21 enero 2015

Los hikikomori






"Uno de cada diez jóvenes japoneses sufre una enfermedad conocida como hikikomori. Los hikikomori son adolescentes y adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad japonesa y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento social. Los hikikomori a menudo rechazan abandonar la casa de sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso años. La mayoría de ellos son varones, y muchos son también primogénitos. Este tipo de problemas se centran (aunque no son exclusivos) en las clases media-alta y alta, donde el joven posee cuarto propio, lo cual es considerado un lujo en Japón. La palabra japonesa hikikomori significa aislamiento en español." Un documental emitido en el Canal Odisea.

15 enero 2015

La Berlingo




"En la barra del bar. La tele escupe el informativo, donde ahora aparece un político catalán hablando, cómo no, en catalán. El señor de al lado, que aparenta ochenta años, no disimula su crispación interna. ¿Por qué pondrán a M. hablando en catalán en el resto de España, si no lo entendemos? Bueno, digo yo, el catalán es lengua cooficial en Cataluña, lo dice la Constitución. ¿Pero por qué nos lo ponen al resto?, se sigue quejando. Le digo que han subtitulado su discurso para que lo podamos entender. Sí, concede, pero hay gente que no sabe leer, alguna gente de mi edad no pudo ni ir a la escuela… Sugiero que quizá estemos sacando las cosas de quicio, que debemos aceptar que en España existen otras lenguas en determinadas zonas bilingües… Lo que yo digo, me corta él, es que usen su lengua cuando estén en la Berlingo (sic) esa, pero no para hablarnos al resto…"

© Jesús Artacho

Nota: como ya se han atribuido (sic) algún texto de mi cosecha, he decidido empezar a poner el simbolito del copyright como medida -estúpida, si se quiere- quién sabe si disuasoria. 

11 enero 2015

A propósito de "La vida de los otros"


Fotograma de la película La vida de los otros


A continuación, una breve reflexión propiciada por el visionado de la película alemana La vida de los otros (2006), de Florian Henckel von Donnersmarck (puede contener spoilers en el primer párrafo).

Encuentra uno un sustrato de ingenuidad, de optimismo cuanto menos, en esa sólida película, profunda a la vez que entretenida, que es La vida de los otros. El cambio de actitud del personaje encarnado por Ulrich Mühe, su proceso paulatino de erosión, que tiene como momento central su ablandamiento al escuchar una pieza de música clásica, supone un lingotazo de esperanza en el ser humano que, considerándolo en frío, la realidad -y la ficción- ha venido desmintiendo recurrentemente. ¿Puede alguien escuchar esta pieza, escucharla realmente, y ser una mala persona?, se plantea en la cinta. La respuesta, en la película, es positiva, y nos lleva a la cuestión de si el arte, la cultura en general, nos hace necesariamente mejores personas. Más libres para elegir, seguramente, pero parece que no garantiza nada más.

Así, nos puede sorprender, de entrada, encontrar gustos estéticos exquisitos en verdaderos monstruos. Cuentan que Al Capone, por ejemplo, se enternecía escuchando al tenor Gigli, lo cual no era óbice para que desistiera de sus operaciones criminales. Las veleidades artísticas de Adolf Hitler son también conocidas. En la ficción, encontramos al archiconocido Hannibal Lecter, cuya melomanía y refinamiento estético no le impedían devorar a la gente; en Alex, el protagonista de La naranja mecánica, convivían la desaforada violencia y la pasión por la novena sinfonía de Beethoven, y Roberto Bolaño imaginó en su novela Estrella distante a un poeta sádico, Carlos Wieder. Todo esto por poner algunos ejemplos, cuya lista alargaría una mayor vocación exhaustiva.

George Steiner, en sus Gramáticas de la creación, escribía: “…la educación se ha revelado incapaz de hacer que la sensibilidad y el conocimiento sean resistentes a la sinrazón asesina”.

¿Qué os parece el tema? ¿Habéis visto la película?

