20 julio 2013

Searching for Sugar Man



Aparezco por aquí para recomendar este documental de 2012 ganador del Oscar y bastante de moda en este momento dentro de ciertos círculos, por lo que algunos de vosotros ya lo habréis visto. Como ahora mismo no tengo ninguna gana de escribir, copio la sinopsis que dan en Filmaffinity, que me parece bastante válida:

“A finales de los años 60, un misterioso músico fue descubierto en un bar de Detroit por dos productores que quedaron prendados de sus melodías conmovedoras y de sus letras proféticas. Grabaron dos discos que ellos creían que situarían al artista como uno de los más grandes de su generación. Sin embargo, el éxito nunca llegó. De hecho, el cantante desapareció en la oscuridad en medio de rumores sobre su horripilante suicidio encima del escenario. Mientras la figura del artista se perdía en el olvido, uno de sus vinilos llegó a la Sudáfrica del Apartheid, multiplicándose por todo el país en grabaciones piratas, y durante las dos siguientes décadas Rodríguez se fue convirtiendo en un fenómeno, en un icono de la libertad y el "anti-establishment". Mucho tiempo después, dos fans sudafricanos se empeñaron en averiguar qué pasó realmente con su héroe. Su investigación los condujo a una historia aún más extraordinaria sobre el mito del artista conocido como "Rodríguez". Esta es una película sobre la esperanza, la inspiración y el poder de la música.”

Y con esto casi termino el texto de la entrada, en la que más allá del lucimiento o de una demostración de mi exquisita capacidad de análisis, lo que se pretende es decir algo así como: vi esta película, me gustó, y la comparto aquí por si a alguien que no la conociera le interesa. Una curiosa historia, conmovedora y entrañable, la que cuenta esta coproducción entre Suecia y Reino Unido. Y un descubrimiento este Rodríguez, tanto en lo musical como en lo personal. Dejo tráiler.



Y por supuesto, hay que prestarle unos minutos de atención a su banda sonora.







Todo lo que exige el amor para brotar



"...creer que una persona participa de una vida incógnita cuyas puertas nos abriría su cariño, es todo lo que exige el amor para brotar, lo que más estima y aquello por lo que cede todo lo demás. Hasta las mujeres que sostienen que no juzgan a un hombre más que por su físico ven en ese físico la emanación de una vida especial."

Marcel Proust (1871-1922), En busca del tiempo perdido: 1. Por el camino de Swann (Traducción de Pedro Salinas).

08 julio 2013

Haikus de Santôka Taneda


"Mi cuenco de mendigar
acepta hojas caídas"




"No hay sino este camino:
Andar solo"




"Cae la lluvia
y, tal como cae, me moja:
Ando expuesto"




"Orinando con alegre desenfado
sobre la hierba recién brotada"




"Friendo pescado,
a veces también friéndome la mano
Vida en soledad"




"Pleno día
En lo profundo de la hierba,
la voz de una rana que ha sido engullida
por una serpiente"




"¿Es que hay algo que yo no tenga?
Caen las hojas"

Santôka Taneda (1882-1940).


Four trees II, de Egon Schiele

07 julio 2013

La necesidad de historias



"No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la "era posliteraria". Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten -en la página impresa o en la pantalla de televisión-, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.



De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Nunca he querido trabajar en otra cosa."


Discurso de Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006.

06 julio 2013

Egon Soda - El hambre, el enfado y la respuesta


Título del álbum: El hambre, el enfado y la respuesta
Grupo: Egon Soda
Año: 2013
Nacionalidad: España
Género: Indie / Pop-Rock
Títulos del álbum: 01 Un mundo de zurdos, 02 Vals de pequeña mecánica, 03 Escuela libre de enseñanza, 04 Cosas que son como no deberían ser, 05 Nueva Internacional, 06 Giuletta 2000, 07 Papel pintado, 08 The Normal Humor, 09 Lorem Ipsum, 10 Ellejanooeste, 11 Los hombres topo quieren tus ojos, 12 Suite #7, 13 Corominacuos y oropéndolas, 14 Nocturno del sarmiento, 15 20, 16 Cartílago y ángel, 17 El cristo de la síndone de Miñarro, 18 Volverás a Región, 19 Sparring Partner, 20 Siempre hay alguien en el bosque.
Duración: 1 hora y 22 minutos.




30 junio 2013

El libro de los conejitos suicidas


Encontré este libro por casualidad en la biblioteca donde hago prácticas. No tiene apenas nada que leer: es un libro de viñetas. La situación es siempre la misma: uno o varios conejos sin ninguna gana de seguir viviendo buscan el suicidio de las formas más insospechadas. Humor negro.









Y así todo.

Entretenimiento para -casi- todas las edades. Tiene una segunda parte: El regreso de los conejitos suicidas.

