23 agosto 2020
"Últimas tardes con Teresa", de Juan Marsé
"¿Qué otra cosa podía esperarse de estos jóvenes universitarios en aquel entonces, si hasta los que decían servir a la verdadera causa cultural y democrática del país eran hombres que arrastraban su adolescencia mítica hasta los cuarenta años?
Se antoja el Pijoaparte, en algunos momentos, algo obsesionado con ascender en la escala social, con el braguetazo (no quisiera destripar la trama, pero baste la mención de Maruja, la criada de los Serrat), entrando con probabilidad en el esquema de lo que suele tacharse de arribismo. La figura del arribista, como señaló Ana Useros en este artículo, a propósito de la película coreana Parásitos, goza de una larga tradición en la que ella cita obras de Dickens, Thackeray o Thomas Hardy, lista en la que uno incluiría también al trepa que protagoniza Match Point de Woody Allen.
16 agosto 2020
"Diarios" de Iñaki Uriarte
Un reseñista definió a Iñaki Uriarte (Nueva York, 1946) como "un tipo que no se dedica a escribir y que escribe lo que le da la gana". Ni a escribir ni a otra cosa en particular: el autor carece de pensión y afirma que a lo largo de su vida "ha hecho cosas" (colaboraciones culturales en diarios, por ejemplo), pero que nunca ha trabajado sensu strictu, nunca ha estado "en nómina". A veces comenta que se levanta tarde, sin tapujos, sin temor a la superioridad moral que a menudo enarbolan los que madrugan.
Tipo culto y con sentido del humor, Uriarte escribe estos diarios sin afectación. A veces cuenta lo que da el día y otras rememora hechos del pasado. Más que las vivencias, brillan los comentarios de lecturas que hace, la habilidad para citar a éste, al otro, poner un poco de reflexión de su cosecha, sazonarlo con humor y servirlo sin rimbombancias. Uriarte es un tipo capaz de colmar sus textos de citas sin resultar pedante. Un tipo muy leído y que tiene la virtud de caer bien. "Ahora, en general, me pasan pocas cosas [....] Lo más interesante que me suele ocurrir es la lectura de libros".
Los diarios arrancan en 1999 y concluyen en 2010, aunque el epílogo que los acompaña recoge anotaciones de años posteriores. En un principio, fueron escritos sin pensar en la publicación. No es hasta 2008 cuando Uriarte se los enseña al escritor y crítico José Luis García Martín, que los lee con gusto y publica una selección en la revista Clarín. La editorial Pepitas de calabaza los publicó en primer lugar en tres volúmenes (de 1999 a 2003, de 2004 a 2007 y de 2008 a 2010) y luego, en 2019, en esta hermosa edición completa -en tapa dura- que me he comprado, a la que acompaña el susodicho epílogo, también publicado de manera independiente.
El tercero de esos volúmenes se diría que pierde un poco de interés en comparación con el placer que suponen los dos primeros. Tal vez eso añada interés (disculpen la redundancia) al fenómeno Uriarte, interesante escritor cuando desarrolló su actividad en soledad, y semi-bartleby de pronto cuando los focos se posan sobre él. "Es absurdo el miedo que le he tomado a escribir", llega a decir en 2010, cuando el primer volumen ya ha visto la luz y tiene lectores. Sus textos han sido traducidos al francés por Carlos Pardo, y publicados con el título de Bostezar ante Dios.
Estos diarios vienen con contraportada potente que recoge elogios de Muñoz Molina o Vila-Matas. Con Trapiello hubo cierta polémica o malentendido. Uriarte le envió el primero de sus libros, Trapiello le respondió en privado con unas palabras elogiosas, que el vasco pidió permiso para incluir en el siguiente volumen y que se acabaron incluyendo, aunque se han retirado de sucesivas ediciones. El autor del Salón de pasos perdidos escribió en 2011 esta entrada en su blog, donde se recoge un texto de Míriam Moreno, la esposa de Trapiello (con un currículum y un bagaje intelectual, dicho sea de paso, que da un poco de cosa calificarla de "esposa de"), que critica el segundo volumen de los diarios de Uriarte y y tacha de decepcionante, entre otras cosas. Como pega, por momentos he sentido que en la lectura me faltaba algo, tal vez un poco de poesía, mayor evocación (creo recordar una anotación de Uriarte en el epílogo reconociendo sus limitaciones en este campo).
Pero son numerosísimos los pasajes y fragmentos que he destacado en el libro con una marca a lápiz en el margen. Me da que volveré a sus páginas -en tardes grises, abriéndolo al azar- en más de una ocasión. Otra virtud del libro es que lleva a otros muchos -y buenos- libros.
A mi lista de lo mejor del año.
"No sólo tiene los pies en la tierra, sino todo el cuerpo, como las serpientes."