06 enero 2015

Y naufragar me es dulce en este mar




El infinito

Siempre caro me fue este yermo cerro
y este seto, que priva a la mirada
de tanto espacio del último horizonte.
Mas, sentado y contemplando, interminables
espacios más allá de aquellos, y sobrehumanos
silencios, y una quietud hondísima
en mi mente imagino. Tanta, que casi
el corazón se estremece. Y como oigo
el viento susurrar en la espesura,
voy comparando ese infinito silencio
con esta voz. Y me acuerdo de lo eterno,
y de las estaciones muertas, y de la presente
y viva, y de su música. Así que, entre esta
inmensidad, mi pensamiento anego,
y naufragar me es dulce en este mar.


Giacomo Leopardi (1798-1837), Cantos.

31 diciembre 2014

Filomeno, a mi pesar


En el club de lectura de la biblioteca donde ahora mismo trabajo acabamos de leer Filomeno, a mi pesar, novela del premio Cervantes Gonzalo Torrente Ballester, ganadora en 1988 del Premio Planeta.

El libro se presenta desde el subtítulo como las memorias de "un señorito descolocado", y arranca, a la manera clásica, hablando de la ascendencia del personaje y refiriéndose a su nacimiento e infancia, a principios del siglo XX. El descontento con su propio nombre, que le resulta ridículo, queda patente en el título, y su buena posición, así como el hecho de saber idiomas, habilitarán que el protagonista pueda viajar y vivir en distintos países europeos (Francia, Inglaterra, Portugal) según la coyuntura histórica (se alude a la I Guerra Mundial, las vanguardias, el inicio del cine sonoro, el ascenso de Hitler, la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial, el franquismo...). A lo largo de distintas etapas de su vida, asistimos, al tiempo que a un travelling por los principales acontecimientos europeos de la primera mitad del siglo XX, a un desfile de personajes que aparecen en la vida de Filomeno y ofrecen su visión de ciertas cosas, enriqueciendo y vivificando el conjunto.

Recuerda el libro, en cierto modo, a las novelas de Pío Baroja, en tanto que ocurren -se narran- muchísimas cosas. El sesgo autobiográfico parece evidente, sin ser el personaje, ni mucho menos a nuestro parecer, algo así como un álter ego del autor. Novela muy permeada de literatura, sobre todo en algunas partes, los amantes de los libros disfrutarán de múltiples referencias y alusiones literarias, pues Filomeno tiene desde pronto vocación poética (llega a publicar versos) y en su etapa de estudiante en Madrid frecuenta debates en el Ateneo y personajes interesados en los libros. Se mencionan las vanguardias, se habla de las generaciones literarias, de Cervantes, se citan versos de Góngora, a Pascal, a Rilke (a quien el propio Torrente tradujo), a Rimbaud, a la poesía basada en el conocimiento de la vida frente a la poesía basada en los libros, a Julio Verne, a Céline y el Viaje al fin de la noche, libro del que Filomeno hace una crónica positiva cuando se publica.

De ideología liberal, Filomeno no parece ser el típico personaje heroico que toma las riendas de su vida. No toma muchas iniciativas, hecho que él mismo reconoce en cierto momento: "Como siempre, empezaba a suceder algo imprevisible cuya iniciativa no me pertenecía. Como siempre, me dejé llevar".

El estilo del autor es elaborado a la par que fluido, por momentos acaricia profundidades con alguna reflexión, y sin destacar especialmente hace gala de un oficio por otra parte lógico en un autor experimentado y curtido, como es el caso de Torrente. En ocasiones se deja caer con algún giro que suena extraño al oído, si bien no hasta el punto, para mí, de resultar incorrecto (son, como decimos, . 

En definitiva, se trata de una novela entretenida, con muchos acontecimientos -varias historias de amor incluidas- pero también dosis de profundidad, amena de leer. Los dados a subrayar encontrarán diversos fragmentos destacables, sobre los libros y también sobre la vida.

Con la intención quedamos de leer La saga/fuga de J. B.    

