd."

Ángel Olgoso, Las frutas de la luna (Menoscuarto, 2013).

26 noviembre 2013

Libros nuevos VII



-Los hermanos Tanner, de Robert Walser. Un autor que me interesa, y quería seguir con él tras El paseo y Jakob von Gunten.
-Concrete: las profundidades, de Paul Chadwick. Novela gráfica que encontré en la biblioteca y sobre la que recordé haber oído hablar en el informativo cultural Miradas 2, hace años. Trata de un hombre atrapado en un cuerpo de piedra que puede afrontar retos imposibles para cualquier humano pero no, por ejemplo, "sentir el roce de una mano humana".   
-Nuestro iglú en el ártico, de Mario Levrero. Una colección de relatos de Mario Levrero publicada en Uruguay que conocí a través del blog de David Pérez Vega y pude adquirir a través de La Central.
-Elías y los ladrones de magia, de Cristina Monteoliva. Una novela juvenil en cuyo proceso de crowdfunding participé y que estoy empezando a leer justo ahora.
-Corazón tan blanco, de Javier Marías. Una de las novelas más conocidas del aspirante al Nobel.
-La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata. Autor japonés al que ya tenía ganas de conocer. Segunda mano.
-Moleskine, de Guillermo Busutil. Selección de relatos del autor granadino que compré en una librería de segunda mano, ya que me gustó su libro Vidas prometidas.
-Trilogía de la espera, de Antonio di Benedetto. Adquisición de segunda mano con elogios en la contraportada de gente como Borges, Piglia o Vila-Matas.
-Las frutas de la luna, de Ángel Olgoso. Libro publicado este año por Menoscuarto de un autor de referencia en el panorama nacional del relato corto. Gracias a Cristina Monteoliva por prestármelo.
-Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg. Ensayos de una autora a la que hace tiempo que tenía ganas de leer.

23 noviembre 2013

Repaso cinéfilo

John Wayne en Centauros del desierto.


Soldados de Salamina (2003). Prescindible adaptación de la más conocida novela de Javier Cercas en la que lo mejor a mi parecer es la escena final en la que brilla Joan Dalmau. Quizá no sea un acierto la elección de Ariadna Gil como protagonista. La bella música de Arvo Pärt tampoco me parece bien utilizada (por contraste, me resulta difícil olvidar la escena final de Japón (2002) del mexicano Carlos Reygadas cada vez que vuelvo a oír el Cantus in Memoriam Benjamin Britten). Me apetece seguir con el director y ver, por ejemplo, su reciente Vivir es fácil con los ojos cerrados o su ópera prima La buena vida.

Michael Fassbender en Shame.

Shame (2011) de Steve McQueen. Película de cuidada factura cuyo desarrollo quizá podría abarcar un relato corto, con un bonito momento musical donde se versiona el New York de Frank Sinatra. Un protagonista obsesionado con el sexo, como el personaje de Ejército enemigo (al propio Olmos creo que le gustó bastante esta película, sin duda más que a mí), que parece girar finalmente el rumbo. Intentaré buscar Hunger, del mismo director.

Joan Dalmau y Ariadna Gil en Soldados de Salamina.

Centauros del desierto (1956), de John Ford. No soy muy asiduo del western. Me gustó mucho Sin perdón, de Clint Eastwood. Con respecto a la variación en las traducciones de los títulos de algunas películas, celebro aquí el cambio de The Searchers al más poético Centauros del desierto. No acabé de tener clara la actitud del personaje de Natalie Wood. De lo poco que he visto de John Ford, me pareció mucho más redonda El hombre que mató a Liberty Valance.

13 noviembre 2013

Relatos de lo inesperado



Mientras leía este libro, zapeando, me encontré en La Sexta 3 con la película Four Rooms, y en concreto con la parte rodada por Quentin Tarantino, que precisamente se hacía eco de una de las historias de Relatos de lo inesperado, llevada a televisión por Hitchcock. En ella, el espectador asiste al desarrollo de una curiosa apuesta, en la que un personaje se ofrece a regalar su espléndido coche a otro simplemente si consigue que su mechero se encienda diez veces seguidas. Si no es así, si pierde la apuesta, bastará con que le entregue algo sin mucha importancia, algo que no le suponga una gran pérdida: un meñique (si el mechero no enciende diez veces, le cortará allí mismo su dedo meñique). El argumento del relato de Dahl es genial, de los que cuesta olvidar. Y quizá sea ese el punto fuerte del libro: sus argumentos, sus sorprendentes tramas. Los sibaritas del alto lenguaje literario quizá no sacien aquí su apetito, pero a buen seguro soltarán alguna carcajada. Pasarán un muy buen rato leyéndolo. Los relatos, un total de dieciséis, son en su mayoría de extensión media-larga.

En cuanto a los temas recurrentes, en Wikipedia apuntan el de las apuestas disparatadas ("Gastrónomos", "Hombre del sur", "Apuestas"), el burlador burlado ("Placer de clérigo", "La señora Bixby y el agrigo del coronel"), la mujer sumisa que de súbito explota ("Cordero asado", "La subida al cielo"), la venganza del hombre humillado ("Nunc dimittis", "Lady Turton"). La intriga es común a muchos de ellos. Roald Dahl escribía para un público exigente, como es el infantil, y no olvida aquí su misión de inventar para el lector muy buenas historias.

Fragmento:

"-Hace ya mucho tiempo -continuó-, vi un cortometraje médico que nos habían traído de Rusia. Un tanto truculento, pero interesante, mostraba una cabeza de perro que, separada del cuerpo, recibía no obstante, a través de venas y arterias, su flujo normal de sangre, suministrada por un corazón artificial. Lo notable del caso es esto: aquella cabeza de perro, plantada allí, sola, en mitad de una especie de bandeja, estaba viva. El cerebro funcionaba, como demostraron una serie de pruebas. Por ejemplo, si aplicaban comida a los labios del perro, la lengua salía y la retiraba de un lametón; y, si alguien cruzaba la sala, los ojos seguían su movimiento. La conclusión lógica que cabía sacar de ello era que, para continuar vivos, cerebro y cabeza no necesitan estar unidos al resto del cuerpo... a condición, claro está, de que se mantenga un suministro de sangre debidamente oxigenada."


05 noviembre 2013

Yo no tengo una personalidad



"Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! (...)
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. (...)
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades..."

Oliverio Girondo, Espantapájaros (al alcance de todos) (1932).