"Dentro de mil años, el sistema social de hoy será considerado como una variante más del esclavismo."
"Hay escritores que son como esos chicos que patinan en los parques. No van a ningún lado, pero da gusto ver lo ágiles que se mueven."
"Todos mis antepasados tuvieron hijos. No deja de asombrarme que yo vaya a ser el último de esa larguísima fila que comenzó en algún lugar de África hace muchos miles de años. Y de asustarme. Da la impresión de que uno no tiene derecho a volver la mirada hacia atrás y decir: "Hasta aquí hemos llegado".
"He estado en la cárcel, he hecho una huelga de hambre, he sufrido un divorcio, he asistido a un moribundo. Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas. Me dejó una mujer, dejé a otra. Un día se incendió mi casa, me han robado, he padecido una inundación y una sequía, me he estrellado en un coche. Fui amigo de alguien que murió asesinado y fue enterrado por los asesinos en su propio jardín. También conocí a un hombre que mató a otro hombre, y a uno que se ahorcó. Sólo es cuestión de edad. Todo esto me ha sucedido en una vida en general muy tranquila, pacífica, sin grandes sobresaltos."
05 agosto 2020
"Defensa personal (Antología poética 1992-2006)" de Juan Bonilla
Cada día me gusta más la colección de antologías poéticas de la editorial Renacimiento. La última que he deglutido ha sido esta Defensa personal de Juan Bonilla, que abarca de 1992 a 2006, es decir los tres primeros libros de poemas del jerezano, publicados todos por Pre-Textos: Partes de guerra (1994), El belvedere (2002) y Buzón vacío (2006). Como peculiaridad antológica, están ordenados de forma inversa, del más reciente al más antiguo. Con posterioridad a este libro, que vio la luz en 2008, Bonilla ha publicado otros dos libros de poemas (el último en 2016) en Renacimiento y una poesía reunida en la editorial Visor, además de un par de libros poéticos infantiles.
Hondo sin ser pomposo, Bonilla trata en Buzón vacío temas universales como la muerte o el amor, así como la vida literaria (como en ese poema inolvidable y lenguaraz, "La señora gorda") o una revisión de la fábula del pastor y el lobo. Sigue la plaquette titulada Tos fingida, con predominio de estrofas clásicas (incluye siete sonetos, una balada, una décima ("Una décima de fiebre"), en la que da una vuelta de tuerca al tema de la juventud, apoyado en los insignes versos de Rubén Darío:
"Juventud, divino inodoro:
te vas y no nos das pena.
Regamos tus restos con cloro
y tiramos de la cadena."
En uno de esos sonetos, escrito en alejandrinos, versiona y actualiza el Aullido de Allen Ginsberg para comenzar diciendo:
"Yo he visto a los mejores de mi generación
destruidos por el ansia de hacer mucho dinero"
destruidos por el ansia de hacer mucho dinero"
A continuación encontramos los nueve haikus de Li.po.timias, de una serie de poemas sueltos que vieron la luz en la Revista Sibila. Alguno de ellos muy destacable:
"Extraña música:
los pájaros son notas
sobre los cables."
En El belvedere y Partes de guerra se sigue apreciando la audacia, la ironía y la agudeza de un autor que parece manejar desde su primer poemario las artes del oficio. En "La caracola" tiene lugar una mise en abyme a lo Escher que me parece muy lograda. Uno de los rasgos de la poesía de Bonilla es la claridad, como señala Miguel Albero en su magnífico prólogo.
Qué fino hila Juan Bonilla. Esta Defensa personal tiene un buen puñado de poemas muy afortunados: memorables.
03 agosto 2020
Luego se queja la gente joven de que no encuentra trabajo
Un atardecer sobrio, sin arabescos. Acudió a visitar a su abuela octogenaria, que tenía la tele puesta.-Vaya, mira qué pelánganos tiene ése -empezó ella a decir, comentando la imagen-, y sin afeitar... ¡Vaya pinta! Luego se queja la gente joven de que no encuentra trabajo. Así quién los va a contratar...El nieto dejaba hablar a la anciana, de férreo carácter, y dudaba si explicarle que quien aparecía en pantalla no era ningún nini desempleado, sino el eminente violinista Ara Malikian.
Fuente: Wikipedia
20 julio 2020
Parecidos razonables (IV)
1
"Lástima que beber agua no sea pecado: ¡qué bien sabría!" Lichtenberg
"El champán no sabría la mitad de bueno sin la prohibición". En Canción de cuna para un cadáver, película de Robert Aldrich de 1964.
2
"La tengo clavada en mi corazón y no puedo arrancármela. ¡Maldita espina, cómo acaricias hundida, y, arrancada, cuánto dueles!" Benito Pérez Galdós, Tormento.