30 diciembre 2014

Lecturas de 2014



-Once maneras de sentirse solo, de Richard Yates.
-Nuestro iglú en el Ártico, de Mario Levrero.
-El cuaderno gris, de Josep Pla.
-Nuevos poemas, de Rainer María Rilke.
-La edad de hierro, de J. M. Coetzee.
-Pura lógica, de Benjamín Prado.
-Técnicas de iluminación, de Eloy Tizón.
-Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa.
-El insólito peregrinaje de Harold Fry, de Rachel Joyce.
-Dublinesca, de Enrique Vila-Matas.
-Bestiario, de Julio Cortázar.
-Dublineses, de James Joyce.
-El sueño eterno, de Raymond Chandler.
-Diarios, de John Cheever.
-Ventanas de Manhattan, de Antonio Muñoz Molina.
-Insectario, de Jesús Montiel.
-Nostalgia, de Mircea Cartarescu.
-El secuestro de Miss Blandish, de James Hadley Chase.
-Moleskine, de Guillermo Busutil.
-Intemperie, de Jesús Carrasco.
-Antología American Splendor 1, de Harvey Pekar.
- ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel.
-Antología American Splendor 2, de Harvey Pekar.
-En las cimas de la desesperación, de Emil Cioran.
-El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki.
-Antología American Splendor 3, de Harvey Pekar.
-Héroes, de Ray Loriga.
-El idiota, de Fiodor Dostoievski.
-Zama, de Antonio di Benedetto.
-El silenciero, de Antonio di Benedetto.
-La soledad del lector, de David Markson.
-Los suicidas, de Antonio di Benedetto.
-Antología, de José Luis Guillén Lanzas.
-Gramáticas de la creación, de George Steiner.
-Seis propuestas para el próximo milenio, de Italo Calvino.
-La habitación del agua, de María Cabrera.
-Retratos (con flash) de Jaime Gil de Biedma, de Luis Antonio de Villena.
-Un aplauso americano, de Rafael Indi.
-Tao Te King, de Lao Tsé.
-Quien mire hacia abajo, pierde, de Sara Herrera Peralta.
-La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela.
-Cuevas Bajas. Recopilación de datos históricos, de Andrés Márquez Aranda y Diego Ramírez Torres.
-El doble del doble, de Justo Navarro.
-Nada es crucial, de Pablo Gutiérrez.
-Mafalda 0, de Quino.
-Hojas de hierba, de Walt Whitman.
-Esperando a los bárbaros, de J.M. Coetzee.
-Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver.
-Poesía vertical, de Roberto Juarroz.
-Heridas, de Jesús Aguado.
-Aforemas, de Miguel Ángel Arcas.
-Hacia otra luz más pura, de Miguel d’Ors.
-El jugador, de Fiodor Dostoievski (relectura).
-El fanal hialino, de Andrés Trapiello.
-El hombre pájaro vino a vernos, de Sr. García y Sora Sans.
-Ahora solo bebo té, de Andrés Catalán.
-Filomeno, a mi pesar, de Gonzalo Torrente Ballester.

24 diciembre 2014

Lo mejor de 2014

A continuación mi top 5 en libros, de lo leído este año:


-El cuaderno gris, de Josep Pla (Austral).



-Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa (Acantilado).



-Nostalgia, de Mircea Cartarescu (Impedimenta).



-Diarios, de John Cheever (Emecé).



-Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver (Anagrama).




Y en películas:


-Nebraska (2013), de Alexander Payne.



-Armonías de Werckmeister (2000), de Béla Tarr.



-Harakiri (1962), de Masaki Kobayashi.



-Oslo, 31 de agosto (2011), de Joachim Trier.



-Relatos salvajes (2014), de Damián Szifrón.


¿Qué hay de vosotros? ¿Cuáles han sido vuestros descubrimientos?

21 diciembre 2014

Relatos salvajes


Aprovechando el día del espectador, me acerqué al cine a ver Relatos salvajes, película del argentino Damián Szifrón que concurrió en la sección oficial del pasado festival de Cannes y se encuentra entre las nueve precandidatas a los premios Oscar en la categoría de mejor película en habla no inglesa.