15 junio 2013

Sexo, mentiras y Hollywood

         


     Como aficionado al cine, y especialmente al llamado independiente, sentía una especial curiosidad por leer este libro, curiosidad que ha sido de sobra saciada conforme iba pasando páginas.
Peter Biskind, crítico y periodista cinematográfico estadounidense, presenta el libro desde el prólogo como una continuación de Moteros tranquilos, toros salvajes, un ensayo anterior en el que daba su versión del panorama del séptimo arte en los años setenta. En esta ocasión, con Sexo, mentiras y Hollywood, avanza unos años y se centra en la década de los noventa. El subtítulo reza así: Miramax, Sundance y el cine independiente.
            Nos situamos en la órbita de directores como Steven Soderbergh, Todd Haynes, Quentin Tarantino, de películas como El indomable Will Hunting, El piano, Reservoir Dogs o La vida es bella. Un cine que comenzó como alternativa a los grandes estudios pero que, en la mayoría de los casos, se ha acabado integrando en ellos. Peter Biskind habla largo y tendido, de forma cronológica, meticulosa y pormenorizada, de historias internas del celuloide muy jugosas.
            Si el libro tiene un protagonista, ese podría ser perfectamente Harvey Weinstein, fundador de la distribuidora Miramax (una de las “torres gemelas del indie”, junto al festival de Sundance creado por Robert Redford) con su hermano Bob. Como no podía ser de otra manera, los Weinstein no salen muy bien parados: “En este negocio todo es ego y codicia. Harvey es el ego; Bob la codicia”. Se retratan sus maneras casi mafiosas, sus tácticas agresivas para conseguir nominaciones a los Oscar y sus presiones (que le valieron el apodo de Harvey Manostijeras) para acortar metraje o cambiar escenas según su criterio, que trataba por todos los medios de imponer al del director. 

"¡Es la clase de tío al que tienes que darle la mano mientras le cortas la cabeza!" Harvey Weinstein.

       Su megalomanía y arrogancia le acarrearon lógicamente muchos desencuentros, pero el negocio fue prosperando y Miramax se convirtió en un referente de cómo hacer de películas más bien pequeñas todo un éxito.
Si algo definía a este llamado cine independiente era, en cierto sentido, su estética anti-Hollywood, su distanciamiento de las películas convencionales y precocinadas de los grandes estudios. La entrada en escena de un tal Quentin, un personaje singular, marca un antes y un después. El hito de Pulp Fiction en 1994, Palma de Oro en Cannes y éxito de taquilla, empieza a convertir a Miramax y a Tarantino en leyenda. 
El libro está repleto de chismes y cotilleos, con conversaciones detalladas y datos precisos, que hará las delicias de todos los lectores curiosos aficionados al celuloide. Seiscientas páginas tras las cuales uno puede conocer más cabalmente la imagen de alguna de las estrellas del panorama independiente que se hicieron un nombre en los noventa. Recomendable.


08 junio 2013

Últimas lecturas


Me consta que, al menos los más fieles, habéis notado que últimamente actualizo con menos frecuencia. Tal vez no esté de más una breve explicación: no se debe el hecho a nada de lo que haya que preocuparse, simplemente a que estoy un poco más liado últimamente y, por qué no decirlo, a mi conocida tendencia al “preferiría no hacerlo”.
Quizá no todos sepáis que desde hace mes y pico hago prácticas (sin cobrar) en una biblioteca. Así que aprovecho para tomar prestado algunos libros que me parecen interesantes. Mientras registraba algunos ejemplares para ponerlos a disposición del público, topé con estos versos de Roger Wolfe:

“Mi perro
aúlla
cuando pongo
a Ludwig Van
en el tocata.

Quien dé más
que hable ahora
o se calle
la puta boca
para siempre.”

Pertenecía a la antología Días sin pan, publicada en 2007 por la editorial Renacimiento, con selección a cargo de Karmelo C. Iribarren. Me picó la curiosidad y me la llevé a casa. 

Otro libro que encontré, en realidad un cómic barra novela gráfica, es Pyongyang (2003) de Guy Delisle, que cuenta de forma entretenida y algo humorística el viaje del autor a la misteriosa Corea del Norte, ese país sin internet, cerrado a cal y canto y con un régimen dictatorial bastante opresivo del que nos llegan escasas noticias (algunas de ellas delirantes, como la propaganda sobre su líder según la cual nunca defecó, escribió 1500 libros en tres años y consiguió meter la bola a la primera en once hoyos del total de dieciocho en su primera partida de golf). Así que se agradece la información que nos da el autor acerca del país. He pasado un buen rato leyéndolo.


*

También leí por fin Hambre (1890), del Premio Nobel noruego Knut Hamsun. Un libro del que, según recuerdo, tuve noticia hace unos ocho años a través de Pista de despegue, donde Paul Auster le dedica un breve ensayo cuya lectura recomiendo. Cuenta la historia de un joven que llega a una ciudad, por cuyas calles deambula al borde del derrumbamiento. Allí vivirá en una miseria de la que sólo en algunos momentos sale gracias a las pequeñas cantidades de dinero que consigue vendiendo alguno de los artículos que escribe. No tiene qué comer, y cuando consigue echarse algo a la boca, su organismo hecho al ayuno lo vomita. Como apunta Auster, el tratamiento del tiempo es subjetivo: el narrador nos habla largo y tendido de sus peores momentos y solventa con un breve párrafo una o dos semanas de bienestar. El libro tiene algunos pasajes para mí bastante conmovedores, así que ha merecido la pena leerlo. Cito un fragmento: 

"-¡Guárdeselo, guárdeselo! -contesté- Se lo doy de todo corazón. Es poca cosa, una fruslería, casi todo lo que poseo en la tierra. 
Mis propias palabras me conmovieron, tan desolado era su tono en la penumbra del crepúsculo, y me eché a llorar."

Disfrutad todos de lo que queda de fin de semana. Gracias por seguir ahí.


Cheryl Tarrant














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