"En el corazón tenía / la espina de una pasión. / Logré arrancármela un día: / ya no siento el corazón. / Aguda espina dorada, / quién te pudiera sentir / en el corazón clavada." Antonio Machado. (Señala este parecido Andrés Trapiello en Miseria y compañía).
Entregas anteriores:
Parecidos razonables
Parecidos razonables (II)
Parecidos razonables (III)
11 julio 2020
Conticinio
La publicación se retrasó por la pandemia, pero finalmente ya está aquí Conticinio, el libro de poemas que me ha publicado ELVO Editorial. Me comentan que está disponible en la web de la editorial, que lo envía sin coste a toda España, y también en librerías por encargo. También, si no he entendido mal, en Latinoamérica, en caso de que alguien lo pida, en impresión bajo demanda.
El título alude a esa hora de la noche en que reina el silencio. Se trata de un conjunto de 53 poemas con métrica imparisílaba en la que predominan endecasílabos y heptasílabos. Dejo sinopsis:
"Según el Diccionario de la Real Academia Española, el conticinio es esa hora de la noche en que todo está en silencio. Jesús Artacho construye desde una retrospectiva personal un lugar habitado en ese silencio contenido donde se diseccionan filias y fobias, con un rigor lingüístico acentuado. En ese claustro nocturno se habilita espacio para referencias literarias y cinematográficas con los que traza sobre un lienzo lunar y clarividente, todo un mundo poéticamente humano donde convergen soledad, familia, vida cotidiana, naturaleza, nostalgias..., y salpicado de una pelambre irónica que lleva consigo un solapado sentido del humor, que se adherirá de manera inmediata como si hubiésemos acariciado el lomo de un gato en otoño. Conticinio, como dice su propio autor, "celebra instantes gozosos de la vida o exorciza los malos momentos apelando al espíritu de lucha y a la resiliencia".
A esas referencias literarias y cinematográficas habría de añadir las fotográficas y visuales en general (hay un poema dedicado a Vivian Maier, otro a Escher y otro juega con una fotografía de Chema Madoz), y también puede detectarse en el libro, de carácter intimista, cierta vena ecológica.
Estoy contento con el resultado, ya sólo falta que guste y encuentre un puñado apañado de lectores que lo disfruten. Tiro del repertorio de Lola Flores para terminar diciendo: si me queréis, leedlo.
Título: Conticinio
Autor: Jesús Artacho
Género: Poesía
Editorial: ELVO
Páginas: 98
Cubierta: Tapa blanda
Precio: 10€
Dejo vídeo-poema del texto que abre el libro, "Años luz".
28 junio 2020
"Las cosas que perdimos en el fuego", de Mariana Enríquez
Ahora mismo se diría que el mundo conspira, entre otras cosas, para que leamos a Mariana Enríquez. Cuesta encontrar a alguien que no hable bien de sus libros, y Anagrama lo ha puesto en bandeja ofreciendo, durante el confinamiento, la edición electrónica de Las cosas que perdimos en el fuego (2016) de forma gratuita.
Se trata del segundo libro de relatos de la escritora y periodista argentina, nacida en Buenos Aires, en 1973, tras Los peligros de fumar en la cama (Emecé, 2009). Una docena de cuentos que incursionan en el género del terror. Diría que, en la mayoría de los casos, ese terror se manifiesta a través de trazas en historias cotidianas más bien realistas, mientras que en otros casos el olor a género es más intenso.
Abre la colección "El chico sucio", un relato interesante que se desarrolla en un barrio conflictivo de Buenos Aires. Se percibe un componente social cuando, en un momento dado, la narradora habla de la naturalización de la pobreza, de que ya la asumimos y nos resulta más bien indiferente. Le sigue "La hostería" (contiene spoilers, si prefieres esquivarlos puedes saltar al siguiente párrafo, en el hipotético caso de que te apetezca seguir leyendo). Lo más interesante que plantea, si no lo he leído mal, es el descubrimiento de la sexualidad (lesbianismo, en este caso) por intercesión de una hermana, que en una discusión parece verbalizarlo cuando la protagonista, adolescente, ha sentido cosas pero quizá todavía no ha atado cabos.
En "Pablito clavó un clavito: una evocación del petiso orejudo" conocemos al guía de un tour turístico de "crímenes y criminales" en la ciudad de Buenos Aires. Mariana Enríquez introduce alguna cuña de crítica: "La ciudad no tenía grandes asesinos, si se exceptuaban los dictadores, no incluidos en el tour por corrección política".
A partir de cierto momento mi interés en la lectura ha decaído. Sin embargo, se ha avivado con los tres últimos relatos, de los mejores del libro. Son "Bajo el agua negra", que toca otro tema social, el de la brutalidad e impunidad policial, ahora de rabiosa actualidad con el asesinato en Estados Unidos de George Floyd: "¿Cuántas veces un policía le negaba, en su cara y frente a toda la evidencia, que había asesinado a un adolescente pobre? Porque eso hacían los policías del sur, mucho más que proteger a las personas..."