Fue una grata sorpresa. La película consta de seis historias cortas, con ingredientes como humor negro, sorpresas constantes, giros argumentales, y gente que, en un momento dado de su vida, por las razones o las presiones que sean, dice "basta" y responde de forma generalmente violenta o rebelde. Película de un intenso ritmo sostenido, refrescante, en unas historias predomina cierto componente macabro, mientras que otras tienen un cariz más cotidiano. La atraviesa una deliciosa locura que arranca varias carcajadas.

Me acordé, mientras la veía, de los Relatos de lo inesperado de Roald Dahl.

El director es uno de los guionistas de aquella serie que algunos recordaréis, titulada Los simuladores, y la película está producida por los hermanos Almodóvar y parece que está funcionando bastante bien en taquilla.

Dejo, para terminar, el enlace al breve reportaje que le dedicaron en Días de cine con motivo de su estreno.

La recomiendo; no digo más.

29 noviembre 2014

El fanal hialino



El fanal hialino (2002) es el undécimo de los dieciocho tomos hasta ahora publicados de los diarios de Andrés Trapiello, esa mastodóntica obra en marcha que lleva por título general Salón de pasos perdidos. El presente volumen corresponde al año 1997, y con él se ha iniciado uno como lector de la serie. Espero tener ocasión de continuar.

Aparte de a un dominador del lenguaje, con una prosa precisa y pulcra, rica y azoriniana, según han notado los críticos, reconocemos en Trapiello a un fino observador del entorno. A veces recurre a sinónimos cultos, y dice giróvagos en lugar de vagabundos, o dice, sin ir más lejos, hialino en lugar de diáfano.

Como diario de escritor que es, abundan en él los comentarios sobre el gremio (si bien los nombres aparecen más o menos velados, al indicarse sólo las iniciales), cotilleos de actos o jugosas anécdotas literarias. Véase un ejemplo, en forma de reflexión:

"Convencerle a alguien que vende un millón de ejemplares de su libro de que además puede ser un completo imbécil, es difícil. Aunque igual de difícil es convencerle de lo mismo a otro que vende trescientos."

Según recorremos las páginas, vamos asistiendo a un viaje a París, otro por Italia (incluida la ciudad natal de Leopardi, a quien Trapiello admira), comentarios sobre arte (pintura abstracta, música minimalista), sobre noticias de prensa (el asesinato de Miguel Ángel Blanco, la muerte de Lady Di), sucesivos paseos por el rastro o la historia de cómo acabó conociendo -curioso caso- a un lector que le envió una carta con erratas que había detectado en uno de sus libros. 

Tras iniciarme en el autor con Los amigos del crimen perfecto, y aunque tenía buenas referencias, ha sido una grata sorpresa descubrir a este Trapiello más íntimo y quizá también más entregado, más pleno, ávido de crear vida, en un intento por apresar detalles y pequeñas vivencias que se intentan rescatar temporalmente de un, a fin de cuentas, implacable olvido. A este respecto, escribe: 

"Me apenaría que muchas de las historias que suceden a nuestro lado se deshilacharan definitivamente como esas borrascas atlánticas que se disipan al llegar a la meseta."

Vivencias, claro está, pasadas por el filtro de la mirada del autor, que crea con cierta ironía (en bastantes momentos me ha asaltado una sonrisa) y no desprovisto de chispa. También se recogen críticas a tomos anteriores del diario y, en definitiva, todo aquello que, en el susodicho año, el autor consideró de interés rescatar. 

Un momento que llama la atención: cuando informa de que es la primera tarde en muchos meses en la que ¿puede? dedicar tiempo al placer de leer.

Continúo de esta forma, otra vez placentera, con mis incursiones en el género diarístico, que suelo frecuentar desde hace un tiempo (Josep Pla, John Cheever, Chantal Maillard, Pessoa...). Con cien páginas, comenté en Goodreads, di el libro por amortizado. Quedaban otras quinientas para disfrutar.  

Valoración: 4/5.