Le sigue "Verde rojo anaranjado", en el que la narradora chatea con un hikikomori, y "Las cosas que perdimos en el fuego", que da título al libro y, me doy cuenta, funciona como un endecasílabo perfecto. Plantea una situación en que las mujeres, hartas de ser asesinadas y quemadas durante siglos, deciden empezar a quemarse ellas mismas (no para morirse, sino para vivir con las cicatrices). ¿Para anularse como objeto de deseo y erradicar de este modo muchos problemas? El texto no se prodiga en respuestas, pero se palpa el componente feminista.
Una lectura muy satisfactoria, en su conjunto. Podemos dar cuenta del talento de Mariana Enríquez, a la que imagino que volveremos a leer.
20 junio 2020
"Leer siempre", un poema de Luis Alberto de Cuenca
LEER SIEMPRE
"Cuando leía, no tenía miedo
de nada, aunque escuchase la agonía
-entreverada de ayes y plegarias
a la Virgen María- de mi abuelo
materno, o el ladrido espeluznante
de mi perro al marcharse para siempre
del mundo de los vivos. La lectura
me infundía la audacia y el coraje
que no tuve ni tengo, la ataraxia,
la sana indiferencia ante la muerte,
la resistencia ante el dolor. Por eso
me aterra imaginar que acaso haya
un día en que leer ya no me sirva,
un día en el que nada impida el triunfo
de la angustia en mi espíritu. Y me aterra
tanto esa contingencia que prefiero
pensar en que no va a suceder nunca."
LUIS ALBERTO DE CUENCA, Bloc de otoño (Visor, 2018).
02 junio 2020
"Diario" (1983), de David Perlov
El Diario de David Perlov forma parte de ese iceberg de cine invisible -o minoritario, al menos- que subyace y a menudo tanto me interesa, y que en este caso ha emergido merced a una recomendación de Jonás Trueba y Andrés Trapiello. Siguen algunas anotaciones deslavazadas después de ver en los últimos días las seis partes de que se compone, de unos cincuenta y cinco minutos cada una, que suman un metraje de cinco horas y media.
Todo comienza cuando Perlov se compra una cámara de 16 mm y, algo cansado del cine convencional, decide filmar su cotidianidad. Perlov da clases en la universidad, vive en Tel-Aviv con su mujer (Mira) y sus dos hijas mellizas (Yael y Naomi). Nacido en Brasil, de joven vivió en París, lo cual nos habla de mestizaje y cosmopolitismo. Murió David Perlov en 2003.
Comienza a producir entonces un cine calificado de experimental, amateur, se diría, en el que no escasean -más bien al principio- los titubeos en la cámara y una estética fotográfica de película casera. Conforme el diario avanza, se aprecia un pulso más firme, así como mayor interés y contenido en lo narrado, un caldo más enriquecido. Las dos partes finales me resultan las más estimulantes. En la última, Perlov regresa al São Paulo de su adolescencia y al Río de Janeiro natal. Si hasta entonces nos había ofrecido mucha vida cotidiana, reflexión y observación, ahora nos brinda una narración evocadora, plena de recuerdos, de reencuentros con personas que significaron algo en su vida en el pasado. El capital humano, sentimental y lírico de esta parte me parece superior a las demás.
La cronología del diario abarca de 1973 a 1983. Perlov ejerce de narrador, valiéndose de un tono sobrio, monocorde, sin apenas énfasis. Unas veces en inglés, otras en hebreo. Contrasta con esa sobriedad el carácter de sus hijas, muy vivaces, espontáneas, de una gran alegría y desparpajo. Me ha gustado mucho un momento de la segunda parte, en el que Yael cuenta cómo su novio la ha engañado con otra y no se ha atrevido a decirlo cara a cara, sino que lo ha hecho por carta.
En los distintos episodios tienen lugar algunos viajes (Brasil, París, Lisboa, Londres, Creta, Ámsterdam), un par de operaciones quirúrgicas tras un accidente, alguna contienda militar (la Guerra del Líbano de 1982) contra la que el cineasta se manifiesta y de la que, preguntado en plena calle, Perlov reconoce con franqueza que no sabe qué decir. Me recordó a cuando, en esta pandemia que aún no hemos superado, a la escritora Mariana Enríquez se le preguntaba por su opinión y sus reflexiones sobre lo que estaba pasando y ella se limitaba a reconocer su desconcierto, como cualquier otra persona común. También se da profusa cuenta de la vida observada en las calles, ya sea a pie o desde la ventanilla de algún coche.
"Estos diarios son mi cédula de identidad", escribió Perlov. Aunque de resultado dispar, sin duda ha merecido la pena conocerlos, y creo que en el futuro volveré a ellos.
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